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ENTRE SUEÑOS Y SABANAS

ENTRE SUEÑOS Y SABANAS

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:3.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

¿Cómo puede alguien a quien nunca habías visto conocer cada rincón de tu cuerpo? Lía está a punto de descubrir que su divorcio es el menor de sus problemas, y que algunos sueños no vienen a buscarte... vienen a cazarte.

NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 13

El centro penitenciario de mujeres siempre olía igual: a una mezcla metálica de desinfectante barato y desesperación estancada. Lía caminaba por el corredor, el sonido de sus tacones resonando contra el cemento como un metrónomo que contaba los segundos de su paciencia. No llevaba el traje de sastre impecable de la oficina; vestía unos vaqueros oscuros y una chaqueta de cuero, un uniforme que la hacía sentir más como la guerrera que necesitaba ser y menos como la empresaria que intentaban destruir.

Se sentó en la sala de visitas, pero esta vez no pidió el cristal de seguridad. Gracias a las influencias de Dante y un favor que Victoria había cobrado a un viejo contacto en el sistema penal, obtuvo una visita en una sala privada, sin barreras físicas.

Cuando Sara entró, el cambio fue desgarrador. Había perdido peso, sus pómulos estaban marcados y el brillo de envidia que antes definía sus ojos había sido reemplazado por una opacidad vidriosa. Sin embargo, al ver a Lía, una chispa de la antigua arrogancia cruzó su rostro.

—Vuelves pronto —dijo Sara, sentándose frente a ella. Su voz sonaba rasposa, como si no la hubiera usado en días—. ¿Ya te cansaste de jugar a la casita perfecta con tu abogado estrella?

Lía no respondió de inmediato. Sacó el sobre sepia que Julián le había enviado y lo deslizó sobre la mesa de madera maltratada. Sara miró los recortes de prensa y la foto del padre de Dante. Sus dedos, con las uñas cortas y descuidadas, temblaron levemente al tocar el papel.

—Julián está jugando sus últimas cartas, Sara. Quiere vincular a Dante con crímenes internacionales para confiscar los bienes de la constructora. Dice que nuestro padre y el de Dante tenían un pacto de sangre.

Sara soltó una risa seca que se convirtió en una tos áspera.

—Julián siempre fue un romántico del chantaje. Él cree que la información es poder, pero se olvida de que el poder real es saber cuándo quemar la información.

—Sé que tienes algo —dijo Lía, inclinándose hacia adelante, invadiendo el espacio de su hermana—. Sé que Julián no confiaba plenamente en ti, pero tú eres más lista que él. Durante los meses que fueron amantes, mientras él te usaba de escudo legal, tú debiste guardar algo. Un seguro de vida por si él decidía deshacerse de ti.

Sara guardó silencio. Sus ojos recorrieron el rostro de Lía, buscando una debilidad.

—¿Y por qué te lo daría a ti? Estás libre, estás embarazada —sus ojos bajaron al vientre de Lía con una mezcla de odio y nostalgia—, y tienes al hombre que amas. Yo tengo una litera de metal y comida que sabe a cartón.

—Porque si Julián logra hundir a Dante, lo siguiente que hará será testificar contra ti para reducir su propia condena. Te usará como el último peldaño para salir de la fosa. Si me das lo que tienes, Victoria se encargará de que tu caso sea revisado por un juez más clemente. No saldrás mañana, pero podrías salir en dos años en lugar de siete.

Lía vio el conflicto en el rostro de su hermana. Era una negociación de almas. Sara siempre había querido lo que Lía tenía, pero ahora, lo único que le quedaba era la posibilidad de no morir en ese lugar.

—Hay un dispositivo —susurró Sara finalmente, su voz apenas audible—. Está escondido en la vieja casa de campo de la tía Elena. En el sótano, detrás de la caldera, hay un ladrillo suelto marcado con una cruz. Julián guardaba allí las grabaciones de sus llamadas con los proveedores extranjeros y los documentos originales que prueban que él falsificó la firma de papá para las transferencias a Suiza.

Lía sintió un alivio que casi la hace flaquear. —Gracias, Sara.

—No me des las gracias todavía —dijo Sara, atrapando la mano de Lía con una fuerza sorprendente. Sus dedos estaban helados—. Hay algo más en ese dispositivo. Algo que Julián no quería que nadie viera. Documentos sobre el incendio del lago. Tu "héroe" de ojos oscuros... Dante... él no es tan inocente como crees, Lía. Julián tiene pruebas de que Dante regresó al lago hace cinco años, antes de que tú y él se "encontraran" en el club. Él te estuvo siguiendo. Él planeó el encuentro.

El mundo de Lía se tambaleó. —Eso no es cierto. Él dijo que me vio en los periódicos...

—Él te cazó, Lía —siseó Sara, disfrutando del dolor que veía en el rostro de su hermana—. Quería llegar a los archivos de papá para limpiar el nombre de su propia familia. Te usó para entrar en la constructora. Su amor por ti... puede que sea real ahora, pero nació de una estrategia de venganza.

Lía retiró su mano como si se hubiera quemado. Se puso de pie, con el corazón martilleando contra sus costillas.

—Cumpliré mi parte del trato, Sara. Victoria vendrá a verte mañana.

Salió de la prisión sintiendo que el aire le faltaba. Dante la esperaba fuera, apoyado en el coche, con esa expresión de preocupación que ahora Lía cuestionaba. ¿Era amor o era el miedo del estratega que ve cómo su plan se desmorona?

...

El trayecto hacia la casa de campo de la tía Elena fue tenso. Dante intentaba hablar sobre los nuevos planos del refugio, pero Lía respondía con monosílabos. La semilla de la duda que Sara había plantado estaba germinando a una velocidad alarmante, alimentada por el recuerdo de lo conveniente que había sido todo: el encuentro en el bar, la ayuda legal inmediata, la pasión que parecía demasiado perfecta para ser real.

Llegaron a la propiedad al atardecer. La casa estaba abandonada, rodeada de maleza y con un aire de melancolía que encajaba perfectamente con el estado de ánimo de Lía. Entraron con linternas, el polvo bailando en los haces de luz.

Bajaron al sótano. El olor a humedad y moho era sofocante. Dante encontró la caldera y, tras unos minutos de búsqueda, localizó el ladrillo marcado. Lo extrajo con un crujido metálico. Detrás, envuelto en plástico, había un disco duro externo.

—Aquí está —dijo Dante, con una nota de triunfo en su voz—. Con esto, Julián está acabado. No podrá vincularme a nada sin que estas pruebas de su propia falsificación lo destruyan primero.

Lía lo miró, iluminando su rostro con la linterna. Las sombras hacían que Dante pareciera el hombre oscuro de sus pesadillas.

—¿Viniste al lago hace cinco años, Dante? —preguntó ella, su voz fría como el hielo.

Dante se quedó petrificado, con el disco duro en la mano. El silencio que siguió fue la respuesta más ruidosa de todas.

—Lía... puedo explicarlo —comenzó él, dando un paso hacia ella.

—¡No des un paso más! —gritó ella—. Sara me lo dijo. Me estuviste siguiendo. Planeaste el encuentro en el bar. Todo este tiempo, pensé que el destino nos había unido, que nuestros sueños eran una conexión mística... ¿pero era solo una investigación previa? ¿Me estudiaste como si fuera un caso legal?

Dante bajó la cabeza, su respiración agitada.

—Sí, fui al lago. Necesitaba saber qué le habían hecho a mi padre. Encontré los registros de la constructora y vi tu nombre. Al principio, sí, fue por venganza. Quería destruir a los Montero desde dentro. Pero cuando te vi de lejos, cuando vi lo infeliz que eras con Julián, algo cambió.

—¡Me manipulaste! —Lía sentía que las lágrimas le quemaban la cara—. Me hiciste creer en cuentos de hadas mientras tenías un plan de ataque en el bolsillo. Me acosté contigo esa primera noche pensando que eras mi salvación, y solo eras otro hombre queriendo algo de mi familia.

—¡Te amo, Lía! —rugió Dante, soltando el disco duro sobre una caja vieja y tomando a Lía por los hombros. Ella intentó zafarse, pero él la sujetó con una desesperación que no era fingida—. Al principio era un plan, sí. Pero esa noche en el club... cuando te toqué, cuando vi el fuego en tus ojos, el plan se fue al infierno. Me olvidé de la venganza. Solo quería protegerte. Todo lo que he hecho desde entonces ha sido para mantenerte a salvo.

La confrontación en el sótano se volvió física, una lucha de fuerzas y emociones. Lía lo golpeó en el pecho, descargando meses de tensión, miedo y traición. Dante no se defendió, simplemente recibió sus golpes hasta que ella, agotada, se derrumbó contra él.

La rabia se transformó en una pasión cruda y dolorosa. En ese sótano polvoriento, rodeados de los restos de una familia rota, se buscaron con una ferocidad que no tenía nada de romántica. Era una necesidad de borrar la mentira con la verdad del cuerpo. Se amaron sobre una mesa vieja, con una urgencia que rayaba en lo violento, una forma de decirse todo lo que las palabras no podían arreglar. Fue un acto de comunión desesperada, donde el dolor de la traición de Dante se mezclaba con el deseo innegable que Lía sentía por él.

...

Horas más tarde, de regreso en el ático, el ambiente era de una tregua armada. El disco duro estaba conectado al ordenador de Dante, y los archivos empezaban a revelarse.

—Victoria tiene que ver esto —dijo Lía, sentada en el borde de la cama, envuelta en una sábana—. Ella sabrá cómo usarlo sin que mi nombre, o el tuyo, queden manchados.

Dante se sentó a su lado, con el rostro marcado por el cansancio.

—Lía, si quieres que me vaya después de esto, lo haré. Te dejaré la constructora, el ático, todo. Pero no me pidas que deje de cuidar de ti y de nuestro hijo desde la distancia.

Lía lo miró. A pesar de todo, a pesar del inicio turbio de su relación, sabía que no podía imaginar su vida sin él. El amor, descubrió, no era siempre puro y blanco; a veces era gris, nacido de la necesidad y forjado en la supervivencia.

—No te vas a ir, Dante —dijo ella, tomando su mano—. Pero el hombre que conocí en el muelle de mis sueños está muerto. Ahora tengo que aprender a amar al hombre que está frente a mí. Con sus sombras y sus planes.

la primera prueba de los archivos de Julián aparecio en pantalla: una grabación de vídeo de una reunión secreta entre Julián y un contacto en Suiza. Pero no era solo dinero lo que discutían. Hablaban de un "segundo heredero".

Lía y Dante se miraron, el pánico reflejado en sus rostros. ¿Había otro Montero ahí fuera? ¿O era algo aún más oscuro relacionado con la familia de Dante? La paz que creían haber comprado con el disco duro acababa de convertirse en el inicio de un misterio mucho mayor.

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