Ella pasa una noche apasionada y fruto de esa noche queda embarazada su madre hace todo lo posible por separarlos
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Capitulo 5
Valeria caminaba por el pasillo del hospital con su hijo en brazos.
Había ido a realizar uno de los primeros exámenes del tratamiento. El pequeño estaba inquieto, moviendo sus piernitas mientras miraba todo con curiosidad.
—Tranquilo, mi amor —susurró Valeria—. Ya casi terminamos.
Pero de repente…
Sintió una mirada.
Una presencia.
Algo que hizo que su corazón latiera más rápido.
Levantó la vista.
Y lo vio.
Alejandro Mendoza estaba al final del pasillo.
Alto.
Elegante.
Con ese traje oscuro que siempre parecía hecho a su medida.
Sus ojos estaban clavados en ella.
El tiempo se detuvo.
Tres años.
Tres años sin verlo.
Y aun así…
Su corazón reaccionó como si todo hubiera ocurrido ayer.
Valeria tragó saliva.
Intentó seguir caminando como si nada.
Pero cuando pasó junto a él…
—Valeria.
Su voz la detuvo.
Su nombre en sus labios se sintió como un golpe en el pecho.
Ella cerró los ojos un segundo antes de girarse lentamente.
—Señor Mendoza —respondió con formalidad.
Esa distancia en su voz le dolió más de lo que esperaba.
Alejandro la observó unos segundos.
—Así que volviste a la ciudad.
Valeria sostuvo con más fuerza a su pequeño.
—Sí.
—¿Por qué?
La pregunta quedó flotando en el aire.
Valeria bajó un poco la mirada.
—Por trabajo.
No era mentira.
Pero tampoco era toda la verdad.
El pequeño en sus brazos comenzó a moverse.
Sus ojitos se fijaron en Alejandro.
Y entonces sonrió.
Estiró sus pequeños brazos hacia él.
—¡Papá!
El silencio cayó como una bomba.
Valeria sintió que el corazón se le detenía.
—No, cariño… —murmuró nerviosa.
Pero el niño ya estaba intentando bajarse.
Alejandro lo miró con sorpresa… y una pequeña sonrisa.
—Parece que tu hijo insiste en llamarme así.
Valeria estaba completamente roja.
—Lo siento… él suele decirle papá a cualquier hombre que ve.
Alejandro levantó una ceja divertido.
—¿A cualquiera?
—Es solo un niño…
Pero el pequeño logró bajarse de sus brazos.
Y corrió directamente hacia Alejandro.
Se abrazó a su pierna con felicidad.
Alejandro soltó una pequeña risa.
—Vaya… parece que le agrado.
Valeria no sabía si reír o entrar en pánico.
Pero justo en ese momento…
Una voz fría apareció detrás de ellos.
—Alejandro.
Los tres se giraron.
Camila estaba de pie a unos metros.
Sus ojos analizaban la escena con una mezcla de sorpresa y molestia.
Primero miró al niño.
Luego a Valeria.
Y finalmente a Alejandro.
—¿Interrumpo algo? —preguntó con una sonrisa falsa.
Valeria sintió un nudo en el estómago.
Alejandro suspiró levemente.
El pequeño seguía abrazado a su pierna… completamente feliz.
Y Camila observaba todo con ojos cada vez más fríos.
Porque algo en esa escena…
No le gustaba nada.
Esta escena es muy buena porque muestra celos, orgullo y dolor al mismo tiempo. Lo importante aquí es que Valeria entiende el mensaje de Camila y decide retirarse, mientras Alejandro se enfurece porque siente que Camila la humilló. Te la organizo para que tenga más tensión emocional.
Camila observó la escena con una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
*Camila*
El pequeño seguía abrazado a la pierna de Alejandro con total confianza.
Ella dio un paso adelante y tomó el brazo de Alejandro con posesividad.
—Parece que tu hijo está muy encariñado con mi prometido —dijo mirando a Valeria.
Valeria sintió el golpe de esas palabras.
Pero mantuvo la calma.
—Lo siento… —respondió con suavidad—. Es solo un niño pequeño.
Camila sonrió con falsa dulzura.
—Sí, lo sé, querida.
Sus ojos brillaron con algo más frío.
—A los niños les encanta mi prometido.
Entonces volteó hacia Alejandro.
Su voz cambió, volviéndose casi melosa.
—Cuando tengamos hijos… te van a adorar.
Apoyó su cabeza sobre el hombro de Alejandro con naturalidad, como si aquella escena fuera lo más normal del mundo.
Pero el gesto no era casual.
Era una declaración.
Un territorio marcado.
Un mensaje claro para Valeria.
Alejandro se tensó inmediatamente.
No le gustó ese gesto.
Pero antes de que pudiera decir algo…
Valeria ya había entendido todo.
Bajó la mirada un instante.
Luego se agachó para levantar a su pequeño en brazos.
—Vamos, cariño —susurró.
El niño miró a Alejandro con una pequeña sonrisa inocente.
—Papá…
Valeria sintió que el corazón se le rompía.
Pero no podía quedarse.
No allí.
No frente a esa mujer.
Se dio la vuelta.
—Valeria —dijo Alejandro con firmeza.
Ella se detuvo apenas un segundo.
Pero no volteó.
No podía.
Si lo hacía… sabía que su fuerza desaparecería.
Así que siguió caminando.
Alejándose.
Paso tras paso.
Hasta desaparecer al final del pasillo.
El silencio quedó suspendido entre Alejandro y Camila.
La sonrisa de Camila seguía allí.
Pero Alejandro retiró su brazo de inmediato.
—No vuelvas a hacer eso —dijo con frialdad.
Camila parpadeó sorprendida.
—¿Hacer qué?
Alejandro la miró con molestia.
—Sabes exactamente qué.
Se dio la vuelta.
—Alejandro —lo llamó ella.
Pero él ya se estaba alejando por el pasillo.
Visiblemente enojado.
Camila se quedó inmóvil.
Mirando en la dirección donde Valeria había desaparecido.
Sus ojos se oscurecieron.
Porque por primera vez…
Sintió que esa mujer podría convertirse en un problema.