Enya una humana trasmigrada al mundo animal despierta en el cuerpo de una hembra leopardo de las nieves raza casi extinta en ese mundo, marginada por ser considerada fea, pero al ser víctima de las intrigas de su media hermana Enya al caer al agua descubre que no es fea solo está sucia, un día en su cueva toma un baño y descubre que posee una belleza hechizante conoce a sus maridos bestia, guiada por su guía bestial para ganar fuerza en esa tierra extraña dónde las bestias tienen forma humana formara vínculos con los machos más fuertes,descubriendo su verdadera forma bestial y su verdadero origen en las tierras nevadas de las montañas ocultas.
tendrá la opción de quedarse con la vida que construyo en el mundo de las bestias con sus maridos o regresar a su mundo original donde era una chaebol de primera generación
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NO SOY LA MISMA DE ANTES.
Enya, perra fea sal ahora, se oyó un grito desde la entrada de la cueva.
Me levanté y salí para ver quién estaba haciendo tanto escándalo. A la entrada estaban Eva, mi hermanastra; Lin, su macho; y Vea, su amiga cercana.
—Oh, Enya, querida hermana, pensé que te habían devorado los salvajes dijo Eva con las lágrimas asomándose por la comisura de sus ojos—. ¿Cómo puedes ser tan insensible con tu hermana, Enya?
Se preocupa tanto por ti
—Aparte de fea, eres tonta —dijo Vea, mirándome con arrogancia. Creyéndose superior.
¿De qué rayos estás hablando? Ustedes son los que vinieron a gritar como locos a mi cueva.
—Enya, solo estás resentida porque mi corazón pertenece a Eva dijo Lin, atrayéndola hacia sus brazos.
—¿Estás loco? ¿Acaso te has visto en un espejo? Eres tonto.
Enya pensó que este Lin no era para nada atractivo; en Seúl sería considerado feo.su piel era ligeramente bronceada, sus ojos un poco separados, nariz ancha y su cuerpo era delgado; casi no tenía músculos.
De repente sentí desprecio por la dueña anterior; sus estándares eran tan bajos. Yo, una chaebol de primera generación deseada por muchos, mis estándares de belleza eran demasiado altos
—Ya basta, largo de aquí; si quieren montar un numerito, háganlo en otro lugar —dije sosteniendo un gran hueso en la mano.
Al ver que su intención era golpearlos, se miraron entre sí. Eva vio la determinación en su rostro gritó: "¿Estás loca? ¿Acaso quieres matarme?
—Lárguense o no respondo; son ustedes los que me molestan dijo Enya enojada y gritando—. No tenía intención de soportar las humillaciones que sufría la dueña anterior; —si regresan, no respondo.
Salieron corriendo al ver que Enya hablaba en serio. Solo a Eva la fulmino con la mirada y murmuro: "Me las pagarás.
Mientras tanto, al otro lado de la aldea, Félix estaba recostado en su forma de bestia leopardo sobre un gran árbol, pensando en Enya y en el aroma que emanaba de ella. Lo sintió aún más fuerte cuando montaba sobre su lomo; sentía como si la sangre le hirviera.
—No puede ser que me guste esa hembra tan fea y sucia. —¿Acaso he permanecido soltero tanto tiempo?
Se rio para sí mismo, movió la cabeza al escuchar que alguien se acercaba, alzó la nariz y sus pupilas se contrajeron al sentir aquel aroma que estaba recordando hace un momento. —Es la hembra fea —balbuceó.
—¿Cómo era su nombre? —pensó. Enya; el nombre pasó por su memoria brevemente
—¿Pero qué hace? —¿A dónde va? —murmuró en voz baja—
Enya había salido de la cueva y caminaba hacia una gran cascada que recordaba haber visto cuando llegaba a la aldea.
Necesito asearme rápidamente; mi olor es fatal, murmuraba Enya, caminando a paso veloz
—Maldijo internamente a la Enya anterior por estar cubierta de tanto lodo. Gracias a Dios, había encontrado unas pieles limpias mientras limpiaba y organizaba la cueva. Casi derramaba lágrimas de felicidad; estaba en una tierra diferente de donde sacaría ropa limpia.
Iba tan perdida en sus pensamientos que no se percató de que unos pares de ojos la seguían desde la distancia.
Félix la seguía desde lejos, saltando sobre las ramas de los árboles; sentía curiosidad por ver qué haría esa extraña hembra fea. Casi abandonó la idea de seguirla, pero al ver que se dirigía a la cascada, el sitio le dio aún más curiosidad.
Al llegar, Enya se sentó sobre una gran roca; observaba su reflejo en el agua; seguía sin creer lo que había pasado; aquel rostro le resultaba tan desconocido.
Tocaba su cola y orejas; se preguntaba si era siquiera posible que existieran personas con esas características extrañas que solo había leído en novelas de fantasía.
De repente, su rostro se iluminó. —¿Acaso es lo que creo que es? —dijo emocionada y se levantó de un salto.