En un mundo donde los dragones eligen a sus jinetes y los reinos se sostienen sobre alianzas forzadas. El amor es un lujo que nadie puede permitirse en tiempos de guerra. Elian Kovács siempre supo que su destino no le pertenecía al nacer enfermizo. Principe Omega del reino nórdico, y pieza clave en la guerra que se aproxima, su vida queda sellada cuando es prometido en matrimonio al heredero del poderoso Dominium Sárkányvér, un alfa al que jamás ha visto… y al que está destinado a obedecer como su futura esposa. Pelear en contra del clan del desierto. Pero ambos antes de rendirse al deber cometen un error. Lo que debía ser un escape sin consecuencias… Se convierte en un secreto imposible de ocultar. Porque semanas después, Elian descubre que lleva dentro algo más que culpa. Lleva un hijo concebido fuera del pacto. Una verdad que, de salir a la luz, podría significar la caída de su clan o su exterminio. Porque en un mundo donde el deber lo es todo. El amor puede ser la guerra más letal.
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Traicionado por su propia montura.
— Ya vamos a descender agarrate fuerte.
Nieve descendió majestuosamente frente al enorme patio del banquete. La nieve se levantó alrededor del dragón blanco cuando sus garras tocaron el suelo de piedra helada.
Las antorchas iluminaban todo el lugar.
Música.
Risas.
Mesas gigantescas llenas de comida.
Y detrás de las rejas reforzadas del patio real… descansaban los dragones principales de ambas familias.
Criaturas enormes.
Antiguas.
Mortales.
Los invitados aplaudieron cuando los recién casados aterrizaron.
Dávid bajó primero del lomo de Nieve.
Todavía despeinado gracias a la “broma” del dragón.
Miklós se aferró a una copa de vino para disipar su rabia. Mientras su hermanita se acercaba a la pareja emocionada.
—Por todos los dioses… pensé que terminaría estampado contra una montaña— admitió Astrid cruzándose de brazos mientras intentaba no reír.
Dávid ignoró a todos.
Y giró inmediatamente hacia Elian.
El omega todavía se estaba riendo bajito mientras intentaba bajar.
—¿Vas a seguir burlándote mucho tiempo? —preguntó el alfa con falsa molestia.
—Tal vez toda la vida.
Dávid resopló.
Luego levantó ambas manos hacia él.
—Ven.
Elian dudó apenas un segundo.
Y terminó aceptando la ayuda.
El alfa rodeó su cintura con firmeza mientras lo bajaba del dragón.
Demasiado firme.
Demasiado natural.
El omega sintió otra vez ese calor extraño en el pecho.
Y rápidamente apartó la mirada.
—Tu dragón está loco.
—Nieve solo es selectivo.
—No. Es un monstruo blanco con problemas de ira. Deberé entrenarlo mejor para la batalla.
Elian soltó otra pequeña risa.
— Haz lo que quieras, o mejor dicho lo que mi dragón te permita hacer.
Y entonces… un rugido grave resonó detrás de ellos.
Furia.
El enorme dragón negro de Dávid avanzó lentamente desde el patio.
Imponente.
Oscuro.
Con escamas negras brillando bajo las antorchas.
Varios sirvientes se apartaron rápidamente del camino.
Dávid sonrió apenas.
—Al menos alguien aquí sabe comportarse.
El dragón negro se acercó directamente a su jinete.
Rozando apenas su cabeza contra el hombro del alfa.
Dávid acarició las enormes escamas negras.
—Él sí tiene buenos modales. Es un macho alfa de primera de su generación. Nació en los volcanes de las selvas más profundas.
Elian arqueó una ceja.
—¿Ah sí?
—Furia solo me acepta a mí. Me costó domarlo a los diez años —dijo orgulloso—. Odia al resto del mundo. Si quieres acercarte tendrás que ganarte su confianza poco a poco.
No terminó la frase.
Porque Elian ya se había acercado.
Miklós abrió mucho los ojos.
—¡¿Qué hace?!
Incluso Ilona tensó el cuerpo.
Furia levantó lentamente la cabeza.
Sus enormes ojos rojizos quedaron fijos sobre el omega.
Y entonces… algo cambió.
El dragón inhaló profundamente el aroma de Elian.
Uno conocido.
Uno imposible de olvidar.
El aroma mezclado de su alfa… y algo más.
Algo pequeño en su interior.
Vivo y palpitando.
El enorme dragón soltó un ruido grave.
Casi curioso.
Y contra toda lógica… bajó lentamente la cabeza hacia Elian.
Luego lo lamió de lado a lado.
—¡Puaj! —El omega soltó una carcajada—. ¡Eso da asco!
El patio entero quedó en silencio absoluto.
Porque Furia jamás hacía eso.
Jamás.
Dávid parpadeó lentamente.
Sin procesarlo.
—…¿Qué?
Furia volvió a acercarse.
Esta vez olfateando directamente el vientre del omega.
Elian se tensó apenas.
El dragón podía sentirlo.
El pequeño latido mezclado con el aroma de su jinete.
La criatura incluso movió lentamente el hocico como si quisiera acercarse más a su abdomen.
Pero inmediatamente… Nieve se interpuso entre ambos.
GRRRRRRRR.
El dragón blanco empujó bruscamente a Furia con la cabeza.
Protector.
Territorial.
Furia soltó otro gruñido indignado.
Como si dijera: “Solo quería revisar que estén bien.”
—¡Nieve! —regañó Elian acariciando rápidamente sus escamas—. Tranquilo.
El dragón blanco resopló molesto.
Pero terminó calmándose apenas el omega apoyó la frente contra él.
Dávid seguía completamente inmóvil.
Con la boca apenas abierta.
Mirando a su propio dragón.
"Traidor."
Su dragón acababa de aceptar a ese omega en menos de un minuto.
Uno que conocía desde hacía literalmente horas.
Miklós comenzó a reírse primero. Le encantó verlo humillado.
Luego Harald.
Después Astrid.
Y finalmente medio patio.
—¡JAJAJAJA!
—¡Estos dragones hacen lo que quieren!
—¡Pobre príncipe!
Dávid giró lentamente hacia Furia.
—¿Tú también?
Furia simplemente resopló.
Sin el más mínimo arrepentimiento.
Elian ya estaba riéndose sin control.
—Parece que le agrado más que a ti.
—Eso es imposible.
—Pues míralo. Me ama.
Furia volvió a acercar la cabeza hacia Elian buscando otra caricia.
El alfa parecía genuinamente traicionado.
Y eso solo hizo reír más al omega.
Finalmente Elian respiró profundo intentando calmarse.
Luego tomó suavemente la mano del alfa.
—Ven… entremos antes de que tus dragones empiecen una guerra aquí afuera.
Dávid bajó lentamente la mirada hacia sus dedos unidos.
Y aunque todavía seguía indignado con Furia... terminó apretando suavemente la mano del omega.
Mientras ambos caminaban juntos hacia el enorme salón del banquete bajo la nieve brillante.