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Aprendiendo A Amar

Aprendiendo A Amar

Status: En proceso
Genre:Completas / Amor eterno
Popularitas:21.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Aram526

—Pablo Santander es un enólogo y bodeguero muy conocido en su pueblo, y un día, rescata a su sobrina Antonella de un orfanato, quien vivió situaciones traumáticas, pero es carismática y sonriente. Con el paso del tiempo, Antonella va viendo la rivalidad en la que se ve involucrada sin desearlo.
Muchos adolescentes/jóvenes inexpertos descubriendo el amor por otro lado.
—<<<Rivalidades, amor, amistad, amor sano, romance, amistad, romance estilo "RyJ", infidelidades, dr, problemas de autoestima, mafia, negocios, realismo, bodegas, viñedos, familia disfuncional, clasismo, amor eterno, etc>>>
—Idioma: español (Argentina)
—Pueblo de Buenos Aires.
—Ambientado en: Junio 2002- Febrero 2006.
—Cantidad de temporadas: 4.
—Duración de capítulos: 45/50 minutos.

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T1 E5

*Una hora después, Gina sale del cuarto de Antonella con una expresión de alivio. Lorenzo y Pablo estaban sentados afuera del cuarto, muy preocupados*

Gina: Ya está, chicos, cálmense. El médico dijo que solo fue un golpe, ella se va a poner bien.

Pablo: ¿Cómo pudo pasar esto?

Gina: Tranquilo, Pablo, ya está.

Pablo: No, Gina, no está nada. Me siento muy culpable.

Gina: ¿Por qué?

Lorenzo: Papá, Antonella se sintió mal, por eso se fue. La culpa no es tuya ni de ella.

Pablo: Pero yo tendría que haberme dado cuenta de que se sentía mal, y haberla acompañado.

Gina: No vale la pena que te eches culpas, Pablo. La culpa es de quien sea que haya entrado a robar. Mirá, hasta eso podría ser culpa mía, porque la ventana de la cocina y del cuarto de Antonella quedaron abiertas y me olvidé cerrarlas.

Pablo: Yo prometí que iba a cuidarla y no iba a dejar que le pasara nada. Ni siquiera pasó una semana y ya rompí esa promesa.

Lorenzo: Pero papá, ¿Vos cómo lo podrías haber sabido? Ella no le dijo nada a nadie de que se sentía mal. Ni siquiera a mí, y eso que le pregunté.

Pablo: Le pudo haber pasado algo peor que esto. Eso sí que no me lo iba a perdonar.

Gina: Mirá, Pablo. Vos venís haciendo un trabajo excelente con Antonella. Y se nota que ella ya te agarró cariño por eso. Se nota cómo sonríe, cómo está con vos. El primer día que vino no sonreía así.

Lorenzo: Eso es verdad, fijate que ahora ella te quiere acompañar a todas partes, por ejemplo.

Gina: Entonces no te sientas culpable por esto que pasó hoy. No es que le fallaste o algo así por no haberla cuidado. Estoy segura de que ella agradece tu forma de ser con ella, y todo lo que hiciste por ella.

Pablo: [con lágrimas en los ojos] Yo solo no quiero que vuelva a pasarle las cosas que le pasaban antes, quiero que ella sea feliz acá, que pueda tener una vida diferente.

Gina: Y lo estás logrando, Pablo. No sientas que retrocediste solo por esto. Antonella es demasiado afortunada al haberte cruzado.

Pablo: ¿En serio lo pensás así?

Gina: ¡Ay, pero claro!

*Gina le apoya la mano en el hombro y le da un apretón reconfortante*

Gina: Vos sabés que no soy muy demostrativa, pero vos sos un gran hombre, Pablo. Una gran persona.

Pablo: Ay, Gina, me vas a hacer emocionar...

Gina: Bueno, no nos pongamos sentimentales, eh. Ya aguantaste mucho estrés por hoy. ¿Por qué no nos vamos a acostar?

Pablo: [mirando hacia el cuarto de Antonella] ¿Y Antonella?

Gina: Mañana hablás con ella. Dijo el médico que la dejemos descansar.

Pablo: [suspirando] Bueno, vamos entonces.

Lorenzo: Uff, al fin me voy a sacar esta corbata que me está ahogando desde hoy...

*Cada uno se fue a su respectivo cuarto*

*Al día siguiente, a las 9 de la mañana, Antonella despertó lentamente, sintiéndose desorientada. Se sentó en la cama, llevándose una mano a la cabeza para aliviar el dolor*

Antonella: [confundida] Ay... ¿qué pasó? ¿En qué momento me quedé dormida?

*Se tocó la cabeza, tratando de recordar*

Antonella: Solo sé que ese no fue un sueño tan reparador...

*Se levantó de la cama, todavía sosteniéndose la cabeza, y se cambió de ropa. Minutos después, bajó las escaleras hasta el comedor*

*Al llegar, vio a su familia desayunando, sus rostros mostraban una mezcla de preocupación y estrés. Sin embargo, Antonella sonrió y se acercó a ellos*

Antonella: ¡Hola!

Pablo: ¡Antonella, hola!

Gina: [preocupada] ¿Cómo te sentís, nena? ¿Te duele mucho la cabeza?

Antonella: ¿Cómo sabías? Sí, me duele un poquito... "questo è tutto"... *riendo*

Lorenzo: Uy, se le desconfiguró el idioma. ¿Habrá que llevarla a un hospital?

Pablo: [molesto] Lorenzo, no es hora de chistes, dejala tranquila. Ella habla así.

Gina: ¿No te acordás de lo que pasó ayer, nena?

Pablo: ¿No te acordás que nos intentaron robar?

*Antonella frunció el ceño, tratando de recordar. Después de unos segundos, sus ojos se abrieron con sorpresa*

Antonella: ¡Ah, claro! ¡Sí, me acuerdo!

Lorenzo: ¿Y por qué te desmayaste?

Antonella: No sé... yo me acuerdo que al entrar, había alguien hurgando en toda la casa, entonces yo quise pelear con él, y... no sé si me caí para atrás o qué pasó...

Gina: ¿Cómo que peleaste con él?

Pablo: ¡Antonella, eso fue muy riesgoso!

Lorenzo: ¿Y si te hacía algo peor? ¡No tenés ni idea de quién es la persona que entró!

Antonella: No sé, yo no quería que les robaran, y como intentaron forzar la caja fuerte, yo no quería que...

Lorenzo: [interrumpiéndola] Pará, pará, ¿qué dijiste? ¿La caja fuerte?

Antonella: Sí, la caja fuerte. Igual creo que no consiguió abrirla. ¿Por?

Lorenzo: La caja fuerte... papá, ¿te podés dar cuenta?

Pablo: [confundido] ¿De qué?

Lorenzo: Esa persona hurgó toda la casa, sin embargo no robó nada, pero intentó forzar la caja fuerte.

Pablo: ¿A qué querés llegar?

Lorenzo: ¡A que es evidente quién entró y para qué!

Pablo: Explicate mejor...

Lorenzo: ¡Ahí adentro está la fórmula! ¡En los cajones hay plata, pero eso no lo robaron! ¡Date cuenta!

Pablo: ¿Decís que entraron para robarse la fórmula? ¿Y quién, según vos?

Lorenzo: ¿Querés un nombre? Con gusto te lo doy. Mariano Santana.

*Antonella se quedó escuchando atentamente, sorprendida por la acusación*

Pablo: Lorenzo, cortala, dejá en paz a ese chico.

Lorenzo: ¡No lo dejo en paz! ¡Es obvio que él entró a robar! ¿Cómo era la persona, Antonella?

Antonella: [titubeando] Ehh... era un hombre, por su contextura, pero no tengo idea de su cara ni apariencia, estaba disfrazado.

Pablo: ¿Ves? No tenés cómo saber quién fue.

Lorenzo: ¡Papá, dale! ¡No necesito que me diga la descripción para saber que fue él! ¡Porque yo lo conozco! ¡Quiere vengarse de nosotros y quedarse con lo que nos pertenece, que es la fórmula de todos nuestros vinos!

Pablo: Lorenzo, basta. No podés acusar a ese chico de todo lo que nos pasa. Él no es nuestro único enemigo.

Lorenzo: Pero es un conocido de seguro. ¿O por qué entraron justo anoche? ¡Porque sabían que estábamos en el casamiento de Giuliana!

Pablo: Más de medio pueblo sabía del casamiento de Giuliana. Dejá de hacer tantas teorías.

Lorenzo: ¡Sabés que tengo razón!

Pablo: ¿Sabés qué pasa? Que después te quejás de que él nos acusa de ladrones, y es lo primero que estás haciendo vos.

Lorenzo: ¡A ver! Si no fue él, ¿quién fue? ¡Pensalo así!

Pablo: Ya te dije, cualquiera. Pero si ni siquiera sabemos, no podés solo acusarlo porque se te dio la gana.

Lorenzo: Yo tengo motivos. Y más vale que tengas razón y que él no haya sido, porque sino, lo voy a denunciar.

*Los ojos de Antonella se llenan de sorpresa y preocupación*

Pablo: Lorenzo, intentá relajarte. Ya está. Lo que pasó, pasó. Por suerte no se robaron nada, y Antonella está bien.

*Antonella se fue de allí*

Lorenzo: Papá, ¿vas a dejarla salir de nuevo después de lo que pasó ayer?

Pablo: Dejala, Lorenzo, yo confío en que va a poder cuidarse sola...

Lorenzo: Vos tenés demasiada confianza, ese es el problema.

*Lorenzo se fue corriendo de allí, dejando a Pablo con preocupación y frustración*

*Por otro lado, en la cafetería, había ocho personas sentadas, tomando y comiendo. Antonella entró, algo indecisa pero con una sonrisa en el rostro, y se dirigió hacia Mariano, quien estaba limpiando la mesada*

*Mariano levantó la vista y sonrió al verla*

Mariano: ¡Antonella!

Antonella: [sonriendo] Hola, Mariano.

Mariano: ¿Cómo andás? Ayer fui al festejo de la boda de Giuli y no estabas ahí.

Antonella: Ahh, sí, es que... tenía cosas que hacer, por eso... me hubiera encantado ir...

Mariano: Yo tampoco pude ir mucho tiempo, solo fui a dejarle un regalito y me tuve que ir.

*Antonella se comportaba de manera normal, pero de repente sus expresiones cambiaron, mostrando confusión y desconcierto*

Mariano: ¿Qué pasa, Anto? ¿Por qué te pusiste así?

Antonella: Mariano... ¿qué te pasó en el cuello?

*Mariano se tocó una raspadura en el cuello, algo incómodo*

Mariano: Ah, ¿acá? El otro día me caí de la bici, qué raro que recién ahora lo veas...

Antonella: ¿Pero cómo hiciste para caerte de la bici y lastimarte el cuello?

Mariano: Ay, no sabés, la verdad fue una caída horrible. También me lastimé el brazo, y en la cabeza, pero no pasó a mayores...

Antonella: [sonrisa inocente] Qué raro que no se te aflojó el cuerito...

*Mariano la miró con confusión, intentando entender el chiste*

Antonella: [riendo] Chiste, chiste... Che, Mariano... ¿y qué hiciste anoche?

Mariano: Anoche fui al festejo de Giuli, como ya te dije, le dejé el regalito y me fui a casa de un familiar. Como a la 1 de la madrugada me acosté.

Antonella: Ah, entiendo... y Mariano...

Mariano: Decime, Antonella...

*Antonella se acerca un poco a él*

Antonella: Vos... ¿vos serías capaz de... no sé, lastimar a alguien o... lastimarme a mí...?

Mariano: [desconcertado] ¿Qué?

Antonella: O sea, en un hipotético caso...

*Mariano se acerca a ella, acariciando su mejilla con tristeza*

Mariano: Antonella... ¿cómo decís eso? ¿De verdad pensás que yo podría llegar a lastimarte?

*Antonella se pone nerviosa, y empieza a parpadear muy rápido. Entonces Mariano toma su mano*

Mariano: Decime... ¿vos me ves capaz?

Antonella: [titubeando] Ehh... n-no...

*Segundos después, recupera la compostura, haciéndose la tonta*

Antonella: Es decir... NO. Pienso que no, quiero creer que no... no...

*Mariano sonríe, un poco más aliviado, mientras Antonella agacha la cabeza, pensativa*

*Segundos después*

Mariano: ¿Y sabés algo, Antonella? Ahora que lo pienso bien, no me contaste de vos. Llegaste muy de repente y no sé nada...

Antonella: Ehh... yo...

Mariano: [sonriendo] Contame un poquito, de tu vida y eso... Me interesa saber...

Antonella: Ehh... no sé... ¿qué podría contarte?

Mariano: Por ejemplo, cómo es tu apellido...

Antonella: Sant... Vazquez, Vazquez es mi apellido, ¿y el tuyo?

Mariano: [sonriendo] Santana.

*Antonella se sorprendió, sus ojos se agrandaron por un momento*

Antonella: Entiendo...

Mariano: ¿Y con quién vivís? Me acuerdo que me dijiste que te mudaste.

Antonella: Ehh... vivo con... Con mis padres, ¿con quién más?

*Entonces, Malena llega al lugar y se dirige hacia ellos con una sonrisa sarcástica*

Malena: Bueno, bueno, nos volvemos a cruzar al parecer, ¿no?

Antonella: Ehh, ¿sí?

Malena: Veo que siempre que yo llego estás tonteando con Mariano...

Mariano: [frunciendo el ceño] Malena, ¿qué decís?

Malena: [ignorando a Mariano] ¿No vas a un colegio o algo, chini? Digo, yo te veo edad de 15 años por ahí.

Antonella: ¿Sabés que no? Tengo 17 y en enero cumplo 18.

Malena: Disculpame, por lo petiza parecía eso...

Antonella: [irritada] ¿Tenés algún problema conmigo?

Malena: Ay, era un chiste, 0 sentido del humor, eh. ¿No vas a la escuela? Bueno, de todas formas tampoco me sorprendería, ¿sabés leer, escribir, y todo eso? ¿Sumar, restar, multiplicar...?

*Antonella hizo una sonrisa irónica, claramente furiosa*

Antonella: ¿Sabés que sí? Y también me enseñaron a echarle aceite al perno para que se ablande...

Malena: [confundida] ¿Cómo? No te estaría entendiendo, sweetie...

*Entonces, Antonella abrió una botella de agua helada y le tiró el agua en la ropa y el pelo a Malena. Mariano reaccionó muy sorprendido, mientras Malena se quedó congelada, sorprendida y furiosa*

Malena: ¿¡Qué hacés, turra!?

*Malena y Antonella comenzaron a pelear, empujándose y gritándose. Mariano intentó desesperadamente separarlas*

Mariano: ¡Chicas, basta!

*Mariano agarró a Malena por los hombros mientras Antonella los miraba con indiferencia*

Mariano: ¡Calmense, por Dios! ¿Qué es este papelón?

Malena: [enfurecida] ¡Mirá lo que me hizo esta turra, Mariano!

Antonella: Ay, ¿qué pasa? ¿No te gusta jugar tu propio juego? Seguí siendo así de turra, clasista y discriminadora, total no te vas a ligar ni a un trébol de 4 hojas...

*Antonella se fue de allí, enojada. Malena intentó perseguirla, pero Mariano la agarró con firmeza*

Mariano: ¡Pará, Malena, pará!

Malena: ¿¡No ves lo que me hizo!? ¿¡Por qué a ella no le decís nada!?

Mariano: Estuvo mal, lo admito, pero vos empezaste.

Malena: Ay, me arruinó la ropa... esa ordinaria sin clase...

Mariano: Malena, no podés ir por la vida provocando a la gente y esperar que no te respondan. Vos sabés cómo sos...

Malena: Pero Mariano... ¿te ponés de su lado?

Mariano: Basta, Malena. No me pongo de ningún lado. Tenés que aprender a dejar de meterte con los demás. Y a dejar de ser tan clasista...

*Malena lo miró con resentimiento y decepción en sus ojos*

*Rato más tarde, en casa de los Montero, Giuliana estaba sentada en un sillón mirando la televisión. Ella estaba distraída por el ir y venir de su marido, César, quien no paraba de moverse de un lado al otro, claramente ocupado*

Giuliana: Amor, ¿no querés venir conmigo?

César: No, Giuli, ojalá, pero el trabajo no da tregua...

*César pasó a su lado y Giuliana lo tomó de la mano, intentando detenerlo*

Giuliana: Dale...

*Ella se acercó a darle un beso en el cuello, pero al hacerlo, notó unos rasguños. Sus ojos se llenaron de preocupación mientras César se ponía visiblemente nervioso*

Giuliana: [preocupada] ¿Y esto, mi amor? ¿Qué te pasó acá?

César: [tartamudeando] Ehh... nada, me picó un mosquito mientras dormía, me rasqué y me quedó así, nada más...

Giuliana: ¿Seguro?

César: [forzando una sonrisa] Ay, sí, amor, sabés que no te miento.

Giuliana: Bueno... ¿seguro que no querés venir?

César: No, amor, perdoname. El trabajo es muy importante, es primordial...

Giuliana: [resignada] Entiendo...

*César se despidió con un beso rápido en la mejilla y se dirigió al despacho de Marco. Giuliana lo observó mientras se alejaba, con tristeza*

*Por otro lado, Antonella caminaba por la calle, rumbo a su casa, con el ceño fruncido y los puños apretados de enojo*

*De repente, su teléfono sonó y ella, algo sorprendida, decidió atender*

Antonella: ¿Hola?

Giuliana: ¡Hola, Anto!

Antonella: Ah... ¿Giuliana?

Giuliana: ¡Claro! ¿Querés venir un rato a mi casa?

Antonella: ¿A tu casa?

Giuliana: [entusiasmo] Sí, para que estemos un ratito juntas, veamos unas pelis...

Antonella: [confundida] Pero te acabas de casar... ¿estás segura de que no querés estar con tu esposo, mejor?

Giuliana: Nah, Anto, ni te preocupes. César está más ocupado resolviendo negocios y números que en la pareja. Así que vení si querés, no hay ningún drama.

Antonella: Copado, dale. Me va a venir bien hablar un poco con vos...

Giuliana: ¡Bueno, dale! ¡Te espero, Anto!

Antonella: Chau, Giuli...

*Antonella cortó la llamada y guardó el teléfono en su bolsillo*

*Por otro lado, Pablo estaba sentado en su despacho, pensativo, con los codos apoyados en el escritorio y las manos entrelazadas frente a su rostro. De repente, su teléfono sonó, rompiendo el silencio. Pablo suspiró y atendió la llamada*

Pablo: ¿Hola?

Chiara: ¡Hola, Pablo!

Pablo: Chiara, hola...

Chiara: ¿Cómo andás? Te llamaba porque ayer te fuiste así de la nada, ¿pasó algo?

Pablo: [suspirando] Ahh, no, nada. Es que Antonella se sintió mal y se había ido, y yo también me fui.

Chiara: Ahh, claro... ¿Y Antonella cómo está ahora?

Pablo: No sé, diría que bien.

Chiara: ¿Y vos, cómo andás?

Pablo: También, diría que bien...

Chiara: ¿Bien? ¿O dirías que bien?

Pablo: [suspirando profundamente] Sí, qué sé yo. Ando medio estresado con lo que pasó ayer.

Chiara: [curiosa] ¿Qué pasó ayer?

Pablo: Se ve que por la noche, cuando nos fuimos al festejo, entraron a robar a la casa.

Chiara: [sorprendida] ¿Qué? ¿En serio? No te lo puedo creer, Pablo. ¿Y están todos bien?

Pablo: Ahora sí, ayer no tanto. Antonella se volvió antes, entonces ella vio que nos robaban y se ve que la lastimaron.

Chiara: Ay, Pablo, no lo puedo creer... ¿Antonella está bien, igual?

Pablo: Sí, sí, ahora sí. Por suerte está bien y no se robaron nada.

Chiara: Qué bueno eso... me alegro que estén bien. ¿Quién habrá sido capaz de tal cosa? No suelen pasar estas cosas en el pueblo...

Pablo: [suspiro] No sé, la verdad. Lorenzo está convencido de que fue ese chico... Mariano...

Chiara: [sorprendida] Ah, ¿el amigo de Giuli? ¿Mariano Santana?

Pablo: Sí, ese. Pero no sé, yo no lo creo capaz de tal cosa.

Chiara: Y la verdad es que no sé, Marco y vos lo conocen mejor que yo. Parece ser un chico inocente...

Pablo: Para mí lo es, espero.

Chiara: Pero si es así, tené muchísimo cuidado con Antonella.

Pablo: [confundido] ¿Por qué lo decís?

Chiara: Mirá, no soy chusma, pero esa chica está yendo a su cafetería... Giuli me lo dijo.

Pablo: [sorprendido] ¿Qué? ¿Estás segura?

Chiara: Sí, lo estoy, y si llega a ser como Lorenzo piensa, tengan mucho cuidado...

Pablo: Bueno, gracias por avisarme, lo vamos a tener...

*Pablo colgó la llamada y se quedó pensativo, con el ceño fruncido*

*Por otro lado, en casa de los Montero, Marco y César estaban sentados en el elegante salón, disfrutando de un whisky mientras discutían asuntos de negocios*

Marco: ¿Y, yerno? ¿Cómo te sentís siendo un Montero ahora?

César: [sonriendo] Me siento mejor que nunca... y mire, ya estoy preparado para terminar el asunto de la finca de los Orlani.

Marco: [asintiendo con aprobación] Perfecto. No cabe duda de que ellos nos van a ayudar mucho para nuestra producción. La verdad, me sorprendiste. Sigo sin creer lo bien que manejaste esa compra. ¡A buen precio, y en tiempo récord encima!

César: Esa es mi especialidad... y por cierto, ¿ya tenés la plata? Acordate que quieren todo en efectivo, no en cheque ni nada de eso.

Marco: ¡Pero por supuesto! ¿Por quién me tomás? Mirá, acá tengo un enorme y muy jugoso maletín para ellos.

*Marco se inclinó hacia un lado del sillón y sacó un maletín negro, sólido y pesado. Lo colocó sobre la mesa y lo empujó hacia César*

Marco: Deciles que se lo queden. Cortesía de la casa. Vos me entendés...

*César tomó el maletín con una sonrisa cómplice*

*Los dos hombres se levantaron y se estrecharon las manos, sellando el trato*

Marco: Vamos a hacer grandes cosas juntos, César.

César: No tengo dudas, Marco. Esto es solo el comienzo.

*Ambos se sonrieron*

*Dos horas después, Antonella y Giuliana estaban sentadas en el patio, disfrutando del sol de la tarde mientras charlaban*

Antonella: [sonrisa] ¿Cómo va todo por acá, señorita casada?

Giuliana: Uff, la verdad que bien, hasta ahora.

Antonella: ¿Y? ¿Estás más calmada? ¿Esperando por la aclamada Luna de Miel?

Giuliana: [asintiendo] La verdad es que ya lo tengo planeado, solo resta esperar a que mi papá y César terminen con los negocios.

Antonella: ¿Y por dónde va a ser?

Giuliana: Si logramos irnos de viaje, va a ser seguramente a Roma, en Italia.

Antonella: Dicen que es un lugar muy hermoso... mi padre adoptivo era de Florencia...

Giuliana: [sonriendo] ¿En serio? ¡Re cool!¡Más a futuro, podemos ir nosotras dos!

Antonella: ¿Vos decís?

Giuliana: ¡Claro! Por ahí, de vacaciones de verano o algo.

Antonella: Suena lindo, Giuli...

Giuliana: Es lindo, y con tu compañía estoy segura que lo será aún más.

Antonella: Gracias por eso, sos muy linda.

Giuliana: No hay de qué... Che, Anto, ¿qué te pasó?

Antonella: [confundida] ¿Por qué?

Giuliana: No sé, te veo un poco desarreglada, algo despeinada... ¿o siempre sos así?

Antonella: [riendo nerviosa] Ah, no es nada, es un pequeño altercado que tuve con... con una chica...

Giuliana: Ah, a ver si adivino... hablás de Malena, ¿verdad?

Antonella: Sí, ¿la conocés?

Giuliana: Sí que la conozco. No tiene muy lindas actitudes, antes éramos amigas pero por algo que pasó ya no lo somos más.

Antonella: ¿Puedo saber por qué? De curiosa, nada más...

Giuliana: Ella y yo fuimos amigas desde chicas, tendríamos, no sé, 8 años. Y hasta hace 2 años atrás, éramos muy unidas. Yo nunca tuve tanta suerte con los chicos, aunque ahora lo veas. Y había un chico que estaba enamorado de mí, era todo color de rosas, ¿y sabés qué hizo Malena, de tan buena amiga que es? Lo besó, estando conmigo.

Antonella: ¿Qué? Ay, no, qué feo... qué turra...

Giuliana: Sí, ella era tan buena persona. Después no entiendo qué fue lo que le pasó, es como que cambió de forma tan abismal...

Antonella: Sí, yo te juro que no entiendo por qué es tan mala, tan cruel conmigo, si yo no le hice nada.

Giuliana: Porque está celosa de vos. Seguramente porque Mariano pasa más tiempo con vos que con ella.

Antonella: ¿Cómo sabes eso?

Giuliana: Mariano me cuenta. Ella es una persona demasiado celosa. Lo mejor que podés hacer es no hacerle caso. Ella es así, le encanta ser el centro de todo siempre.

Antonella: Voy a intentar hacerte caso, aunque a veces soy muy impulsiva y me dejo llevar... pero voy a intentarlo...

Giuliana: Sí, es lo que te conviene...

*Ellas dos se abrazaron suavemente con ternura y cariño*

*Por otro lado, en la cafetería, Mariano estaba limpiando la mesada. El lugar estaba vacío, y el silencio reinaba en el ambiente. De repente, las puertas se abrieron bruscamente y César entró tambaleándose, visiblemente ebrio*

César: [voz arrastrada] ¡Eh, Santana! ¿Cómo andamos?

*Mariano se dio vuelta y lo miró, muy confundido*

Mariano: ¿César? ¿Qué hacés acá? ¿Y en este estado?

César: ¡Nada que te importe, traeme una cerveza!

Mariano: No puedo venderte una cerveza. Esto es una cafetería, si querés cerveza, andá a un bar.

César: ¡Dale, no te hagas el vivo! ¡Algo debes tener por acá!

Mariano: ¡No, no tengo nada con alcohol acá! Y deberías aflojarle un poco, ¿no te parece demasiado ya?

César: ¿¡Cuál hay!? ¡Me acabo de casar, y también acabo de cerrar un muy buen negocio! ¡Me parece que tengo derecho a festejar!

Mariano: En lugar de estar "festejando", ¿no deberías estar en tu luna de miel, vos?

César: [riéndose] ¿¡Luna de miel!? ¡No me hagas reír! ¡En los negocios no hay lugar para Luna de Miel! ¡Pero claro! ¿¡Qué sabrás vos de negocios!? ¡Sos un simple mozo de cafetería! ¡De una cafetería horrible!

Mariano: Qué mal por Giuliana, eh. Es una lástima que se haya casado con un adicto al trabajo. Ah, y que por lo visto, también es un adicto al alcohol.

César: [furioso] ¡Pero escuchame una cosa! ¿¡Qué te pensás, que sos mejor que yo!? ¡Si sos un chorro, un ladrón!

*Mariano se enfureció al escuchar eso, su rostro se tensó*

Mariano: [voz baja y amenazante] Perdón, ¿qué me querés decir?

César: Lo que digo, lo digo. Ladrón, ratero. Sos tan poca cosa, Santana, ni en mil años vas a estar a nuestro nivel, así dejes la sangre en ello...

Mariano: Sí, ¿sabés qué? Te vas de acá, ahora.

César: ¿O sino qué?

Mariano: ¡Fuera de mi vista, ya! ¡Porque sino te voy a sacar yo!

César: Wow, qué lindo sos cuando te enojás...

Mariano: ¡Fuera, te dije!

*Entonces, César se tambaleó hacia la puerta, muy enojado, y salió de la cafetería. Mariano, aún temblando de rabia, se apoyó en la mesada y soltó un suspiro profundo para calmarse*

*De repente, su mirada se posó en un maletín que César había olvidado en una de las mesas. Mariano frunció el ceño, intrigado y preocupado a la vez. Se acercó al maletín y lo examinó, preguntándose qué podría contener*

*Después de una hora, en casa de Chiara, Antonella y Giuliana estaban sentadas en el sillón, charlando animadamente. Marco y Chiara estaban en otro lado de la casa, Chiara limpiando algunas cosas de la mesa*

*César entró abruptamente en la habitación, visiblemente preocupado*

César: ¡No puede ser, no puede ser!

*Giuliana se levantó de inmediato y fue hacia él*

Giuliana: César, ¿qué pasa? ¿Qué...?

César: ¡Perdí el maletín con la plata de los Orlani!

*Marco, al escuchar esto, se acercó rápidamente, enojado y asustado*

Marco: ¿¡Cómo que lo perdiste!?

César: ¡El maletín, Marco, el maletín con la plata!

Marco: ¿¡Lo perdiste o te lo robaron!?

César: ¡Me lo robaron, no me di cuenta cuando pasó!

*Antonella, observando la situación, notó unos rasguños en el cuello de César y se sorprendió*

Marco: ¡No puede ser! ¿¡Y ahora qué vamos a hacer!? ¡Decime! ¿¡Tenés una idea de cuánta plata había ahí!?

César: ¡Ya sé, yo tengo un amigo policía, nos puede respaldar la denuncia! Me lo debe por los favores que le hice...

*De repente, alguien tocó la puerta de la casa*

Marco: [confundido] ¿Quién es? ¿Estamos esperando a alguien?

*Marco abrió la puerta y se encontró con Mariano, que traía el maletín en la mano*

Marco: ¿Santana? ¿Qué hacés vos acá?

Mariano: Hola para vos también.

*Mariano entró en la casa, dejando a todos confundidos y a Antonella sorprendida*

Mariano: [colocando el maletín en el sillón] Me parece que esto es tuyo, César.

César: ¡El maletín con la plata! ¿¡Qué hacías vos con él!?

Mariano: ¿Qué, no te acordás? ¿Cuando entraste ebrio a mi cafetería para provocarme? Bueno, te lo olvidaste y acá está. Así que no me mires como si yo hubiera hecho algo.

César: ¡Ladrón! Seguro te robaste algo.

Giuliana: m¡César! ¿Podés tener un poco más de gratitud? ¡Encima que te vino a traer el maletín!

César: No confío en él, lo voy a contar después.

Mariano: Sí, sí, hacé lo que quieras, contalo si querés.

Giuliana: ¡No va a ser necesario, porque Mariano es un hombre honesto y jamás haría algo así!

Mariano: No te preocupes, Giuliana. Dejá que piense lo que quiera. Yo la plata no la necesito robar, podría haberlo robado y no lo hice.

*Mariano se giró para irse*

Mariano: Me voy, ya no tengo nada que hacer acá. Chau, Giuliana. Chau, Antonella.

Giuliana: Chau, Mariano.

Antonella: Chau...

*Mariano salió de la casa*

Marco: Pero qué decepción. Quiero que sea la última vez que te embriagas, y más teniendo estas cosas encima.

César: [avergonzado] Está bien, perdón...

*Giuliana lo miraba con decepción*

*Más tarde, Antonella regresaba a la casa. Al entrar, se dirigió al living*

Antonella: [sonriendo] ¡Hola a todos!

*Lorenzo estaba enojado y frustrado, mientras Pablo mantenía una expresión neutral. Gina estaba en la cocina lavando los platos, pero observaba la situación con preocupación*

Antonella: ¿Pasa algo?

Lorenzo: ¡Te estábamos esperando!

Pablo: Lorenzo, te calmás, por favor. Hola, Antonella. Tenemos que hablar.

Antonella: [preocupada] ¿Qué pasó? ¿Hice algo?

Lorenzo: ¡Sí, hiciste!

Pablo: [interrumpiendo] No, no hiciste.

Antonella: Me confunden...

Pablo: Antonella, te quiero preguntar algo.

Antonella: [nerviosa] Sí, decime.

Pablo: ¿Vos te hablás con el chico este... Mariano Santana?

Antonella: [titubeando] Ehh... yo...

Lorenzo: ¿Te hablás sí o no con él?

Antonella: No conozco ningún Mariano, no sé de qué hablan...

Pablo: Antonella...

Lorenzo: ¡Decí la verdad, no mientas! ¡Chiara le dijo a él, que vos vas la mayoría de los días a su cafetería!

Antonella: ¡No sé por qué Chiara les dijo eso!

Pablo: Antonella, no necesitás mentir... podés decir la verdad.

Antonella: ¡Bueno! ¡Está bien! ¡Sí, me hablo con él, es mi amigo!

Lorenzo: ¡Yo no te lo puedo creer!

Pablo: Lorenzo, calmate.

Lorenzo: ¡Seguro que ahora también venís de estar con él! ¿Verdad? ¡Y estoy seguro que esos días que volvías tarde es porque estabas con él!

Antonella: ¡Exactamente! ¿Y cuál es el problema?

Lorenzo: ¡El problema es que no podés ser amiga de una persona como él!

Pablo: Lorenzo, te dije que no la corrieras con eso. Ella no sabe nuestra historia.

Lorenzo: ¡Bueno, que la sepa, entonces! ¡Tu amiguito es una muy mala persona! ¡Y un ladrón! ¿Te dijo él eso?

Antonella: Yo no creo que sea ningún ladrón.

Lorenzo: ¿Vos sabés más que nosotros? ¡Lo conocemos desde que es chiquito! ¡Es una persona que se la pasa ensuciando nuestro nombre, por todo el pueblo!

Antonella: ¿Entonces, qué? ¿No puedo hablar con él? No es justo.

Lorenzo: ¡Entonces le querés hablar a alguien que se la pasa ensuciando a tu familia!

Antonella: [frustrada] ¿Lo ves? Por esto no les quería contar nada... yo ya sabía de esto. Ya sabía que se tenían algo, el otro día los escuché hablar y él también me dijo algo. ¿Y sabés por qué no les quería contar? ¡Porque sabía que ibas a reaccionar así, todo histérico!

Lorenzo: ¿¡Y cómo querés que reaccione!? ¡Lo peor es que lo sabías de antes pero no te importó! ¡Seguro él te contó muchas mentiras que te creíste! ¿¡O no!?

Antonella: ¡Ya basta, Lorenzo! ¡En serio! ¡Sé que no me querés, desde el primer día que llegué me mirás con rechazo, y lo entendía! ¡Pero ya me parece demasiado que ahora también quieras meterme en tus mambos!

Lorenzo: ¡Vos sos parte de nuestra familia ahora, por lo tanto, esos mambos te incumben!

Antonella: ¡Bueno, entonces si me incumben tanto, dejame que te cuente algo! ¡Él no es ningún ladrón! ¡El acto que acabo de presenciar de él no es el de ningún ladrón!

Lorenzo: [sonrisa irónica] ¿Ah, sí? ¿Ahora qué mentira te contó, eh?

Antonella: ¡No me contó nada, yo lo vi! ¡Lo vi devolver un maletín lleno de plata! ¡Un ladrón no hace eso! ¿¡No te parece!?

Lorenzo: ¡Ah, claro! ¿Y qué pasa con que nos difame? ¡Eso tampoco te importa!

Pablo: [interviniendo] ¡A ver, basta!

Gina: ¡Dejen de pelear así! ¡Desde la cocina se los escucha!

Antonella: ¡Lorenzo, basta, me tenés harta! ¡Yo tengo el derecho de hablar con quien quiera!

Lorenzo: [sarcasmo] Entonces se nota el compromiso que le tenés a la familia.

Antonella: ¡Bueno! ¿Y qué querés que haga, entonces? ¿Tengo que dejarle de hablar para seguir tu capricho de la familia?

Lorenzo: ¡No es ningún capricho! ¡Con todo lo que papá hizo con vos hasta ahora, lo mínimo me parece eso! ¡Es una cuestión de códigos, no sé si lo entendés!

Pablo: Lorenzo, ya está...

Antonella: ¿Ahora me corres con eso, en serio? ¿Sabés algo? ¡Él podrá ser un ladrón, podrá ser lo que quieras, pero no me rechaza como vos!

Lorenzo: [sorprendido] ¿Yo te rechazo? ¿Me hablás en serio? ¡Si no quiero que hables con él, es porque no quiero que él te haga nada! ¡No seas ingenua, él no es quien vos te pensás que es!

Antonella: ¡Me estás tratando de traidora solo por ser su amiga! ¡Y yo no soy tonta, no me trates como si lo fuera!

Lorenzo: ¿En serio te pensás que Mariano sería tu amigo porque sí? ¡Si se acercó a vos es porque sabe que sos de nuestra familia!

Antonella: O sea, ¿me está usando? ¿Nunca podría ser amigo mío?

Lorenzo: ¡Y no, Antonella! ¿Te pensás que él sería amigo de alguien como vos? ¡No seas ingenua!

Antonella: Copado, qué lindo saber que, no puedo tener amigos por como soy, sino que la gente me usa...

Lorenzo: Sabés bien que no quise decir eso. Vos me entendiste...

Antonella: Sí, ¿sabés qué? Te entendí perfectamente. Y quedate discutiendo con el aire si querés, yo no voy a perder mi tiempo tratando de hacer entrar en razón a un burro tísico que lo único que se puede esperar de él es una patada.

*Antonella se dio vuelta y se dirigió rápidamente a su cuarto, cerrando la puerta de un portazo*

Lorenzo: [gritando] ¿Qué me quisiste decir? ¡Volvé acá, nena!

Pablo: Lorenzo, en serio...

Lorenzo: ¡Me tiene harto! ¿Quién se cree?

Pablo: Lorenzo...

Lorenzo: ¡Cree que puede tirar una de sus frasesitas e irse así como si nada!

Pablo: Lorenzo...

Lorenzo: [furioso] ¡Es una turra sin códigos, eso es lo que es!

Pablo: ¡Lorenzo, basta! ¡Me cansaste! Traté de una y mil formas hacerte entender que tenés que familiarizarte con ella, pero seguís negado y terco cual mula. Y te recuerdo que su tío soy yo, y ella está a mi cargo, yo la puedo cuidar perfectamente, ¿o acaso me estás diciendo inepto?

*Lorenzo se quedó en silencio*

Lorenzo: Yo lo hago por su bien...

Pablo: Lo sé, y también entiendo que quieras protegerla, pero cuestionate un poco las formas, porque estás siendo un descortés y desconsiderado total.

*Pablo se fue de la habitación, dejando a Lorenzo solo con sus pensamientos. Lorenzo, frustrado, se dirigió al galpón*

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