Ella renace en un nuevo mundo, y quiere ser la mejor hermana menor.. en esta nueva oportunidad para vivir.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
*Todas las novelas son independientes**
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Emma
Durante los días que siguieron, Naomi Darcy fue extremadamente cuidadosa.
No canceló negocios.
No rompió acuerdos.
No desapareció de los asuntos de la familia.
Simplemente… se retiró con elegancia del trato directo con los Devlin.
Las primeras cartas que salieron de la mansión Darcy todavía llevaban su firma, pero el contenido era distinto.
Eran breves.
Educadas.
Formales.
En ellas explicaba que, debido a la reorganización de algunas rutas comerciales, su hermano mayor Nelson Darcy sería quien continuaría gestionando directamente los acuerdos relacionados con los caballos.
Nada ofensivo.
Nada extraño.
Todo perfectamente razonable.
Y, por supuesto, cuando David respondía, Naomi leía cada carta con la misma calma que usaba para revisar contratos… aunque su corazón siempre diera un pequeño salto al ver el sello de la familia Devlin.
Pero Naomi era disciplinada.
Así que después de leerlas, las dejaba cuidadosamente sobre el escritorio de Nelson.
—Hermano, llegó respuesta de los Devlin.
Nelson levantaba la vista.
—¿Todo en orden?
—Sí.
Luego Naomi giraba ligeramente la silla, como si estuviera ocupada en otros asuntos.
Por dentro repetía lo mismo que había decidido aquel día en el carruaje.
[Cuando deje de sentir mariposas… volveré a hablar con él. Hasta entonces… distancia]
Porque Naomi no quería hacer algo impulsivo.
No quería mezclarse en sentimientos que quizás solo existían de un lado.
Era mejor esperar.
Dejar que el tiempo hiciera su trabajo.
Mientras tanto, se mantendría amable, respetuosa… pero lejos.
Sin embargo, mientras Naomi ejecutaba su plan con lógica y disciplina…
En otra parte del reino, alguien estaba bastante confundido.
David Devlin estaba en su despacho revisando algunos documentos cuando recibió la última carta de los Darcy.
La leyó una vez.
Luego una segunda.
Y finalmente la dejó sobre la mesa.
Frunció ligeramente el ceño.
Porque algo no encajaba.
Desde la reunión en los establos, las cosas habían cambiado.
Antes, todas las conversaciones de negocios habían sido con Naomi Darcy.
Las cartas.
Las reuniones.
Las decisiones.
Ella había demostrado ser una comerciante brillante.
Directa.
Inteligente.
Y sorprendentemente divertida cuando hablaban de rutas comerciales.
Pero ahora…
Todas las negociaciones estaban siendo realizadas por Nelson Darcy.
David no tenía ningún problema con Nelson.
De hecho, el hombre era competente.
Serio.
Muy claro con los números.
Pero aun así…
Algo le resultaba extraño.
Apoyó los codos sobre el escritorio y entrelazó las manos mientras pensaba.
—¿Dije algo incorrecto…?
Repasó mentalmente la visita a los establos.
Había sido completamente profesional.
Le había mostrado los corrales.
Los caballos.
Las posibles rutas para el transporte.
Incluso había tenido cuidado de no acercarse demasiado cuando ella parecía nerviosa al montar.
Frunció un poco más el ceño.
—¿La incomodé?
No recordaba haber hecho nada inapropiado.
Ni un comentario fuera de lugar.
Ni una insinuación.
Ni siquiera había hablado de algo que no fueran negocios.
Y aun así…
Desde ese día…
Naomi Darcy había desaparecido de las reuniones.
David tomó nuevamente la carta y la miró unos segundos.
Luego suspiró suavemente.
Quizás la había ofendido sin darse cuenta.
O quizás había hecho algo torpe.
No sería la primera vez que ocurría.
Después de todo, él estaba acostumbrado a tratar con comerciantes y criadores de caballos… no con mujeres nobles tan inteligentes como Naomi.
Se reclinó en la silla pensativo.
Porque por más que intentaba analizar la situación…
No encontraba la respuesta.
Solo sabía una cosa.
Y era que, desde aquella visita a los establos…
Naomi Darcy parecía estar evitándolo.
Y David Devlin no tenía idea de por qué.
La finca de los Devlin estaba tranquila esa tarde.
El aire olía a heno fresco y a madera calentada por el sol. En el patio principal, algunos cuidadores llevaban caballos hacia los corrales mientras otros limpiaban los establos.
Un poco más lejos, bajo la sombra de un gran roble, David Devlin estaba sentado en un banco de piedra con varios papeles en la mano.
Pero no estaba leyendo.
En realidad llevaba varios minutos mirando el mismo documento sin avanzar una sola línea.
Tenía el ceño ligeramente fruncido.
Y una expresión pensativa que no pasaba desapercibida para alguien que lo conociera bien.
A lo lejos, una mujer caminaba lentamente por el jardín.
Era Emma Devlin, la esposa del conde Daniel Devlin.
Empujaba un pequeño cochecito de madera adornado con telas suaves. Dentro, una niña de cabellos claros y ojos verdes brillantes agitaba los brazos con energía.
La pequeña Diana, que estaba a punto de cumplir un año, era la alegría de toda la casa.
Emma paseaba tranquilamente, hablando con su hija con voz dulce.
—¿Quieres ver a tu tío David?
Diana respondió con un balbuceo feliz.
Cuando se acercaron, Emma notó la expresión seria de su cuñado.
Levantó una ceja con curiosidad.
—David.
Él levantó la vista.
Al verla, su expresión se suavizó un poco.
—Emma.
La pequeña Diana agitó las manos emocionada al verlo.
David dejó los papeles a un lado y se inclinó para hacerle una pequeña mueca divertida.
—Hola, pequeña.
Diana soltó una risa alegre.
Emma observó la escena con una sonrisa.
Luego miró nuevamente a David.
—¿Qué ocurre?
David volvió a recostarse en el banco.
—¿Por qué lo preguntas?
Emma señaló los papeles.
—Porque llevas cinco minutos mirando el mismo documento.
David suspiró ligeramente.
Emma inclinó la cabeza con curiosidad.
—¿Problemas con algún negocio?
David dudó un momento.
Pero Emma era prácticamente una hermana mayor para él.
Así que terminó respondiendo.
—Es sobre los Darcy.
Emma asintió con interés.
—¿Los comerciantes de rutas?
—Sí.
David miró los papeles otra vez.
—Desde hace unas semanas… Naomi Darcy dejó de encargarse directamente del negocio.
Emma lo observó con atención.
—¿Y ahora?
—Ahora trato todo con su hermano Nelson.
Emma sonrió levemente.
—¿Eso es un problema?
David negó con la cabeza.
—No realmente.
Se cruzó de brazos.
—Nelson es competente. Muy claro con los números.
Emma esperó.
Sabía que eso no era todo.
David finalmente continuó.
—Pero antes Naomi manejaba todo.
Emma se apoyó en el cochecito de Diana.
—¿Y?
David dudó un momento.
—No sé si hice algo que la ofendiera.
Emma levantó las cejas con interés.
—¿La ofendiste?
—No que yo recuerde.
—¿Discutieron?
—No.
Emma lo observó con atención.
—Entonces tal vez simplemente decidió delegar el trabajo a su hermano.
David no respondió.
Emma sonrió un poco.
—Dime algo.
David la miró.
—¿Qué?
Emma apoyó los brazos sobre el cochecito con gesto relajado.
—¿Solo te importa esa señorita por los negocios?
David se quedó en silencio.
La pregunta llegó demasiado rápido.
Y por alguna razón no tenía una respuesta clara.
Durante unos segundos solo miró el suelo.
Emma notó la pausa inmediatamente.
Sonrió con un brillo divertido en los ojos.
—Oh.
David finalmente respondió, aunque con cierta duda.
—Sí… claro.
Emma no dijo nada durante un momento.
Solo lo observó.
—Solo por negocios.
David asintió, aunque su tono no sonó completamente convincente.
Emma soltó una pequeña risa.
—Bueno.. si su hermano Nelson es igual de competente que ella… entonces no hay problema.
David asintió.
—No lo hay.
Emma acarició suavemente la cabeza de Diana.
—Entonces deberías estar tranquilo.
David miró nuevamente los documentos.
En teoría tenía razón.
El negocio seguía funcionando.
Las rutas se estaban organizando.
Las ganancias eran incluso mejores que antes.
No había ningún motivo real para preocuparse.
Pero aun así…
Algo dentro de él seguía inquieto.
Como si hubiera una pregunta sin respuesta.
Emma lo observó unos segundos más.
Pero no dijo nada.
Porque había notado algo que David todavía no parecía comprender.
Así que simplemente sonrió.
Mientras David volvía a mirar los papeles…
Sin darse cuenta de que lo que realmente le molestaba no era el negocio.
Sino la ausencia de Naomi Darcy en él.