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El Karma del Marido Desleal

El Karma del Marido Desleal

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Mujer despreciada / Completas
Popularitas:680k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Miss Ra

Sin dinero, sin familia y con el corazón destrozado, Valentina huyó a un pequeño pueblo donde nadie la conocía. Ahí, entre las manos ásperas de mujeres solidarias y el llanto de su hijo recién nacido, construyó desde cero lo que nadie creyó posible: un negocio propio, una nueva vida y un amor que jamás imaginó.

Mientras tanto, el karma no descansaba.

Todo lo que Sebastián le hizo se le devolvió con intereses: la traición de su amante, la caída de su imperio, la soledad más profunda. Y cuando por fin comprendió el peso de sus errores, ya era demasiado tarde para recuperar lo que destruyó.

Pero la vida guarda sorpresas para todos. Incluso para quienes no las merecen.

NovelToon tiene autorización de Miss Ra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Episodio 33

La llovizna empezó a caer sobre Villa Esperanza, dejando ese aroma a tierra mojada que normalmente tranquiliza, pero para Sebastián cada gota que golpeaba el parabrisas se sentía como una burla del universo.

Ya estaba en la orilla del camino del pueblo, a solo unos cientos de metros de la Cocina Santiago.

—¡Apúrate! ¿Estás cambiando la llanta o tejiendo una bufanda? —le gritó Sebastián al mecánico que llevaba más de una hora peleando con un birlo oxidado.

—Tenga paciencia, señor. Esto ya está corroído; si lo fuerzo, se va a partir y va a tardar más —respondió el hombre con el ceño fruncido, sin que le importara el traje caro de Sebastián, ya salpicado de lodo.

Sebastián iba y venía junto al auto, respirando agitado. Los pensamientos se le bifurcaban. Por un lado, se imaginaba a Valentina riendo dentro del local con el doctorcito de pueblo.

Por el otro, un presentimiento oscuro le oprimía el pecho desde que salió de la capital.

Mientras tanto, en la cabina de primera clase del avión que surcaba las nubes rumbo a Londres, doña Sara permanecía en silencio.

Miraba por la ventanilla cómo las luces de la capital se empequeñecían hasta que la oscuridad del mar se las tragó.

Una lágrima le rodó por la mejilla ya marcada por los años. Como madre, la conciencia le gritaba. Estaba abandonando a su hijo en medio de las ruinas que él mismo creó. Pero la sensatez de doña Sara pesaba mucho más.

—Perdóname, Sebastián —susurró tan bajo que apenas se oía sobre el rugido de los motores—. Esta es la única forma de que entiendas que el dinero y el apellido no te protegen de la podredumbre del corazón. Tengo que salvar lo que queda de la dignidad Montero en Londres, porque en la capital, tú ya te la acabaste toda.

Doña Sara cerró los ojos, apagó la luz de lectura y eligió dormir en el frío silencioso de la cabina. Una huida amarga pero necesaria.

De vuelta en los caminos de Villa Esperanza, la llanta de Sebastián por fin quedó puesta. Sin dar las gracias, le aventó unos billetes grandes al mecánico y arrancó de inmediato.

La Cocina Santiago ya se veía. El letrero de neón pequeño al frente todavía estaba encendido, dándole un aire cálido en medio de la llovizna. Sebastián detuvo el auto justo enfrente.

Se alisó el pelo revuelto, intentando recuperar un mínimo de compostura antes de enfrentarse a Valentina.

Apenas puso un pie en el suelo, el celular en el bolsillo del saco le vibró con violencia. El nombre de "Diego" apareció en la pantalla. Sebastián quiso ignorarlo, pero la llamada entraba una y otra vez como si trajera noticias del fin del mundo.

—¿Qué quieres, Diego? ¡Ya te dije que no me molestaras! —ladró Sebastián al contestar.

—¡Señor, tiene que regresar ya! ¡Esto es gravísimo! —la voz de Diego temblaba; de fondo se oía un barullo de gente discutiendo—. El banco llegó con la policía y un oficial de embargo. Traen una orden de confiscación total de activos. ¡Están sellando las oficinas centrales en este momento!

Los pies de Sebastián se frenaron frente a la puerta de la tienda de Valentina. El corazón pareció detenérsele.

—¿Qué dices? ¿Selladas? ¡No puede ser tan grave!

—¡No son solo las oficinas, señor! —gritó Diego, desesperado—. El jefe de seguridad de su casa acaba de llamar. Los del banco ya llegaron a la mansión también. Están pidiendo que todos desalojen porque van a poner sellos de embargo esta misma noche. Dicen que no localizan a la señora Sara y que usted es el único responsable legal.

Sebastián sintió como si una losa de concreto le hubiera caído encima. Volteó hacia la puerta de la tienda de Valentina. Faltaban tres pasos.

Solo tenía que tocar esa puerta, entrar y desahogar su ego. Pero la noticia de la capital fue un golpe de realidad devastador.

Si entraba a esa tienda ahora, ya no sería Sebastián el director general del Grupo Montero. Entraría como un hombre en bancarrota que ni siquiera tenía dónde dormir esa noche.

El celular volvió a sonar. Esta vez era el guardia de la mansión.

—¡Señor Montero, por favor! ¡Están forzando la entrada! ¡Quieren inventariar las cosas de la señora Sara! ¡No podemos detenerlos sin su autorización!

Sebastián aulló de frustración. Golpeó con el puño desnudo el poste de madera frente a la tienda de Valentina hasta que los nudillos le sangraron. Las lágrimas le reventaron por la vergüenza descomunal.

Miró hacia la ventana del local. Entre las sombras, alcanzó a ver la silueta de Valentina cargando a Santiago, absolutamente tranquila y protegida.

Valentina estaba ahora en un mundo que él ya no podía alcanzar ni con dinero ni con amenazas.

—Valentina... —susurró Sebastián, destrozado—. Lo perdí todo. Perdí mi casa... perdí mi empresa...

La rabia que traía guardada para Adrián se transformó en un miedo asfixiante. Sin tocar la puerta, sin alcanzar a decirle una sola palabra a la mujer por la que condujo cientos de kilómetros, Sebastián dio media vuelta.

Corrió de regreso al auto con pasos débiles.

Metió la reversa de un jalón, salpicando lodo que le cayó al letrero de la Cocina Santiago. Tenía que volver a la capital. Tenía que defender su castillo, que estaba siendo saqueado por la realidad.

Adentro del local, Valentina alcanzó a voltear hacia la puerta al escuchar el chirrido de unas llantas que salían a toda prisa. Frunció el ceño.

—¿Qué pasó, Valentina? —preguntó Adrián, que estaba lavando unos vasos en la cocina.

—No sé. Como que un auto se detuvo un buen rato aquí afuera y luego se fue de golpe —respondió Valentina con calma. Volvió a mirar a Santiago, dormido en sus brazos—. Seguro alguien que se perdió.

Valentina no sabía que, en la oscuridad de la noche, su exmarido lloraba detrás del volante, lanzándose de vuelta a la capital para enfrentar los escombros de su vida hecha pedazos.

Sebastián manejó como un demente. Intentó llamar a su madre una y otra vez, pero la operadora siempre respondía que el número estaba fuera de servicio.

No sabía que su madre ya estaba sobrevolando el océano, dejándolo solo en medio del incendio que él mismo provocó.

Esa noche, la capital esperaba a Sebastián no con alfombra roja, sino con órdenes de embargo y cintas policiales frías.

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Danita 🇨🇱
No entiendo, como el abogado fue hasta el pueblo y ahora Sebastián no sabe dónde está??🤔 esto está muy enredado
Danita 🇨🇱
Y Clarissa será quien te lleve a la quiebra, por imbécil 🤭
Danita 🇨🇱
&ma duda🤔 no rompió la tarjeta SIM en el taxi?? cómo es que todavía tiene el nombre de esposo en el teléfono y que no era uno viejo?
Danita 🇨🇱
No dijo q no volvería a esa casa?? 🤔
Danita 🇨🇱
Exacto, está bien decirselo y dejarlo bien claro💪
Danita 🇨🇱
Por qué ya no le importas, moriste para ella
Sonia Muñoa
Valentina te lo dijo claro al marcharse, que ese niño sería sólo de ella, que nunca fueras a pelear por él, y como andabas de pito alegre con la Clarissa no objetaste, así que ahora olvida si tuviste hijo y esposa
Amelia Mirta Fernández
Realmente merece lo que le pasa, pero no deja de ser triste que por una mala mujer, pierda hasta su madre. Existen las basuras como la Clarisa, que enloquecen a un hombre, solo por figurar y codicia.
Sonia Muñoa
jajaja jajaja aguanta como los machos jajaja jajaja
Sonia Muñoa
pues todo es tu culpa maldito Sebastián, si tú no la hubieras sacado de tu vida otra cosa sería 😡😡😡😡😡
Sonia Muñoa
jajajajaja Sebastián, te molesta que ella sí sea feliz y tú no jajajaja pues ese es tu castigo maldito 😡
Sonia Muñoa
humanidad?? por favor Sebastián, acaso tu tuviste humanidad con Valentina? al contrario la mojaste con el agua sucia, la corriste de tu casa🤨
Sonia Muñoa
maldito, porque quieres que sufra?? aquí el único que va a sufrir eres tú
Sonia Muñoa
vamos! que te cargue pifas de una vez Sebastián
Sonia Muñoa
ese desgraciado, a huevo quiere que Valentina se humille ante él, pero está muy equivocado, ya viene tu Karma malnacido
Sonia Muñoa
que se quede en la ruina Sebastián, y que la putizorra lo deje por otro hombre con más dinero 🤑🫰🏻
Sonia Muñoa
así es, las palabras de quién sufre injusticias, es el arma más letal
Sonia Muñoa
que clase de gente es esa? se burlan del dolor de otra persona 😡
Sonia Muñoa
uta! también tiene una perra madrastra
Antonia Pulido
si no aprende de esa lección entonces es un imbecil
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