“Salvé al alfa más peligroso del reino…
y ahora dice que soy suyo.”
Aren Solaris es un omega sanador que nunca creyó en el amor.
Pero todo cambia cuando salva a un hombre que no debía sobrevivir.
Darian Valerius.
El alfa más temido del reino.
Frío. Poderoso. Peligroso.
Y ahora completamente interesado en el omega que lo salvó.
Pero Aren no es un omega común.
Su presencia calma incluso a los alfas más salvajes…
y hay quienes están dispuestos a capturarlo a cualquier precio.
Porque algo antiguo está despertando.
Un destino que une a la vida… y la muerte.
Y Darian ha tomado una decisión peligrosa:
Proteger a ese omega.
Porque si alguien intenta llevárselo…
tendrá que enfrentarse primero con el alfa más peligroso del reino.
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Capítulo 6 Bajo la protección del alfa
El viento nocturno se colaba por la ventana rota del pasillo.
Las cortinas se movían lentamente, agitadas por la brisa fría, como si la noche misma respirara dentro del palacio.
Durante unos segundos, nadie habló.
Darian Valerius permanecía de pie frente a la ventana, observando la oscuridad donde el atacante había desaparecido.
Su expresión era más seria que antes.
Mucho más.
Detrás de él, Aren Solaris sostenía todavía su pequeña bolsa médica.
Como si el caos de los últimos minutos no hubiera alterado su rutina.
Finalmente habló.
—Escapó.
Darian respondió sin girarse.
—Sí.
—¿Eso es un problema?
El alfa soltó una breve risa sin humor.
—Depende.
Aren inclinó ligeramente la cabeza.
—¿De qué?
Darian se giró lentamente hacia él.
Sus ojos brillaban con cautela.
—De cuántos más estén escondidos en el palacio.
El silencio volvió a caer entre ellos.
Aren reflexionó unos segundos.
—Eso sería… inconveniente.
Darian lo observó fijamente.
—Esa es una forma muy tranquila de describirlo.
Aren se encogió ligeramente de hombros.
—Entrar en pánico no ayudaría.
Darian lo miró en silencio durante varios segundos.
Había algo en ese omega que lo desconcertaba.
Incluso después de un ataque directo…
Aren seguía tranquilo.
Demasiado tranquilo.
Finalmente Darian suspiró.
—Vuelve a la enfermería.
Aren levantó una ceja.
—¿Por qué?
—Porque el palacio ya no es seguro.
—Eso ya era evidente.
Darian lo observó con paciencia.
—Y porque no quiero que te maten antes de descubrir por qué alguien está intentando capturarte.
Aren lo pensó unos segundos.
Luego asintió.
—Eso tiene lógica.
Caminaron de regreso por el pasillo.
Esta vez Darian iba delante.
Sus sentidos estaban alerta.
Cada sombra.
Cada crujido.
Cada susurro del viento.
Todo podía ser una amenaza.
Aren caminaba detrás de él con pasos tranquilos.
—Darian.
—¿Sí?
—Gracias.
El alfa se detuvo.
Giró apenas la cabeza.
—¿Por qué?
—Por empujarme antes.
Darian lo observó por encima del hombro.
—Era necesario.
Aren respondió con calma.
—Aun así.
Darian lo miró unos segundos más.
Luego siguió caminando.
—No te acostumbres.
Aren no respondió.
Pero una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
Cuando llegaron a la enfermería, Darian cerró la puerta con firmeza.
Luego arrastró una silla y la colocó bloqueando la entrada.
Aren lo observó.
—Eso parece excesivo.
Darian revisó rápidamente las ventanas.
—Eso se llama prudencia.
Aren dejó su bolsa médica sobre la mesa.
—¿Siempre eres tan paranoico?
Darian lo miró.
—Solo cuando alguien intenta asesinarme…
hizo una breve pausa.
—…o secuestrar al sanador que me salvó la vida.
Aren empezó a ordenar frascos de medicina.
—Eso suena razonable.
Darian se acercó lentamente.
—Hay algo que aún no entiendo.
Aren levantó la mirada.
—¿Qué cosa?
—Por qué los Custodios te buscan.
Aren respondió con tranquilidad.
—Yo tampoco lo entiendo.
Darian entrecerró los ojos.
—Pero no pareces sorprendido.
Aren pensó un momento antes de responder.
—Porque no recuerdo mucho de mi pasado.
Darian cruzó los brazos.
—Eso podría ser un problema.
—Lo es.
El silencio llenó la habitación.
Las lámparas de aceite proyectaban sombras suaves sobre las paredes.
Darian habló nuevamente.
—Los Custodios no persiguen a cualquiera.
Aren levantó una ceja.
—¿Entonces a quién persiguen?
Darian respondió lentamente.
—A cosas que consideran peligrosas.
Aren lo miró fijamente.
—¿Cosas?
—O personas.
Aren pensó unos segundos.
—Interesante.
Darian suspiró.
—Esa palabra no significa lo mismo para mí.
—Lo imagino.
El alfa dio un paso más cerca.
—Hay algo más.
Aren lo observó.
—¿Qué?
—Tu aroma.
Aren suspiró suavemente.
—Otra vez.
Darian ignoró el tono.
—Es diferente.
—Eso ya lo mencionaste.
Darian frunció el ceño.
—Calma mis instintos.
Aren parpadeó.
—Eso parece algo positivo.
Darian negó lentamente.
—No debería ser posible.
Aren cerró un frasco de medicina.
—Tal vez simplemente no entiendes todo lo que existe en el mundo.
Darian estaba a punto de responder cuando—
CRACK
Un fuerte ruido resonó en el techo.
Ambos quedaron inmóviles.
Un golpe.
Luego otro.
Darian levantó lentamente la mirada.
—No estamos solos.
Aren tomó un pequeño bisturí de la mesa.
Darian lo miró.
—¿Planeas pelear con eso?
—Es mejor que nada.
El alfa sonrió apenas.
—Supongo que sí.
El techo crujió.
Entonces…
Una figura cayó dentro de la habitación.
Vestida completamente de negro.
Luego otra.
Y otra más.
Tres atacantes.
Darian se movió de inmediato.
Empujó a Aren detrás de él.
Su voz se volvió fría.
—Ni se te ocurra acercarte a él.
Las espadas de los intrusos brillaron bajo la luz de las lámparas.
Uno de ellos habló.
—Objetivo confirmado.
Aren levantó una ceja.
—Eso es molesto.
Darian sonrió ligeramente.
—Ahora sí se está volviendo interesante.
El primer atacante se lanzó hacia adelante.
El choque de espadas llenó la habitación.
Darian era rápido.
Pero también preciso.
En pocos movimientos desarmó al primer intruso.
El segundo atacó desde el costado.
Antes de que pudiera alcanzarlo—
Aren lanzó el bisturí.
El arma se clavó en la mano del atacante.
La espada cayó al suelo.
Darian levantó una ceja.
—Eso fue útil.
Aren respondió con calma.
—Soy preciso.
El tercer atacante retrocedió.
Observó la escena.
Luego habló.
—Esto no ha terminado.
En un movimiento rápido saltó por la ventana.
Los otros dos lo siguieron.
El silencio regresó.
Darian soltó lentamente el aire.
—Eso fue… molesto.
Aren respondió con tranquilidad.
—Sí.
Darian lo miró.
—¿Estás herido?
—No.
—Bien.
Aren caminó hacia la ventana rota.
Miró el jardín oscuro.
—Vendrán otra vez.
Darian se colocó a su lado.
—Sí.
El viento nocturno movía suavemente los girasoles afuera.
Finalmente Darian habló.
—A partir de ahora…
Aren lo miró.
—¿Sí?
Darian respondió con voz firme.
—Estás bajo mi protección.
Aren levantó una ceja.
—Eso suena muy dramático.
Darian sonrió levemente.
—Tal vez.
Luego añadió:
—Pero también es una promesa.
Y en algún lugar del palacio…
Alguien observaba desde las sombras.
—Interesante…
susurró una voz desconocida.
Sus ojos brillaban en la oscuridad.
—El alfa lo protege.
Una sonrisa lenta apareció en su rostro.
—Eso hará que capturarlo sea mucho más divertido.
Su voz se volvió un susurro helado.
—Porque esta vez…
nadie en este palacio podrá salvarlo.
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