Después de su único novio a los 26 años, no ha tenido suerte en el amor, y aunque luego se enamoró de un compañero de trabajo, él solo se burló de sus sentimientos, por lo que decidió dejar al amor en el último puesto de su lista para ser feliz.
Actualmente, con cuarenta años, Aldana quiere sentir lo que jamás ha tenido; un sentimiento complejo y lleno de placer, pero no tiene con quién.
Para conseguir lo que desea, le pedirá ayuda a su mejor amigo; ahora bien, ¿qué será lo que necesita de él? ¿consejos, contención, ayuda, o algo más?
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Enfrentamiento
Cuando la pelirroja está en viaje con Gastón, no aguanta sus ganas de preguntar lo que ha pensado desde que él la presentó como su madre.
—Cariño, ¿puedo preguntar algo?
—Sí— responde Ton tranquilamente
—¿Por qué has dicho que soy tu madre?
—Porque no tengo una —le recuerda causando pena en Aldana.
—Mi amor, no creo que a tu padre le guste la mentira que has dicho hoy. — cambia de tema— La secretaria ahora lo sabe.
—Ella es mala... — hace una pausa dramática — y por papá no te preocupes.
—¿Te ha hecho algo?— cuestiona atenta a lo que pueda decir.
—Su trato es...— nuevamente piensa en una palabra que no suene tan mal— "feo".
—Entiendo, le diré a Lalo.
—Yo nunca se lo dije.— Gastón la mira un poco sorprendido
—Bueno, pero haré valer mi puesto de madre para ponerle condiciones a Gonzalo— empieza a reír y el adolescente se une a ella.
Llegando a la estación de bomberos, van hasta la oficina de Alcaraz y golpean la puerta, esperando su permiso.
Él, aunque estaba concentrado en sus papeles, levanta la vista y logra ver la hermosa visita que tiene; les hace una seña para que ingresen y se levanta de su asiento para saludarlos con un abrazo a cada uno.
—Hola, hijo— lo despeina luego de un beso en la cabeza y pasa a su amiga, también dejando un beso en su frente— Colo, gracias por el enorme favor que le has hecho a Ton. —agradece aún cerca y la mira desde su gran altura.
—Es un placer— admite todavía abrazándolo de su cintura, solo a centímetros de su cuerpo— Además, soy su madre— bromea nerviosa por tal cercanía.
Justo en ese momento llega la secretaria y entra a la oficina sin golpear, ya que ha visto la proximidad familiar con la que se tratan su jefe y la pelirroja.
—Señor, ¿me buscaba?— cuestiona con picardía, queriendo hacerle entender a Aldana que Gonzalo la llama para verla, solamente a ella.
El bombero se aleja de su mejor amiga y mira seriamente a su secretaria, notándose irritado por su atrevimiento en un asunto privado que le concierne a él. Además de su falta de modales al entrar así.
La pelirroja también voltea a verla cuando el fuerte cuerpo de Lalo la abandona, la mira y sonríe, sabiendo que debe "vengarse" por el trato que le ha dado al adolescente.
—Estás suspendida un mes sin derecho a sueldo— informa directamente el bombero.
—¡¿Qué?! ¿Por qué?— cuestiona totalmente sorprendida.
—Te metiste en mi vida privada sin que yo te pidiera el favor y no llegaste cuando te lo ordené.
—No puedes ser injusto conmigo —pide la pelinegra— Soy tu secretaria y, justamente, estoy para resolver tus problemas.
—Pero si los pido con anticipación. Algo que no hice con respecto a Gastón.
—¿Sabes que trata mal a nuestro hijo?— Aldana está de brazos cruzados sobre su pecho, tratando de que nadie pueda notar los fuertes latidos de su corazón.
Esa pregunta puede jugarse con inteligencia, aunque al mismo tiempo es riesgosa, ya que Lalo puede negar su maternidad frente a la secretaria.
Ton es el más feliz en la oficina porque Aldana está defendiéndolo y proclamándose su madre, frente al bombero. Quien, dicho sea de paso, ha quedado con el corazón en la garganta, ni siquiera puede sentir su pulso, y hasta le parece haberse quedado sordo.
En un estado de congelación, donde su cuerpo no parece responder y con sus ojos bastante abiertos; Gonzalo procesa la pregunta de Aldana; no solo el significado, si no la frase "nuestro hijo".
Rosario no sabe qué decir, viendo fijamente los gestos de su jefe, el cual parece enojado y sorprendido, temiendo algo peor que una suspensión.
El mes lo iba a tomar como unas vacaciones, pero lo que vendrá luego de esa pregunta, puede ser definitivo para su puesto de trabajo. Más aún, perdiendo la oportunidad de estar cerca de Gonzalo.
—Hablaré con mis superiores de ti— señala a la pelinegra —No quiero verte cerca de esta estación.—advierte— ¡VETE!
—¡LO QUE ELLA DICE ES MENTIRA!— grita Rosario.
—Yo le creo y eso es suficiente— informa Lalo.
—Te vas a arrepentir— advierte ella saliendo furiosa de allí.
Gastón abraza a Aldana y ella corresponde, mientras el bombero voltea a verlos para decirles algo. Sin embargo, esa linda imagen vale más que cualquier cosa y aprovecha para unirse a ellos, rodeándolos con sus grandes brazos.
—Gracias, mamá— menciona Ton escuchándose casi con voz apagada por el poco espacio que hay entre los tres, pero los adultos pueden escucharlo.
—Para eso estoy —responde la colorada, emocionada por el nombramiento del adolescente.
Unos minutos después, los tres se sientan en el gran sofá que hay en la oficina del bombero y se ponen a hablar de lo que se mencionó en la reunión de padres; las futuras fiestas, el pedido de colaboración y la participación de los mayores en los disfraces.
—Debo volver a la oficina— anuncia Aldana viendo su celular— ¿Quieres que te lleve al departamento? — cuestiona a Gastón.
—¿Puedo ir a ver a la tía Yura?— le pregunta a su padre.
—Tendré que llamarla para preguntarle...— se levanta a buscar su celular y la pelirroja lo interrumpe.
—Te llevaré, hermoso— le sonríe — Ella está sola en casa y necesita que alguien la cuide mientras su empleada limpia.
—¡SIIII!— vuelve a abrazarla y se levanta eufórico despidiéndose de su padre con rápido abrazo, aunque no podría considerarse así como tal.
—¡Lo siento!— se disculpa Aldana entre risas.
—No hay problema— avisa.
Ella se acerca a despedirse con un beso en la mejilla y el bombero la toma por la cintura como siempre lo ha hecho. Un mínimo gesto, casi inocente, pero que está vez causa un gran efecto en ambos.
Cuando Aldana voltea para irse, decide frenar sus pasos en la puerta, volviendo a verlo.
—Espero que no te moleste que haya fingido ser la madre de Gastón en la escuela y frente a tu secretaria, pero permitiré que me llame así cuando quiera. Sin importar quién esté. — informa saliendo de allí.
Ahora sí podemos decir que casi le da un infarto al bombero. Su corazón rebosa de alegría y la determinación de su mejor amiga, le llena el pecho de una dicha nunca antes percibida.
Su mera acción y tales palabras, le hacen comprender que definitivamente no se ha equivocado con esta mujer. Una que vale la pena totalmente.