En mi vida pasada, fui humillada, golpeada y obligada a soportarlo todo por el hombre que amaba: mi esposo, el Rey. Perdí a mis hijos por su culpa y, cuando dejó de necesitarme, me ejecutó para convertir a su concubina en Reina.
Pero regresé al pasado.
Ahora, él es solo mi prometido: el príncipe heredero. Y esta vez no seré la prometida ni la esposa obediente que todos esperan.
No seguiré las reglas de mi familia, de la sociedad… ni las suyas.
Si en mi primera vida fui la víctima, en esta seré la villana de sus pesadillas.
—¡Desaparezcan de mi vista, escorias!
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CAPÍTULO 19 — Seis Años Después
—SEIS AÑOS DESPUÉS—
El fuerte bullicio que llenaba el coliseo era ensordecedor.
Miles de voces se entremezclaban en una sola masa de gritos, aplausos y vítores que parecía hacer vibrar hasta los cimientos del gigantesco anfiteatro.
El coliseo se extendía majestuosamente bajo el cielo teñido por los colores del comienzo del día. Sus enormes gradas circulares estaban completamente abarrotadas de espectadores. A su alrededor se alzaban imponentes torres de piedra adornadas con gigantescas figuras de dragones, cada una coronada por una torre dorada cuya luz resplandecía sobre la arena.
En el centro se encontraba el enorme campo de combate, una extensión circular de piedra cuidadosamente preparada para los enfrentamientos. Sobre su superficie podían distinguirse antiguos grabados mágicos y, justo en el centro, un gran círculo ritual que parecía formar parte de la estructura misma del coliseo.
Pero aquello no era lo único que llamaba la atención.
A lo largo de las paredes interiores se levantaban enormes estatuas pertenecientes a las familias nobles más importantes del reino.
Cada una representaba el linaje, la historia y el poder de una casa.
Sin embargo, ninguna podía compararse con la estatua situada en una posición privilegiada.
La estatua de la familia real.
Era mucho más grande que las demás y dominaba visualmente todo el recinto, como un recordatorio silencioso de quién ocupaba la cima de la jerarquía.
Las familias nobles observaban desde sus respectivos palcos.
Los miembros de las casas más poderosas vestían sus mejores galas, rodeados de sirvientes y escoltas. Algunos conversaban animadamente mientras otros seguían con atención los combates que se desarrollaban en la arena.
El ambiente estaba cargado de emoción.
Hasta que...
De pronto, todo quedó en silencio.
No fue gradual.
Fue como si alguien hubiese cortado el sonido del mundo.
Las miles de voces desaparecieron.
Los aplausos cesaron.
Incluso aquellos que estaban hablando dejaron las palabras suspendidas en sus gargantas.
En medio de la arena se encontraba una figura completamente cubierta por una larga capa negra.
Su rostro permanecía oculto.
Frente a ella estaba su contrincante, esperando el inicio del combate.
Los espectadores aguardaban con curiosidad.
Entonces la figura llevó lentamente una mano hasta la parte superior de la capa.
Y se la descubrió.
Una corriente de aire atravesó la arena.
Un mechón de cabello ondulado de color morado escapó de entre la tela y ondeó suavemente con la brisa.
Sus facciones quedaron completamente expuestas.
Durante unos segundos...
Nadie reaccionó.
Después comenzaron los murmullos.
Los nobles de las primeras filas se levantaron de sus asientos.
Algunos palidecieron.
Otros abrieron los ojos con incredulidad.
El estupor recorrió las gradas como una ola.
Había sorpresa.
Había indignación.
Había auténtico horror.
......................
Seis años atrás...
Habían transcurrido seis años desde que Isolde había regresado al pasado.
Seis años.
En ese tiempo, su vida había cambiado por completo.
La relación con sus hermanos había sido una de las transformaciones más inesperadas.
Roderick, que siempre había amado profundamente a su hermana menor, comenzó a pasar todavía más tiempo con ella.
Y Gideon...
El pequeño niño que alguna vez había entrado a su habitación lleno de resentimiento y lágrimas...
Ahora prácticamente no podía separarse de ella.
Aquello había sorprendido a todos.
Especialmente a Darius.
Los tres hermanos, que anteriormente habían vivido con cierta distancia entre ellos, ahora parecían tener un vínculo completamente diferente.
Y, para desconcierto de su padre...
Los dos muchachos parecían tener un único interés en común.
Su pequeña hermana.
—Isolde, ¿quieres que te acompañe?
—No, yo voy con ella.
—¡Pero yo llegué primero!
—¡Roderick, tú tienes entrenamiento!
—¡Y tú también!
—¡Pero Isolde me pidió que la acompañara!
—¡Mentiroso!
Aquellas discusiones se habían vuelto habituales.
Isolde simplemente los observaba con una expresión divertida.
Quién hubiera pensado que mis hermanos terminarían peleándose por pasar tiempo conmigo...
Era algo que jamás había conocido en su primera vida.
Y lo apreciaba más de lo que podía expresar.
......................
Pero aquella no fue la única transformación.
Su magia también comenzó a cambiar.
Después de que Valtherion rompiera el sello que había restringido su maná, Isolde comenzó a entrenar bajo su tutela.
Poco a poco descubrió algo inesperado.
No solo poseía talento mágico.
También tenía...
talento físico.
Aquello había sido una revelación.
Con la ayuda del profesor Antonio, y manteniendo el entrenamiento en absoluto secreto, Isolde comenzó a entrenar como si fuera un caballero.
Aprendía equitación.
Esgrima y Manejo de Armas.
Lucha Desarmada.
Acondicionamiento Físico.
Y, sobre todo, aprendió a convertir su pequeño cuerpo en un arma mucho más peligrosa de lo que cualquiera habría imaginado.
Antonio no la trató como una simple niña durante sus entrenamientos.
—Otra vez.
Isolde, jadeando, levantaba la cabeza.
—¿Otra vez?
—Otra vez.
—¡Profesor Antonio es un demonio!
Kaelzarian solía observarla con una pequeña sonrisa.
Y volvía a entrenar con ella.
......................
Hasta que llegó el día en que Kaelzarian cumplió diez años.
El examen de talento reveló que poseía talento físico.
Aquello significaba que su destino comenzaría a tomar forma.
Y poco después...
Tuvo que marcharse a la frontera.
La despedida fue dolorosa.
Kaelzarian permaneció frente a Isolde durante un largo rato, con aquella timidez que todavía conservaba.
—Regresaré.
Isolde lo miró fijamente.
—¿Lo prometes?
Kaelzarian asintió.
—Te lo prometo.
—Entonces esperaré.
—Cuando regrese...
El pequeño príncipe cerró los puños.
—Seré más fuerte.
Isolde sonrió.
—Entonces yo también me volveré más fuerte.
Y así se separaron.
Kaelzarian partió hacia la frontera.
E Isolde continuó su propio camino.
......................
Cuando Isolde cumplió doce años llegó uno de los acontecimientos que más temía.
El día de la muerte de su madre.
Celestia y Darius regresaban de un viaje en carruaje.
La emboscada ocurrió en un camino apartado.
Un grupo de bandoleros apareció de repente.
Los guardias desenvainaron sus armas.
Darius descendió del carruaje y comenzó a combatir.
Celestia permaneció dentro.
Isolde, sin embargo, ya conocía aquel futuro.
Desde la distancia, oculta mediante un hechizo de invisibilidad, permanecía sentada sobre la rama de un árbol.
A su lado apareció Valtherion.
El archimago observó el combate.
Después miró a su discípula.
—¿Vas a mancharte las manos de sangre?
Isolde permaneció en silencio.
Valtherion suspiró.
—Si quieres, lo haré por ti.
Ella negó lentamente con la cabeza.
—No.
Sus ojos permanecieron clavados en el campo de batalla.
—Lo haré yo misma.
Valtherion no insistió.
Simplemente observó.
El combate continuó.
Hasta que sucedió.
Un bandolero logró acercarse a Darius.
El duque estaba acorralado.
Celestia salió del carruaje.
—¡Darius!
Corrió hacia su esposo.
El bandolero levantó la espada.
Celestia quedó justo en su trayectoria.
Isolde abrió los ojos.
Su mano se levantó.
Extendió los dedos.
Una pequeña cantidad de agua comenzó a condensarse sobre su palma.
Se comprimió.
Se hizo más fina.
Más larga.
Hasta adquirir la forma de una aguja casi invisible.
Una gota de agua.
Una diminuta arma.
Pero mortal.
Isolde susurró:
—No tocarás a mi madre.
¡Fiuuu!
La aguja salió disparada.
Atravesó directamente la cabeza del bandolero.
El hombre cayó muerto antes de poder completar el movimiento.
Celestia sobrevivió.
Darius quedó ileso.
Y el destino que Isolde recordaba cambió.
Consiguió salvar a su madre.
......................
Después de aquello, continuó entrenando.
Día tras día.
Noche tras noche.
Magia.
Maná.
Combate.
Disciplina.
Valtherion se encargó de su formación mágica.
Antonio de su formación física y marcial.
Y lentamente...
La mujer que alguna vez había despertado en el cuerpo de una niña de diez años comenzó a convertirse en alguien completamente diferente.
Ahora tenía dieciséis.
Habían pasado seis años.
Seis años de entrenamiento.
Seis años de cambios.
Seis años en los que Isolde había luchado contra el destino que una vez la había llevado a la guillotina.
Y ahora...
Se encontraba en el centro de aquel coliseo.
Frente a cientos de nobles.
Frente a miles de espectadores.
Sin esconderse.
La joven de cabello morado levantó ligeramente el rostro.
Sus ojos recorrieron las gradas.
No había miedo.
Solo determinación.
Y una satisfacción que apenas podía controlar.
Y entonces...
Isolde dio un paso hacia adelante con una sonrisa.
El coliseo entero contuvo el aliento.
Aquella niña y mujer que alguna vez había sido considerada una inútil sin talento...
Ahora estaba a punto de demostrar delante de toda la nobleza y plebeyos que las reglas que habían gobernado su vida...
Ya no tenían poder sobre ella.
gracias 😍😍❤️❤️❤️