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Mi esposo escucha mis pensamientos indecentes

Mi esposo escucha mis pensamientos indecentes

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Telepatía / Completas
Popularitas:53k
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

Ximena Blanco solo debía cumplir una misión: ocupar el lugar de su hermana gemela, casarse con Cristian Montalvo y aguantar el papel de esposa perfecta hasta que pudiera desaparecer con el dinero prometido.
El problema era Cristian.
Frío, rico, impecable y peligrosamente guapo, el heredero Montalvo parecía hecho para arruinarle la concentración. Ximena sonreía como una dama obediente, servía café, bajaba la mirada y fingía no sentir nada.
Pero por dentro era otra historia.
Ay, no. Ese hombre debería traer advertencia. Con esa camisa, esos hombros y esa cara de hielo, una mujer honesta pierde la dignidad.
Lo que Ximena no sabe es que Cristian puede escuchar cada pensamiento suyo.
Cada queja. Cada insulto. Cada fantasía vergonzosa sobre tocarle el pecho, quitarle la corbata o verlo perder el control por ella.
Al principio, Cristian solo quiere descubrir quién es en realidad esa mujer que finge ser tranquila mientras su mente arde sin descanso. Pero cuanto más la escucha, más le cuesta mantenerse lejos. La esposa falsa empieza a parecerle demasiado real. Sus pensamientos indecentes empiezan a gustarle demasiado. Y el hombre que juró no enamorarse termina obsesionado con la única mujer que no puede mentirle por dentro.
Pero Ximena guarda un secreto más peligroso que sus deseos: ella no es la novia que Cristian debía recibir en el altar.
Cuando la verdad salga a la luz, el matrimonio falso, la pasión escondida y todos los pensamientos que nunca debieron escucharse podrían destruirlos... o volver imposible que se separen.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 34

Capítulo 34: Te extrañé

Ximena terminó tres uvas antes de atreverse a decirlo.

—Necesito pedirte algo.

Cristian, que ya sospechaba que la paz venía con letra pequeña, dejó la mora azul sobre el plato.

—Dime.

—Las llaves de la casa de Las Lomas.

El aire del estudio perdió temperatura.

—¿Para Mauricio?

Ximena sostuvo la mirada.

—Para la producción.

—Claro.

—No empieces.

—No he empezado.

—Tienes la cara.

—¿Cuál cara?

—La de hombre que va a convertir una llave en juicio moral.

Cristian se levantó.

—Tres días sin hablarme y vienes por él.

—Vine por las llaves.

—Para él.

—Para una grabación.

—No te hagas.

Ximena sintió que la paciencia, ya cansada, se le quebraba.

—¿Sabes qué? Olvídalo.

Tomó la muleta.

Cristian dio un paso.

—¿A dónde vas?

—A mi habitación.

—No terminamos.

—Tú sí. Me acabas de reducir otra vez a una adolescente con póster de Mauricio y cero criterio.

*Y sí tuve póster, pero ese no es el punto. El punto es que vine porque no quería seguir sin hablarte, idiota hermoso.*

Cristian escuchó la última parte.

Idiota hermoso.

No era una disculpa.

Pero tampoco era indiferencia.

—Entonces dilo.

Ximena se detuvo en la puerta.

—¿Decir qué?

—A qué viniste realmente.

—Ya te lo dije.

—No.

—Cristian, dame las llaves o no. No voy a dejar que me interrogues como si hubiera cometido un delito.

Él caminó hasta la puerta y la cerró.

Ximena se quedó inmóvil.

—Ábrela.

—No hasta que me digas la verdad.

—La verdad es que eres insoportable.

—Eso ya lo sabía.

—Celoso.

—También.

La rapidez con que lo admitió la descolocó.

Cristian se acercó un paso, no lo suficiente para tocarla, sí para que el estudio pareciera más pequeño.

—Pero no soy idiota.

*Discutible.*

—Te escuché con Mauricio. Te vi darle tu número. Te vi cambiar de opinión sobre el trabajo porque iba a grabar cerca. Y ahora vienes con fruta y paz para pedirme sus llaves.

Ximena apretó la muleta.

—No son sus llaves.

—Ese es tu argumento.

—Mi argumento es que estoy cansada de que decidas qué significa todo lo que hago.

—Entonces explícame.

—¿Para qué? Ya escribiste la sentencia.

Cristian guardó silencio.

Eso la enfureció más.

—Perfecto —dijo—. Me voy.

—No puedes irte sola con el tobillo así.

—Puedo llamar al chofer.

—Ximara.

—¿Qué? ¿Vas a prohibirme salir también?

—No.

—Bien.

—Pero no quiero que te vayas.

La frase cayó con una torpeza tan desnuda que Ximena perdió la respuesta.

Cristian pareció odiarse por haberlo dicho. Se pasó una mano por el cabello.

—No así.

—¿Así cómo?

—Enojada. Callada. Con esa cara de estar guardando maletas por dentro.

Ximena quiso reírse.

No pudo.

Porque durante tres noches había hecho exactamente eso: guardar maletas por dentro. No de ropa. De ideas. De rutas. De frases que usaría si algún día tenía que irse sin romperse en la puerta. Había imaginado a Motita mirando desde la escalera, a Adriana llamando diez veces, a Cristian encontrando el cuarto demasiado ordenado.

Y después había imaginado algo peor.

Cristian sin buscarla.

Cristian aceptando la ausencia con esa frialdad perfecta que usaba cuando quería sobrevivir a sí mismo.

*Si me voy algún día, ¿me buscarías? ¿O solo cerrarías la puerta con esa cara de hombre que no pierde?*

Cristian sintió la pregunta como si se la hubiera hecho en voz alta.

—Sí —dijo.

Ximena parpadeó.

—¿Sí qué?

Él no podía explicar.

—Sí te buscaría.

La habitación quedó suspendida.

—No pregunté eso.

—Lo sé.

*¿Entonces cómo...? No. No hagas preguntas. Este hombre a veces parece brujería con corbata.*

Cristian apartó la mirada. Había cometido un error. Otro. Pero ya estaba dicho.

—No quiero que te vayas —añadió, más bajo.

—Solo iba a mi habitación.

—Y yo solo hablaba de eso.

Ninguno creyó la mentira.

Ximena sintió que el pecho le dolía.

*Porque las guardo. Porque un día tendré que hacerlo de verdad. No pienses eso. No ahora.*

Cristian oyó el miedo otra vez.

Y algo en él se desordenó.

—¿Vas a irte?

—Ahora mismo, sí.

—No juegues con eso.

—No estoy jugando.

—¿Vas a empacar?

La pregunta fue absurda.

También estaba llena de pánico.

Ximena, herida y orgullosa, eligió la peor respuesta posible.

—Tal vez.

Cristian abrió la puerta de golpe.

—Entonces vamos.

—¿Qué?

—Vamos a ver qué empacas.

—Cristian, estás siendo ridículo.

—Probablemente.

La tomó en brazos antes de que pudiera protestar. No la jaló. No la lastimó. Simplemente la levantó con esa facilidad que siempre le destruía medio enojo.

—Bájame.

—No.

—¡Tengo muleta!

—Y una fractura.

—¡Y voluntad!

—También mal criterio.

*Lo odio. Lo odio muchísimo. Lo odio con sus brazos fuertes y su olor rico y esta forma injusta de cargarme como si yo fuera algo que no piensa soltar.*

Cristian caminó por el pasillo hacia la habitación de planta baja. Motita salió detrás, emocionado por el drama familiar.

—No vas a empacar —dijo él.

—No sabes eso.

—Sí lo sé.

—¿Por qué?

Cristian entró al cuarto y la dejó sobre la cama con cuidado.

—Porque si de verdad quisieras irte, ya tendrías una ruta, una excusa y a Valeria esperándote afuera.

Ximena se quedó helada.

La conocía demasiado.

No lo suficiente.

Pero más de lo que ella quería admitir.

—Vete —dijo, bajito.

Cristian se inclinó, apoyando una mano a cada lado de ella sobre el colchón.

—No.

—Entonces deja de pelear conmigo por Mauricio.

—No estoy peleando por Mauricio.

—Sí.

—Estoy peleando porque no sé dónde quedo yo cuando todos tus planes ocurren fuera de mí.

La confesión salió sin elegancia.

Cristian lo notó. Ximena también.

Él había pasado años siendo el centro natural de cualquier habitación. Empresarios, familiares, amigos, empleados: todos acomodaban el paso según su voluntad. Con Ximena no funcionaba así. Ella tenía pasillos secretos dentro de sí misma. Personas que él no conocía. Sueños que escondía. Una fecha invisible en el calendario. Un mundo entero donde él no tenía llave.

Y eso lo enfurecía porque lo asustaba.

—No quiero estar en todos tus planes —dijo, forzándose a ordenar la voz—. Pero quiero saber si en alguno estoy yo porque quieres, no porque te conviene.

Ximena lo miró como si acabara de quitarle una venda a una herida que ella prefería no tocar.

—Estás en más de los que deberías.

—¿Eso qué significa?

—Que me distraes.

—¿De qué?

—De mí.

La respuesta la sorprendió incluso a ella.

*De la misión. Del dinero. De irme limpia. De recordar que esto no era para sentir. De no pensar en tu boca cuando estoy enojada. De no querer que me cargues aunque pueda caminar. De no buscar tu sonido en la casa.*

Cristian no respiró.

Cada fragmento lo golpeó por separado.

Ximena dejó de respirar.

Cristian habló más bajo:

—No sé si vienes porque quieres verme o porque necesitas algo. No sé si te quedas porque quieres o porque debes. Y cada vez que creo entenderlo, escucho que te emociona otro hombre, otro lugar, otra vida.

Ella lo miró.

La rabia se le deshizo en algo mucho más peligroso.

—Lo de las llaves era un pretexto —admitió.

Cristian se quedó quieto.

—¿Para qué?

Ximena quiso mentir.

Quiso decir que para negociar, para no discutir, para que Mauricio no insistiera. Quiso ponerse una máscara, hacer un chiste, tocarle la camisa y desviar la conversación hacia el cuerpo de él, que siempre era una salida cómoda.

Pero estaba cansada.

Y lo había extrañado.

Más de lo razonable.

Más de lo seguro.

—Cristian —dijo, con una voz que no reconoció del todo—, te extrañé.

El mundo se detuvo.

Cristian no se movió.

Ximena tampoco.

La frase quedó entre ellos, simple y brutal, sin maquillaje, sin pensamiento que la corrigiera.

Ella abrió los labios como si pudiera recogerla.

No pudo.

Cristian la miró como si acabara de oír algo que llevaba demasiado tiempo esperando sin saberlo.

Y por primera vez en días, ninguno de los dos encontró una forma de esconderse.

1
Mer Agrás
La historia en general me había gustado aunque me recordó otra donde también el esposo escuchaba los pensamientos de su esposa pero la trama es muy diferente.

Desafortunadamente todos hablan igual, el humor negro, sarcasmo, el estilo de Ximena parece que se los transmitió a todos, que la amiga lo hiciera suele pasar pero la suegra, la mamá Tencha hasta el suegro en las pocas participaciones que tuvo, así los demás personajes.

La historia se alargó de más, relleno innecesario y pésimo final con esa dimensión alterna. Todo lo bueno se fue perdiendo al final.
Mer Agrás
Pésimo final, que pena de una historia que en general venía bien.
Mer Agrás
¡No arruines la historia! 🥹
Mer Agrás
Ya se siente relleno.
Mer Agrás
La historia a estas alturas ya la empiezo a sentir muy larga 😒
Mer Agrás
¿Cuándo se reconciliaron?
Mer Agrás
¿Ya no es Mauricio?
Mer Agrás
Valeria estaba en Guadalajara y Ximena en cdmx haciendo videollamada ¿en qué momento se fue Ximena a Guadalajara?
Mer Agrás
Como que ya es exagerado.
Mer Agrás
Emiliano ya lo sabe.
Mer Agrás
La historia me gusta pero creo que ella ya está abusando de la paciencia de él.
Mer Agrás
Creo que ya definitivamente no es Julián.
Mer Agrás
No entendí, no tomó el celular de Ximena, llamó del suyo pero aún así le dice que no tome llamadas que no son para él, más bien Cristian le marcó a Emiliano o entendí mal 😒
Mer Agrás
Ella también mintió 😒
Mer Agrás
¿No iban juntos en el carro?
Mer Agrás
Y dale con Mauricio 😒
Mer Agrás
Creo que ya empieza a parecer un comportamiento infantil.
Mer Agrás
Tampoco hay que ser grosera 😒
Kira Javan
ella es ximena, pero el doctor la llamo xiomara, entonces no tiene hermana gemela? interpreta dos mujeres distintas...ya me enredé 🙈
Kira Javan
todo va bien y pues son un matrimonio normal entre comillas, aquí es cuando la hermana regrese qué va a pasar? y si queda embarazada, hijole pobrecita...
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