NovelToon NovelToon
Justicia Entre Las Sombras

Justicia Entre Las Sombras

Status: Terminada
Genre:Mafia / Venganza / Romance / Completas
Popularitas:77.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria L C

La noche en que mataron a sus padres, Vanessa de la Vega dejo de ser una niña.
Criada a golpe de disciplina por su abuelo, un hombre con más sangre en las manos que perdón en el alma aprendió que el poder no se mendiga: se arranca. Hoy es la Reina de la mafia. Inteligente, seductora y letal, gobierna un imperio donde la lealtad es todo y la traición se paga con la vida.
Pero la venganza que la sostiene también amenaza con destruirla. Porque en su mundo, las alianzas son frágiles, los enemigos tienen rostros ocultos y el amor es un lujo más peligroso.

NovelToon tiene autorización de Maria L C para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 6

El tiempo pasó y Vanessa cambió. A los dieciséis era ágil, inteligente e indomable. Pero por dentro seguía siendo la niña que había perdido a sus padres, y por las noches se preguntaba si algún día podría vivir sin miedo.

Esa pregunta tuvo una respuesta muy pronto.

Una tarde calurosa, Vanessa salió con una amiga al centro. Era raro porque Dionisio casi siempre la mantenía segura en la mansión. Convenció a Andrew de que la dejara ir sin guardaespaldas, diciéndole que solo tomarían un café rápido. Iba caminando tranquila, con un vestido sencillo, cuando una camioneta negra frenó de golpe a su lado. Todo pasó muy rápido: dos tipos con la cara cubierta bajaron, la agarraron del brazo y la metieron adentro. Su amiga gritó, pero uno de ellos la tiró al suelo antes de que pudiera hacer algo.

Vanessa olió algo raro y después no vio nada.

Cuando despertó, estaba atada a una silla en un lugar abandonado. Olía a humedad y a metal oxidado. Cuatro tipos la rodeaban, riendo y hablando en voz baja. Uno de ellos se acercó y le tocó la cara con un dedo sucio.

—La nieta del gran Dionisio Villanueva —murmuró, burlándose—. Hoy nos vamos a hacer ricos, y ya que estamos, pues nos divertimos un poco, porque así como te veo, así me gustan.

Vanessa tragó saliva. Por un momento sintió mucho miedo. Se acordó de su abuelo, de Andrew, del entrenamiento. De cada golpe, cada caída, cada vez que le decían que se levantara. Respiró hondo y se calmó.

—Si me sueltan ahora, puede que salgan vivos —dijo con voz firme.

Los tipos se rieron a carcajadas. Uno de ellos la abofeteó.

—Cállate, mocosa —soltándole una bofetada que le abrió el labio, haciéndola sangrar.

Vanessa bajó la mirada, como si se rindiera, pero por dentro estaba furiosa. Esperó. Observó los movimientos, los cuchillos que traían, la distancia entre ellos. Cuando el que estaba más cerca se inclinó para atarle mejor las manos, ella giró las muñecas y se soltó con un movimiento rápido que había aprendido. En un segundo, le presionó el cuello con la misma cuerda con la que la tenían atada. El tipo gritó y se cayó.

Los otros tres no supieron qué hacer. Vanessa rodó por el suelo, agarró un tubo oxidado y se levantó rápido. Uno se le tiró encima, pero ella lo golpeó en la cabeza. El tercero intentó agarrarla, pero ella lo tiró al suelo y le dobló el brazo hasta que sonó. El último, al ver lo que pasaba, retrocedió, pero Vanessa ya le había quitado el arma. Se escuchó un disparo fuerte. El sonido rebotó en las paredes.

Cuando Dionisio y Andrew llegaron, avisados por sus contactos, pensaban lo peor. Abrieron la puerta del lugar y entraron con las armas listas. Lo que vieron los dejó sin palabras.

Vanessa estaba de pie, en medio de los cuerpos. Tenía el vestido roto, los ojos llenos de furia y las manos manchadas de sangre. Respiraba agitada, pero se mantenía firme, como una estatua.

—¡Nonna mía! —dijo Andrew, sorprendido—. ¡Por Dios!

Dionisio se acercó despacio, mirando todo. En los ojos de su nieta no había miedo, solo seguridad. Sintió algo que no sentía desde la muerte de su hija: orgullo, alivio y también tristeza al verla tan dura a tan corta edad.

—Vanessa —dijo con voz seria—. Estás bien.

Ella lo miró y asintió, sin decir nada. Se tambaleó y Andrew corrió a sostenerla.

—Vamos, pequeña —susurró él—. Ya pasó todo.

Mientras salían, Andrew no pudo evitar sonreír, a pesar de todo. Miró a Dionisio y negó con la cabeza.

—Patrón, con respeto —dijo en voz baja—, esta chica no necesita guardaespaldas. Por cómo dejó a esos tipos… el mundo tendría que tener cuidado con ella. —Había recordado que el señor Dionisio lo había amenazado si a su nieta le pasaba algo por su culpa de dejarla ir sin protección.

Dionisio soltó una carcajada, de esas que asustan.

—Tienes razón, Andrew —respondió, orgulloso—. Nació la Reina.

Vanessa, apoyada en Andrew, levantó la cabeza. No entendía bien, pero sentía que algo había cambiado. Ese apodo que desde niña jabka escuchado, ahora mas que nunca se quedó grabado.

Los días siguientes fueron raros. La prensa intentó saber del secuestro, pero Dionisio lo mantuvo en secreto. En la mansión, Vanessa pasó dos días en silencio, encerrada en su cuarto. No podía dejar de pensar en los tipos que había matado. No se sentía culpable, pero sí vacía, como si hubiera cambiado para siempre.

Andrew la visitó la tercera noche. Entró sin tocar y le llevó comida.

—Te traje algo. No has comido casi nada.

—No tengo hambre —respondió ella, mirando por la ventana.

Andrew dejó la bandeja y se sentó en la cama.

—Sé que fue duro. No todos sobreviven a algo así, y tú no solo sobreviviste, sino que ganaste. Eso no te hace menos persona.

Vanessa lo miró, con los ojos llenos de lágrimas, pero con fuerza.

—No me siento mal por lo que hice —confesó—. Me siento… diferente. Como si algo hubiera despertado en mí.

Andrew asintió despacio.

—Es porque despertó. Te entrenamos para defenderte y lo hiciste. Ahora tienes que aprender a vivir con esa fuerza.

Unos minutos más tarde, entró Dionisio. Traía un estuche de madera en la mano. Se acercó y se lo dio.

—Esto era de tu madre —dijo—. Quiero que lo tengas.

Vanessa abrió el estuche. Dentro había una cadena de oro con una corona.

—Ella se la ponía cuando empezó a trabajar conmigo —contó Dionisio—. Era su forma de recordarse que era fuerte, aunque el mundo quisiera verla débil.

Vanessa tomó la cadena y se la puso. Sintió una calidez.

—Gracias, abuelo —susurró.

Dionisio le puso una mano en el hombro.

—Escúchame bien, Vanessa. No fue tu culpa lo que pasó. Pero sí fue tu responsabilidad por salir sin tus guardaespaldas. Usaste todo lo que te enseñamos para sobrevivir. Muchos no lo logran. Ahora tendrás más personas cuidándote, no porque no puedas defenderte, sino porque eres lo más importante que tengo.

Andrew sonrió.

—Pero yo sigo pensando que el mundo tiene que cuidarse de ti —bromeó.

Vanessa sonrió. Era la primera vez desde el secuestro.

—Puede que tengas razón —dijo.

Dionisio se levantó y miró a los dos.

—Mañana empezamos un nuevo entrenamiento —anunció—. No solo físico. Ahora aprenderás a dirigir.

—¿A dirigir? —preguntó Vanessa.

—Sí. Porque una cosa es pelear y otra es mandar. Y tú, Vanessa de la Vega Villanueva, naciste para mandar.

Andrew se rio.

—¡Que viva la Reina! —exclamó.

Vanessa negó con la cabeza, pero se sentía diferente. Ese apodo empezó a escucharse por toda la mansión. Los hombres de Dionisio la saludaban con respeto, algunos con miedo. Ella se fue adaptando, aunque todavía no entendía bien. Se hizo más dura, pero también creció su idea de justicia. Sabía que el poder sin control era peligroso y no quería volverse un monstruo.

Por las noches, se sentaba en la terraza a ver la ciudad. Se acordaba de sus padres, de su risa, de los domingos en familia. Se preguntaba qué pensarían de ella ahora. Andrew a veces se sentaba con ella y le llevaba café.

—No puedes salvar al mundo, Vanessa —le decía—. Pero puedes salvarte a ti misma.

—No quiero salvarme solo a mí —respondía ella—. Quiero que nadie pase por lo que yo pasé.

Andrew la miraba con respeto y preocupación.

—Entonces prepárate para ser más que fuerte. Prepárate para ser justa. —Vanessa apretaba la cadena en su cuello y asentía.

1
Lupita Garcia Esparza
excelente trabajo escritora felicidades
Maigualida Ramirez
que bueno que mato a todas esas miserables ratas
Maigualida Ramirez
que lindo es Carlos
Maigualida Ramirez
eso sí descansa y no dejes ni una rata viva
Maigualida Ramirez
ella debió ponerle protección a sus amigos
Maigualida Ramirez
que misterio
Maigualida Ramirez
ya tiene al novio y a la amiga
Maigualida Ramirez
yo creo alberti que te va a tocar pagar también por traidor
Maigualida Ramirez
bastante crudo este capitulo pero tiene que ser así no hay de otra
Maigualida Ramirez
así pueden luchar juntos por una misma causa
Maigualida Ramirez
Justicia al fin hablaron ya era hora
Maigualida Ramirez
ella no está comiendo cuentos va por lo seguro
Maigualida Ramirez
aquí lo que reina es la desconfianza y la maldad y nada mas
Maigualida Ramirez
mariana tuvo mucho que ver en esto
Maigualida Ramirez
la Mariana es tremenda siempre les pone un cable a tierra
Maigualida Ramirez
gelatina y hielo juntos que locura el pobrecito Carlos con lo que siente y ella intentando no sentir eso es de locos
Maigualida Ramirez
está trama es un mar
de secretos
Maigualida Ramirez
está novela es puro misterio
Maigualida Ramirez
será Carlos que se está intentando meter a su sistema puede ser
Maigualida Ramirez
no es fácil comenzar otro lugar pero con fé convicción y determinación todo se puede el querer es poder
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play