Ainara Marie Young, así es mi nombre, soy una joven políglota, día a día me esfuerzo mucho por salir adelante, pero parece que la vida se ha ensañado conmigo.
Tal parece que me odia.
Una vida llena de sufrimiento y lágrimas, un trabajo exitoso, pero con una cruz grande encima.
Vi la muerte pasar muy cerca de mi.
No soy perfecta y no siempre tomo las mejores decisiones, así que decido vivir en la tranquilidad, hasta que lo vi.
Amargado, autoritario, irritante, con un carácter de los mil demonios y vive estresado.
No es mi tipo de hombre, lo acepto, pero él desprende hombría, belleza con su carácter y autoridad sin imaginarlo, está ajeno a todo lo que él provoca en mi, es un hombre demasiado varonil, demasiado excitante.
No sé en qué momento me he podido enamorar de él.
Hemos comenzado con la mejor diversión, con el mejor goce, pero ya todo es insostenible, todo se está saliendo de control.
¡¿Qué hago ahora?!
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Capítulo 5.
...Confieso— Kany Garcia....
Veo salir el sol desde la ventana de la funeraria, solo he logrado ingerir el jugo que mi padre me trajo, pero no tengo ganas ni ánimos y me siento débil, optaré por comerme un chocolate para mantener mi cuerpo a raya.
—Ainara, en la sala te buscan dos hombres— anuncia mi hermano.
—¿Quienes son Jackson?— pregunto sin darme la vuelta.
—Joseph Mundaray y James Jonhson— responde y casi me ahogo con mi propia saliva.
¿Ellos aquí? Es tan extraño, Joseph siempre ha dicho que no le gustan los funerales y menos siendo tan amargado, pero siendo realista aprecio que esté aquí, pero me parece una locura por el señor Jonhson.
—Ya voy— digo luego de unos minutos.
Por suerte por la madrugada me di una ducha y cambie mi ropa, no tengo una gota de maquillaje y mi cabello va recogido en un mono.
No soy la misma chica que va a la oficina.
Mis ojos y los suyos se conectan como dos imanes que se atraen, mi cuerpo siente un escalofríos por la intensidad de su mirada, ese hombre tiene algo y tengo miedo de descubrirlo.
—Quisimos venir a acompañarte Nara— habla Joseph, delante de la gente soy señorita, pero no sé si es por la situación que estoy atravesando que me llama por el diminutivo, porque siempre hemos conservado la formalidad, porque no queremos que la gente piense que soy una aprovechada.
—Se los agradezco mucho— digo observandolos.
—Mi padre ha venido también— comenta— se ha encontrado a su madre— dice— eres idéntica a ella— halaga.
—Lo soy, la viva copia de mi madre— sonrío de lado.
—Yo conozco a su padre— habla James.
—¡Vaya!— exclamo sorprendida—Todos se conocen y yo no sabía— río un poco.
—Así parece señorita— asiente.
—Cariño, la abuela te necesita, harán un cierre— llega mi padre.
—Señor Young— saluda James— lamento su pérdida— dice.
Y mi padre sorprendido se saluda con él, quien iba a decirlo, este par se conocen.
—Permiso, los dejaré con mi padre— digo y me retiro.
Encuentro a mis primos y hermanos junto a mi abuela alrededor del ataúd, me acerco a todos y escucho lo que mi abuela dice.
Escucho el llanto desesperado de mi tío que llegó por la madrugada, esto quedará para el recuerdo, sé que todos quedamos marcados para toda la vida.
Otra marca más para mi alma rota.
Trasladan a mi abuelo hasta el cementerio y nosotros detrás de él, me armó de valor y me acerco a su ataúd.
Adios abuelo.
Digo en mi mente, se ve como si estuviera durmiendo, aunque es así, ellos duermen en la eternidad. En silencio me sumerjo nuevamente en el mar de lágrimas, no entiendo aún como mi cuerpo ha resistido a tanto, este golpe no me lo esperaba, al menos no tan pronto.
—Iremos de regreso a casa mi amor, ¿deseas venir?— pregunta mi madre.
—Iré a mi departamento mamá— digo— después visitaré a la abuela y buscaré mis pertenencias— aseguro.
—¿Le digo a tu padre que te lleve a tu departamento?— pregunta.
—Por favor— asiento.
—No se preocupe señora, yo puedo llevarla— escucho a mis espaldas la voz de James y mi piel se eriza.
—¿Usted es?— pregunta confundida.
—James Johnson— se presenta— soy el jefe de ella.
—Un gusto señor Jonhson— dice— si mi hija no tiene problemas, yo tampoco— me miran.
Trago grueso y niego, las palabras ahora mismo no me salen, él y yo solos de nuevo en su auto me da un poco de nervios, porque logra despertar en mi lo que pensé que ya no tenía. Me despido de los demás y James se encarga de abrir la puerta de su auto haciéndose a un lado para que yo pueda subir.
Vamos en completo silencio y yo estoy demasiado nerviosa para ser real, ¿qué me pasa?, miro las calles y el abarrotado tráfico, New York tiene un tráfico estresante.
—¿Tienes mucho tiempo trabajando con Joseph?— pregunta y me sorprendo un poco.
—Tengo 2 años trabajando para él—respondo.
—He escuchado por boca de él que eres excelente en tu trabajo— dice y lo miro anonada.
—No tenía idea de que el señor Mundaray hablara bien de mi trabajo— digo, porque es la verdad, nosotros hemos mantenido nuestra amistad a raya.
—No le digas que yo te dije— ríe.
Joder, su risa, su puta risa es perfecta.
—No tengo nada que decirle al señor Mundaray— confieso— ¿usted es amigo de él desde hace tiempo?— pregunto.
—Tenemos 10 años de amistad— responde— pero yo estuve un tiempo fuera de New York, por eso el gran problema que tienen mis restaurantes— aclara.
—Entiendo señor— asiento.
—No me digas señor, dime James, no estamos en la oficina— dice y asiento nuevamente.
¿Por qué siento esto? ¿Por qué siento que él será mi perdición? ¿por qué mi corazón se siente anhelante ante su presencia? preguntas y más preguntas que no se si tengan respuestas.
Miro sus dedos alrededor del volante del auto y deseo que me acaricien el rostro, es un deseo desconocido y extraño, porque apenas y lo conozco, no sé absolutamente nada de él y mucho menos de su vida, Dios, ¡ayúdame!.
—Ainara— llama— me ha gustado cruzarme en tu camino— dice y un destello extraño se apodera de sus iris marrones.
—James— susurro sorprendida— no me conoces— le digo—nos veremos en la oficina— afirmó y abro la puerta del coche.
—Podríamos vernos antes— dice y lo miro.
—Gracias.
Decido no decirle nada con respecto al vernos antes y bajo, entro a la residencia y suelto todo el aire que venía conteniendo.
Su perfume, su presencia y sus movimientos son tan notorios, que podría observarlo todo el día, desconozco todo esto, es tan nuevo y se que debe llevarme al menos 10 años, si no es más, pero se conserva muy bien y apostaría lo poco que poseo a qué está casado.
Entro a la comodidad de mi vivienda y lanzo mi cartera al sofá, me dirijo a la cocina por un vaso de agua y me siento en una silla mirando la ciudad; El timbre me saca de mis pensamientos, no sé cuánto tiempo he estado sentada mirando a la nada.
—Hola— veo a Nadia al abrir la puerta.
—Nadia— susurro sorprendida, ¿no estaba en Chicago?.
—Lamento mucho lo de tu abuelo— dice y asiento correspondiendo a su abrazo.
—Gracias por estar Nadia— susurro.
Nadia Ferreira, amiga desde la secundaria, no hablamos a diario, pero sabemos que podemos contar la una con la otra y aprecio que esté aquí hoy, desconozco quien le haya podido avisar, pero aprecio su presencia.
dedicación
felicidades Éxitos Éxitos Éxitos