Valeria Rivas vive luchando por sobrevivir: trabaja como mesera, cuida a sus hermanos y trata de salvar a su madre enferma. Muy lejos de su realidad, su hermana gemela Isabella vive rodeada de lujo como heredera de la poderosa familia De Alvarenne.
Separadas por el dinero, el orgullo y un pasado lleno de secretos, sus vidas parecen destinadas a no cruzarse jamás… hasta que una inesperada llamada obliga a Valeria a regresar al mundo que la rechazó.
Entonces comienza un juego peligroso de mentiras, poder y destinos cambiados.
Porque a veces, para salvarlo todo…
tendrás que fingir ser alguien más.
NovelToon tiene autorización de Lourdes Elizabeth Espinoza Espinoza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 13 - PREGUNTAS QUE CORTAN
El lugar era demasiado elegante para mí. Aunque ya no debía pensar así, aunque ya no debía ser así.
Las luces tenues del restaurante caían sobre las mesas como un susurro dorado, y el sonido suave de un piano llenaba el aire con una calma que no sentía.
Yo estaba sentada frente a él.
Adrián Valcari.
Y por primera vez desde que todo comenzó… estábamos solos. Sin la mirada de mi abuela. Sin los invitados. Sin el ruido. Sin la protección de la multitud.
Solo él y yo. O mejor dicho… él y la mentira que yo representaba.
—Te ves más tranquila. —Dijo, observándome.
Su mirada era fija y analítica. Como si no hubiera dejado de estudiarme desde que llegué.
—¿Debería no estarlo? —respondí con suavidad.
Él no sonrió.
—Depende.
—¿De qué?
—De cuánto tengas que ocultar.
El golpe fue directo. Silencioso, pero preciso. Mi corazón dio un salto.
“Tranquila…”No podía fallar. No ahora.
—Todos ocultamos algo —respondí, tomando la copa con delicadeza—. La diferencia está en qué tan bien lo hacemos.
Sus ojos brillaron levemente.
“Interesante…”
—No recuerdo que fueras así.
Otra vez. Esa frase. Ese peligro.
—¿Así cómo?
—Cautelosa.
—Tal vez nunca me diste la oportunidad de serlo.
Silencio pesado, denso. El juego había comenzado. Y ninguno de los dos pensaba retroceder.
-----00-----
—Háblame de tu viaje.
La pregunta fue simple, pero no lo era… no para mí.
—Fue… necesario.
—Eso no responde nada.
Lo sabía. Y él también.
—No todo se puede explicar con detalles.
—¿Por qué no?
—Porque algunas cosas cambian lo que somos… y no lo que hicimos.
Su mirada se sostuvo en la mía.
“No está respondiendo.Está evitando.” Pero no podía decirlo. No aún.
—¿Y qué cambió en ti? —insistió.
Respiré con calma.
—La forma en que veo las cosas.
—Eso es muy… vago.
—Tal vez porque lo es.
El silencio volvió. Pero esta vez… más tenso. Más cargado.
—Antes eras más directa —dijo él.
—Antes no tenía razones para ser prudente.
—¿Y ahora sí?
—Siempre las hay.
Sus ojos no se apartaron de los míos.
“No es la misma…Pero tampoco está mintiendo del todo.”
Y eso lo desconcertaba.
Lo inquietaba.
-----00-----
La comida llegó, pero ninguno parecía interesado en ella. Era solo una excusa, un escenario.
—¿Recuerdas la primera vez que hablamos? —preguntó de pronto.
Mi mente se congeló.
“No. No lo recordaba. Porque no estuve ahí. Porque no era ella.” Pero no podía decir eso. No podía dudar. No podía fallar.
—Claro.
Mentí. Su mirada se afiló.
—Entonces dime… ¿Qué te dije?
El aire desapareció. Era una trampa muy clara. Directa.
Y yo… estaba a punto de caer. Pero no… No podía, no debía.
Bajé la mirada un segundo. Como si recordara. Como si buscara en mi memoria.
—Dijiste que no creías en las casualidades.
Levanté la vista lentamente.
—Que todo tenía una razón… aunque no la entendiéramos en ese momento.
Silencio. Adrián no parpadeó. No habló. Solo me observó. Profundamente.
“No es exacto…Pero tampoco es incorrecto.”
Y eso… eso era peligroso. Porque no podía confirmar, pero tampoco negar.
—¿Y tú qué respondiste? —preguntó.
Otra trampa… otra caída. Otra oportunidad para equivocarme.
—Que algunas cosas no necesitan razón… —dije con suavidad—. Solo suceden.
Sus labios se tensaron levemente.
“Eso sí lo dije…”
El silencio se volvió más pesado. Pero esta vez… no era hostil. Era… curioso.
-----00-----
—Sigues esquivando —murmuró.
—Sigo eligiendo qué decir.
—Eso es lo mismo.
—No.
Negué suavemente.
—No lo es.
Él inclinó ligeramente la cabeza.
—Explícame.
—Esquivar es huir.
Tomé aire.
—Elegir… es decidir.
Sus ojos no se apartaron de mí.
“¿Desde cuándo habla así?¿Desde cuándo piensa así?”
—No eras así —repitió.
—Tal vez nunca fui como creías.
El golpe fue suave, pero certero.
Y algo en su expresión cambió, como si esa posibilidad… se negara a considerarla.
-----00-----
El silencio que siguió fue distinto. Menos agresivo. Más… real.
—Dime algo que no sepa de ti.
La petición fue inesperada. Peligrosa, pero menos directa, menos calculada.
—¿Algo que no sepas? —repetí.
—Sí.
Lo pensé un segundo… No podía mentir demasiado, pero tampoco decir la verdad.
—Me gusta el chocolate.
Sus cejas se fruncieron levemente.
—Eso sí lo sabía.
—No.
Negué suavemente.
—No te importaba lo suficiente como para recordarlo.
El golpe fue directo, pero no agresivo.
Y eso… eso lo tomó por sorpresa.
-----00-----
El ambiente cambió. Sutilmente. Como si la tensión hubiera bajado un poco, como si la batalla se hubiera convertido en algo más. Algo menos frío.
—¿Y a ti? —pregunté.
Él me miró.
—¿A mí qué?
—Dime algo que no sepa de ti.
Hizo una pausa.
—No me gusta que me mientan.
Mi corazón se detuvo.
El mundo se congeló, el aire desapareció, pero no reaccioné… No podía.
—A nadie le gusta.
—A mí menos.
Su mirada fue directa, intensa, profunda. Como si pudiera ver a través de todo, como si estuviera a un paso de descubrirlo todo.
—Entonces espero no decepcionarte.
Mi voz fue suave, controlada, pero por dentro… estaba cayendo.
-----00-----
La noche avanzó. Y contra todo pronóstico… sobreviví. No caí. No fallé. No me delaté.
Cada pregunta encontró una respuesta, cada trampa… una salida. Y cuando finalmente salimos del restaurante… sentí el aire frío golpear mi rostro. Como una liberación.
—Lo hiciste bien —dijo él de pronto.
Me giré.
—¿Bien?
—Sí.
—¿En qué?
—En no dejarte atrapar.
El mundo se detuvo.
—No estaba intentando atraparme.
—Claro que sí.
Sus labios se curvaron apenas.
—Y tú lo sabías.
No supe qué decir, porque tenía razón.
Y eso… eso era más peligroso que cualquier pregunta.
-----00-----
Caminamos unos pasos en silencio.
Y entonces… sin previo aviso… él se quitó el saco. Y lo colocó sobre mis hombros. El gesto fue simple, pero el impacto… no lo fue.
Mi cuerpo se tensó, mi respiración se detuvo. El calor del saco, su cercanía, su aroma.
Todo… todo me envolvió.
—Hace frío —dijo.
Pero no era eso. No era solo eso. Era el gesto, la intención, la cercanía. Nunca… nadie… había hecho algo así por mí… No por Valeria. No por quien realmente era.
Y eso… eso dolió. Más de lo que esperaba.
—Gracias… —susurré.
Y mi voz… no sonó como Isabella. Sonó como yo. Por un segundo, solo uno… Pero suficiente para que algo dentro de mí se estremeciera.
-----00-----
Cuando el auto llegó… supe que había terminado.
La prueba, la noche, la mentira… Por ahora.
—Buenas noches, Isabella.
—Buenas noches, Adrián.
Bajé… Pero antes de cerrar la puerta… lo miré.
Y él… ya me estaba mirando otra vez, como si algo no encajara, como si algo faltara, como si… algo estuviera a punto de romperse.
Cerré la puerta.
Y el auto se fue.
-----00-----
Me quedé ahí. De pie. Con el saco aún sobre mis hombros. Con el corazón latiendo fuerte. Y una sensación extraña en el pecho.
Había pasado la prueba. Lo había logrado. Había engañado a Adrián Valcari. Había sobrevivido.
Y sin embargo… no me sentía victoriosa. Me sentía… vacía, confundida y peligrosamente… conmovida.
Porque ese gesto… esa simple acción… había hecho algo en mí. Algo que no debía. Algo que no podía.
—No es para ti… —susurré.
Apreté el saco entre mis dedos.
—No es para ti, Valeria.
Era para Isabella. Siempre lo fue. Siempre lo sería.
Él no me veía. No me conocía. No sabía que existía.
Y aun así… mi corazón reaccionaba. Como si importara, como si fuera real… Pero no lo era. No podía serlo. Jamás lo seria. Porque todo esto… era una mentira.
Y las mentiras… nunca terminan bien.
Nunca.
espero puedas seguirla disfrutando..!! 🥰🥰