Ingrid tiene diecinueve años, nunca ha salido de su rancho en California y su mayor preocupación es ponerle moños a las vacas. Sueña con estudiar medicina, viajar por el mundo y ayudar a quien lo necesite. De casarse no sabe nada. De la mafia, menos.
Cuando Ares la elige como su esposa y se presenta en el rancho a llevársela, la familia de Ingrid no tiene opción: obedecer al Don o morir. En cuestión de horas, la chica del rancho se convierte en la esposa de un monstruo.
Pero Ingrid no es la niña frágil que todos esperaban. Detrás de su inocencia hay una inteligencia afilada, un humor que desarma y una valentía que ni ella sabía que tenía. Lo que nadie le dijo a Ares es que la mujer que eligió para ignorar sería la única capaz de destruir cada muro que construyó alrededor de su corazón.
Ella eligió luchar. No contra él, sino por él.
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La cosa se puso muy caliente...
Ingrid
Ares me miraba diferente, lo que me ponía aún más roja...
—Ah, esposa, es imposible llevarte al clóset así como estás. Te voy a poner es en nuestra cama —dijo Ares.
Ingrid
*Es exactamente lo que quería.
Ares me puso en la cama. Estaba sin camisa, solo en bermuda. Podrá ser abominable, grosero, cruel... Pero es guapo, muy guapo...*
—Esposa, no sé qué hiciste, pero tu cuerpo está tremendo —dijo Ares, besándola.
Ingrid
*Me besó y hice lo que había aprendido en teoría: me olvidé de todo y me entregué a él. Me entregué en cuerpo y alma, porque es mi marido y lo deseo.
Con cada caricia suya, mi cuerpo ardía. Las sensaciones... Todo todavía era muy nuevo para mí.*
Ares
*Sentí que se entregaba. Es una entrega diferente; va más allá del cuerpo.
Me gusta. Es extraño porque nunca sentí algo así, pero es muy bueno.
Cada caricia que ella correspondía me volvía más loco.
Quiero mostrarle a mi esposa cómo puedo dejarla completamente loca por mí y pidiendo más...*
Ingrid
*Ares me besaba más allá de la boca. Deslizaba los labios por mi cuello, llegaba a mis senos donde alternaba entre uno y otro, succionando, acariciando, pasando la lengua sobre el pezón, haciéndome gemir.
Esto es muy bueno. Sentía mi cuerpo arder; mi cuerpo deseaba el suyo. Mi intimidad estaba demasiado húmeda...
Fue bajando por mi vientre sin cesar los besos, que eran calientes, mojados y deliciosos. Me hacía hasta cosquillas extrañas...
Llegó a mi intimidad. Me asusté, me puse roja, morada... Pero leí sobre eso y me imaginé lo que iba a hacer.*
Ares
*Qué mujerón. Me permite tocarla como deseo, no me interrumpe, y eso me excita aún más.
Siento su entrega y estoy completamente loco por mi esposa, como nunca lo estuve por ninguna otra mujer.
Fui bajando. Quiero y necesito sentir a mi esposa. No siempre hago sexo oral; más bien ellas me lo hacen a mí, más que yo a ellas. Pero cuando lo hago, sé bien cómo volver loca a una mujer, llevarla a otro estado de placer.
Ingrid es solo mía y voy a esmerarme con ella; quiero llevarla a otro planeta.
Veo que se pone roja y mis ganas solo aumentan.*
Ingrid
Ares llegó a mi intimidad y ¿qué es esto? Hmm, qué delicia. Cuando leí sobre esto no parecía ser tan, tan, tan maravilloso. Ya no puedo ni hablar, ni pensar en nada...
Ares
*Como esperaba, se entregó completamente y gime de una manera que me enloquece aún más, si es que eso es posible.
Se derramó en mí. Deliciosa... Mierda, qué rica.*
—Deliciosa. Mierda, Ingrid, estás buenísima —dijo Ares, volviendo a besarla en la boca.
Ingrid
Pensé que me iba a dar asco cuando me besó, ya que estaba ahí en mi... Pero no: fue excitante. Y quiero hacerlo sentir estas cosas. No sé cómo hacerlo y creo que debe ser desagradable, pero quiero intentar, y...
Ares
De repente ella se giró sobre mí. Me sorprendió su firmeza y su fuerza; está muy diferente. Y una vez más volvió a sorprenderme.
—Ares, no sé hacer lo que quiero. Nunca lo hice. Leí al respecto, pero vas a tener que ayudarme —dijo Ingrid, quitándole la bermuda y el bóxer.
Ares
*Carajo, esto es demasiado excitante. Y más con ella pidiéndome ayuda con ese estilo que es solo suyo: inocente y puro...
Claro que le voy a enseñar, y como me gusta.*
Ingrid
*Al principio me asusté. Es grande y nunca le había puesto la mano a su amigote, pero fui intentando. Él me iba guiando y eso me daba calor...
No esperaba que me gustara hacer esto; no me dio asco como imaginé... De hecho, es excitante, rico, y él me ayuda... Aunque en cierto momento me di cuenta de que lo estaba disfrutando tanto que se le olvidó todo; solo gimió, y eso fue ¡guau!
De repente me jaló y me besó. Me sentí perdida, insegura, y acabé preguntando:*
—¿Hice algo mal? —preguntó Ingrid.
—¡No! Lo hiciste demasiado bien, demasiado rico, y si sigues... Olvídalo. Mejor terminemos de otra manera.
Se acercó a su oído.
—Necesito sentirte, hundirme en ti, mi delicia —dijo Ares.
Ingrid
Se me erizó toda la piel con su tono de voz y su respiración tan cerca de mi oído, de mi cuello...
Ares
*Aprende demasiado rápido. No sé qué tiene de especial, pero todo es diferente. Está buenísima.
Terminamos con el clásico misionero. No me iba a dar tiempo; estaba demasiado excitado, pero necesitaba traerla conmigo...*
Ingrid
*Se recostó sobre mí y entre besos y caricias me penetró. Para mi total sorpresa, lo hizo con calma, solo al principio; después ambos nos perdimos. Y otra vez sentí que iban a venir esos espasmos maravillosos que llaman orgasmo, y él llegó conmigo.
Se dejó caer a mi lado. Ambos nos quedamos tratando de calmar la respiración.*