Morir a manos de la persona que tanto ame... ¡¿por qué debo morir de está manera?! nunca pude recibir tu amor no importara cuánto sacrificase... pero ella fácilmente obtuvo tu amor... que irónico, justo en estos momentos puedo recordar todo... debo morir de está manera porque soy la villana... mí bebé murió porque ese era el guión... todo para que la protagonista pueda ser feliz...
NovelToon tiene autorización de raitoburū para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Cabello rojo...
La razón por la que este sujeto esperaba una gran reacción por mi parte es debido a su cabello rojo, y es que, el cabello rojo es un signo de que perteneces a la familia imperial, ya que ellos fueron bendecidos por dragón rojo, pero eso me da igual ahora.
— Puedo darle algo que puede salvar su mano —sujetó mi brazo por detrás.
— ¿Qué…? —me volteé con sorpresa hacia él—. ¿No me mientes?
— ¿No vas a preguntar que quiero a cambio?
— No importa lo que quieras, mientras no pidas mi vida o la suya.
— Eso es más que suficiente —me entregó una redoma de cristal, llena de un líquido que brillaba como fuego contenido—. Dáselo antes de que sea demasiado tarde.
— Quema mi mano —dije con determinación—. No puedo darle algo que no haya probado conmigo.
— De verdad eres única.
Esa terrible quemadura pasó por mi culpa, si yo no hubiese sido tan imprudente, si tan solo la idea de que este sujeto fuese un mago hubiese cruzado por mi mente, entonces ella seguiría bien, por eso esto es lo menos que puedo hacer por ella.
— Hazlo ya —extendí mi mano hacia él.
— No te arrepientas —dijo con una mirada despiadada, tocando mi mano con la hoja de su espada.
— ¡Ngh!
— Me sorprende que no hayas gritado incluso con eso —alejó la hoja de mi mano.
— Silencio —fruncí el ceño con dolor, si esta cosa no basta, lo pagarás caro.
— Sí si, solo hazlo.
— Por cierto —apliqué el elixir en mi mano—. ¿No te han dicho que te pareces a un perro?
— No hay necesidad de esa hostilidad, ¿y bien? ¿Cómo se siente tu mano?
— Esta… —apreté el puño, sintiendo que el dolor desaparecía—. Bien…
— Jaja, ¿ya ves que no debiste ser tan desconfiada?
— Aun no sé que es lo que quieres, tampoco tengo la intención de averiguarlo ahora, debo marcharme.
— Sí —hizo una reverencia antes de marcharse ágilmente a través del jardín.
Portazo
— Isabel —miré fijamente su rostro dormido, aplicando la medicina en su mano—. No te preocupes, ahora todo estará bien.
No volveré a permitir que alguien más te dañe de esa manera, incluso si mi palabra no sirve de mucho ahora, haré todo lo posible para compensarlo, ya que el momento de nuestra despedida se acerca.
— Esto es… realmente mágico —tomé y miré su mano sin poder creer la velocidad en la que la quemadura sanaba.
Bullicio
— Tsk, ¿ahora porque hacen tanto ruido afuera? —me levanté del lado de Isabel y salí.
No puedo creer cuan irrespetuosos son, ¿Qué acaso no me he encargado de los bandidos? ¿Entonces por qué hay tanto ruido afuera? En fin, me encargaré rápidamente de esto para que puedan dejar descansar a Isabel.
— ¿Por qué hay tanto ruido? —le pregunté a un guardia.
— ¡Su majestad la emperatriz! —exclamó con alegría al verme.
— ¿Mm?
— Su majestad el emperador la había estado buscando, ¿Dónde había estado?
— ¿el emperador…? ¿Acaso le pasó algo?
— ¡¿acaso no acaba de ser atacada por bandidos?!
— Pero si ya acabé con esos sujetos —dije con indiferencia—. Es el colmo, ¿Qué pasa con ustedes? ¿Por qué tardaron tanto en darse cuenta de los intrusos?
— Lo sentimos mucho, pero ¿cómo hizo para lograrlo?
— Eso da igual, algunos lograron escapar de mi —suspiré—. Por favor espero que los encuentren, de lo contrario, su ineptitud será imperdonable.
— ¡Si!
— Por cierto, ¿Dónde está el emperador?
— ¡Su majestad la espera en el gran salón! —exclamó mientras se apresuraba a seguir mis órdenes.
En fin, solo iré a escuchar lo que este hombre tiene que decir y después regresaré al cuarto de Isabel, no puedo dejarla en ese pequeño cuarto que ni siquiera tiene un pequeño calentador.
— Su majestad, ¿me llamó? —dirigí mi mirada a la dulce joven parada al lado de William.
— ¿Dónde estabas? ¿Por qué no mandaste a nadie a avisarme de esto?
— Lo lamento, no quería perturbar su descanso, además, veo que hice lo correcto —sonreí con ironía—. ¿disfrutó su tiempo con esta linda muchacha?
— Deja de decir tonterías, mi relación con esta muchacha no es lo que tú piensas —frunció el ceño.
— Su majestad, no comprendo porque debe darme excusas —suspiré—. Usted puede tener las concubinas que desee.
— ¡Rosary!
— ¿Eso era todo lo que necesitaba decirme?
— ¿Por qué estas actuando de ese modo? —apretó el puño con frustración—. Sé que estas enfadada porque no vine a tiempo a ayudarte, pero…
— ¿Pero? Pff, su majestad, usted no tiene la responsabilidad de protegerme, no se preocupe, desde un inicio no esperaba nada de usted, así que no estoy enfadada —dije haciendo una reverencia—. Ahora, si me disculpa, tengo otros asuntos que atender.
En mi vida pasada, después de que William se marchó al jardín a descansar, no lo sabia aun, pero fue en aquel jardín en el que ellos dos se conocieron, aunque fue un poco tonto… él se enamoró de ella por la manera en la que lo despertó, arrojándole agua, y todo porque la protagonista creyó erróneamente que el emperador estaba desmayado.
— Pero ahora que lo pienso, ¿William no estaba seco? —murmuré perdida en mis pensamientos mientras iba a la habitación de Isabel.
Da igual, incluso si no fue mojado, de alguna u otra manera la protagonista debió cautivar el corazón de William, así que no debo preocuparme de que mas cosas raras pasen debido a mi intervención.
— ¡Su majestad! —sujetó mi hombro desde atrás.
— ¿Ahora que sucede? —dije con una afilada mirada, volteando a ver quién había sido el insensato que tocó mi hombro—. ¿caballero Lambert…?
— ¡lo siento mucho por mi falta de respeto! —se arrodilló de inmediato, agachando la mirada—. Pero realmente quería hacerle una pregunta, ¿usted sabe dónde está Isabel?
— ¿Isabel? ¿no te equivocaste de nombre?
— ¿eh? ¿a qué se refiere?
— ¿no quisiste decir “Arisha”?
— Lo siento, no sé de quien habla —respondió confundido—. Más importante, ¿puede decirme donde esta Isabel? Oí de los otros invitados que ella salió gravemente lastimada.
¿Pero qué está pasando? ¿Qué no se supone que hoy Gilbert también se enamoraba de la protagonista? No lo comprendo, él no debería de estar pensando en nadie mas que Arisha Mathew, ¿acaso algo salió mal?
— Supongo que da igual —murmuré con una siniestra sonrisa—. Sígueme, justo necesitaba tu ayuda.
— ¡S-sí!
— Por cierto, caballero Lambert, ¿Cómo se hizo esa herida en el brazo? —seguí caminando con la mirada al frente.
— Me topé con un bandido mientras iba hacia el emperador, debido a eso demoré y no pude llegar a tiempo a cuidarlo.
Ya veo, así que por esa razón él aún no ha conocido a la protagonista, ¡que maravilla! Si esos dos no se conocieron, eso explica porque Gilbert no quiere asesinarme, y también porque aun sigue interesado en Isabel… no, eso es un poco raro, ¿acaso es posible que los intereses amorosos se enamoren de alguien más?
— Hemos llegado —abrí la puerta lentamente—. Por favor procura no hacer mucho ruido.
— Isabel… —apretó el puño con frustración—. Lo siento mucho.
— Caballero Lambert, ¿puede cargarla hasta mi habitación?
— ¿Su habitación…? Pero…
— Ella no podrá recuperarse correctamente en un lugar como este.
— Comprendo —la cargó gentilmente contra su pecho.
— Gracias —caminé detrás de él.
Si esta escena pudiese congelarse seria maravilloso, de esa manera no tendría que preocuparme por la posibilidad de que Gilbert se enamore de la protagonista, ni tampoco porque Isabel quisiera traicionarme, pero… soñar no está bien.
— Su majestad, ¿Dónde debo dejarla?
— ¿Dónde más? Déjala en mi cama —miré a través de la ventana—. ¿Crees que alguien está escuchando?
— Un momento por favor —dejó a Isabel en la cama y de inmediato desenvainó su espada, clavándola en el piso—. “Eco”
Woah, y pensar que vería la habilidad única del gran caballero Lambert, es maravilloso, pero también aterrador, aún se me eriza la piel de tan solo recordar que esta habilidad fue la que me atrapó antes de que pudiese siquiera pensar en huir después de ser acusada falsamente por William.
— Nadie esta lo suficiente cerca como para escuchar.
— Gracias por confirmarlo, ahora, dime, ¿ya la encontraste no es así? —dirigí mi mirada a Isabel—. Su hermana…
— ¿Su hermana?
— Sí, la persona que te mande a buscar es la hermana de Isabel.
— ¡¿Como?! —bajó su voz al recordar que Isabel dormía—. ¿Cómo pudieron hacerle algo tan cruel?
— Si te dijera que tu emperador fue quien ordenó hacerlo, ¿me creerías? —lo miré fijamente—. Tú nunca podrías dudar del hombre al que le juraste tu lealtad, lo comprendo, pero eso sí, te lo advierto, si lastimas a Isabel no me bastará con desmembrarte vivo.
No soy tan tonta, puedo ver perfectamente que este hombre se ha enamorado de Isabel, y ni siquiera sé como pudo pasar eso, pero si un simple guion puede hacer que se enamore de la protagonista y se deshaga de Isabel, eso si que no se lo perdonaré.
— Su majestad…
— Mm, supongo que fue demasiado por digerir —sonreí—. En fin, mañana te espero a primera hora aquí.
— ¿por qué?
— Debemos ir a por su hermana, antes de que sea demasiado tarde.
— Comprendo —envainó su espada en su cintura, apoyando su rodilla contra el piso—. Mi juramento de lealtad, nunca lo completé.
— ¿Eh…?
— Estoy diciendo que no soy tan tonto como para jurar lealtad sin antes ver sus capacidades, pero creo que encontré a la persona adecuada.
— Caballero Lambert —me incliné hacia él y le di una palmada en la cabeza—. De verdad tiene mal gusto a la hora de jurar lealtad.
— Pff! Sí, seguramente así es, pero creo que no me arrepentiré —sonrió y puso el puño contra su pecho—. Yo, Gilbert Lambert, le juro lealtad a usted, Rosary Crowbell.
— No lo acepto —fruncí el ceño—. ¿Qué pasaría si un día dejo de ser “Rosary Crowbell”? de alguna manera no me gusta que le hayas jurado lealtad a la emperatriz y no a la persona que tienes delante de ti.
— Si eso pasara… solo debo volverte a jurar lealtad —sonrió con confianza, levantando la mirada con un semblante más relajado—. En fin, tampoco tengo la intención de quedarme toda la noche aquí, adiós.
Pero qué muchacho más arrogante, ¿acaso Gilbert tenía esta personalidad en la otra línea temporal? En ese momento, cuando él estaba junto a la protagonista, parecía un perro faldero incapaz de pensar hasta que ella se lo permitiese…
— Pero este Gilbert Lambert podría ser aún más peligroso —suspiré mientras cerraba las cortinas y aseguraba la puerta—. Ugh, ya no sé qué pensar…
Si él ha dejado la ruta original, lo más normal seria que me alegre, pero no puedo evitar sentir que ahora es alguien impredecible, alguien que podría hacerme dudar… ¡no! Ya basta, si sigo así no podré dormir, da igual, ya lo pensaré mañana.