en un mundo alternó, entre guerras de imperios la pas solo se logrará con alianzas matrimoniales y Zaidymar decide sacrificarse por su padre y hermano.
el emperador del reino frio casi los mata en la batalla y ahora ese emperador lo que más desea es matar a su padre.
no pudo humillarlo en el campo de batalla, pero tratará de hacerlo con su hija, verlos arrodillados a sus pies es lo que más desea.
¿lo logrará o Zaidymar será su dolor de cabeza?
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CAPÍTULO 05
El hombre sentía el dolor del corte, nunca espero que esa mujer lograra someterlo de esa manera, contrajo su quijada y con una voz ronca y amenazante dijo.
-soy Dante, el emperador de este reino, tú eres mi concubina y será mejor que me sueltes o las consecuencias serán malas para ti; si me matas tu reino la va a pasar mal, sin hablar de lo que mi gente te hará. –
Zaidymar al escuchar quien era sonríe con descaro y quita la daga de su cuello, se baja de encima, se sienta en la cama con una tranquilidad.
-Dante, no solo tu cuerpo es bonito, tambien tienes lindo nombre, pero me alegra que mi hombre no sea un viejo feo y gordo.
La verdad tenía miedo de que mi hombre fuera feo, pero ahora que te conozco pienso que Sali ganando, eres bastante atractivo, nuestros hijos serán lindos, porque yo soy hermosa y tú eres hermoso, ya me imagino como será nuestro primer bebé.
Soy una mujer con suerte, cuando esas jovencitas que me molestaban se enteren de que mi hombre es realmente imponente se van a morir de la envidia.
Dante ¿no piensas ponerte de pie? ¿te vas a quedar en el suelo? Yo no puedo levantarte soy una mujer delgadita, débil y delicada, tú eres un hombre bastante musculoso, con un peso que me supera. –
Dante levanta su cabeza y la mira tan tranquila que lo dejo sin palabras; molesto le dice.
-Desata mis manos de una vez, antes de que me moleste más contigo. –
Zaidymar le sonríe con un descaro al momento que le dice.
-Dante, no seas tan delicado, eso no es nada para ti, puedes desatarte solito, mi hombre no puede ser un mediocre que una atadura tan simple lo haga quedarse sin saber que hacer. –
Dante la miro como si la quisiera matar, era tan descarada al hablarle y eso solo lo molestaba; con una facilidad desata sus manos, se levanta y se acerca a ella con una fiereza, quería intimidarla, verla temblar del miedo, pero ella apenas estuvo a medio paso de cerca lo tomo de la mano y lo jalo hasta hacerlo sentar a su lado.
Al momento que lo sentó a su lado, antes de que él dijera algo empezó a decir.
-Pensé que no vendrías a verme, que me dejarías como una concubina olvidada y que pasaría mi mejor tiempo en esta torre solita, per mírate estas aquí, seguro es porque mi belleza te cautivo y no pudiste resistirte, tuviste que venir a verme, a cumplir con tus deberes ¿verdad? –
Dante estaba tan sorprendido con sus palabras que por alguna extraña razón lo hacía olvidar su enojo, lo desarmaba y lo seducía, porque, si era una mujer hermosa, con su cabello rojizo como el fuego intenso, su piel blanca y esos ojos grandes color grises.
Era una mujer encantadora a simple vista y tenía una boca afilada, algo que hacía que Dante se quedara sin saber que decir o hacer, porque la idea de ir a buscarla no era para cumplirle, solo quería hacerla hablar, que le dijera que no era la hija del general, que la había suplantado, al final no pudo decirle nada, se sentía tan intimidado, que rápido se levantó y se alejó de ella, al mismo tiempo le dijo.
-Tú no eres una mujer recatada, te faltan modales y hablas sin pudor, alguien así no puede ser la hija del gran general del reino verde ¿Quién eres? –
Zaidymar lo miraba con atención, suelta una risita al escuchar lo que le dice y divertida empieza a decirle.
-Dicen que las personas pensamos a como actuamos, como dice el dicho, “el león piensa que todos son de su condición” pero tranquilo, si soy la hija de mi padre el gran general.
Mi padre es un hombre con honor y nunca haría algo que manchara su palabra, me mandaron como sacrificio del reino, es lo que decían, pero ahora que te miro creo que esto no es para nada un sacrificio.
Ser la concubina de un hombre tan guapo es algo bueno, ahora solo tengo que ganarme tu favor, si pasas tiempo conmigo te darás cuenta de que soy lo mejor que a llegado a tu vida, quedaras enamorado de mi encanto, de mi chispeante personalidad, soy única en este mundo. –
Dante mira como ella se sienta seductoramente con su pierna cruzada y lo que más lo incomodaba era que esa tela delgada se pegaba a su delicada figura haciéndola ver tan tentadora, que lo hizo tragar saliva por el deseo que le provoco.
-Ere una mujer loca y descarada, será mejor que no vuelva a verte, quédate en este lugar, no te permito que vayas a ningún otro logar del castillo, tengo que pensar en lo que voy a hacer contigo antes que tu locura llega a mi gente. –
No pudo decir más, salió rápido de ahí, solo pensaba en alejarse de esa mujer que lo ponía nervios, que lo estaba haciendo perder su control y que lo hacía sentir indefenso; era ridículo, nunca nadie lo había intimidado de esa manera y una vez que pudo respirar el aire frio sus pensamientos volvieron a su control.
Fue al campo de entrenamiento, tomo su espada y empezó a practicar para sacarse de encima lo que estaba sintiendo; estaba molesto consigo mismo, esa mujer lo había controlado desde el momento que lo miro y lo que más lo enfurecía era que lo había sometido hasta el punto de haber dejado su vida en sus manos.
Mientras agitaba esa espada con furia recordaba lo que había pasado, tratando de entender como lo había golpeado, no lograba entender por qué había bajado su guardia.
Estaba tan sumergido en sus pensamientos que no se dio cuenta cuando su mano derecha y menor amigo llego hasta que lo escucho decir.
-Dante, ¿Qué te paso en el cuello? Estas sangrando, deja de practicar con la espada ven para que el medico te cure esa herida. –
Rene alterado grito a uno de los caballeros que estaba cerca para que trajera al médico. Hizo que Dante dejara la espada, el medico reviso la herida y una vez que se quedaron solos le pregunto.
- ¿Qué te paso? Es raro que tu tengas una herida como esa, es como si alguien te la hubiera hecho y eso es imposible, el demonio de la guerra ni siquiera en el campo de batalla pueden con él. –
Dante sintió vergüenza, realmente no quería que nadie se diera cuenta de lo que le paso, que una mujer como esa tan flaca como un palo seco logro someterlo y lo que era peor lo amarro con una facilidad, que lo hizo ver como un niño bajo sus manos.
Se quedó callado esquivando su mirada sin saber que responderle.