Jinxiao Gu y Lin Hao, mejores amigos y esclavos corporativos, deciden renunciar a todo tras un escándalo en su empresa. Buscando escapar de la realidad, se refugian en una novela absurda… pero un accidente termina con sus vidas.
Al despertar, descubren que han transmigrado dentro de esa historia.
Ahora, son suegro y yerno.
Atrapados en una trama llena de rivalidad, tragedia y un destino fatal que ambos conocen, deberán encontrar la manera de cambiar el rumbo de la historia… antes de repetir el mismo final.
NovelToon tiene autorización de Gabitha para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
DE COMPRAS ENTRE HERIDAS.
¿Cómo conquistas a la familia de tu esposo?
Algunos pensarían que con regalos caros, con comida deliciosa… o simplemente con gestos de humildad y generosidad que aprendiste en un hogar funcional.
Pero si lo piensas bien…
Es imposible conquistar algo que no está dispuesto a ceder.
En el caso de los suegros, existen dos tipos.
Los buenos, que desde que te conocen, observan tu comportamiento y dicen: “Este es el correcto.”
Y están los otros… los que se interponen en la relación solo por diferencias de clase, orgullo o intereses.
En cualquiera de los casos, al casarte aceptas compartir tu vida con esas personas.
En el caso de Jinxiao y Lin…
A ellos les tocó lo primero.
Una suegra y abuela que escucha.
Que comprende.
Y que está dispuesta a intervenir… incluso contra su propia sangre.
—Me alegra que se lleven mejor —dijo Yan, caminando entre ambos mientras ellos le daban el paso con cuidado.
—Abuela, creemos que lo mejor es llevarnos bien —respondió Lin con un tono sorprendentemente maduro—. Después de todo, debemos vivir en la misma casa.
—Solo queremos estar bien… con nosotros mismos —añadió Jinxiao, bajando ligeramente la mirada.
Yan los observó con una mezcla de alivio y tristeza.
—Sé que ha sido difícil para ustedes… esos dos son un par de hombres sin cerebro.
—Sin cerebro… y sin empatía alguna —susurró Lin por lo bajo.
Jinxiao, que lo escuchó perfectamente, le dio un leve codazo.
—Compórtate…
Lin solo sonrió de lado.
—Mamá… ¿por qué querías venir hoy de compras? —preguntó Jinxiao, cambiando el tema.
Yan levantó su tarjeta con una sonrisa elegante.
—¿Para qué más? Para gastar dinero.
Lin no lo dudó ni un segundo.
Sus ojos brillaron.
—¡Abuela, vamos por aquí! —dijo, prácticamente arrastrándola de tienda en tienda.
Entraban.
Salían.
Probaban ropa.
Compraban sin mirar precios.
Mientras tanto, Jinxiao caminaba más despacio.
Observando.
Pensando.
A diferencia de Lin, él solo tomaba lo necesario.
Ropa cómoda.
Algunas prendas elegantes.
Nada exagerado.
—Eres demasiado moderado —comentó Yan en un momento.
—Estoy acostumbrado a vivir con lo justo —respondió con sinceridad.
Yan no dijo nada.
Pero su mirada se suavizó.
Después de un rato, decidieron detenerse en un pequeño local de comida.
—Voy por la comida —dijo Lin, alejándose con energía.
Jinxiao se quedó sentado junto a Yan.
El ambiente cambió.
Se volvió más íntimo.
Más serio.
—Jin… disculpa que pregunte —dijo Yan con suavidad—. ¿Cómo te has sentido?
Jinxiao se tensó levemente.
—Estoy bien… eso creo.
—¿Por qué la pregunta?
Yan tomó su mano con delicadeza.
—Sé que no debería meterme… pero Quian me habló de la pérdida del bebé.
El mundo de Jinxiao pareció detenerse.
—Sé que estabas muy emocionado con la noticia… —continuó ella—. Si te sientes mal, no dudes en decírmelo, hijo.
Jinxiao tragó saliva.
No sabía qué responder.
No sabía cómo sentirse.
Pero aun así…
Asintió.
—Gracias…
Yan le dio una leve caricia antes de levantarse.
—Voy al baño, regreso enseguida.
En cuanto se alejó, Lin volvió con la comida.
—Lin… —dijo Jinxiao en voz baja—. La señora me preguntó acerca de un bebé.
Lin se quedó quieto.
—¿Qué le dijiste?
—Que estoy bien… solo eso.
Lin suspiró.
—Te lo explico rápido… —dijo, sentándose frente a él—. ¿Recuerdas que te dije que tu familia te presionaba para tener un hijo con Quian?
Jinxiao asintió.
—Hace dos meses hubo una celebración en la mansión. Tu esposo cayó en una trampa con drogas… y tú… bueno… ustedes durmieron juntos.
Jinxiao frunció el ceño.
—¿Y entonces…?
—El Jinxiao de esta historia quedó embarazado —continuó Lin—. Pero hace un mes… en medio de una pelea… cayó por las escaleras.
El silencio se volvió pesado.
—Perdiste al bebé.
Jinxiao bajó la mirada lentamente.
—…Ya veo.
—En otras palabras —añadió con voz más baja—, lo de hoy era para que “despejara la mente”.
—Podría decirse…
Lin lo observó con seriedad.
—Pero la señora Yan… es realmente buena con nosotros. Cuando eso pasó… fue ella quien se encargó de todo.
—¿No sabes qué ocurrió exactamente? —preguntó Jinxiao, señalándose a sí mismo.
Lin negó.
—Sé que caíste por las escaleras… pero no logré ver si se reveló quién te empujó o la razón
Ambos se miraron.
—Entonces…
—Sí… —murmuró Lin—. Tal vez por eso ella nos apoya tanto con el divorcio.
El silencio volvió.
Pero esta vez…
Era más oscuro.
Más peligroso.
Yan regresó.
—Abuela, te traje esto —dijo Lin, cambiando su expresión al instante y entregándole un plato.
—Gracias, mi niño —respondió ella con una sonrisa.
Continuaron comiendo.
Hablando.
Comprando.
Riendo.
Como si nada estuviera mal.
Como si todo fuera normal.
Pero no lo era.
Al final del día, regresaron a la mansión.
Cargados de bolsas.
Ropa nueva.
Un nuevo guardarropa completo, ya que el anterior se había perdido en su intento de huida.
—Lo material viene y va —dijo Yan con una sonrisa—. Espero que les guste lo que les compré.
Los sirvientes apenas podían con todo.
"Compró medio centro comercial…", pensó Jinxiao con algo de vergüenza.
Al entrar, notaron algo.
Quian y Liang ya no estaban arrodillados.
Ahora estaban en la sala.
Trabajando.
Como si nada hubiera pasado.
Como si sus esposos no hubieran intentado escapar de ellos horas antes.
—¿Quién compró todo eso? —preguntó Liang al ver las bolsas.
—¿Quién más, tonto? Mi querida abuela —respondió Lin sin detenerse, subiendo las escaleras.
—Papá… ¿no planeas decir nada? —insistió Liang.
Quian levantó la mirada lentamente.
Sus ojos se fijaron en Jinxiao.
—¿Hubo algún problema?
Jinxiao sostuvo su mirada.
Sin miedo.
—Para nada. Todo bien.
Y sin decir más, subió las escaleras junto a Lin.
Ambos entraron a la habitación.
Organizaron todo con ayuda de los sirvientes.
Prendas nuevas.
Zapatos.
Accesorios.
Todo en su lugar.
Pero la calma… no duró mucho.
Porque esa noche…
Nada terminaría en paz.
Hasta que todos estuvieran en sus habitaciones.
Hasta que la oscuridad cubriera la mansión.
Hasta que el silencio… se volviera incómodo.
Quian y Liang subieron finalmente.
Pero al entrar…
Se detuvieron.
Ambos omegas estaban en la misma habitación.
Acostados.
Con mascarillas en el rostro.
Y sin ninguna intención…
De separarse.
El aire se volvió tenso.
Pesado.
Y por primera vez…
Los cazadores sintieron…
Que la presa ya no era tan fácil de controlar.
Resumen simple, si los despide, les tiene que pagar igual☺️
llámenme si necesitan abogada/Kiss/
motivos muy buenos🥲