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El Velo Del Crepúsculo

El Velo Del Crepúsculo

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Mundo de fantasía / Fantasía épica / Completas
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Darany Jimenez

El equilibrio del mundo se fractura cuando fuerzas antiguas despiertan desde el Velo que separa las realidades.
Silvan y Amara no confían el uno en el otro, pero el destino los obliga a luchar juntos mientras los reinos los señalan como una amenaza.
Cuanto más intentan separarlos, más evidente se vuelve que su vínculo no es casualidad, sino parte de un diseño prohibido que podría salvar el mundo… o destruirlo.
Perseguidos, marcados y temidos, deberán decidir entre huir solos o permanecer juntos y enfrentar una convergencia que cambiará la realidad para siempre.
El mundo teme su poder.
Ellos temen lo que empieza a nacer entre ambos.
Y el Velo observa.

NovelToon tiene autorización de Darany Jimenez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5-El umbral del amanecer

El bosque tardó en recuperar su respiración.

Después de que el último eco del latido desapareciera, el claro quedó suspendido en una quietud extraña. No era paz… era una pausa. Como si el mundo entero estuviera decidiendo qué hacer a continuación.

Incluso la luz parecía contenerse. La luna rojiza se filtraba entre las ramas con un brillo amortiguado, incapaz de imponerse sobre la densidad del aire. Cada partícula parecía cargada de memoria, como si el bosque recordara algo que preferiría olvidar.

Silvan y Amara permanecieron inmóviles frente al monolito.

La superficie oscura ya no brillaba, pero su presencia seguía pesando en el ambiente. No era una simple piedra: era una ausencia sólida, una herida antigua que acababa de abrir los ojos. Silvan sentía su eco vibrar bajo la piel, un pulso distante que insistía en hacerse notar.

Fue el primero en hablar.

—Esto se extenderá —dijo con voz baja—. Lo siento… como una grieta.

Las palabras parecieron hundirse en el silencio.

Amara observó el borde del claro. Allí, las sombras no se comportaban con naturalidad. Permanecían demasiado quietas… demasiado densas, como si observaran.

—Y lo que cruce esa grieta no distinguirá entre nuestros pueblos —respondió.

Un murmullo recorrió las copas de los árboles. No era viento. Era algo más profundo: una reacción instintiva del bosque. Raíces invisibles parecían tensarse bajo la tierra, como si la propia vida vegetal intentara protegerse.

Sus miradas se encontraron.

No había necesidad de más palabras. Ambos comprendían que aquello no era un incidente aislado. Habían tocado una estructura antigua, una frontera que llevaba eras sosteniéndose en silencio.

Un viento frío atravesó el claro.

No descendió desde el cielo: surgió del suelo, reptando entre las piedras y apagando el débil resplandor de los símbolos. Las runas se extinguieron una a una, como ojos que se cerraban.

El bosque parecía agotado… pero alerta.

Silvan ajustó su postura, tratando de ignorar el peso que sentía en el pecho.

—Debo volver —dijo finalmente—. El consejo tiene que saberlo antes de que esto crezca.

Amara asintió, aunque una sombra de preocupación cruzó su expresión. Sus dedos se tensaron levemente, como si quisiera decir algo más y lo reprimiera.

—Malakor sentirá el cambio —murmuró—. Él siempre ha estado atento a estas… rupturas.

El nombre quedó suspendido en el aire como una advertencia.

Silvan dio un paso hacia ella, deteniéndose a una distancia prudente. La tensión entre ambos no era hostilidad… era reconocimiento. Dos voluntades conscientes de que el mundo acababa de inclinarse ligeramente fuera de su eje.

—Entonces ambos tenemos advertencias que llevar —dijo.

Amara sostuvo su mirada.

—Y decisiones que tomar.

El silencio que siguió no fue incómodo. Era denso, cargado de entendimiento. Sabían que aquel encuentro —y lo que habían despertado— los había unido a un destino compartido, aunque sus caminos se separaran ahora.

La luna comenzó a perder su tono rojizo, retornando lentamente a su brillo habitual. Con ella, el bosque recuperó sonidos dispersos: hojas agitándose, insectos probando el aire, criaturas que se atrevían a respirar otra vez.

Pero algo había cambiado.

El claro ya no se sentía como antes. El espacio parecía más profundo… como si ocultara capas invisibles.

Amara retrocedió un paso hacia la penumbra.

—Esto no fue un accidente —dijo—. El bosque nos llevó allí.

Silvan asintió lentamente.

—Y ahora espera que respondamos.

Un crujido suave surgió entre los árboles. Ambos giraron la cabeza al mismo tiempo, tensándose. Nada emergió… pero la sensación de ser observados permaneció. No era una presencia hostil. Era… paciente.

El monolito parecía escuchar.

Por un momento, ninguno se movió. Era la conciencia clara de que su próxima acción marcaría lo que vendría después. El destino no gritaba… esperaba.

Amara inclinó levemente la cabeza.

—Cuídate, rastreador.

Silvan respondió con una leve sonrisa cansada.

—Hasta el próximo crepúsculo.

Ella se desvaneció entre las sombras con la suavidad de una llama que se apaga. No hubo ruido de pasos. Solo ausencia.

Silvan permaneció unos segundos más.

Escuchó.

El bosque respiraba… pero su ritmo era distinto. Más profundo. Más atento. Como si cada árbol hubiera abierto un ojo invisible.

Finalmente se dio la vuelta.

Cada paso hacia la frontera llevaba consigo el eco del monolito. El latido antiguo aún resonaba en su pecho, recordándole que algo se había abierto… y que no volvería a cerrarse con facilidad.

A mitad del camino, sintió un pulso leve bajo sus botas.

No era temblor.

Era respuesta.

Silvan no miró atrás.

Cuando cruzó el límite del territorio elfo, el aire cambió. El peso disminuyó apenas lo suficiente para permitirle respirar… pero la sensación de vigilancia permaneció.

Y en lo profundo del bosque, algo —o alguien— despertó con plena conciencia.

El bosque no volvió a dormir.

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Mónica viviana Motta
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