Mayra debe sacar a sus hermanas menores de la cárcel, ya que fueron emboscadas y caturadas por la policía aluego de que alguien las traicionó.
Las sicarias son llamadas "Hadas sangrientas" por la facilidad de escape y la escena terrorifica que dejan detrás. Al tener semejante reputación, se volvieron el interés de los oficiales policiales que apuuestan por sus cabezas, pero no todos son así.
El capitán solo quiere justicia para su ciudad, y aunque no le guste admitirlo, debe reconocer que las hermanas Dimou han logrado desaparecer escorias de la sociedad; esas que siempre salen libre de prisión gracias a sus contactos. Sin embargo, al hacerlo también cometen delitos y deben pagar la pena correspondiente a la gravedad.
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Escape
Mayra abre la celda de Alicia, a la primera que encuentra y la menor le avisa que Selene está en la más cercana a la oficina del capitán, haciendo que la mayor arrugue el ceño.
—Vamos por ella, supongo que ese hombre no estará, si no dormirá como todos.
—Él nunca se ha ido, según han comentado las agentes femeninas.
—¿Hablaron de él frente a ti?— Mayra pregunta levanta una ceja, mientras caminan por un largo pasillo y dobla en una esquina, enfrentándose con Dorian.
—Las hadas se han reunido, qué ternura— comenta él viendo fijamente a la mayor.
—Somos unidas— dice Mayra sarcásticamente.
— Debo agradecer que vengas personalmente a entregarte y no tener que ir a buscarte— dice él dando un paso al frente, queriendo acercarse a las dos mujeres.
—No me hubieses encontrado, poli— asegura la mayor, mientras sus hermanas se miran entre sí, ya que no entienden desde cuándo Mayra habla tanto con alguien al que matará.
— Siempre tengo lo que quiero, si me lo propongo hadita— recalca él sacando su arma del soporte y apuntándoles.
Las dos mujeres que están en el pasillo también le apuntan y sonríen, aunque Mayra siente que su cuerpo se eriza por la mención del capitán, el cual solo la ha mirado a ella.
Ninguno de los tres ha disparado, ni parece que tengan intensiones de hacerlo, por lo que Alicia se arriesga y da varios pasos al frente, teniendo en su mano la lave maestra que abre las rejas, por lo que va hasta donde está Selene, incluso teniendo que pasar por al lado de Dorian, quien solo sigue enfocándose en Mayra, ignorando su alrededor.
La menor saca a Selene y le da un arma por las dudas de que las cosas se pongan bravas con el capitán o con otros oficiales que puedan estar despiertos.
— ¿Nos dejará ir o le meto una bala y saluda a Dios?— cuestiona la menor apoyando el cañón en la cabeza de Dorian.
— Le dije que la última mujer que verá en su vida es nuestra hermana— le recuerda Selene, notando como el policía ni siquiera mueve un músculo y está aparentemente hipnotizado con Mayra.
La mayor sonríe sabiendo que a Selene le encanta decirle esa misma frase a las víctimas, puesto que a sus hermanas les encanta jugar con el cuerpo, pero ella es quien deja la firma de las Hadas y da la estocada final, robándole el último aliento.
Un disparo suena y termina contra la pared de la celda, alertando a las cuatro personas que iban a enfrentarse.
Un grito femenino se escucha con demasiada confianza llamando al capitán Dorian y continúa disparando, logrando que las hermanas Dimou tengan que buscar escudarse.
— ¡¡¡Dorian, te salvaré!!! —exclama como mujer enamorada en busca de su pareja.
El mencionado también busca dónde escudarse, ya que quien dice querer salvarlo, está disparando sin tener una dirección clara.
—La quiero viva— asegura Mayra gritándoles a sus hermanas, las cuales están juntas, pero lejos de la mayor.
Él al escuchar a la hadita mayor y estando cerca de donde se ha escondido, va hasta ella y trata de quitarle el arma, tirándose sobre Mayra.
— No me imaginé que quisiera estar así, pero no me gustan los policías— dice al recuperarse de la sorpresa.
La sonrisa de Mayra es peligrosa, pero es lo único que puede observar Dorian, hasta que un golpe bajo lo quita de encima de la mujer.
La mayor le da un rodillaso entre las piernas y lo empuja para levantarse, aunque su pie se ve agarrado por la fuerte mano masculina, quien tira de él haciéndola caer.
Dorian forcejea con Mayra hasta voltearla, dejándola de cara al piso, agarra sus brazos y trata de ponerle las esposas, pero ella de alguna manera consigue voltearse nuevamente y le da con el puño cerrado, logrando que se caiga hacia un lado, repitiendo los golpes varias veces, aunque él se cubre.
—¡¡¡LA TENEMOS!!!— gritan sus hermanas, por lo que levanta la mirada y nota que entre ambas agarran a la policía de apróximadamente cuarenta años.
Agarra un arma y le apunta a Dorian, pero ni siquiera atina a disparar para lastimarlo.
— No podrás despedirte de tu novia— advierte dándole un golpe en la cabeza con la parte atrás del arma, dejándolo inconsciente unos minutos.
Le pide a sus hermanas que corran en dirección al auto y ella se queda con la agente policial, quién sigue viva, pero parece estar desmayada aún donde aconteció la pelea con el capitán.
Mayra le da una cachetada a la mujer y esta reacciona todavía sin entender qué le ha pasado, hasta que ve a la sicaria y el cuerpo de su jefe en el piso.
— No me preguntes por qué siento la necesidad de hacer lo siguiente porque yo tampoco lo entiendo. —menciona la mayor negando con su cabeza y sacando una navaja de su pantalón— Sin embargo, creo que te lo has buscado por meterte dónde nadie te llamó y con quién no debías.
Forcejea con la policía agarrando su mano y logra hacerle un corte desde el hombro hasta su muñeca, haciendo que se desangre. Se arrodilla quedando cerca de los ojos de su víctima y sonríe, volteando a ver al capitán, quien empieza a moverse.
—Dorian— murmura la mujer.
—¿Tanto te importa?— cuestiona Mayra ladeando la cabeza— Según lo que sé, no quiere relaciones amorosas...— se levanta y camina hasta él, se monta sobre él rozando sin querer sus intimidades, aunque no le da importancia a eso. Con la navaja recorre la mejilla del capitán quién le agarra la mano, pero se apresura a besarlo para distraerlo, viendo a la policía y gustándole el dolor que provoca en su mirada.
Él sin saber quién es y todavía en su inconsciencia, ya que no se da cuenta de dónde está; agarra el cuello de la mujer que lo besa e intensifica sus movimientos, encantándole los labios ajenos. Luego reacciona aún más cuando recibe un golpe que lo despierta y lo separa de quien lo besa, siendo la misma Mayra que debe irse rápidamente.
Ella ya está frente a la agente policial cuando Dorian se levanta y se apoya con una de sus manos en la pared, enfocando a Mayra.
—Detente, hadita— pide él.
La sicaria lo mira, sonríe al verlo apuntarle con su arma reglamentaria, sin intensiones de matarla, y ella termina su trabajo, por gusto, no por un negocio, ni por peligro.
Con un certero disparo, aún viendo a los ojos a Dorian, mata a la mujer y sale caminando tranquilamente por la misma entrada de la comisaria, donde ve que más de un oficial empieza a moverse, ya que les está pasando el efecto del sedante que los ha dormido.
Sus hermanas ya tienen el auto en la entrada estacionado. Mayra sube en la parte de atrás y mira hacia la entrada, donde el capitán llega corriendo, pero nunca dispara hacia el vehículo, aún sabiendo que están escapando las tres mujeres.