Sufrí un accidente y fingí perder la memoria para poner a prueba el amor de mi esposo y de mi hija. Me llevé una sorpresa desagradable cuando me dijeron que yo era la esposa del guardaespaldas y que no teníamos ningún lazo familiar.
Decidí seguir con el juego y, cuando se arrepintieran, ya sería demasiado tarde. Su amor, para mí, ya no valía nada.
Cuando mi esposo llevó a su primera novia a casa para que fuera la niñera de mi hija, no imaginaba que ella planearía quedarse con todo lo que era mío.
Después de que mi esposo y mi hija me abandonaron sola en la calle por culpa de la niñera, aun sabiendo que yo padecía síndrome de pánico, terminé sufriendo un accidente tras entrar en crisis.
Fue entonces cuando decidí darles una última oportunidad, una última prueba… la cual no lograron superar.
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Capítulo 5
POV CLARA
Jeremy pasó las manos por el cabello, impaciente.
—Esta es la última vez que lo voy a decir, nadie se va a divorciar. Si aún dudas de mi carácter, en la tablet puedes acceder a todas las grabaciones desde que traje a Lucía a esta casa. Lucía solo tiene problemas financieros y yo le di un trabajo. ¿Qué tiene de malo eso? ¿Y vas a intentar divorciarte y llevarte a Millie? ¿De verdad crees que ella volverá a ser cariñosa contigo después de que la separes de su padre?
Asentí en negativo, conteniendo las ganas de llorar. Millie estaba tan apegada a su padre que me odiaría aún más si los separaba.
La única solución para escapar de este matrimonio sería dejarla, pero ninguna madre querría separarse de sus hijos y yo aún tenía esperanza en reconquistar el cariño de mi hija.
—¿Vas a querer el divorcio?
Asentí en negativo, sintiendo las lágrimas correr calientes por mi rostro.
Por ahora, no.
—Esa es la Clara que conozco, comprensiva.
Él acarició mi cabello, pero sus caricias parecieron superficiales, no tocaron mi corazón.
Por el amor que siento por mi hija, decidí dar una oportunidad más.
—Clara, te enojaste porque Lucía ganó la pulsera y el anillo de rubí. Te compré el collar. Ahora todo está equilibrado, ¿está bien? ¿Vamos a estar en paz en esta casa?
Él me entregó una cajita y yo miré aquel objeto por algunos segundos, pensativa.
La puerta se abrió y Millie entró corriendo.
—¡Mamá! ¡Mamá! ¡Te has mejorado!
Ella subió a la cama y en seguida encima de mí y me abrazó.
Sentí mi corazón derretirse.
—¡Mamá, nunca más nos des un susto a mí y a papá!
Me sentí culpable por haber dejado a mi hija tan preocupada.
—¡Mamá está bien, mi amor! No te preocupes. ¿Quieres que te prepare algo especial para comer en la cena?
Millie me miró, con aquella sonrisa que hacía algún tiempo no me mostraba.
Por un instante, todo pareció haber vuelto a la normalidad.
Millie pidió macarrones a la boloñesa, era su plato preferido.
Me sentí inmediatamente revigorizada, me puse mi delantal y fui a la cocina a cocinar.
Luego ya era de noche y nos sentamos a comer. Yo estaba sonriendo, viendo a Millie comer con tantas ganas.
Jeremy también la miraba, sonriendo. Todo parecía bien.
Hasta que Lucía apareció y se sentó.
—Humm, ¡qué buen olor! ¿Por qué no hay un plato para mí?
Jeremy me miró con aquella mirada de advertencia, mostrándome que yo estaba equivocada al pensar que todo volvió a la normalidad.
Millie bajó de la silla y corrió hasta la cocina, volvió rápidamente con un plato en la mano.
De repente, percibí que ella podía ser bastante solícita. Siempre que yo le pedía que me ayudara en la cocina, ella siempre negaba e inventaba que tenía que hacer alguna actividad cualquiera.
Ella solo no era solícita conmigo.
—¡Aquí, tía Lucía! ¡Yo te traje un plato! ¡Me acordé de que dijiste que querías probar los macarrones a la boloñesa de mamá y yo le pedí que los hiciera! Te voy a ayudar a poner en tu plato.
Ahora, lo que era una cena en familia, se transformó en el momento de halagar a Lucía.
Me sentí una vez más una intrusa en aquella familia.
Mi garganta se cerró y no conseguí comer más.
Me limpié la boca, me levanté y salí sin ser percibida.
Fui para el lado de afuera y me quedé allí, de pie frente a la piscina.
El viento helado de la noche, me daba un frescor que yo necesitaba. Sentir el viento golpeando en mi rostro, me daba la sensación de libertad, la libertad que percibí que no tenía más.
¿Cómo aquella chica del interior, llena de sueños, queriendo dar orgullo a los padres, fue a prenderse a un matrimonio sin amor?
—Clara, ¿aún estás enojada conmigo?
Oí la voz de Lucía aproximándose por detrás y yo no me digné a mirar.
Ella paró a mi lado y después de algunos momentos de silencio, dijo:
—Yo siento pena de ti. Tuviste seis años para conquistar a tu marido e hija y en meses yo hice eso tan fácilmente. ¿Por qué sigues aferrando a Jeremy, Clara? ¿No ves que él no gusta de ti? ¿Sabes las cosas que él me dice? ¡Que él solo duerme contigo borracho porque consigue imaginarme en tu lugar! Nuestra, qué humillante, ¿no es? Solo ser follada porque se parece a otra mujer.
Yo reí.
Hasta esa vagabunda ahora resolvió irrespetarme abiertamente.
—Yo pedí el divorcio y él no quiso, que sepas que yo no lo quiero más. Tal vez yo sea digna de pena por no haber conquistado a mi marido e hija, pero tú eres peor, no consigues ni convencer a tu amante a separarse de la mujer. ¿Será que él te ama de verdad, Lucía? ¿O será que él solo está pasando un tiempo contigo, pero nunca te va a tomar en serio? Tú ya lo traicionaste una vez y quien fue traicionado, nunca olvida.
Vi el rostro de Lucía retorcerse en una expresión fea.
Tal vez yo le haya dicho verdades que ella no podía negar
—¡Vagabunda! —ella gritó y me dio una bofetada en la cara.
De repente, oímos a Jeremy gritar.
—¿Lucía? ¿Clara? ¿Qué está pasando ahí?
En ese momento, Lucía sonrió y se tiró en la piscina.
—¡Ah! ¡Socorro! ¡Yo no sé nadar!
Jeremy pasó corriendo por mí y se tiró dentro del agua, sin pensar dos veces.
Millie apareció corriendo y gritando.
—¡Tía Lucía! ¡Salven a tía Lucía!
Los empleados domésticos, los guardaespaldas, todos los funcionarios aparecieron también.
—¡Dios mío, salven a la señorita Lucía! —algún empleado gritó.
Jeremy la sacó de la piscina.
Ella estaba recogida en los brazos de él, como una chica frágil perfecta. Solo yo sabía la verdad, era todo fingimiento.
—Lucía, ¿qué pasó? ¿Cómo te caíste? —Jeremy preguntó, desesperado.
Lucía miró para mí y se encogió, después dijo:
—No culpen a Clara. La culpa fue toda mía, yo no debería haber hecho aquella publicación.
Todos me miraron con una mirada de juicio.
—¡Yo no hice nada! ¡Ella se tiró en la piscina sola!
—Clara, ¿ahora vas a empezar a mentir? ¿Por qué Lucía iba a tirarse en la piscina si no sabe nadar?
—¡Mamá malvada! ¡Te odio! —Millie corrió en mi dirección y me empujó.
Yo estaba distraída, acabé desequilibrándome y caí en la piscina.
—¡Bien hecho, bruja! —Millie rió y me mostró la lengua.
Fui criada en el interior, por lo tanto, es claro que sabía nadar. Pero me quedé paralizada con la escena.
Jeremy ni miró para atrás, para ver si yo estaba bien. Él tomó a Lucía en brazos y se fue, acompañado por Millie y por los empleados.
Nade sola hasta el borde de la piscina, sintiendo un vacío en el pecho. Parece que perdí un pedazo más de mis ilusiones.
Fue en ese momento que lo vi, extendiendo las manos hacia mí.
No todos los empleados se fueron, uno se quedó.
Ojos almendrados, cabello cayendo en la frente. Mentón cuadrado, labios carnosos. Un bello muchacho.
Extendí mi mano hacia él y él me tiró.
—¿Eres nuevo aquí?
Pregunté, pues no me acordaba de haberlo visto antes.
—No, señora. Ya trabajo con el señor Ford hace algún tiempo.
Asentí en positivo.
Claro, él era uno de los guardaespaldas de mi marido.
Por causa de mi síndrome del pánico, difícilmente yo salgo de casa y acabo no teniendo tanto contacto con los funcionarios que hacen la seguridad.
Mientras yo pensaba, sorprendiéndome, él pone su paletó sobre mis hombros.
Miro para mi hombro, sin reacción.
—Señora, si me permite decir, hay cámaras aquí.
Él dice, apuntando para lo alto.
Sonrío.
—¿Cuál es tu nombre?
—Es Julien Martel.
—Julien… es un nombre bonito. —digo bajo —Julien, ¿de qué sirven las cámaras ahora si el error ya fue cometido? ¿Las cámaras irán a curar mi decepción?
Siento ganas de llorar, pero me trago la tristeza y camino.
—¡Señora! —oigo él llamarme —No dije que era para curar.
Continué andando y fui para mi cuarto.
Me saqué el paletó y sentí el olor. Olía a sándalo con notas amaderadas.
—Es un buen perfume, señor Martel. —dije y sonreí internamente.
Tomé un baño caliente y revigorizante.
Me acosté y dormí sin pensar en mis problemas. Tal vez yo esté poco a poco, dejando ir…