Morí… y ahora soy la esposa omega del villano.
Según la historia, debía morir.
Según yo, voy a conquistarlo primero.
El problema…
Es que el villano empezó a obsesionarse conmigo antes de lo previsto.
Y ahora no sé quién está reescribiendo a quién.
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Capítulo 5: Que Todo el Imperio Lo Sepa
Si alguien me hubiera dicho hace una semana que terminaría asistiendo al consejo imperial del brazo del villano más temido del imperio, habría pedido pruebas médicas.
Y sin embargo, aquí estaba.
Sobreviviendo.
Prosperando.
Y aparentemente… convirtiéndome en el centro de un conflicto político no planeado.
La noticia tardó menos de un día en expandirse.
“El duque está encaprichado.”
“El omega lo manipuló.”
“El heredero perdió influencia.”
Encaprichado.
Manipulador.
Perdió influencia.
Me serví té con total tranquilidad mientras escuchaba a las damas cuchichear en el jardín interior.
Si iban a hablar, al menos que lo hicieran cerca.
Una de ellas, con demasiado valor y poca prudencia, se acercó con sonrisa afilada.
—Señor Elian, debe ser difícil adaptarse a asuntos tan… complejos.
Sonreí dulcemente.
—Oh, no tanto. Escuchar es más útil de lo que parece.
Parpadeó.
—Claro… pero los asuntos políticos pueden ser peligrosos para alguien delicado.
Delicado.
Ah, cómo les encantaba esa palabra.
Incliné ligeramente la cabeza.
—¿Delicado? —miré mis manos—. Supongo que sí. Aunque mi esposo parece confiar bastante en mi criterio.
Silencio incómodo.
La dama forzó una sonrisa.
—Por supuesto. El duque siempre ha sido… impredecible.
Ah.
Ahí estaba.
El comentario disfrazado.
Antes de que pudiera responder, una sombra familiar cayó sobre nosotras.
Cassian.
No dijo nada al principio.
Solo observó.
La dama inclinó la cabeza de inmediato.
—Su Excelencia.
—¿Interrumpo? —preguntó con voz suave.
Demasiado suave.
—No, mi señor —respondió ella rápidamente—. Solo conversábamos.
Cassian desvió la mirada hacia mí.
—¿Conversación interesante?
Lo miré con inocencia calculada.
—Mucho. Aprendí que soy delicado.
Un silencio breve.
Luego Cassian habló con total naturalidad:
—Entonces supongo que debo ser cuidadoso.
La dama pareció aliviada.
Hasta que añadió:
—No quiero que nadie olvide que lo que es mío no tolera descuidos.
El jardín entero quedó en silencio.
Yo tuve que morderme el interior de la mejilla para no sonreír demasiado.
La dama se retiró con una reverencia más profunda de lo necesario.
Cuando quedamos solos, lo miré de reojo.
—Eso fue dramático.
—Fue claro.
—Te estás divirtiendo un poco, ¿no?
Sus labios se curvaron apenas.
Apenas.
—Tal vez.
Oh.
Eso era nuevo.
En la novela original, Cassian era serio hasta el punto de lo ridículo.
Este Cassian…
Se estaba permitiendo pequeñas libertades.
—Me subestiman —comenté mientras caminábamos.
—Lo sé.
—¿Te molesta?
—Me resulta útil.
Lo miré.
—¿Útil?
—Cuando te subestiman, no ven venir el golpe.
Sonreí lentamente.
—¿Estás insinuando que planeas algo?
—Siempre planeo algo.
Por supuesto que sí.
Pero había algo distinto.
No era el cálculo frío del villano clásico.
Era más… protector.
Más estratégico a mi favor.
Mientras cruzábamos el corredor principal, escuchamos pasos firmes.
Adrian Laurent apareció al final del pasillo.
Perfectamente sincronizado.
Como si el destino insistiera en mantenerlo en escena.
—Duque —saludó con cortesía—. Señor Elian.
Sonreí con amabilidad genuina.
—Heredero.
Cassian permaneció neutral.
Adrian me observó un segundo más de lo normal.
No con deseo.
Con análisis.
—He oído que su participación en el consejo fue… notable.
Ah.
Así que los rumores ya llegaron.
—¿Notable? —pregunté con suavidad—. Espero que en buen sentido.
Adrian sonrió levemente.
—Digamos que inesperada.
—Las sorpresas mantienen interesante la política —respondí.
Cassian habló entonces.
—¿Necesita algo, heredero?
Directo.
Adrian mantuvo la compostura.
—Solo quería confirmar que la reforma comercial sigue en discusión.
—Lo está.
Breve. Cortante.
Adrian guardó silencio unos segundos.
Luego me miró.
—Espero que podamos conversar en otro momento, señor Elian.
Oh.
Ahí está.
Invitación diplomática.
En la historia original, este era el punto donde la cercanía comenzaba a formarse.
Yo incliné la cabeza.
—Con gusto. Siempre disfruto una buena conversación.
Sentí el cambio en el aire.
No miré a Cassian.
Pero lo sentí.
Adrian se despidió con elegancia.
Cuando desapareció por el pasillo, el silencio fue… interesante.
—Siempre disfrutas una buena conversación —repitió Cassian.
—¿Te molesta?
—No.
Pausa.
—Depende de con quién.
Reprimí una sonrisa.
—No puedes prohibirme hablar con personas.
—No lo haré.
Oh.
Interesante respuesta.
Me detuve y lo miré directamente.
—Entonces, ¿qué harás?
Sus ojos descendieron hacia mí con calma peligrosa.
—Haré que no quieran acercarse demasiado.
Mi corazón dio un pequeño salto divertido.
—Eso suena ligeramente amenazante.
—Lo es.
No pude evitar reír.
No era una risa burlona.
Era ligera.
Y por un segundo, Cassian me miró como si no entendiera el sonido.
—¿Qué es tan gracioso?
—Tú.
Parpadeó.
—¿Yo?
—Estás intentando ser intimidante y protector al mismo tiempo. Es adorable.
Silencio.
Su expresión quedó completamente inmóvil.
—No soy adorable.
—Un poco sí.
Se inclinó ligeramente hacia mí.
—Elian.
Su tono era advertencia.
Pero sus ojos no estaban fríos.
Estaban… confundidos.
Y eso era incluso más peligroso que la posesión.
Porque la confusión implica sentimiento.
Seguimos caminando.
Esta vez más cerca.
Sin que él lo ordenara.
Sin que yo lo provocara.
Simplemente… natural.
Esa tarde recibí una carta anónima.
Breve.
“Un omega no debería olvidar su lugar.”
La leí dos veces.
Luego tres.
Y suspiré.
—Qué falta de creatividad —murmuré.
Cassian estaba en el despacho cuando entré sin tocar.
Alzó la mirada.
—¿Ocurre algo?
Le entregué la carta.
La leyó una vez.
Su expresión no cambió.
Pero el aire sí.
—¿Te preocupa? —preguntó.
—No especialmente.
Silencio.
—Debería preocuparme?
Sus ojos se volvieron fríos.
—No permitiré que te intimiden.
—No me intimidan.
Me observó unos segundos más.
Evaluando.
—Lo sé.
Eso fue inesperado.
—¿Entonces?
—Entonces encontraré quién la envió.
Suspiré.
—No necesitas iniciar una guerra por un papel anónimo.
Se levantó.
—No es por el papel.
Se acercó hasta quedar frente a mí.
—Es por el mensaje.
Mi pulso se aceleró un poco.
—No soy tan frágil.
—Nunca dije que lo fueras.
Silencio.
—Pero no tolero desafíos indirectos.
Ah.
Ahí está el villano.
Pero esta vez, la amenaza no era por orgullo.
Era por mí.
—Cassian —dije suavemente.
Me miró.
—Estoy bien.
Su expresión se suavizó apenas.
—Lo sé.
Su mano subió hasta acomodar un mechón de mi cabello detrás de mi oreja.
Un gesto simple.
Extrañamente íntimo.
—Pero yo no estoy bien con eso.
Y ahí comprendí algo.
No se trataba solo de posesión.
Se trataba de elección activa.
Me estaba integrando a su mundo.
Y eso generaba fricción.
Pero también… equilibrio.
—No puedes protegerme de todo —murmuré.
—No lo intentaré.
Sus ojos descendieron ligeramente.
—Solo de lo innecesario.
Sonreí.
—Eso suena razonable.
Silencio.
Luego añadí:
—Aunque si sigues así, empezarán a decir que estás enamorado.
Error estratégico.
Muy error estratégico.
Sus pupilas se dilataron apenas.
—¿Y eso te molestaría?
Mi respiración se volvió más lenta.
—No respondas con otra pregunta.
—Respóndeme.
Maldita sea.
Intenté mantener el tono ligero.
—Sería problemático para tu reputación.
—Mi reputación no me preocupa.
—¿Qué te preocupa entonces?
Silencio.
Un segundo demasiado largo.
—Tú.
Mi corazón dio un golpe seco.
Pero antes de que el momento se volviera demasiado serio, carraspeé.
—Bueno, eso suena excesivo.
Sus labios se curvaron apenas.
—Lo es.
Y lo dijo sin vergüenza.
Sin drama.
Simplemente como un hecho.
Y eso, de alguna manera, fue más impactante que cualquier declaración apasionada.
Cassian D’Avermont no era un hombre de exageraciones emocionales.
Si decía algo así…
Lo pensaba.
—Entonces será mejor que me acostumbre —murmuré.
—Será mejor que no me des motivos para preocuparme más.
Sonreí con inocencia.
—No prometo nada.
Sus ojos brillaron.
—Lo imaginé.
Y por primera vez desde que desperté en este mundo, no sentí que estaba luchando contra un destino escrito.
Sentí que estaba construyendo uno nuevo.
Con un villano que comenzaba a disfrutarlo tanto como yo.
Y eso…
Eso definitivamente no estaba en el guion original. 😏🔥
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