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Mi Suggar Es Un Mafioso

Mi Suggar Es Un Mafioso

Status: Terminada
Genre:Diferencia de edad / Amor prohibido / Posesivo / Mafia / Romance / Completas
Popularitas:4.1M
Nilai: 5
nombre de autor: Celina González ♥️

En las calles vibrantes, pero peligrosas de Medellín, Zaira, una joven brillante y luchadora de 25 años, está a tres semestres de alcanzar su sueño de graduarse. Sin embargo, la pobreza amenaza con arrebatarle su futuro. En un intento desesperado, accede a acompañar a su mejor amiga a un club exclusivo, sin imaginar que sería una trampa.

Allí, en medio de luces tenues y promesas vacías, se cruza con Leonardo Santos, un hombre de 49 años, magnate de negocios oscuros, atormentado por el asesinato de su esposa e hijo. Una noche de pasión los une irremediablemente, arrastrándola a un mundo donde el amor es un riesgo y cada caricia puede costar la vida.

Mientras Zaira lucha entre su moral, su deseo y el peligro que representa Leonardo, enemigos del pasado resurgen, dispuestos a acabar con ella para herir al implacable mafioso.
Traiciones, secretos, alianzas prohibidas y un amor que desafía la muerte.

NovelToon tiene autorización de Celina González ♥️ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 33

Habían pasado dos días desde aquella noche de respiraciones entrecortadas, de piel contra piel en el asiento de un coche, de jadeos que aún vibraban en la memoria de ambos como un eco persistente. Dos días en los que Leonardo y Zaira estaban separados físicamente, pero más cerca que nunca en sus pensamientos. Como si el cuerpo se hubiera quedado en el pasado, pero el alma se hubiese entrelazado en un lazo invisible.

La ciudad amanecía gris aquella mañana. Un cielo cubierto de nubes densas parecía posarse sobre los edificios como una manta húmeda, difuminando los bordes de los rascacielos. La llovizna apenas perceptible tamborileaba con suavidad contra los cristales empañados, mientras el aire olía a tierra mojada, a hojas podridas, a café recién colado que flotaba desde alguna ventana abierta, y a la promesa de algo que no terminaba de nombrarse.

Dentro de la biblioteca de la universidad, el silencio era espeso, casi sagrado. Solo el crujido ocasional de una silla, el leve pasar de páginas, y el zumbido grave del sistema de calefacción rompían la quietud. Zaira estaba allí, sumida en esa calma obligatoria. Llevaba un suéter grueso color mostaza, con las mangas enrolladas hasta los codos, y su cabello recogido en un moño alto algo desordenado, dejando caer algunos mechones rebeldes sobre su nuca.

Tenía los codos apoyados sobre la mesa de madera, rústica y rayada por generaciones de estudiantes, y un libro de análisis literario abierto frente a ella. Pero no leía. Sus pupilas estaban fijas, perdidas, detenidas en un punto invisible entre las líneas. La hoja parecía observarla de vuelta, como si supiera que no estaba siendo comprendida.

Sus dedos jugaban con la esquina del libro, girándola, doblándola con suavidad como si pudiera arrancar de allí una respuesta. Pero su mente no estaba en ese edificio. Volaba hacia la noche en que Leonardo la había tomado entre sus brazos con urgencia, con reverencia. A la manera en que su voz se había quebrado entre caricias. A sus besos, a su aliento temblando en su cuello.

La camisa de él seguía doblada en su cajón. La había colocado con sumo cuidado, como quien guarda una reliquia. Era blanca, con un aroma persistente a colonia y a él. Cada vez que abría ese cajón, su corazón latía con una fuerza desmedida, como si quisiera salir, correr hacia él.

Entonces, el celular vibró con timidez sobre la mesa. El sonido fue casi un sobresalto. Zaira lo tomó al instante, con esa clase de urgencia que uno reserva para los impulsos más íntimos.

Era un mensaje de Tatiana:

Tatiana:

¿Trajiste los apuntes de análisis? El profesor los pidió para hoy.

Zaira suspiró, volviendo lentamente al mundo real. El murmullo sordo de los estudiantes volvió a llenar sus oídos, y el olor del papel viejo le devolvió la conciencia del lugar.

—Concéntrate, Zaira… —se murmuró, más como un intento de convicción que como una orden real.

A miles de kilómetros, en una ciudad extranjera bañada por la luz dorada del atardecer, Leonardo se apoyaba contra el ventanal de un hotel de lujo. Las paredes estaban cubiertas de madera pulida, el piso alfombrado absorbía cualquier sonido, y el aire olía a vino caro, a cuero de maletines ejecutivos, y a flores recién colocadas por el servicio de limpieza.

Llevaba un traje azul medianoche sin corbata, el primer botón de la camisa desabrochado, y el ceño levemente fruncido. Su mandíbula, tensada. Su pecho, inquieto. Sostenía su teléfono en la mano como si quemara, sin desbloquearlo aún. Detrás de él, los ventanales del piso 40 reflejaban la puesta del sol sobre la ciudad: un estallido de ámbar, dorado y carmesí que teñía el horizonte.

Desde ahí arriba, todo parecía en calma. Las calles, los coches, las personas que se movían como hormigas. Pero dentro de él, una tormenta rugía con voz baja, constante. Era la primera vez en años que un viaje de negocios no le sabía a libertad. Las reuniones, los brindis, las cenas exclusivas… todo le resultaba insípido. Como una pintura sin color. Su mente, su alma, su deseo… todo volvía, inevitable, a Zaira.

A su risa tímida. A la forma en que lo miraba como si él fuera más que lo que realmente era. A la piel de gallina que le provocaba tan solo recordar su nombre temblando en sus labios.

Apoyó la frente contra el cristal helado. Un leve vaho se formó allí donde exhaló.

—Maldita sea, ¿qué me estás haciendo, princesa…? —susurró, apenas audible, como si la ciudad misma pudiera escuchar.

Marcelo le había escrito por la mañana. Un mensaje rápido, burlón:

"¿Sigues con cara de idiota enamorado o ya se te pasó?"

No. No se le había pasado. Ni iba a pasarle.

Marcó su número sin pensarlo demasiado. Una, dos, tres veces sonó. Luego, la voz de ella lo atravesó como un rayo.

—¿Leonardo?

Cerró los ojos al oírla. Era como un bálsamo tibio sobre sus heridas invisibles.

—Hola, princesa —dijo él, con la voz más baja, casi ronca—. ¿Estás ocupada?

Zaira se levantó al instante, como impulsada por un resorte. Salió de la biblioteca, con el celular apretado contra la oreja. El aire helado la recibió de golpe, cortándole el aliento. Las gotas de lluvia le salpicaron la frente, pero ella apenas lo notó.

—No. Bueno… estaba estudiando —balbuceó—, pero dime.

—Solo quería escucharte —confesó Leonardo sin rodeos.

Zaira sintió que el suelo se deshacía bajo sus pies. Caminó apresurada bajo el alero de una galería, hasta encontrar un banco mojado donde se sentó sin preocuparse por el frío que le calaba los muslos.

—Yo también pensaba en ti. Mucho.

Leonardo apoyó la espalda en la pared, con una media sonrisa que era más nostalgia que alegría.

—¿Estás bien? ¿Te dolió algo después de esa noche?

Zaira rio, nerviosa, con un rubor que ni el viento helado pudo disimular.

—No… ja, ja, ja… estoy bien.

Él cerró los ojos. Cada risa de ella era un anzuelo en su pecho.

—Zaira, ¿qué estás haciendo conmigo?

Silencio. Pero no de incomodidad. Era un silencio vivo, lleno de electricidad. Como si las palabras fueran innecesarias por un instante.

—¿Cuándo vuelves? —preguntó ella, bajando la voz, como si temiera que la respuesta la lastimara.

—En dos días. Y te quiero ver apenas pise la ciudad.

—Yo también quiero verte —susurró, sin dudarlo.

Leonardo apretó el teléfono con más fuerza. Sus dedos temblaban. Su corazón latía con un ritmo salvaje. Todo en ella lo volvía vulnerable.

—Zaira... —Quería de ir algo más, algo más profundo.

Ella cerró los ojos, apoyando la frente en las rodillas. Ya no sentía el frío ni la humedad. Solo un calor suave, como una brasa encendida en medio del pecho.

—Estás metida en mi cabeza, muñeca —dijo él, con voz ronca.

—Yo tampoco dejo de pensarte —respondió ella, con la voz rota de emoción—. Cada vez que cierro los ojos… vuelvo allí contigo.

Ambos se quedaron callados, respirando el uno al otro. Dejando que sus silencios se rozaran como piel contra piel.

Finalmente, Leonardo murmuró:

—Cuídate mucho, ¿sí? Prométeme que vas a seguir enfocada, estudiando, creciendo. No quiero ser un obstáculo para ti.

Zaira sintió una punzada en el pecho. Cerró los ojos con fuerza.

—Tú no eres un obstáculo. Eres mi salvación.

Leonardo tragó saliva. Esa frase lo atravesó como un disparo de amor.

La llamada terminó solo cuando ya Leonardo debía asistir a una cena con empresarios. Pero el sabor de aquella conversación se le quedó en la lengua como vino añejo.

Esa noche, Zaira durmió abrazada a la camisa que aún olía a él, con la luz tenue de la lámpara encendida y una sonrisa en los labios.

Y Leonardo, solo en su habitación de hotel, se acostó deseando que el tiempo corriera más rápido, que los días pasaran como hojas al viento.

Porque ahora la pasión seguía palpitando bajo la piel.

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Miriam Torres
hermosa historia de amor y unión 👏🏻👏🏻👏🏻
Imacairy Lopez
Hermosa historia, me encanta❤️
Maigualida Saavedra
/Drool/
Cuty Pasetti
muy bien capitulo 🇦🇷
Cuty Pasetti: me gusta
total 2 replies
Leticia Baeza Vazquez
esa murió x ambiciosa y x fácil
Leticia Baeza Vazquez
para empezar fue una estúpida imprudente y pues la ambiciosa obtuvo lo q quería y el karma es malo espero y la escritora haga q la estúpida ya madure
Leticia Baeza Vazquez
esta protagonista si q es buen pendeja y estúpida , ley la gordita del mafioso y nada q ver con esta gran estúpida q Atodo le tiene miedo q no mame la 🍷 gordita aprendió a luchar y a disparar y está pendeja x favor escritora q asco
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor tiene 25 años no es una maldita niña osea q ponga los putos pues en la tierra
Leticia Baeza Vazquez
osea esa pregunta estúpida nunca te as subido a uno cuando ella y contrabajo usa pecero osea no mames escritora con esa pregunta idiota
Flor Perez
yo en lo personal no me gustan las novelas de mafias por algunas que he leído sin embargo esta me tiene atrapada ,simplemente me a gustado muchísimo
Belkis Sioli
deja de llorar, es lo único que sabes hacer???😞😞😞😕😕
Belkis Sioli
más sensata la madre que ella. 😞😞😞👀👀
Belkis Sioli
querida, es lo mejor que te puede pasar, ser la mujer de un mafioso 😅😅😅
Belkis Sioli
porqué la narradora se extiende tanto en cosas que no aportan nada a la historia ??? aburre!!!!
Belkis Sioli
Marcelo y Tatiana quizás!!!🤔🤔🤔🤔
Belkis Sioli
la perdonó porque le salió bien, si era al revés que hubiese hecho???
Belkis Sioli
que cosa cuando se meten en vida ajena.
Belkis Sioli
alejate de esa mina, es muy venenosa 🤔🤔🤔😐😐😐
Belkis Sioli
se supone que se iba por dos días, ya pasaron esos dos días y se queda dos días más????
Belkis Sioli
ni vos te crees eso.😅😅
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