Cuatro años atrás, el amor entre Miriam Bianchi y Adam Ricci parecía inquebrantable… hasta que una traición los separó de la forma más cruel. Lo que Miriam no sabe es que detrás de su dolor se esconde un nombre que aún la persigue en silencio y Elisa Moretti, la mujer que manipuló cada pieza para destruirlos.
Ahora, el destino vuelve a cruzar sus caminos. Miriam ha reconstruido su vida con esfuerzo, apoyada por su leal amiga Lionela Conti, mientras Adam, consumido por el arrepentimiento, intenta llenar el vacío con ayuda de su inseparable amigo Francisco Romano. Pero hay heridas que nunca sanaron… y secretos que nunca salieron a la luz.
Cuando la verdad comienza a revelarse, el pasado amenaza con repetir la misma tragedia. ¿Podrá el amor sobrevivir a la traición? ¿O será demasiado tarde para recuperar lo que una vez fue perfecto?
Porque hay historias que no terminan… solo esperan el momento de volver a comenzar.
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Capitulo 5
Los días transcurrían lentos y pesados para Adam, como si el tiempo se hubiera detenido desde el momento en que Miriam se alejó para siempre. Su hogar, que antes estaba lleno de luz, risas y planes compartidos, ahora se sentía frío, vacío y silencioso, un lugar donde cada rincón le traía recuerdos que le desgarraban el pecho por dentro. Pasaba las horas caminando de un lado a otro, repasando una y otra vez cada palabra, cada detalle y cada suceso de aquella época, y cuanto más pensaba, más claro tenía que algo estaba mal, que aquella historia no tenía sentido, que había piezas que no encajaban en absoluto. Solo el dolor y la confusión le habían impedido verlo antes. Pero ahora, solo y con el corazón destrozado, la duda crecía en él igual que una sombra oscura que no lo dejaba descansar ni un instante.
Su único refugio y su única compañía era Francisco Romano, amigo desde la infancia, alguien que lo conocía mejor que nadie y que no se había apartado de su lado, aunque viera cómo se consumía poco a poco por la tristeza y el remordimiento. Aquella tarde, Francisco había llegado como casi todos los días, con la intención de sacarlo de aquel estado o al menos escucharlo, y lo encontró sentado frente a la mesa, con la mirada perdida y la expresión agotada, con papeles y notas antiguas esparcidas por toda la superficie, como si estuviera tratando de armar un rompecabezas incompleto.
—Otra vez lo mismo, ¿verdad? —preguntó Francisco con voz suave mientras cerraba la puerta y se acercaba despacio, sin querer asustarlo ni interrumpir sus pensamientos—. Llevas semanas repasando todo lo que pasó, una y otra vez. Ya casi no duermes, casi no comes… amigo, te estás haciendo daño a ti mismo sin necesidad.
Adam levantó la vista despacio; tenía los ojos hundidos y apagados, reflejo de las noches enteras sin descanso y del sufrimiento que llevaba dentro. Pasó una mano temblorosa por su cabello y suspiró con una pesadez que le llegaba hasta el alma.
—Es que no me lo explico, Francisco… no encuentro forma de entenderlo —respondió con voz ronca y cargada de angustia—. Cuanto más lo pienso, más me doy cuenta de que nada tenía lógica. Las cosas que le dijeron, las pruebas que le enseñaron, las fechas y los lugares que le contaron… hay detalles que yo recuerdo muy bien, y sé con absoluta certeza que en esos momentos yo estaba en otro sitio, estaba contigo o con otras personas. ¡Es imposible que haya hecho lo que me acusan! Sin embargo, ella lo creyó a pie juntillas, como si fuera la verdad más clara del mundo.
Francisco arrastró una silla y se sentó a su lado, lo miró con compasión y apoyó una mano sobre su hombro con firmeza y cariño.
—Yo te conozco desde que éramos niños. Sé quién eres, sé cómo eres y sé que jamás serías capaz de traicionarla ni de hacerle daño deliberadamente. Para mí siempre ha sido claro que hubo algo extraño detrás de todo esto, algo que no vimos ni entendimos en su momento. Pero… ya pasó, Adam. Ella tomó una decisión y se fue. Por mucho que busques respuestas ahora, por mucho que encuentres cosas que no cuadran, ella ya no está aquí para escucharlas.
Adam negó con la cabeza con violencia, y sus ojos se llenaron de lágrimas contenidas durante demasiado tiempo.
—¡Ese es el dolor más grande que llevo! —exclamó con amargura—. Que se fue convencida de que soy un mal hombre, de que la engañé y la usé, y yo no tuve oportunidad ni de defenderme ni de explicar nada. Me culpo cada segundo por no haber sido más listo, por no haberme dado cuenta antes de que algo raro estaba ocurriendo, por no haber notado que alguien estaba metiéndose entre nosotros y destruyéndolo todo poco a poco. Si hubiera prestado atención, si hubiera visto las señales… tal vez ahora ella seguiría a mi lado.
—No te cargues con culpas que no te pertenecen —le dijo Francisco con seriedad, tratando de hacerlo entrar en razón—. Tú solo amaste con todo tu ser, te entregaste sin reservas y confiaste ciegamente, como se debe hacer cuando se ama de verdad. Eso no es ningún defecto ni ningún error. Quien quiso hacer daño fue quien actuó con mentira y maldad, quien armó todo ese embuste con cuidado y frialdad. Y aunque todavía no sepamos quién fue ni con qué fin, ten por seguro que tú no tuviste ninguna culpa.
Adam se recostó sobre la mesa y escondió el rostro entre sus manos, sintiendo cómo el peso del remordimiento le aplastaba el pecho y le dificultaba hasta respirar.
—Pero ella se fue creyendo la mentira… y eso me mata. A veces pienso que estoy loco, que quizás sí hice algo sin darme cuenta, o que me estoy olvidando de algo importante. Pero luego recuerdo cada paso que di, cada día que vivimos, y sé, Francisco, sé en el fondo de mi alma que fui fiel, que fui sincero y que lo que sentía era lo más puro que existía. ¿Cómo pudo alguien torcerlo todo hasta este punto? ¿Quién podía tener tanto interés en vernos separados y sufrir?
Su amigo guardó silencio unos instantes, reflexionando sobre todo lo que habían hablado y sobre las sospechas que también le habían venido a la mente, aunque no quería darle falsas esperanzas ni aumentar su dolor sin tener pruebas ciertas.
—¿Recuerdas quiénes estaban cerca de ustedes en esa época? ¿Quiénes sabían cada detalle de su relación, sus horarios, sus planes, sus costumbres? Para haber armado una historia tan completa y detallada, quien lo hizo tenía que conocerlo todo muy bien, tenía que estar muy cerca. Alguien que ganaba algo con su ruptura.
Adam levantó la cabeza de golpe, una luz pequeña y lejana de entendimiento brilló entre su confusión y su tristeza. El nombre de Elisa Moretti cruzó rápidamente por su mente, aunque todavía no podía darle forma ni motivo a esa sospecha.
—Hubo alguien que siempre aparecía cuando las cosas empezaban a complicarse… alguien que siempre tenía una palabra de consuelo para mí y comentarios extraños sobre ella. Pero no… ¿por qué habría de querer dañarnos? ¿Qué ganaría con eso?
—Eso es precisamente lo que tenemos que averiguar si quieres encontrar la verdad —respondió Francisco con determinación—. No te digo que vayas a buscarla ni que intentes traerla de vuelta ahora, porque sé que todavía estás muy herido y ella tiene sus propias ideas formadas. Pero si realmente necesitas paz, si necesitas dejar de culparte y de torturarte pensando en lo que pasó, averiguaremos lo que ocurrió. Estoy contigo, Adam. Lo que necesites, a la hora que sea y hasta donde sea necesario. No te dejaré solo en esto.
Adam lo miró con gratitud, y aunque la tristeza seguía habitando en su mirada y el vacío de la ausencia de Miriam seguía siendo inmenso, por primera vez desde su partida sintió que no todo estaba perdido ni estaba totalmente solo en medio de su desgracia. Sabía que algo más había detrás de todo aquello, y que aunque pasaran años, no descansaría hasta descubrir quién había destruido su felicidad y por qué lo había hecho.
Lo más seguro es que al final se queden juntos, pero mientras que ella sufra cómo lo hizo sufrir a él por no confiar en su amor.
Entonces la que amaba menos era ella. Y su inseguridad y baja autoestima la hace ser crédula y tonta.