Carry Redd es una chica muy sencilla a pesar que proviene de una de las familias más importantes del país D .
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Miedo a caer.
Wesly
El reloj marca las ocho en punto y me dirijo a buscar a mi dulce Carry, en quince minutos ya habíamos llegado a la villa de Los Redd, sé que vine antes, pero ya no podía esperar más para poder verla, estoy tan ansioso que mis manos sudan y mi pecho pareciera que iba a explotar de tanta felicidad , ya no aguantaba la hora de poder verla y tenerla a mi lado.
Toc …toc.— Llame a su puerta y una sirvienta me deja pasar.
—Hola buenas noches, joven Wesly pasa, pasa esta es tu casa. — Me saludan los padres de Carry y me invitan a pasar a la sala.
— Hola buenas noches.— Salude al señor Redd y a su mujer estrechando mi mano.
—¿Qué es lo que se le ofrece joven?. —Me pregunta la señora Redd.
— Bueno yo… — No pude terminar de hablar porque sentí la dulce vos de mi hermoso Ángel que viene bajando por las escaleras de mármol a mis espaldas, me giro y me quedo hipnotizado, clavado al piso mirando a mi dulce Carry, la cual me mira y me regala una preciosa sonrisa.
Carry
Estoy bajando las escaleras, pero cuando levantó mi vista y allí está el de espaldas hacia mí, con un hermoso traje negro hecho a la medida el cual hace resaltar su ancha espalda y a sus grandes y enormes brazos, el cual lo hace ver aún más irresistible, él está saludando a mis padres y antes que ellos hagan algo que no me agrade prefiero llamar su atención.
—Hola buenas noches. — Dije para que él volteara a verme.
— Hola buenas noches, hermosa te ves sorprendente.— Me sonríe y me extendió su mano para ayudarme a terminar de bajar por los últimos escalones que quedan.
— Muchas gracias. — Sonreí y nos encaminamos a la puerta.
Veinte minutos tardamos en llegar a el exclusivo y muy lujoso restaurante.
Wesly salió del auto y me ayudó a salir a mi. Entramos a el lugar tomados del brazo.
Un camarero nos llevó hasta en donde se encontraba nuestra mesa, nos sentamos y este nos brinda la carta y se para a aún lado de la mesa.
— Y bien que desean ordenar .— Dijo el camarero muy atento.
— Bueno queremos el menú especial del día — Dijo Wesly ordenando por ambos. — Y de beber que desean?—pregunto nuevamente el camarero.
— Queremos una botella de vino chateau lafite Rothschild 1975 .
— Si enseguida señor. —Dijo el camarero y se fue. Después de diez minutos tuvimos nuestra orden servida en nuestra mesa .
Mientras disfrutábamos de nuestra magnífica cena entablamos una muy interesante conversación, en donde nos contamos alguna que otra vivencia que nos han pasado en nuestras infancias, cosas que nos hacían reír como si nos conociéramos de toda la vida, cuanto más hablábamos más nos dábamos cuenta de que éramos muy afines en muchas cosas, como que nos encantaba la comida francesa, el ballet aéreo, el teatro y más. Terminamos de cenar.
— Carry quieres ir a dar un paseo por el jardín.— Wesly me invito con una sonrisa tonta en sus hermosos y carnosos labios, también me ofrece su brazo como todo un caballero para poder salir de ahí.
— Si claro vamos. — Me levante, entrelace nuestros brazos y nos encaminamos hacia la enorme puerta de cristal que daba a un hermoso jardín de rosas adornado con luces que hacía que este pareciera sacado de un cuento de hadas.
— Me la pasé muy bien esta noche, gracias por aceptar pasar esta noche a mi lado. — Me mira a los ojos y en los de él hay un brillo inigualable.
— Gracias a ti por invitarme.— Dije esto más como un susurro, pero él me escucho de igual manera y me lanzo una hermosa sonrisa que casi me desarma por completo, perdida en su sonrisa no miro por donde voy y tropiezo.
— AAA... cuidado estás bien.— Me toma con fuerza de la cintura.
— S... sí gracias. — Me aferro con fuerza a su cuello por miedo caer al suelo.
Nuestras miradas se chocan, mi pulso se acelera y nuestros labios se chocan, pero yo reaccioné rápido y me separé dejando a un muy confundido Wesly.
Me solté de su agarre y me alejé dándole la espalda.
— Lo siento no quise asustarte, pero no me pude contener más. — Me confesó así sin más.
— Creo que ya es hora de irnos. — Le contesté.
— Espero y me perdones por lo de recién.— Me pidió en tono de súplica.
— Si, si claro te disculpo, pero ya me quiero ir.— Le hice un ademán con la mano.
— Está bien, vamos pero por favor permíteme llevarte de nuevo a tu casa. Y así terminó nuestra primera cita.