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EL HEREDERO "PROHIBIDO"

EL HEREDERO "PROHIBIDO"

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Amor-odio / Embarazo no planeado
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Luiselys Marcano

"Ella no tiene nada; él lo tiene todo. Pero un secreto de nueve meses cambiará las reglas del juego."

NovelToon tiene autorización de Luiselys Marcano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5: El eco de la sangre

POV: SEBASTIÁN

El golpe en la puerta de mi madre, Beatriz, resonó como un disparo en el pequeño cuarto de baño de personal. Salí, enfrentándome a su mirada gélida. Ella no estaba sola; detrás, los Monteclaro observaban la escena con una curiosidad que me helaba la sangre.

—¿Qué haces aquí, Sebastián? —preguntó mi madre con veneno elegante—. Hay rumores de que te han visto entrar en esta zona con la misma residente que ha hecho el ridículo hace unos minutos.

—Estaba comprobando que la doctora estuviera bien, madre. Ha sufrido un mareo —respondí, bloqueando con mi cuerpo la vista hacia el baño.

En ese momento, Elena salió detrás de mí. Se había lavado la cara, pero sus ojos estaban hundidos. Al vernos a todos, se tensó. Sus dedos, por un instinto que ya no podía ignorar, se entrelazaron sobre su abdomen.

POV: ELENA

Sentí que el suelo se abría bajo mis pies al ver al "clan de oro" bloqueando el pasillo. Pero el horror real llegó con unos pasos pesados y un olor que reconocería en el mismísimo infierno.

—¡Elena! ¡Maldita sea, dame el dinero! —rugió Bernardo al final del pasillo.

Venía desaliñado, oliendo a alcohol barato y con una malicia que me hizo retroceder hasta chocar con la pared. Los Alarcón y los Monteclaro se apartaron como si un animal rabioso hubiera entrado al hospital.

—¡Tú! —gritó Bernardo, señalándome—. ¡Eres una malagradecida! ¡Te di un techo, te di comida y ahora me das la espalda! ¡Dame el sueldo de la beca!

—Por favor, Bernardo, vete... —rogué en un susurro.

—¡No me hables así delante de tus jefes! —gritó él. Se abalanzó sobre mí y me agarró del brazo con una fuerza que me hizo gritar de dolor—. ¡Me lo debes todo!

—¡Suéltame! —intenté zafarme con todas mis fuerzas.

—¡Te lo ganaste, maldita! —rugió él.

Antes de que alguien pudiera reaccionar, Bernardo me plantó una cachetada que me hizo ver estrellas. El impacto fue seco, brutal. Mi cabeza rebotó contra la pared y el sabor metálico de la sangre llenó mi boca. El mundo empezó a girar.

POV: LA CONDESA ELVIRA DE MONTECLARO

Mis manos aún tiemblan mientras escribo esto en mi memoria.

Cuando ese hombre —ese animal— la golpeó, algo dentro de mi caja torácica crujió. No fue por lástima aristocrática. Fue un relámpago de furia primitiva que no sentía desde hace veinticinco años, desde aquella clínica de campo donde me dijeron que mi hija había nacido muerta.

—Elvira, por Dios, comportate—me susurró mi esposo Arturo, tomándome del hombro—. Es solo una empleada.

No le hice caso. Vi cómo la muchacha perdía el equilibrio. Sus ojos se pusieron en blanco, pero justo antes de cerrarse, vi en ellos un brillo de orgullo herido que me resultó desgarradoramente familiar.

No esperé a que cayera al suelo sucio. Di un paso adelante, rompiendo todo protocolo, y la atrapé entre mis brazos. Al sentir su peso, un escalofrío recorrió mi columna. Su piel estaba ardiendo, y desprendía un aroma a jazmín y al hospital que me golpeó como un recuerdo enterrado.

—¡Sebastián! —grité, y mi voz no sonó como la de una Condesa, sino como la de una madre aterrada—. ¡Está hirviendo en fiebre! ¡Llévala a una habitación ahora mismo!

La sostuve contra mi pecho un segundo más de lo necesario. Al contacto con ella, sentí una sacudida eléctrica, una conexión física tan violenta que me dejó sin aliento. ¿Por qué mi sangre parece reconocerla?, me pregunté mientras Sebastián me la arrebataba de los brazos con desesperación.

POV: SEBASTIÁN

El grito de la Condesa me sacó del shock. Tomé a Elena en mis brazos; se sentía tan pequeña, tan frágil. Miré a Bernardo, que intentaba retroceder ante la mirada de muerte que le daban los guardias de seguridad.

—Si vuelves a acercarte a ella, te juro que no vivirás para contarlo —sentencié con una voz que no parecía la mía.

Corrí hacia la unidad de cuidados intensivos, ignorando las órdenes de mis padres y los gritos de mi madre sobre el "espectáculo bochornoso". Entré en una suite privada y cerré la puerta con seguro.

La acosté en la camilla. Tenía la marca de los dedos de Bernardo en la mejilla, pero lo que me asustó fue cómo sus manos seguían protegiendo su vientre incluso en la inconsciencia. Con el corazón en la garganta, tomé el transductor del ecógrafo portátil. Sabía que estaba invadiendo su secreto, pero necesitaba saber si el golpe o el estrés habían dañado al bebé.

Deslicé la sonda sobre su piel. El monitor se encendió y el sonido inundó la habitación, fuerte y claro.

Tum-tum... tum-tum... tum-tum...

Me apoyé en la camilla, sintiendo que mis rodillas flaqueaban. El latido era rítmico, desafiante. No era solo el secreto de Elena; era mi hijo. Era un Alarcón latiendo en el vientre de la mujer que la Condesa de Monteclaro acababa de rescatar del suelo como si fuera su propia vida.

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Angelica Canquiz
me encanta🎁😘🇻🇪
yzil: gracias por tu apoyo soy nueva en esto ☺️👏
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Aurora Rico
Fastidia que siendo profesionista no tengan cerebro, 🤔😤 se necesita 2 dedos de frente para sumar 1+1
yzil: me gusta que interactúen con los personajes ☺️👏
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