Sebastián, un huérfano de 16 años rechazado por su heterocromía, solo encontraba consuelo en las novelas BL… especialmente en el villano, a quien siempre admiró.
Tras morir de hambre en un orfanato, despierta en un mundo imposible:
ha reencarnado como el hijo del villano.
Ahora llamado Sirio, con recuerdos intactos y una mente adulta atrapada en un cuerpo de bebé, decide cambiar el destino después del final de la historia.
Su objetivo es claro: hacer feliz a su papá villano.
¿El candidato perfecto para ser su mamá?
El asistente omega serio, elegante y demasiado ignorado por el destino original.
Entre escenas tiernas, momentos ridículamente graciosos y un bebé que claramente sabe demasiado, comienza una comedia BL de reencarnación donde el más pequeño… es quien manda.
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Capítulo 5 — El castillo empieza a murmurar
El castillo de Lucien no creía en los rumores.
Al menos, eso era lo que todos repetían.
Sin embargo, los rumores crecen incluso en los lugares donde nadie los nombra.
Comenzaron como detalles pequeños: la forma en que el señor del castillo pasaba con más frecuencia por el ala del heredero; el hecho de que los horarios del asistente personal se ajustaran sin explicación; la costumbre reciente de llevar té caliente a una habitación que antes permanecía cerrada la mayor parte del tiempo.
Nada grave.
Nada evidente.
Pero los sirvientes observaban. Siempre observaban.
La primera en notarlo fue Mariel, una doncella joven que llevaba años trabajando en el castillo. Fue ella quien susurró a la cocinera que el heredero se calmaba únicamente cuando el asistente omega lo sostenía. Fue la cocinera quien comentó que el señor Lucien preguntaba por el niño incluso cuando estaba en reuniones importantes. Fue el mayordomo quien, al escucharlos, carraspeó con severidad y pidió discreción.
Nadie obedeció del todo.
Sirio, ajeno a los murmullos pero no a las miradas, crecía rodeado de una atención extraña. No porque fuera el heredero —eso siempre había sido importante—, sino porque el castillo entero parecía estar aprendiendo a convivir con la idea de un bebé que no solo existía, sino que alteraba la rutina.
☁️ Actualización del sistema: “alterar rutina del villano” funcionando según lo planeado.
La mañana comenzó con un caos suave.
Lucien había adelantado una reunión.
Noctis debía entregar informes antes del mediodía.
Y Sirio había decidido que ese era un excelente día para no querer dormir.
No lloraba.
No hacía berrinches.
Solo observaba con atención, como si todo fuera demasiado interesante para cerrar los ojos.
—No entiendo cómo puede mantenerse despierto tanto tiempo —murmuró la niñera, intentando mecer la cuna.
Sirio la miró con educación silenciosa.
☁️ No es personal.
☁️ Pero tú no eres parte del plan.
Noctis entró a la habitación con una carpeta bajo el brazo. Al verlo, Sirio levantó los brazos de inmediato, emitiendo un pequeño sonido que no era llanto, pero tampoco era del todo inocente.
☁️ Objetivo detectado. Iniciar protocolo “quiero brazos del omega”.
—¿Otra vez? —susurró la niñera, resignada.
Noctis dudó un segundo.
—Puedo sostenerlo unos minutos mientras preparo el informe —dijo.
Sirio fue transferido de brazos con la solemnidad de un tratado diplomático. Apenas tocó el pecho del omega, se acomodó, satisfecho, como si ese fuera el lugar correcto del mundo.
☁️ Ubicación correcta establecida. Punto de descanso: confirmado.
La niñera suspiró.
—Con usted se queda tranquilo siempre.
Noctis no respondió. Apretó un poco más la carpeta, incómodo con una verdad que no sabía cómo procesar.
En el salón principal, Lucien revisaba documentos con el ceño fruncido. No era un gesto de enojo; era concentración. Sin embargo, su atención se desvió en cuanto escuchó pasos conocidos.
Noctis entró con el bebé en brazos.
Lucien alzó la vista.
Sirio, detectando la oportunidad perfecta, abrió un ojo y lo miró con expresión de “hola, aquí estoy”.
☁️ Recordatorio visual activado: heredero presente, no ignorar.
Lucien cerró el documento.
—Pensé que estaría durmiendo.
—No lo conseguí —admitió Noctis—. Parece… inquieto.
Lucien observó la forma en que Sirio se acurrucaba contra el omega, tranquilo. La comparación era inevitable: cuando lo sostenían otros, el niño se mostraba alerta; con Noctis, parecía descansar.
☁️ Comparación correcta. Resultado: ventaja estratégica.
—Quédate aquí —dijo Lucien—. Terminaré rápido.
Noctis parpadeó, sorprendido por la naturalidad de la orden.
—Mi lord, puedo dejarlo con la niñera—
—No es necesario.
La respuesta fue inmediata.
Sirio sonrió por dentro.
☁️ Bien, papá. Vas entendiendo la dinámica.
La reunión no fue larga, pero sí tensa. Un par de nobles aliados discutían acuerdos de frontera. Lucien escuchaba, respondía lo justo. Noctis se mantuvo a un lado, con Sirio en brazos, como si su presencia fuera parte del mobiliario.
No lo era.
Uno de los nobles, un hombre mayor de barba gris, observó la escena con curiosidad.
—No sabía que tenías un heredero tan… reciente —comentó con una sonrisa educada.
Lucien respondió con frialdad medida:
—No era información relevante antes.
Sirio alzó la cabeza lo justo para clavarle al noble una mirada heterocromática directa.
☁️ Te juzgo en dos colores, señor del comentario innecesario.
El hombre se quedó en silencio, incómodo.
Noctis bajó la vista.
Lucien notó el gesto.
—No te preocupes —dijo en voz baja, sin que nadie más lo oyera—. No tienes que ocultarlo.
Noctis levantó la mirada, sorprendido.
—Mi lord…
Lucien no añadió nada más.
Después de la reunión, el castillo retomó su ritmo habitual. O al menos, eso intentó.
Sirio fue llevado de nuevo a su habitación para descansar. Esta vez, aceptó cerrar los ojos. No porque tuviera sueño, sino porque había logrado lo que quería: tiempo compartido, presencia, pequeños cambios que no parecían cambios.
☁️ Objetivos del día cumplidos. Iniciando modo reposo estratégico.
Noctis se quedó un momento más, acomodando la manta.
Lucien observó desde la puerta.
—Puedes retirarte —dijo.
Noctis asintió, pero dudó antes de irse.
—Mi lord… —se detuvo—. El heredero… parece sentirse seguro conmigo. Si eso es útil para usted…
Lucien sostuvo su mirada.
—Es útil para él —respondió—. Y eso es suficiente.
Noctis inclinó la cabeza y salió.
Sirio, con los ojos entreabiertos, pensó satisfecho:
☁️ El castillo murmura.
☁️ Papá observa.
☁️ Mamá candidata se acerca sin darse cuenta.
☁️ Progreso: confirmado.