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“Crónicas Del Mundo Antes De Él”

“Crónicas Del Mundo Antes De Él”

Status: En proceso
Genre:Edad media / Mitos y leyendas / Mundo de fantasía
Popularitas:310
Nilai: 5
nombre de autor: kingofcurses_rb.

Veinticinco años antes de los eventos que cambiarían el mundo, la verdad permanecía oculta bajo silencio, sangre y recuerdos prohibidos.
Mientras antiguas fuerzas observan desde las sombras, personas marcadas por la pérdida, la culpa y la soledad intentan seguir adelante en un mundo que lentamente comienza a desmoronarse.
Esta es la historia de quienes existieron antes de la tragedia. Antes de los bucles. Antes de que alguien pudiera regresar de la muerte.

NovelToon tiene autorización de kingofcurses_rb. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5: La espada del alba

Los días continuaron pasando dentro del santuario.

Y poco a poco…

la tensión pareció desaparecer.

Las lluvias terminaron. Las flores volvieron a abrirse cerca del lago. Y el pequeño pueblo élfico recuperó parte de su tranquilidad habitual.

Cecilia seguía viviendo como cualquier niña.

Corría por el bosque. Leía historias absurdas sobre dragones. Molestaba a su padre cuando intentaba descansar. Y acompañaba a su madre prácticamente a todas partes.

Aunque…

las miradas seguían existiendo.

A veces silenciosas. A veces incómodas.

Pero Cecilia había comenzado a acostumbrarse.

O al menos… intentaba ignorarlas.

Aquella tarde ambas caminaban entre pequeños puestos cerca de la plaza principal del santuario.

El aire olía a pan recién hecho y frutas silvestres mientras pequeños espíritus luminosos flotaban alrededor de los árboles gigantes.

Cecilia sostenía una bolsa llena de dulces mientras caminaba feliz junto a su madre.

—No deberías comer tantos.

—Papá dice que el azúcar ayuda a pensar.

—Tu padre también se comió cinco postres ayer.

—Entonces significa que funciona.

La mujer soltó una pequeña risa cansada.

—Definitivamente eres hija de ese hombre…

Cecilia sonrió orgullosa.

Y entonces…

su expresión cambió ligeramente.

Porque recordó algo.

Algo que había escuchado tiempo atrás.

La niña levantó lentamente la mirada.

—Madre…

—¿Hm?

—¿Existe alguien capaz de darle pelea a la Maga de la Envidia?

El ambiente pareció quedarse quieto apenas unos segundos.

La madre de Cecilia la observó sorprendida.

—¿Por qué preguntas eso?

—Todos le tienen miedo…

Cecilia abrazó un poco más la bolsa de dulces.

—Y cuando mencionan a Alicia siempre parecen aterrados.

Su madre permaneció en silencio unos momentos.

Luego comenzaron a caminar nuevamente.

—Sí. Existe alguien.

Los ojos amatista de Cecilia brillaron llenos de curiosidad.

—¿De verdad?

—Existe una capital llamada Ostrum.

El viento movió suavemente el cabello negro de ambas.

—Y allí existe un linaje de caballeros conocido como la Casa Espada del Alba.

Cecilia escuchaba completamente atenta.

—Son considerados los mejores caballeros del continente. Generación tras generación han protegido reinos enteros.

La niña abrió un poco los ojos.

—¿Son tan fuertes?

—Mucho.

Su madre sonrió suavemente.

—Entre ellos siempre nace alguien especial. Un representante. El portador del manto.

El ruido de la plaza continuaba alrededor de ellas.

—A esa persona se le conoce como el Caballero Santo. El guerrero bendecido por la Diosa de la Tierra.

Cecilia imaginó inmediatamente un enorme héroe brillante montando un dragón.

—¡Eso suena increíble!

La mujer soltó una pequeña risa.

—Supongo que sí.

Entonces Cecilia inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Quién carga el manto ahora?

La madre de Cecilia guardó silencio unos segundos.

Y luego sonrió.

—La primera mujer en portar el título.

Los ojos de Cecilia brillaron aún más.

—¿Una mujer?

—Sí. Anastasia Artea del Alba.

El viento sopló suavemente alrededor de ellas.

—Una mujer hermosa de cabello plateado y ojos azules.

Cecilia parecía fascinada.

—Dicen que incluso los monstruos retroceden cuando desenvaina su espada.

La niña imaginó inmediatamente una heroína legendaria atravesando montañas.

—¡Quiero verla algún día!

—Quizás tengas oportunidad.

Su madre observó el cielo mientras hablaba.

—Actualmente vive en Ostrum junto a su padre, Lucios… y su esposo Daniel.

La voz de la mujer sonaba tranquila.

Pero había cierta admiración genuina en ella.

—Y están esperando el nacimiento de uno de sus hijos.

Cecilia sonrió curiosa.

—¿Ya tiene nombre?

—Sí.

La madre de Cecilia sonrió apenas.

—Ren Artea del Alba.

El viento recorrió lentamente la plaza.

Y por algún motivo…

ese nombre permaneció extrañamente grabado dentro de la mente de Cecilia.

Como si el destino acabara de mover una pequeña pieza invisible dentro de un tablero gigantesco.

Capítulo 5

La espada del alba — Parte 2

La plaza del santuario seguía llena de vida.

Algunos niños elfos corrían entre los árboles mientras comerciantes acomodaban frutas y objetos mágicos sobre pequeñas mesas de madera.

Cecilia caminaba lentamente junto a su madre.

Pero su mente seguía atrapada en aquella historia.

La Casa Espada del Alba. Ostrum. El Caballero Santo.

Y especialmente…

ese nombre.

Ren Artea del Alba.

La niña levantó nuevamente la mirada.

—Madre…

—¿Sí?

—¿Algún día tendré la oportunidad de conocerlos?

La mujer pareció sorprendida por la pregunta.

Luego sonrió suavemente.

—Quizás.

Cecilia inmediatamente se emocionó.

—¡¿De verdad?!

—El mundo es mucho más pequeño de lo que parece a veces.

El viento movió lentamente las hojas sobre ellas.

—Aunque también es mucho más cruel.

La niña inclinó ligeramente la cabeza confundida.

Pero su madre simplemente siguió caminando.

—La Casa Espada del Alba rara vez abandona Ostrum sin motivo. Especialmente Anastasia.

—¿Porque protege la capital?

—Sí.

La mujer observó a Cecilia de reojo.

—El título de Caballero Santo no es solo fuerza. También significa cargar responsabilidades enormes.

La niña escuchaba completamente fascinada.

—¿Entonces ella protege a todos?

—Intenta hacerlo.

Aquellas palabras fueron suaves.

Más realistas que idealistas.

Porque incluso alguien como Anastasia no podía salvar a todo el mundo.

Cecilia permaneció pensativa unos segundos.

—Entonces… si ella pelea contra la Maga de la Envidia…

La niña bajó ligeramente la voz.

—¿Quién ganaría?

El ambiente pareció enfriarse apenas un instante.

Su madre guardó silencio.

Y eso sorprendió a Cecilia.

Porque normalmente siempre tenía respuestas.

Finalmente…

la mujer habló.

—No lo sé.

La niña abrió ligeramente los ojos.

—¿Ni siquiera el Caballero Santo podría vencerla?

La mujer observó el cielo unos segundos.

—Alicia no es un monstruo común.

Su voz era tranquila. Seria.

—La Envidia es una calamidad.

El viento recorrió lentamente la plaza.

—Algunas personas dicen que es inmortal. Otras dicen que puede romper el espacio y el tiempo. Y algunos creen que ni siquiera debería existir.

Cecilia abrazó lentamente su bolsa de dulces.

—Entonces da miedo…

—Sí.

La respuesta fue inmediata.

Pero entonces…

la madre de Cecilia sonrió suavemente.

—Aunque incluso así… todavía existen personas capaces de enfrentarse a ella.

La niña levantó la mirada nuevamente.

—¿Anastasia?

—Ella es una de esas personas.

La mujer cerró lentamente los ojos unos segundos.

—Y probablemente… su hijo también lo será algún día.

Cecilia sonrió emocionada.

—¡Entonces Ren será increíble!

—Probablemente.

La niña comenzó a caminar hacia adelante imaginando todo tipo de historias absurdas.

Caballeros. Espadas legendarias. Dragones. Monstruos gigantes.

Su madre observó aquella sonrisa inocente con ternura.

Y al mismo tiempo…

con tristeza.

Porque Cecilia todavía no entendía algo.

Las personas capaces de enfrentarse a monstruos…

normalmente terminaban cargando vidas terribles.

Muy lejos del santuario…

en la enorme capital de Ostrum…

una mujer de cabello plateado entrenaba sola bajo una lluvia intensa.

Cada movimiento de su espada hacía temblar el aire.

Sus ojos azules eran increíblemente serios.

Fríos.

Perfectamente concentrados.

Anastasia Artea del Alba.

La Espada Santa.

Y dentro de aquella enorme mansión…

una pequeña habitación ya había sido preparada para un niño que todavía no nacía.

Sobre la cuna descansaba un pequeño símbolo dorado de la Casa Espada del Alba.

El nombre del futuro heredero ya estaba escrito.

Ren.

Mientras tanto…

muy lejos de ahí…

Cecilia seguía caminando feliz junto a su madre sin saber que aquel niño y ella estaban destinados a cambiarse mutuamente la vida muchos años después.

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