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Alma De Esmeralda

Alma De Esmeralda

Status: En proceso
Genre:Mafia / Posesivo / Mujer poderosa
Popularitas:5.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Delenis Valdés Cabrera

"Fui subastada al diablo, pero él no sabía que yo sería su infierno."
En el Amazonas, todo tiene un precio. Mía fue vendida como mercancía al hombre más temido de Sudamérica: Renzo Cavalli. Él la compró para poseerla y quebrarla, pero subestimó el fuego bajo su piel de seda.
Entre huidas por la selva, traiciones y una pasión letal, Mía deberá decidir: ¿hundir el puñal en su espalda o convertirse en la reina de su imperio de sangre?

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Capítulo 14

Leo no era tonto. Había crecido en los barrios más duros de la frontera viendo a Mía pelear por cada centavo, y verla ahora caminando por la mansión con marcas de mordidas en el cuello y vestidos que costaban una fortuna no le parecía una victoria. Para él, su hermana estaba siendo devorada por un monstruo.

Aprovechando que Renzo estaba en una reunión de seguridad tras el incidente de Julian, Leo se escabulló en el despacho privado. Sus manos temblaban mientras abría el cajón del escritorio de caoba. Ahí estaba: una Beretta plateada con el escudo de los Cavalli grabado en la culata.

—Solo un disparo —susurró Leo para sí mismo, sintiendo el peso frío del arma—. Uno solo y seremos libres.

(...)

Mía encontró a Leo en el pasillo central, pero no estaba solo. Renzo estaba frente a él, con las manos en los bolsillos de su pantalón de lino, observando al chico con una calma que daba más miedo que cualquier grito. Leo sostenía el arma con ambas manos, apuntando al pecho de Renzo, pero el arma temblaba tanto que era un milagro que no se le hubiera escapado un tiro al techo.

—¡Leo! ¡Baja eso ahora mismo! —gritó Mía, corriendo hacia ellos.

—¡No, Mía! —exclamó Leo, con lágrimas de rabia en los ojos—. ¡Mírate! ¡Estás dejando que te use! ¡Este tipo mató gente por ti y ahora te tiene como a un perro! ¡Muévete, voy a matarlo!

Renzo no se movió ni un milímetro. De hecho, dio un paso hacia adelante, pegando su pecho al cañón de la pistola.

—¿Quieres ser un héroe, pequeño cachorro? —la voz de Renzo era suave, letal—. Para matar a un hombre como yo, no solo necesitas un arma. Necesitas el alma podrida. ¿La tienes? ¿O vas a llorar cuando veas mis sesos en el mármol?

—¡Renzo, detente! ¡Es solo un niño! —Mía se puso entre los dos, empujando a Renzo hacia atrás y agarrando el cañón de la pistola de Leo—. Leo, mírame. Esto no es lo que parece. Él... él no me está obligando.

La cara de Leo se transformó en una máscara de horror puro.

—¿No te está obligando? ¿Entonces lo haces porque quieres? ¿Te gusta este asesino? Eres... eres igual que ellos.

Leo soltó el arma como si quemara y salió corriendo hacia la selva, perdiéndose entre los helechos gigantes del atrio exterior. Mía intentó seguirlo, pero Renzo la atrapó por el brazo con una fuerza que la hizo jadear.

—Tu hermano acaba de intentar asesinarme con mi propia arma, Mía —dijo Renzo, su rostro era una máscara de piedra—. En mi mundo, eso se paga con la vida. O con un castigo que no olvidará jamás.

—¡Es un niño, Renzo! ¡Lo hizo por mí! —Mía lo golpeó en el pecho, desesperada—. ¡Si le tocas un solo pelo, te juro que me clavaré ese cuchillo de la cena en el corazón! ¡Me perderás para siempre!

Renzo la acorraló contra una columna, su respiración agitada. Los celos y la furia luchaban en su interior. Odiaba que ella protegiera a otro hombre con tanta pasión, incluso si era su propio hermano.

—¿Tanto lo quieres? —gruñó él, apretando su mandíbula—. ¿Estás dispuesta a suplicar por él?

—Haré lo que sea —respondió Mía, sus ojos verdes llenos de fuego y lágrimas—. Pero déjalo en paz. Él no entiende nada.

Renzo guardó silencio un largo rato, mirando la Beretta en el suelo y luego a la mujer deshecha frente a él. Por primera vez, el dueño absoluto cedió, pero no de forma gratuita.

—Irá a una academia militar en Suiza. Mañana mismo —sentenció Renzo—. Estará a salvo, pero lejos de ti. Es el precio por su vida y por tu insolencia. Y tú... tú vas a pasar el resto de la tarde en mi oficina, de rodillas, agradeciéndome que no lo haya alimentado a los caimanes del río.

Mía sintió un escalofrío. Renzo había encontrado la forma de separarla de lo único que amaba, manteniéndola bajo su control total.

—Eres un demonio —susurró ella.

—Y tú eres la mujer del demonio —respondió él, levantándola por la barbilla—. Ahora camina. Tienes una deuda que pagar, y voy a disfrutar cobrándomela centímetro a centímetro.

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Elena Yobany Santacruz Alejandria
jjjajaja te desafía cavalli ...🤭🤭es una pequeña diablilla..
Elena Yobany Santacruz Alejandria
waooo una guerra de seducción..hermosa... excelente escritora.
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