Sandra, una joven diseñadora floral con un pasado que la persigue, se aferra a la idea de reencontrarse con Guillermo, su primer amor. La vida los separó abruptamente años atrás, dejándola con un vacío y preguntas sin respuesta. Ahora, el destino los cruza de nuevo en la vibrante escena artística de la ciudad. Guillermo, un exitoso arquitecto, carga con sus propias cicatrices y la culpa de una partida inesperada. A medida que sus caminos se entrelazan, el deseo de revivir su pasión es innegable.
NovelToon tiene autorización de Lina Garizao para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 21
Guillermo sintió que se le helaba la sangre al ver los documentos que Zaira extendía sobre la mesa. Antes de que pudiera siquiera mirarlos, ella comenzó a hablar con ese tono dulce y preocupado que usaba para disfrazar sus intenciones.
—Mira, amor —empezó ella, señalando los papeles—. No quería meterme en tu trabajo, pero cuando vi que confiabas tanto en ella, me preocupé. Descubrí que hace años tuvo problemas económicos muy graves, que tuvo que pedir préstamos que tardó años en pagar. Hay incluso rumores de que aceptó trabajos poco claros para salir adelante. Y su amiga... Leondra... tiene antecedentes por difundir información falsa para beneficio propio.
Guillermo miró los papeles, reconociendo que muchos datos eran ciertos, aunque presentados de forma descontextualizada. Sabía que las dificultades de Sandra no eran más que el reflejo de su valentía para sacar adelante a su familia, pero Zaira lo presentaba como prueba de falta de ética y moralidad.
—Todo esto no significa nada, Zaira —respondió él con firmeza—. Sandra pasó por momentos difíciles y los superó con esfuerzo. Eso solo demuestra su fuerza.
—¿De verdad crees eso? —ella fingió sorpresa y tristeza—. O tal vez solo estás cegado por lo que sentiste por ella hace años. Piensa, Guillermo: ahora que tiene la oportunidad de trabajar contigo, de acceder a clientes importantes y ganar mucho dinero... ¿no crees que podría estar interesada solo en lo que tú puedes darle?
Esa noche, Zaira no se detuvo solo en las palabras. Había preparado un plan mucho más elaborado para socavar la posición de Sandra. A partir de ese momento, empezó a manipular cada situación posible.
Primero, se encargó de que llegaran a la oficina informaciones alteradas: presupuestos modificados, especificaciones cambiadas, detalles que hacían parecer que Sandra cometía errores graves.
Un día, mientras preparaban una presentación para los clientes Montenegro, Sandra llegó con sus diseños listos, pero al abrirlos, descubrió que las hojas habían sido cambiadas por otras con errores garrafales.
—¿Qué es esto, Sandra? —le preguntó Guillermo, confundido, cuando vio el contenido.
Ella miró los papeles con estupor.
—¡Esto no es lo que preparé! Alguien cambió mis diseños.
—Seguro que fue un error de la asistente —intervino Zaira, que había aparecido "casualmente" en la oficina—. Aunque tienes que tener más cuidado, querida. Los Montenegro son muy exigentes, y un error así podría costarte la reputación.
Otra vez, durante una visita al terreno, Zaira se las arregló para que los materiales que Sandra había pedido llegaran tarde y de mala calidad, haciendo parecer que ella no sabía gestionar los proveedores.
—Es extraño —comentó Zaira en presencia de Guillermo—. He escuchado que algunas floristas pequeñas usan proveedores baratos para ganar más dinero. No pensé que tú fueras una de ellas.
Cada situación estaba calculada para sembrar la duda. Ante los clientes, Zaira siempre aparecía como la voz prudente, advirtiendo sobre posibles fallos, mientras que Sandra quedaba como alguien inexperta o poco profesional. Ante Guillermo, alternaba comentarios sutiles con muestras de apoyo, haciendo parecer que solo quería protegerlo y proteger el proyecto.
Sandra sabía que algo extraño estaba pasando, pero no podía demostrar nada. Cada vez que intentaba explicar lo que pasaba, todo parecía una cadena de coincidencias desafortunadas. Y aunque Guillermo quería creer en ella, las dudas que Zaira había sembrado poco a poco empezaban a hacer mella en su mente.
Las semanas siguientes se convirtieron en una auténtica pesadilla para Sandra. Por más cuidado que ponía en cada detalle, por más que revisaba sus diseños, sus presupuestos y sus listas de materiales, siempre aparecía algo mal, algo que la ponía en evidencia. Zaira actuaba como una sombra, apareciendo en el momento exacto, diciendo las palabras precisas para convertir cualquier contratiempo en una prueba de la supuesta incompetencia o mala intención de la joven diseñadora.
Una tarde, se reunieron en la oficina para ultimar los detalles de la zona de eventos, la parte más importante del proyecto. Sandra traía consigo planos nuevos, muestras de plantas y un cronograma detallado de trabajo. Estaba segura de que esta vez todo saldría bien, pero en cuanto empezó a exponer, notó que Guillermo la miraba con una expresión seria, casi distante.
—Sandra —la interrumpió él cuando terminó de hablar—. Zaira me comentó que ayer recibiste una oferta de otra empresa, mucho más grande y mejor pagada. ¿Es cierto?
Sandra frunció el ceño, confundida.
—Sí, es verdad, pero la rechacé inmediatamente. Este proyecto es mi prioridad, y además... —se detuvo, mirándolo directamente a los ojos— ...quiero terminar lo que empecé aquí.
—¿Estás segura? —preguntó él, y ella pudo notar la sombra de duda en su voz—. Ella me dijo que tal vez estás buscando otras opciones porque este trabajo no te resulta tan rentable como esperabas.
—¡Eso no es verdad! —exclamó Sandra, sintiendo cómo la frustración le subía por la garganta—. ¿Acaso crees que solo me muevo por dinero? Tú me conoces, Guillermo. Sabes que mi trabajo es mi pasión, no una forma de enriquecerme.
En ese momento, Zaira entró en el despacho con una sonrisa tranquila, como si no supiera nada de la conversación.
—¿Ya hablan de la oferta? —preguntó ella con inocencia fingida—. Solo se lo comenté a Guillermo porque me preocupaba que te estuvieras sobrecargando de trabajo, o que necesitaras más recursos de los que podemos ofrecerte. Solo intentaba cuidar los intereses del proyecto.
—Claro —respondió Sandra, con un tono que delataba que ya se daba cuenta de lo que estaba pasando—. Siempre cuidando los intereses, ¿verdad?
Pero Zaira no se inmutó. Siguió hablando, dirigiéndose a Guillermo:
—También me enteré de que tuviste problemas para pagar algunas facturas hace poco. Quizás por eso buscas más ingresos. Yo te entiendo, Sandra, de verdad. Pero en un proyecto de esta magnitud, necesitamos personas que estén comprometidas al cien por cien, sin distracciones ni necesidades que puedan influir en sus decisiones.
Cada palabra era un golpe certero. Zaira usaba información real, pero la interpretaba a su favor, convirtiendo las dificultades de Sandra en pruebas de falta de compromiso o de intereses ocultos. Guillermo, que quería confiar plenamente en ella, empezaba a sentirse dividido. Por un lado, conocía su carácter, sabía que era honesta y trabajadora. Pero por otro, la evidencia que le presentaban día tras día, sumada a las dudas que Zaira había sembrado sobre su pasado, empezaba a hacer mella en su mente.
Esa noche, cuando se quedó sola en su casa, Sandra llamó a Leondra, desesperada.
—Ella me está destruyendo poco a poco —le contó con voz quebrada—. Todo lo que hago, todo lo que digo, lo convierte en algo negativo. Y Guillermo... empieza a creerle.
—Claro que lo hace —respondió su amiga con rabia—. Porque ella juega sucio, y tú juegas limpio. Pero no te rindas, Sandra. Tarde o temprano, todo sale a la luz. Y cuando eso pase, veremos quién es la que realmente tiene malas intenciones.