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El Despertar Del Príncipe

El Despertar Del Príncipe

Status: En proceso
Genre:Romance / Mundo mágico / Fantasía LGBT
Popularitas:882
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

⚠️✅️Sam y Norman comienzan a saciar su sed de aventura, lejos de su amada familia. El camino comienza a dificultarse, pero cuatro almas sellan sus destinos.✅️⚠️

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Lucien Blackshield

El desfiladero se abrió paso hacia un valle que el tiempo parecía haber olvidado. El aire aquí no era gélido, sino denso, cargado de un aroma a piedra antigua y a una magia que se negaba a morir. Frente a ellos, emergiendo de la niebla como un esqueleto, se alzaban las ruinas del Reino de los Blackshield.

Lo que alguna vez fueron torres que rascaban el cielo ahora eran columnas truncadas cubiertas por una vegetación de color azul oscuro. Los puentes blanquecinos, que según las leyendas brillaban de noche, estaban partidos a la mitad, cayendo sobre un río que corría en silencio.

Sam se detuvo en seco. Su corazón, que latía con fuerza desde que cruzaron la frontera, sintió una presión insoportable. No tenía visiones claras, no había imágenes nítidas de bailes o coronas, pero había algo peor: una sensación de vacío, de un hogar que le había sido arrebatado antes de que pudiera conocerlo. El rubí en su pecho latía con una luz intermitente, como un faro buscando una costa que ya no existe.

-Es aquí.- Susurró Sam, con la voz quebrada.

Lin y sus cazadores se desplegaron en formación defensiva, pero sus rostros no mostraban agresividad, sino un respeto reverencial. Incluso para hombres entrenados en la Orden de la Luz, las ruinas de los Blackshield eran un lugar sagrado y temido.

-He leído sobre este lugar en los archivos prohibidos.- Dijo Lin, acercándose a Sam -Decían que aquí la luz y la sombra vivían en equilibrio, hasta que la envidia de los reinos vecinos trajo la ceniza.-

De repente, de entre las sombras de una arcada en ruinas, aparecieron figuras humanas. No eran soldados, sino personas vestidas con mantas andrajosas, de rostros cansados y ojos que habían visto pasar demasiados inviernos. Eran el pueblo del olvido, los descendientes de aquellos que sobrevivieron a la masacre hace dieciocho años.

Un anciano, apoyado en un bastón de madera, dio un paso adelante. Sus ojos nublados por las cataratas se fijaron en el grupo, y luego, con una lentitud que erizó la piel de todos, se posaron en Sam.

-¿Es posible?- La voz del anciano era un susurro que el viento pareció amplificar -¿Han vuelto los dioses a escucharnos?-

El grupo de personas se acercó con cautela. Una mujer joven, que cargaba a un niño pequeño, soltó un grito ahogado al ver el rostro de Sam.

-Es el rostro del Rey Aethelgard.- Murmuró la mujer, cayendo de rodillas -Sus mismos ojos... la misma mirada de quien nació para proteger.-

Sam dio un paso atrás, abrumado.

-Yo... yo no sé quiénes son ustedes. No recuerdo este lugar. Soy solo un campesino de un valle lejano.-

El anciano negó con la cabeza, una lágrima recorriendo su mejilla surcada de arrugas.

-No necesitas recordar con la cabeza lo que la sangre ya sabe, muchacho. Hace dieciocho años, este valle ardió. Los traidores de los Reinos del Este rompieron las puertas. Vimos cómo mataban a tus soberanos, al Rey Aethelgard y a la Reina Elara, en los mismos peldaños del trono. Pero la reina... ella logró entregarte a una guardia de honor. Te envolvieron en mantas y juraron que un día el heredero de los Blackshield regresaría para despertar la piedra.-

Alaric, que se mantenía a pocos metros, oculto parcialmente por la sombra de una torre caída, observaba la escena con una mezcla de orgullo y dolor. Sabía que este momento era necesario. Sam tenía que enfrentar el peso de su linaje antes de que pudieran reclamar el futuro.

-Diles quién eres, Sam.- Dijo Alaric, su voz resonando en el valle como el trueno -Diles que el príncipe ha vuelto.-

El anciano se acercó a Sam y, con dedos temblorosos, tocó la tela que cubría el rubí carmesí.

-Esta piedra... no es solo una joya. Es el Corazón del Reino. Solo un Blackshield puede portarla sin ser consumido por su poder. Si estás aquí, es porque la tierra te ha llamado.-

Sam miró a su alrededor. Vio a la gente, los sobrevivientes que habían vivido entre las ruinas durante casi dos décadas, esperando una señal que nunca llegaba. Vio a Norman, que lo miraba con los ojos llenos de lágrimas, y a Lin, que mantenía su mano en el pecho en señal de respeto.

-Cuéntame- Pidió Sam, su voz volviéndose más firme -Cuéntame cómo cayó este lugar.-

El anciano suspiró, invitándolos a sentarse alrededor de un fuego pequeño que ardía en lo que alguna vez fue el salón de banquetes.

-Fue una noche de tormenta, muy parecida a la de tu nacimiento.- Comenzó el anciano -La traición vino de adentro. Alguien abrió las puertas de hierro. Los soberanos no tuvieron tiempo de defenderse. Los mataron porque sabían que su linaje era demasiado poderoso para ser controlado. Destruyeron todo, quemaron las bibliotecas, derribaron las estatuas... querían borrar el nombre de los Blackshield de la historia. Pero no pudieron borrar el amor de la gente.-

Sam sentía que el suelo bajo sus pies vibraba. No era su imaginación, era la magia de las ruinas respondiendo a su presencia. Cada palabra del anciano era como una pieza de un rompecabezas que se encajaba en su pecho, justo donde el rubí latía con fuerza.

-Dicen que el día que los soberanos murieron, la ciudad se hundió en una neblina eterna.- Continuó el anciano -Solo el verdadero heredero podrá despejarla. Solo él podrá activar el mecanismo de las Puertas de Blancas y reclamar lo que queda de nuestra gloria. Príncipe Lucien Blackshield.-

Sam se puso en pie, mirando hacia el centro de las ruinas, donde una estructura masiva de piedra y cristal todavía se mantenía en pie a pesar de los siglos. Sabía que ese era el lugar del trono.

-No tengo recuerdos de mis padres.- Dijo Sam, mirando a Alaric y luego a su gente -No recuerdo sus rostros ni sus voces. Pero siento su dolor aquí.- Se tocó el pecho -Y siento la responsabilidad por cada uno de ustedes. Si mi sangre es la llave, entonces abriré todas las puertas que sean necesarias.-

Norman se acercó a él y le tomó la mano.

-No estás solo, Sam. Tienes a tu hechicero, tienes a tus cazadores... y tienes a tu sombra.-

Lin se adelantó, desenvainando su espada y clavándola en la tierra frente a Sam.

-Capitán Lin y la Guardia de la Luz Desertora se ponen a sus órdenes, Príncipe Lucien Blackshield. Nuestra vida por su corona.-

Los cazadores siguieron el ejemplo de su líder, arrodillándose en un silencio solemne. El pueblo del olvido hizo lo mismo, inclinando sus cabezas ante el joven que vestía ropas humildes pero que emanaba la luz de mil reyes.

Alaric caminó desde las sombras y se colocó detrás de Sam, poniendo una mano pesada y protectora sobre su hombro.

-El mundo está a punto de recordar por qué los Blackshield eran los guardianes de este equilibrio, Sam. Prepárate. El despertar no será pacífico.-

Sam asintió, mirando hacia las ruinas que ahora, bajo la luz del atardecer, parecían empezar a brillar con un suave tono violeta. Ya no era solo un viaje de paisajes, era una guerra por la identidad. El príncipe había vuelto a casa, y aunque las piedras estaban rotas, el espíritu del reino estaba más vivo que nunca.

Esa noche, mientras los sobrevivientes compartían lo poco que tenían con el grupo, Sam se quedó mirando la gran puerta de cristal del palacio. Sabía que dentro le esperaban las respuestas sobre Malric, sobre sus padres y sobre el poder que Alaric decía sentir en su sangre.

El amanecer traería un reto: Sam tendría que usar el rubí para reclamar el trono, un acto que enviaría una señal a todo el continente. La Orden de la Luz y los traidores que mataron a sus padres sabrían que Lucien Blackshield estaba vivo.

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Maru19 Sevilla
Empezamos con esta nueva historia, inicia muy bien 👏👏👏
Skay P.: ¡Gracias cielo!😍
total 1 replies
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