Durante años, las familias mafiosas más poderosas han mantenido un frágil equilibrio de poder. Sin embargo, una traición rompe esa paz cuando Noah Salvatore, el estratega de una organización rival, es entregado a Adrián De Luca, el temido líder de la mafia Cuervo Negro.
Todos esperan una ejecución inmediata. Adrián, en cambio, decide mantener con vida a aquel hombre de mirada desafiante que parece esconder secretos capaces de destruir el imperio criminal de la ciudad.
Obligados a colaborar para sobrevivir, la desconfianza pronto se convierte en respeto, el respeto en deseo y el deseo en un amor tan peligroso como la guerra que amenaza con consumirlos. Pero en el mundo de la mafia, amar a la persona equivocada puede costar la vida.
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Capítulo 3: El enemigo bajo el mismo techo
La mansión De Luca tenía una regla que todos conocían.
Nada ocurría sin que Adrián De Luca lo supiera.
Cada conversación, cada movimiento extraño, cada persona que cruzaba sus puertas era registrada por la red de vigilancia de Cuervo Negro.
Por eso, tener a Noah Salvatore caminando por sus pasillos era algo que muchos consideraban una locura.
Un enemigo dentro del corazón de la organización.
Una amenaza esperando el momento perfecto para atacar.
Pero Adrián no era un hombre que tomara decisiones impulsivas.
Si había mantenido vivo a Noah era porque veía algo que los demás no podían ver.
Potencial.
Aquella mañana, Noah salió de la habitación que le habían asignado y caminó por el largo pasillo de la mansión.
Aunque seguía siendo un prisionero, nadie podía negar que era tratado de una manera extraña.
Tenía libertad para moverse dentro de ciertas áreas, acceso a información limitada y hasta un lugar preparado para trabajar.
Era demasiado cómodo para ser una celda.
Demasiado controlado para ser libertad.
—¿Buscas una salida? —preguntó una voz detrás de él.
Noah se giró.
Matteo Rossi estaba apoyado contra una pared, observándolo con una expresión desconfiada.
Era el hombre más cercano a Adrián. Alto, de cabello castaño oscuro y mirada seria, era conocido por ser la persona que resolvía los problemas antes de que llegaran hasta su jefe.
—Si buscara una salida, no estaría caminando por aquí tan tranquilo —respondió Noah.
Matteo entrecerró los ojos.
—Eres demasiado confiado para alguien que está rodeado de personas que podrían matarte.
Noah sonrió ligeramente.
—Y ustedes son demasiado confiados para dejar vivo a alguien que podría descubrir sus secretos.
La tensión entre ambos aumentó.
Pero antes de que Matteo respondiera, una voz más fría intervino.
—Suficiente.
Adrián apareció al final del pasillo.
Como siempre, parecía imposible saber cuánto tiempo llevaba ahí.
Vestía un traje negro y llevaba la misma expresión seria de siempre. Su cabello oscuro estaba perfectamente acomodado y sus ojos grises analizaban la situación con precisión.
—Matteo, déjanos.
Su mano derecha dudó unos segundos, pero obedeció.
Cuando quedaron solos, Noah miró a Adrián.
—Tus hombres no confían en mí.
—No tienen por qué hacerlo.
—¿Y tú sí?
Adrián se acercó lentamente.
—No.
Aquella respuesta sorprendió a Noah.
Esperaba una mentira.
Una frase calculada.
Pero Adrián era demasiado directo.
—Entonces, ¿por qué sigo aquí?
El líder de Cuervo Negro lo observó en silencio.
—Porque aunque no confío en ti, confío menos en quienes te traicionaron.
Noah bajó la mirada por un instante.
Aquellas palabras tocaron una herida que intentaba ignorar.
Su propia familia lo había vendido.
Personas que compartían su sangre habían decidido sacrificarlo para proteger sus propios intereses.
—Dante siempre quiso el poder —murmuró Noah.
Adrián escuchó atentamente.
—¿Tu hermano?
Noah asintió.
—Desde que éramos niños. Siempre creyó que yo era un obstáculo porque la gente confiaba en mis estrategias más que en él.
Por primera vez, Adrián notó algo diferente en Noah.
No era odio.
Era decepción.
Una herida mucho más profunda.
—La familia suele ser la primera en apuñalarte —dijo Adrián.
Noah levantó la mirada.
Durante unos segundos ambos quedaron en silencio.
Porque por primera vez encontraron algo en común.
Los dos habían sido traicionados por las personas que debían protegerlos.
Esa noche, una reunión inesperada interrumpió la tranquilidad de la mansión.
Un informante había enviado nuevos datos.
Una organización desconocida estaba comprando armas y territorio demasiado rápido.
Algo grande estaba por suceder.
Adrián reunió a sus hombres principales en la sala de reuniones.
Para sorpresa de todos, Noah también estaba presente.
—¿En serio lo traerás aquí? —preguntó uno de los miembros de Cuervo Negro.
Adrián ni siquiera lo miró.
—Sí.
—Es un Salvatore.
—Y aun así es más útil que muchos de ustedes.
El comentario dejó la habitación en silencio.
Noah observó a Adrián.
No esperaba que lo defendiera.
Mucho menos delante de su propia gente.
La reunión comenzó.
Y por primera vez, el enemigo dejó de ser uno contra el otro.
Ahora ambos tenían un objetivo común.
Descubrir quién estaba intentando iniciar una guerra.
Continuará...
Gracias por leer un capítulo más de “Bajo la Sangre del Cuervo”.
Recuerda que en este mundo de traiciones, nada es lo que parece y hasta el enemigo más peligroso puede convertirse en la persona más importante.
Nos vemos en el próximo capítulo. 🖤