Alfredo siempre creyó que el odio tenía justificación.
Homofóbico, violento y consumido por los prejuicios que heredó de su padre, pasó toda su vida despreciando aquello que no entendía… hasta el día de su muerte.
O eso creyó.
Porque al abrir los ojos nuevamente, ya no era Alfredo.
Ahora es Andrei Macías: un joven omega de piel canela, heredero de una poderosa familia de comerciantes y víctima de una tragedia que destrozó su vida.
Atrapado en un mundo donde los hombres pueden ser marcados, deseados y quebrados, Andrei deberá enfrentarse no solo a los nobles que lo lastimaron… sino también al hombre cruel que alguna vez fue.
Pero entre heridas, segundas oportunidades y un temido general extranjero de fama sanguinaria, descubrirá algo que jamás imaginó:
Tal vez el amor no siempre llega para salvarte.
A veces llega para enseñarte a sobrevivirte a ti mismo.
NovelToon tiene autorización de Marcela Salazar S. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 6
Andrei se levantó tan rápido que apenas escuchó la voz preocupada de Gael llamándolo detrás.
Solo necesitaba salir de ahí.
Necesitaba aire.
Sus pasos resonaron apresurados por los enormes pasillos de la mansión mientras su respiración comenzaba a volverse irregular. Abrió la puerta de la habitación con brusquedad y luego la del baño, entrando casi tropezando.
El enorme espejo volvió a quedar frente a él.
No miró.
No pudo.
Se dirigió directamente a la gigantesca bañera de mármol y abrió las llaves con manos temblorosas. El sonido del agua llenó el silencioso baño mientras comenzaba a arrojar dentro todo lo que encontraba: aceites, jabones, sales aromáticas, esencias.
No sabía qué hacía.
Solo necesitaba hacer algo.
Cuando la bañera estuvo medio llena, se metió dentro todavía vestido parcialmente. El agua caliente envolvió su cuerpo de inmediato, pero no logró calmarlo.
Al lado encontró varios paños suaves y un estropajo.
Lo tomó.
Y comenzó a frotar su piel.
Fuerte.
Demasiado fuerte.
El sonido áspero del tejido contra su cuerpo llenó el baño.
Una vez.
Otra.
Otra más.
Su pecho subía y bajaba rápidamente mientras restregaba sus brazos con desesperación.
La piel comenzó a irritarse casi de inmediato.
Roja.
Ardiendo.
Dolía.
Pero no se detuvo.
Porque en su cabeza seguían sonando aquellas voces.
“Mira a tus hermanos. Ellos sí salieron como yo.”
“Mírate… siempre pareces mugroso.”
“No creo que realmente seas mi hijo.”
“Todos se burlan de mí por tener un mocoso de ese color.”
Las palabras se mezclaban unas con otras como golpes.
Andrei soltó un sonido ahogado mientras seguía restregándose.
¿Por qué?
¿Por qué tenía que recordar eso ahora?
El estropajo raspó demasiado fuerte sobre su clavícula y el ardor lo hizo jadear.
Pero aun así continuó.
Como si pudiera arrancarse algo de encima.
Como si pudiera limpiar una suciedad invisible.
—¿Qué hice…? —susurró con la voz rota—. Yo qué hice…
El agua comenzó a moverse violentamente alrededor suyo mientras sus manos temblaban.
Y entonces llegaron otros recuerdos.
No de su padre.
Suyos.
Chicos golpeados contra callejones.
Insultos.
Escupitajos.
Rostros aterrados.
Personas de piel oscura a las que humilló solo porque sí.
Porque era más fácil repetir el odio…
que enfrentarlo.
Su respiración se quebró.
Y ahora…
ahora él tenía esa misma piel.
Sus manos se detuvieron lentamente.
El agua alrededor suyo estaba tibia ya, mientras pequeñas marcas rojizas cubrían partes de sus brazos y cuello.
Andrei levantó la mirada poco a poco.
Finalmente miró el reflejo del espejo.
Y por primera vez realmente vio aquel rostro.
Piel oscura.
Rizos húmedos pegados a la frente.
Labios temblorosos.
Ojos enormes llenos de miedo.
Hermoso.
La palabra apareció en su cabeza tan rápido que le provocó rabia inmediata.
—No… —susurró apartando la mirada violentamente.
No quería pensar eso.
No quería verlo así.
Porque si aquello era hermoso…
entonces toda su vida había estado equivocado.
La puerta del baño se abrió con brusquedad.
—¡Andrei!
Gael entró claramente alarmado y se detuvo apenas lo vio dentro de la bañera.
Empapado.
Temblando.
Con la piel irritada y los ojos completamente rojos.
La preocupación en su rostro se transformó inmediatamente en dolor.
—Hijo mío… —susurró acercándose rápido.
Andrei apartó la mirada de inmediato.
No quería que lo viera así.
Pero Gael se arrodilló junto a la bañera sin importarle mojar su ropa elegante.
—¿Qué pasó? —preguntó con voz suave—. ¿Recordaste algo?
Andrei no respondió.
Sus dedos todavía sostenían el estropajo con fuerza.
Gael bajó lentamente la mirada hacia las marcas rojizas sobre su piel y entendió enseguida.
Su expresión se quebró.
Con muchísimo cuidado le quitó el estropajo de las manos.
—No hagas esto, hijo… —murmuró dolido—. No te lastimes así.
Andrei apretó la mandíbula.
Gael creyó que aquello tenía relación con el ataque.
Y técnicamente sí.
Pero no de la manera que imaginaba.
—Escúchame bien —dijo el hombre tomando su rostro con delicadeza—. No estás sucio.
Aquellas palabras hicieron que Andrei temblara apenas.
—Esos hombres son unos cobardes. Unos animales que te hicieron daño. Pero tú no hiciste nada malo.
La voz de Gael estaba cargada de una ternura tan genuina que dolía escucharla.
—Mírate… —susurró acariciando suavemente una de sus mejillas húmedas—. Mira esa carita linda.
Andrei quiso apartarse.
No pudo.
—Tienes los ángulos hermosos de tu madre. Siempre fueron mi parte favorita de él.
Una pequeña sonrisa triste apareció en el rostro de Gael.
—Y esas pestañas… largas, tupidas… iguales cuando eras niño. Tus ojos también.
Le limpió una lágrima con el pulgar.
—Esos ojitos grandes y expresivos siempre lograban que este papá hiciera cualquier cosa por ti.
El pecho de Andrei comenzó a dolerle de forma insoportable.
Porque nadie…
nadie le había hablado así jamás.
—Tu cabello rizado es igual al de mi madre —continuó Gael con voz cálida—. Y nuestra piel…
Hizo una pequeña pausa.
Una mezcla de orgullo y melancolía cruzó su expresión.
—Mi familia pasó generaciones viajando de un lugar a otro como comerciantes errantes. Trabajamos bajo el sol, soportamos hambre, desprecio y pobreza antes de construir todo esto.
Señaló alrededor.
—Mis abuelos decidieron establecerse aquí y comenzaron un pequeño negocio que terminó creciendo tanto… que ahora somos más ricos que muchos de los nobles que nos discriminaban.
Gael soltó una pequeña risa amarga.
—Y aun así siguen mirándonos por encima del hombro.
Luego volvió a mirarlo directamente.
—Esta hermosa piel color caramelo solo demuestra la fuerza y la constancia de nuestra gente, hijo mío.
Su voz se volvió todavía más suave.
—No la lastimes por culpa de personas miserables.
Andrei bajó lentamente la mirada.
No quiso contradecirlo.
No quiso decirle que cada una de esas palabras solo hacía el conflicto peor.
Porque Gael tenía razón.
Este cuerpo era hermoso.
Dolorosamente hermoso.
Y aun así…
la voz de su verdadero padre seguía enterrada dentro de él.
“Mugroso.”
“Vergüenza.”
“Sucio.”
Andrei cerró los ojos con fuerza.
Estaba confundido.
Porque una parte de él quería creerle a Gael.
Pero la otra…
la otra había pasado toda una vida aprendiendo a odiar exactamente aquello.
Gael ayudó a Andrei a salir lentamente de la bañera.
El agua cayó pesada desde su ropa empapada formando pequeños charcos sobre el mármol del baño. Aun así, el hombre no pareció darle la menor importancia. Solo sostuvo a su hijo con cuidado, como si temiera que pudiera romperse.
Y luego lo abrazó.
Fuerte.
Cálido.
Andrei se tensó apenas al inicio.
Pero poco a poco sus hombros comenzaron a relajarse.
Gael olía a madera, especias suaves y té caliente.
Era un aroma extraño.
Pero reconfortante.
El hombre tomó una enorme toalla y la acomodó sobre los hombros húmedos de Andrei antes de secarle con cuidado algunos mechones pegados a su frente.
—Ya pasó, mi niño… —murmuró con suavidad—. Ya pasó.
Andrei bajó la mirada.
Más tranquilo.
Aunque eso no significaba que su cabeza hubiera dejado de ser un desastre.
Porque incluso en este nuevo mundo…
también existían personas como su padre.
Y personas como él había sido.
Gael tomó una de sus manos y lo llevó fuera del baño.
Apenas abrió la puerta llamó a Elena, que esperaba preocupada cerca de la habitación.
—Ayúdalo a cambiarse, por favor —pidió con voz suave.
La joven asintió enseguida.
Gael volvió a mirar a Andrei antes de apartarse.
—Te esperaré en el comedor, hijo mío.
Su sonrisa era pequeña.
Cansada.
Pero cálida.
—Pediré que vuelvan a calentar la comida para comer contigo, ¿sí?
Andrei solo logró asentir en silencio.
Gael le revolvió suavemente el cabello antes de marcharse.
La puerta se cerró.
Y el silencio regresó otra vez.
Andrei permaneció quieto unos segundos.
Mirando el piso.
Escuchando su propia respiración.
Porque una parte de él…
todavía quería volver a la bañera.
Quería tomar otra vez el estropajo.
Frotar más fuerte.
Hasta arrancarse aquellas palabras de encima.
“Mugroso.”
“Vergüenza.”
“Sucio.”
La voz en su cabeza seguía allí.
Persistente.
Cruel.
Pero había algo extraño.
Cuando Gael lo abrazó…
aquella voz se había silenciado por unos segundos.
Andrei frunció levemente el ceño.
Este hombre tenía magia, pensó.
bendiciones autora y ánimo
bendiciones autora y ánimo