trata de Lukas un líder de una pandilla el cuál es hermano mayor de takimechi claro los dos tenían sus diferencias y Lukas tiempo Después conoció a Leonardo que con el pasar de los día se empezó a enamorar de el hasta que ahora estaban a nada de casarse pero acurrucó algo inesperado Lukas fue plantado en el altar
NovelToon tiene autorización de Lukas el fantasma rojo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
el pasado vuelve con mentiras o verdades
La noche estaba en calma.
Demasiado.
Después de todo lo que Lukas había hecho… el silencio no era paz.
Era espera.
—Te están observando más de lo normal —dijo Kai, apoyado en la pared.
Lukas no respondió.
Revisaba unos documentos, pero su mente estaba en otro lado.
—No me preocupa.
Kai lo miró unos segundos.
—No hablo de la organización.
Silencio.
—Hablo de alguien más.
Eso llamó su atención.
Lukas levantó la mirada.
—Habla claro.
Kai se enderezó.
Por primera vez… no sonreía.
—Tu pasado.
El aire cambió.
Pesado.
Incómodo.
—No tengo pasado —respondió Lukas, seco.
Kai lo observó fijamente.
—Todos lo tienen.
Pausa.
—Y el tuyo… acaba de regresar.
Esa misma noche…
Takemichi Hanagaki irrumpió en la habitación.
—¡Lukas!
Respiraba agitado.
Como si hubiera corrido sin parar.
—Lo vi…
Silencio.
—¿A quién?
Takemichi dudó.
Pero lo dijo.
—A Leonardo.
Todo se detuvo.
Literalmente.
El tiempo.
El aire.
Todo.
Lukas no reaccionó de inmediato.
Pero sus manos… se tensaron.
—No bromees con eso.
—No estoy bromeando —respondió Takemichi—. Está aquí.
Pausa.
—En la ciudad.
Kai observaba en silencio.
Atento.
Analizando cada pequeño cambio en Lukas.
Y lo vio.
Ese quiebre.
Ese instante en el que el líder desapareció…
y solo quedó la persona.
—¿Dónde? —preguntó Lukas.
Su voz era baja.
Demasiado.
—No lo sé bien… —respondió Takemichi—. Pero no estaba solo.
Eso fue suficiente.
Minutos después…
Lukas ya estaba afuera.
Caminando rápido.
Decidido.
Kai lo alcanzó.
—Esto no es coincidencia.
—Lo sé.
—Entonces piensa antes de actuar.
Lukas se detuvo.
Pero no volteó.
—Ya pensé suficiente.
Pausa.
—Ahora quiero respuestas.
Un viejo edificio.
Abandonado.
Pero con luces encendidas.
Lukas entró sin dudar.
Pasillos vacíos.
Ecos suaves.
Y entonces—
—Sabía que vendrías.
Esa voz.
Lukas se congeló.
Lentamente… giró.
Y ahí estaba.
Leonardo.
De pie.
Igual que antes.
Pero diferente.
Más serio.
Más… distante.
Silencio.
Pesado.
Largo.
—Te fuiste —dijo Lukas.
Directo.
Sin emoción.
Leonardo bajó la mirada un segundo.
—No fue así de simple.
—Lo fue.
Pausa.
—Elegiste irte.
Leonardo apretó los puños.
—No tuve opción.
Eso encendió algo.
—Siempre hay opción.
—No cuando estás metido en esto.
Silencio.
Las palabras quedaron flotando.
Lukas entrecerró los ojos.
—¿Esto?
Leonardo levantó la mirada.
—La organización.
Todo encajó.
El sobre.
Kai.
El sistema.
—Ellos me sacaron —continuó Leonardo—. Me obligaron.
Pausa.
—Y ahora…
miró directamente a Lukas
—van por ti.
Silencio total.
Desde la entrada…
Kai observaba.
Sin intervenir.
Pero con la mirada fija en ambos.
Porque esto…
ya no era solo estrategia.
Era pasado contra presente.
Y Lukas…
estaba en medio.
El silencio era insoportable.
Lukas no apartaba la mirada de Leonardo.
Ni un segundo.
Como si en cualquier momento fuera a desaparecer otra vez.
O mentir.
—Di la verdad —dijo finalmente.
Su voz fue baja. Controlada.
Pero peligrosa.
—Eso hago —respondió Leonardo.
Error.
En un instante—
Lukas lo empujó contra la pared.
Golpe seco.
Su mano sujetó su cuello, firme… sin dudar.
—No vuelvas a hablarme como si no hubiera pasado nada —murmuró.
Leonardo no se resistió.
Pero tampoco bajó la mirada.
—No pasó nada… —respondió—. Pasó todo.
Silencio.
Pesado.
Desde la entrada, Takemichi Hanagaki llegó justo a tiempo.
—¡Lukas, espera!
Pero esta vez…
Lukas no lo escuchó.
—¿Te obligaron? —continuó Lukas, apretando más—. Entonces dime cómo.
Pausa.
—Dime quién.
Leonardo respiró hondo.
—Si te lo digo… te metes más.
—Ya estoy dentro.
Eso era verdad.
Leonardo cerró los ojos un segundo.
Como tomando una decisión.
—Hay alguien arriba de todo esto.
Silencio.
—Alguien que controla la organización…
Lukas entrecerró los ojos.
—Nombre.
Leonardo dudó.
Ese pequeño segundo…
no pasó desapercibido.
Y entonces—
Lukas lo soltó.
De golpe.
Eso sorprendió a todos.
—No —dijo Lukas.
Frío.
—No te creo.
Silencio.
Leonardo abrió los ojos, confundido.
—¿Qué…?
—Dudas —continuó Lukas—. Y alguien que dice la verdad no duda en algo así.
Pausa.
—Sigues ocultando algo.
Takemichi observaba, tenso.
Kai… también.
Pero él estaba sonriendo apenas.
Como si esto fuera exactamente lo que esperaba.
Leonardo dio un paso adelante.
—Te estoy intentando proteger.
—No —respondió Lukas—. Te estás protegiendo a ti.
Golpe directo.
Silencio.
—Tienes una oportunidad —dijo Lukas finalmente—. Una.
Pausa.
—Demuestra que no me estás mintiendo.
Leonardo apretó los puños.
—¿Cómo?
Lukas lo miró fijamente.
Sus ojos ya no eran los de antes.
Eran más fríos.
Más calculadores.
—Ayúdame a destruirlos.
Silencio total.
Takemichi abrió los ojos.
—¡Lukas, eso es demasiado—!
Pero se detuvo.
Porque entendió algo.
Lukas no estaba pidiendo ayuda.
Estaba poniendo una prueba.
Leonardo dudó.
Otra vez.
Pero esta vez…
menos.
—Si lo hago… —dijo— no hay vuelta atrás.
Lukas no dudó.
—Nunca la hubo.
Desde las sombras…
Kai dio un paso adelante.
Por primera vez interviniendo directamente.
—Interesante —murmuró—.
Los tres lo miraron.
Kai sonrió.
Pero sus ojos eran serios.
—Entonces esto ya no es una prueba.
Pausa.
—Es una guerra.
Y ahora…
las piezas estaban claras:
Lukas — el estratega.
Kai — el observador que quiere verlo caer… o subir.
Leonardo — el pasado que puede ser traición… o aliado.
Y ninguno confiaba completamente en el otro.