En un mundo de poder y violencia, Luca vive sin sentir… hasta que Elena irrumpe en su vida. Entre traiciones y enemigos, el amor se vuelve su mayor debilidad… y su única salvación.
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capitulo 10
🖤 Bajo la Piel del Hielo (Versión Oscura)
Capítulo 10 — Desaparecer en la oscuridad
El silencio duró más de lo normal después de que Adrián se fue.
Pero no fue un silencio vacío.
Fue pesado.
Peligroso.
Luca no se movía.
De pie.
Mirando a Elena como si estuviera evaluando algo… o conteniendo algo.
—¿Qué fue eso? —preguntó ella.
Error.
Luca avanzó.
Rápido.
Sin aviso.
La agarró del brazo con fuerza.
—Cerrá la boca.
Elena apretó los dientes.
—¿Te molesta lo que dijo?
Luca la empujó contra la pared.
El golpe fue seco.
—No me molesta.
Su voz bajó.
Más fría.
—Me aburre.
Silencio.
Elena lo sostuvo.
—Entonces dejá de reaccionar.
Eso…
Fue suficiente.
Luca la soltó de golpe.
Pero no se alejó.
—Te creés inteligente.
—Más que vos ahora mismo.
Silencio.
Y entonces…
Luca sonrió.
Pero no fue una sonrisa normal.
Fue peligrosa.
—Está bien.
Se enderezó.
—Vamos a hacer algo distinto.
Elena frunció el ceño.
—¿Qué?
Luca caminó hacia la puerta.
—Dante.
La puerta se abrió.
—Sí.
—Bajala otra vez.
Elena se tensó.
—¿Otra vez?
Luca la miró.
—No te gustó este lugar.
—No.
—Perfecto.
Silencio.
—Entonces volvés al que sí te corresponde.
El camino de vuelta fue peor.
No por el dolor físico.
Por lo que significaba.
El cuarto sucio.
Frío.
Oscuro.
Pequeño.
La puerta se cerró.
Y esta vez…
No hubo explicación.
El primer día…
No pasó nada.
Nadie entró.
Nadie habló.
Solo silencio.
Elena se sentó en el suelo.
Esperó.
Nada.
El segundo día…
La puerta se abrió.
Un plato.
Pan duro.
Agua.
Nada más.
—Comé —dijo uno.
Elena lo miró.
—¿Y?
—Hoy sí.
Silencio.
—Mañana no.
La puerta se cerró.
Y así empezó.
Un día comida.
Un día no.
Sin lógica.
Sin aviso.
Los días se mezclaron.
El cuerpo empezó a debilitarse.
La mente…
A resistir.
Pero incluso ella sabía:
Eso era más difícil.
Al tercer o cuarto día…
Entraron otra vez.
—Seguís viva —dijo uno.
Elena no respondió.
—El jefe tenía razón.
Se acercó.
—Durás más de lo normal.
Silencio.
—Pero todos caen.
Elena levantó la mirada.
—Seguís hablando mucho.
El golpe fue inmediato.
Pero no tan fuerte como antes.
No querían matarla.
Querían algo peor.
—Callate.
—Haceme.
Eso los hizo reír.
—Todavía tiene actitud.
—Por ahora.
Los días siguieron.
Sin luz.
Sin tiempo.
Sin referencia.
Solo frío.
Y ese balde en la esquina.
Nada más.
Dante apareció algunas veces.
Se quedaba en la puerta.
Observando.
—Estás peor —dijo una vez.
Elena lo miró desde el suelo.
—¿Eso te sorprende?
—No.
Silencio.
—Pero seguís hablando.
—Todavía.
Dante la observó unos segundos.
—No entiendo por qué.
—¿Qué cosa?
—Por qué no te rompés.
Elena respiró lento.
—Porque él quiere eso.
Silencio.
Dante no respondió.
Pero se quedó pensando.
Pasaron días.
Muchos.
O pocos.
Era imposible saberlo.
Pero una cosa era clara:
Luca no volvió.
Ni una vez.
Ni una mirada.
Ni una palabra.
Nada.
Mientras tanto…
En otra parte de la mansión…
Luca tampoco hablaba de ella.
Ni preguntaba.
Ni mencionaba su nombre.
Como si no existiera.
Pero no era verdad.
Porque cada tanto…
Se quedaba en silencio.
Más de lo normal.
—Dos semanas —dijo Dante una noche.
Luca no respondió.
—Sigue viva.
Silencio.
—Y no se quebró.
Eso…
Fue lo único que hizo que Luca levantara la mirada.
—¿No?
—No.
Pausa.
—Casi no habla.
—¿Pero?
Dante lo miró.
—Cuando lo hace… sigue igual.
Silencio.
Pesado.
Luca dejó el vaso sobre la mesa.
—Mañana la veo.
Dante asintió.
Y en ese momento…
En ese cuarto oscuro…
Elena estaba sentada en el suelo.
Apoyada contra la pared.
Más delgada.
Más débil.
Pero despierta.
—¿Cuánto más…? —murmuró.
No esperaba respuesta.
Pero una cosa sí sabía:
Esto…
No había terminado.