NovelToon NovelToon
Lo Nuestro No Estaba Permitido

Lo Nuestro No Estaba Permitido

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Matrimonio arreglado
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Gabriela

Forzada a un matrimonio por conveniencia, Keyla encuentra en un amor prohibido y con el, la fuerza para romper las cadenas de una vida de mentira.

NovelToon tiene autorización de Gabriela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Decepción.

Ulises siempre había creído que el mar tenía una forma particular de limpiar las heridas que nadie veía.

Por eso estaba allí, buscaba cama y tranquilidad.

No era la primera vez que escapaba a la playa cuando el ruido del mundo se volvía insoportable. El teléfono en silencio, los correos sin responder, las reuniones canceladas sin explicaciones. Para muchos, Ulises Mendoza era un empresario más, alguien con ambición moderada y una vida simple. Nadie imaginaba el peso real que cargaba sobre los hombros, ni el apellido que había decidido ocultar desde hacía años.

Había crecido rodeado de lujo, de decisiones frías, de gente que medía el valor de las personas según lo que podían ofrecer.

Por eso eligió lo contrario.

Un departamento cómodo, pero no ostentoso. Ropa sencilla. Un perfil bajo.

Solo Joel, su mejor amigo desde la universidad, conocía la verdad completa.

Aquella tarde, Ulises caminaba descalzo por la arena húmeda, con el pantalón arremangado y la mente en blanco. El sol empezaba a caer, tiñendo el cielo de tonos naranjas y violetas. Era el momento del día que más le gustaba: cuando el mundo parecía detenerse por unos segundos.

Entonces la vio.

Estaba sentada sola en el bar de la playa, con un vaso en la mano y la mirada perdida en el horizonte. No reía, no coqueteaba, no buscaba atención. Bebía despacio, como si cada sorbo fuera un intento de olvidar algo que dolía demasiado.

Eso fue lo que le llamó la atención.

Ulises había visto a muchas mujeres en bares: risas exageradas, miradas calculadas, cuerpos que se acercaban con intenciones claras. Pero ella no era así.

Había tristeza en su postura, en la forma en que sostenía el vaso, en cómo respiraba.

—No está aquí por diversión —pensó—. Está aquí porque no sabe dónde más estar.

La observó un momento más, debatiéndose internamente. No era un hombre de acercarse a desconocidas. No le gustaban las historias rápidas ni los encuentros vacíos. Pero algo en ella… algo silencioso, roto y digno, despertó su curiosidad.

Se acercó despacio.

—¿Te molesta si me siento? —preguntó con voz tranquila.

Keyla levantó la mirada. Sus ojos estaban ligeramente vidriosos, pero no borrachos, más bien lucían tristes.

—Es un lugar libre —respondió sin entusiasmo.

Ulises sonrió apenas y tomó asiento a su lado.

—Ulises.

—Keyla.1

Solo eso.

Sin preguntas incómodas. Sin interrogatorios.

Pidió una bebida y la acompañó en silencio durante unos segundos. A veces, pensó, el silencio compartido decía más que cualquier conversación.

—No pareces alguien que disfrute beber sola —dijo finalmente.

Ella soltó una pequeña risa amarga.

—No lo disfruto. Pero hoy… es necesario.

Ulises asintió.

—Lo entiendo más de lo que imaginas.

Hablaron poco al inicio. De cosas simples. Del mar. Del clima. De lo cansado que podía ser el mundo cuando no daba tregua. Keyla no contó su historia, pero Ulises supo leer entre líneas. No era una mujer libre. No era una mujer feliz.

Y aun así… había algo en ella que brillaba.

Cuando la noche avanzó y el alcohol suavizó las barreras, Keyla habló un poco más. No dio detalles, pero dejó escapar frases sueltas: un matrimonio que no eligió, apariencias, sacrificio. Ulises no preguntó. No quiso invadir.

Solo estuvo allí.

Cuando terminaron en la habitación del hotel, Ulises no lo planeó. Simplemente ocurrió.

No fue una noche de pasión desbordada, sino de cercanía, de necesidad compartida, de dos personas buscando refugio por unas horas.

Por primera vez en mucho tiempo, Ulises se permitió bajar la guardia.

Por eso, cuando despertó y encontró la cama vacía, el golpe fue inesperado.

Se incorporó despacio, mirando alrededor. El lado de Keyla estaba frío. No había nota. No había explicación. Solo silencio.

—Keyla… —murmuró, sabiendo que no obtendría respuesta.

Algo se apretó en su pecho.

No era orgullo herido. Era decepción.

Se vistió lentamente, tratando de convencerse de que no debía importarle. Que había sido solo una noche. Que ella no era diferente a las demás.

Pero no lo sentía así.

Cuando la encontró en la recepción, con el rostro pálido y la mirada esquiva, algo dentro de él se endureció.

—¿Te vas sin decir nada? —preguntó.

Ella evitó mirarlo.

—Fue un error. Lo siento.

Ulises apretó la mandíbula.

—Claro… —respondió con frialdad—. Eso suele decirse.

Las palabras que salieron después no fueron justas. Lo supo incluso mientras las decía.

La llamó como nunca llamaba a nadie.

Porque era más fácil herir que admitir que le dolía.

Cuando la dejó allí, no miró atrás.

Regresó a su habitación, recogió sus cosas y pidió un taxi al aeropuerto. No quería quedarse ni un minuto más. La playa ya no le ofrecía paz.

Horas después, estaba de vuelta en su ciudad.

Su departamento lo recibió con el silencio habitual. Un espacio amplio, moderno, sin lujos innecesarios. Dejó la maleta junto a la puerta y se dejó caer en el sofá, pasando una mano por su rostro.

—Maldita sea… —susurró.

Marcó un número que conocía de memoria.

—¿Joel?

—¿Ya volviste? —preguntó su amigo, sorprendido—. Pensé que te quedarías toda la semana.

Ulises soltó una risa sin humor.

—Conocí a alguien.

—Ah… —Joel guardó silencio—. Eso lo explica todo.

Ulises le contó la historia completa. La mujer sola en el bar. La conversación. La gran noche que paso. La mañana vacía. La decepción.

—Tal vez me equivoqué —dijo finalmente—. Tal vez solo fue una más.

Joel suspiró.

—¿Y tú lo crees?

Ulises miró al techo.

—No lo sé. Pero duele como si no lo fuera.

El silencio se instaló entre ambos.

—A veces —dijo Joel— las personas que más nos marcan no llegan para quedarse… sino para mover algo dentro de nosotros.

Ulises cerró los ojos.

No sabía que el destino aún no había terminado con Keyla.

No sabía que esa mujer que creyó superficial estaba atrapada en una jaula dorada.

No sabía que volverían a encontrarse… y que la historia apenas comenzaba.

Solo sabía una cosa:

Esa noche, por primera vez en mucho tiempo, no había huido.

Y aun así… había perdido.

1
Alicia Lagos
genial
Alicia Lagos
linda novela no tardes tanto en subir más capítulos porfa
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play