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La Menor De Los Sergeyev

La Menor De Los Sergeyev

Status: En proceso
Genre:Mafia / Omegaverse / Romance
Popularitas:328
Nilai: 5
nombre de autor: milu carrera

Isabella Sergeyev huyó de Rusia después de la muerte de su abuela, cargando una culpa que la convirtió en una alfa fría y despiadada. Tres años después, un problema relacionado con la explotación de omegas la obliga a regresar al mundo que abandonó. Pero entre enemigos ocultos, secretos y una guerra que crece en silencio, Sasha se convierte en la única persona capaz de romper las murallas que Isabella construyó alrededor de sí misma.

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capitulo 5

El aroma volvió antes que el recuerdo.

  Isabella estaba en su despacho cuando lo sintió otra vez. No era una fragancia artificial como las de “Eclipse”. No era el perfume de lujo que flotaba en las fiestas privadas. Era algo más limpio. Más suave.

  Más real.

  Cerró los ojos un segundo.

  Y lo vio.

  El omega del collar.

  La mirada firme bajo la aparente sumisión.

  Habían pasado apenas doce horas desde su visita al antro, pero la imagen seguía clavada en su mente como una astilla.

  —Maldita sea… —murmuró.

  No era debilidad.

  Era intuición.

  Y su instinto rara vez se equivocaba.

  —Hazme un favor —ordenó a uno de sus hombres al entrar en la sala de reuniones—. Quiero información completa de todos los omegas registrados en Eclipse.

  —¿Todos, jefa?

  —Todos.

  No explicó por qué.

  No necesitaba hacerlo.

  Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, la noche terminaba para algunos… y comenzaba para otros.

  El omega del collar estaba sentado frente a un espejo iluminado. Las luces blancas no suavizaban nada: ni el cansancio bajo los ojos, ni la tensión constante en los hombros.

  Una mujer mayor entró al camerino.

  —Te tocó la sala privada anoche. El jefe estaba satisfecho.

  El omega no respondió.

  —¿Me escuchaste?

  Una pausa.

  —Sí.

  La voz era baja.

  Demasiado suave.

  La mujer rodó los ojos.

  —Recuerda tu lugar.

  Cuando la puerta se cerró, el omega se quedó mirando su reflejo.

  Lentamente, levantó la mano y tocó el collar.

  No era pesado.

  Pero quemaba.

  En el pequeño espejo, su cabello caía sobre los hombros, largo y oscuro. Sus facciones eran delicadas. Demasiado delicadas para el mundo en el que estaba.

  En el pasillo alguien gritó:

  —¡Sasha! Te están buscando.

  Sasha.

  Ese era el nombre que usaban allí.

  Un nombre que no era completamente suyo.

  Pero era lo único que le quedaba.

  Respiró hondo.

  Y se levantó.

  Dos días después, Isabella regresó a Eclipse.

  Esta vez no pidió permiso.

  Entró como quien ya es dueña del lugar.

  Viktor apareció de inmediato.

  —Señorita Sergeyev. No esperaba verla tan pronto.

  —No vine a conversar —respondió ella—. Quiero uno de tus omegas.

  El silencio cayó como un disparo.

  Viktor sonrió lentamente.

  —Interesante.

  —No es una negociación.

  —Todo aquí es una negociación.

  Isabella dio un paso al frente.

  —El del collar fino. Cabello oscuro.

  Viktor la observó con atención.

  —Ah… Sasha.

  El nombre resonó.

  Isabella no mostró reacción.

  —Es especial —continuó él—. Muy solicitada.

  —Precio.

  —No está en venta.

  La temperatura en la habitación descendió.

  —Todo está en venta —replicó Isabella.

  Viktor inclinó la cabeza.

  —No cuando representa poder.

  Eso confirmó lo que ella sospechaba.

  No era solo prostitución.

  Era control estratégico.

  —Quiero verla —dijo Isabella.

  Viktor dudó apenas un segundo.

  Luego asintió.

  Sasha fue llevada a una sala privada.

  Cuando entró, no levantó la mirada de inmediato.

  —Tienes visita —dijo uno de los guardias.

  La puerta se cerró.

  Silencio.

  Sasha alzó la cabeza.

  Y se encontró con ella.

  Isabella.

  Vestida de negro. Imponente. Letal.

  Pero sus ojos… no eran los de un cliente.

  No eran ojos de deseo.

  Eran ojos que evaluaban.

  Que medían.

  Que protegían.

  Sasha sintió algo extraño en el pecho.

  —¿Sabes quién soy? —preguntó Isabella.

  Sasha asintió levemente.

  —Sí.

  —¿Te obligan a estar aquí?

  La pregunta fue directa. Peligrosa.

  Sasha vaciló.

  Las cámaras.

  Los micrófonos.

  Siempre había algo.

  Pero cuando volvió a mirar a Isabella… algo en su expresión le dio valor.

  —No estoy aquí por elección.

  Las palabras fueron apenas un susurro.

  Pero bastaron.

  Isabella dio un paso más cerca.

  El aroma del omega era más claro ahora. Más evidente.

  Y entonces lo sintió.

  No era un omega masculino.

  El patrón era diferente.

  Más sutil.

  Más profundo.

  Sus ojos se afilaron apenas.

  —¿Cuánto tiempo? —preguntó Isabella.

  —Un año.

  Un año.

  Un año encerrada.

  Un año marcada.

  —¿Tu nombre real es Sasha?

  Una pausa.

  Muy leve.

  —Es el que me dejaron.

  Esa frase golpeó algo dentro de Isabella.

  Porque entendía lo que era perder un nombre.

  Perder una parte de uno mismo.

  —Escúchame con atención —dijo Isabella en voz baja—. Voy a sacarte de aquí.

  Sasha la miró como si no supiera si creerle.

  —Nadie sale de aquí —susurró.

  Isabella sostuvo su mirada.

  —Yo sí entro y salgo donde quiero.

  Por primera vez, algo parecido a esperanza brilló en los ojos de Sasha.

  Pequeño.

  Frágil.

  Pero real.

  Desde la oficina superior, Viktor observaba a través del monitor.

  Sonreía.

  —Así que te interesó… —murmuró.

  Eso podía jugar a su favor.

  Porque si la gran Isabella Sergeyev tenía una debilidad…

  él la usaría.

  Cuando Isabella salió de la sala, Milan la esperaba afuera.

  —¿Qué hiciste?

  —Confirmé lo que sospechábamos.

  —¿Y?

  Isabella se detuvo.

  —No es solo un negocio.

  —Ya lo sabíamos.

  Ella negó lentamente.

  —No. No lo sabíamos.

  Milan notó el cambio en su expresión.

  —¿Qué viste ahí dentro?

  Isabella miró hacia la puerta cerrada.

  —Una razón.

  Y por primera vez en tres años, el fuego en sus ojos no era solo rabia.

  Era propósito.

  La guerra ya no era solo por territorio.

  Era por Sasha.

  Y Viktor acababa de cometer el peor error posible:

  convertir el corazón de una alfa en campo de batalla.

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