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El Espejo De La Venganza

El Espejo De La Venganza

Status: En proceso
Genre:Mundo mágico / Villana / Reencarnación
Popularitas:4.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

En un mundo donde la magia y la traición se entrelazan, Valeria, una joven moderna, encuentra su vida truncada tras un fatal accidente. Al despertar, descubre que ha reencarnado en el cuerpo de la villana de una novela que acababa de leer. Con el rostro de la malvada que muere trágicamente, Valeria decide cambiar su destino. En lugar de seguir el camino de la oscuridad, planea reconciliarse con su media hermana, deshacer su compromiso con el héroe y recuperar el ducado que le pertenece por derecho. Sin embargo, en su búsqueda de venganza y redención, se verá atrapada en un romance inesperado con el verdadero villano de la historia. Entre intrigas y magia, Valeria deberá enfrentarse a sus propios demonios mientras intenta forjar un nuevo futuro.

NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 04

Valeria abrió los ojos. La oscuridad que la había envuelto, densa y absoluta como la tinta, se disipó con una lentitud exasperante, como si una cortina pesada se descorriera en su mente. No era el techo blanco de su apartamento, ni la luz fría y estéril de una sala de hospital. Lo primero que distinguió fue un dosel de terciopelo de un intenso color carmesí, ricamente bordado con hilos de oro que formaban intrincados patrones de lo que parecían ser criaturas mitológicas aladas y espinas entrelazadas. La tela era gruesa, suntuosa, y se extendía sobre ella como un cielo privado, coronando una cama de proporciones majestuosas.

Un gemido escapó de sus labios, pero no sonó como su propia voz. Era un sonido más suave, más delicado, casi un susurro melódico que se sentía ajeno. Su cabeza zumbaba, un eco lejano del golpe que había recibido, pero la agonía paralizante que recordaba se había transformado en una molestia sorda y difusa. La luz que se filtraba a través de las cortinas, igualmente lujosas y gruesas, era tenue y dorada, tiñiendo la habitación con un aura de misterio y antigüedad.

Parpadeó varias veces, intentando que sus ojos se acostumbraran a la penumbra. El aire era pesado, cargado con el aroma de flores exóticas y algo más, algo incienso o maderas aromáticas, una fragancia dulce y embriagadora que no le era familiar. El colchón bajo ella era absurdamente blando, tan mullido que se sentía como si flotara en una nube. Las sábanas, al contacto con su piel, eran de una seda tan fina que parecía agua, y la colcha que la cubría era de un brocado pesado y suave al tacto. Todo gritaba opulencia, un lujo que estaba a años luz de su vida modesta y práctica en el pequeño apartamento de la ciudad.

¿Dónde estaba? ¿Qué había pasado? La última imagen que tenía era la del bordillo de cemento, la lluvia, el asfalto. El impacto. La sangre. La oscuridad. ¿Había muerto? ¿Era esto el más allá? Si lo era, era un más allá sorprendentemente decorado, casi teatral. O quizás era un sueño, una alucinación inducida por un trauma. Se pellizcó el brazo, o al menos lo intentó. Sus dedos se sentían extraños, más largos y delicados de lo que recordaba, y la piel bajo ellos era increíblemente suave, casi impoluta.

El zumbido en su cabeza era persistente, como un coro de abejas atrapadas en su cráneo. Intentó incorporarse, un movimiento lento y laborioso. Sus músculos, sorprendentemente débiles, protestaron. Se sentía como si hubiera estado acostada durante días, o incluso semanas. Al sentarse, su vista se aclaró lo suficiente como para empezar a procesar los detalles de la habitación. Y cada detalle era más desconcertante que el anterior.

Las paredes estaban revestidas con paneles de madera oscura, tallados con relieves complejos, alternando con tapices gigantescos que representaban escenas de cacería y caballeros en armadura brillante. No había televisión, ni ordenador, ni el menor rastro de tecnología moderna. En su lugar, altos candelabros de hierro forjado colgaban del techo abovedado, y antorchas con cristales ahumados proyectaban una luz danzarina sobre la escena. Una chimenea monumental, de piedra tallada y con un escudo de armas desconocido, dominaba una de las paredes, y aunque no había fuego, el aire no era frío.

Frente a ella, al pie de la cama, había un tocador de caoba pulida, adornado con plata y marfil. Sobre él, espejos ovalados con marcos dorados y enrevesados reflejaban la habitación en ángulos distorsionados. A su lado, un sofá curvo tapizado en seda verde esmeralda y varias sillas con cojines bordados rodeaban una mesa baja cargada de libros encuadernados en cuero y pequeños objetos de porcelana que parecían antigüedades invaluables. Todo era excesivo, grandioso, casi intimidante.

Una opresión en el pecho, una mezcla de ansiedad y asombro, comenzó a crecer en su interior. Esto no era su apartamento. Esto no era un hospital. No era nada que hubiera visto jamás, excepto… en las páginas de un libro. La idea, absurda al principio, se agitó en su mente. Un castillo, un ducado, un mundo de fantasía…

Se obligó a levantarse. Sus piernas se sentían inestables, como si hubieran olvidado cómo caminar. Los pies descalzos tocaron una alfombra gruesa y suave, de un patrón oriental y colores profundos que se hundían bajo su peso. Cada paso era una labor, un esfuerzo de concentración. Se tambaleó, apoyándose en el pesado mobiliario mientras avanzaba hacia el espejo más grande del tocador. Necesitaba verse, necesitaba confirmar que era ella, Valeria, y que esta era solo una pesadilla elaborada.

Pero el reflejo que la esperaba era ajeno, impactante, casi irreal.

Una mujer la miraba desde el cristal, una mujer de una belleza arrebatadora, pero también de una frialdad perturbadora. Su cabello, un torrente de ébano, caía en cascada por sus hombros, tan oscuro que parecía absorber la poca luz de la habitación. Enmarcaba un rostro de facciones delicadas pero angulosas, una mandíbula firme y pómulos altos que le daban un aire aristocrático. Sus ojos… Sus ojos eran lo que más la sorprendió. Eran de un violeta profundo, casi negro, pero con un brillo gélido que recordaba a las gemas más raras. Una mirada penetrante, inteligente, y, sí, un poco cruel.

Valeria llevó una mano temblorosa a su rostro. El reflejo hizo lo mismo. La piel era pálida, impecable, sin una sola mancha o imperfección. Los labios, de un rojo natural, eran finos y curvados en una expresión de ligera desaprobación. No había rastro de sus propias pecas, de su nariz ligeramente respingona, de sus ojos avellana. No había nada de ella en ese rostro, y sin embargo, *era* ella.

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Patty Molina
ella tiene magia, por qué no la utiliza???
Aurora
Elara de a poco será una gran aliada para Seraphina
Alma Morales
Que vida mas triste y tan falta de un amor sincero😢😢 que la llevo a la muerte😢😢😢
Alma Morales
Siempre he dicho detrás de un villano viene un gran trauma ,tan profundo y doloroso
Aurora
Con tal que el alma de la Seraphina original, no ande todavía pérdida entre el mas allá y el cuerpo real todo bien 🫣🤭😂
Alma Morales
Sufrió un sok ,otras lo toman hasta con emoción, otras con coraje ,yo no sabría como tomarlo👍👍👍
Aurora
Buen inicio, vamos por más 💪
Alma Morales
Serapina en persona 😱😱😱😱
Alma Morales
Ya quiero ver a la nueva duquesa limpiando la casa😱😱😱
Alma Morales
Se siente en un mundo o mas bien en en una época diferente 😢😢
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