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Rubí

Rubí

Status: En proceso
Genre:Maldición / Terror / Amor prohibido
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: jerinson Gómez

Cinco años después de haber sido absuelta por la misteriosa muerte de sus dos primeros esposos, la enigmática Rubí Vicentelli regresa al ojo de la tormenta pública al anunciar su tercer matrimonio con Julián, un millonario cuya fortuna promete salvar de la ruina a la aristocrática pero decadente familia Vicentelli. Sin embargo, la noche de bodas se convierte en un matadero cuando Julián aparece colgado del candelabro principal de la mansión.

NovelToon tiene autorización de jerinson Gómez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4

El silencio en el lujoso departamento de Amanda es denso, casi palpable. La noche golpea los cristales con una monotonía enfermiza. Amanda camina descalza por la sala, sosteniendo una copa de vino para calmar un temor que no cede desde el funeral de Santiago. La paranoia se respira en los rincones; las sombras de las plantas parecen moverse.

Un sutil rasguño rompe la calma.

Amanda se congela. Sus ojos viajan lentamente hacia la parte inferior de la puerta principal. Un pedazo de papel doblado en tres acaba de ser deslizado por la rendija.

Con el corazón latiendo hasta las costillas, se acerca. Toma el papel con la punta de los dedos. Al desdoblarlo, las letras, cortadas de titulares de periódicos viejos, forman una frase que le corta la respiración:

“La envidia también se viste de luto. Eres mi próxima víctima.”

Amanda ahoga un grito, deja caer la copa, que se estrella contra el suelo, y corre a ponerle doble llave a la puerta, mirando con horror el pasillo oscuro a través de la mirilla. Afuera no hay nadie, solo el eco de unos pasos que se alejan flotando en la escalera.

***

La frialdad de la habitación es asfixiante. Una sola lámpara ilumina el rostro de Rubí, quien viste un traje de color gris, despojada de sus velos, pero con la mirada fija, transmitía en un vacío glacial. El detective Marcano fuma, arrojando el humo directamente hacia ella.

—Dos esposos, un prometido adinerado y ahora el periodista que metía las narices en tus sábanas —dice Marcano, apoyando las manos en la mesa—. Cuatro cadáveres, Rubí. La fiscalía no cree en las coincidencias y yo tampoco.

Quedas formalmente detenida bajo sospecha de complicidad y asesinato.

Rubí ni siquiera pestañea. Su voz sale desde el fondo de una garganta seca y aguda, desprovista de humanidad:

—¿Cómplice, detective? El asesino mató a la única persona que me recordaba que yo estaba viva. Si cree que encerrándome va a detener las muertes, proceda. Pero sepa que mientras yo esté aquí metida, la mujer del velo seguirá matando afuera… y usted será el culpable de cada gota de sangre nueva.

***

El ambiente en el pueblo es brutal. Dos policías escoltan al Padre Damián hacia la salida de la iglesia, esposado. Los feligreses murmuran horrorizados en las escalinatas. El sacerdote mantiene la cabeza baja, apretando los dientes.

Horas después, en la celda contigua a la de Rubí, el Padre Damián se desploma sobre el banco de humedad. El horror psicológico de la sospecha lo tiene desfigurado.

—¿Por qué, detective? —pregunta el Padre Damián a Marcano a través de los barrotes—. He servido a esta comunidad por veinte años. ¡Yo no colgué a ese muchacho en mi altar!

—El puñal con el que atravesaron el pecho de Santiago tenía grabadas las iniciales de la parroquia, Padre —responde Marcano con crudeza—. Y las cadenas que cerraron la mansión la noche que murió Julián salieron del depósito de su iglesia. Usted sabe demasiado sobre los Vicentelli. El secreto de confesión ya no lo protege de una celda de aislamiento.

***

La estación de policía queda en silencio total durante el cambio de turno. Alejandro camina por el pasillo oscuro gracias a un empuje al guardia. Se detiene frente a la celda de Rubí. Ella está sentada en el suelo, abrazando sus rodillas.

—Te lo advertí —le susurra Alejandro, con una voz cargada de una obsesión notable y posesiva—. Te dije que jugar con el periodista te traería la ruina. Mírate dónde estás.

Rubí se pone de pie despacio y se acerca a la celda. La distancia entre ellos es mínima; el aire se vuelve espeso, cargado de un romance tóxico, una traición latente y un deseo que se alimenta del peligro.

—¿Fuiste tú, Alejandro? —pregunta Rubí, clavando sus ojos en los de él—. ¿Lo mataste por celos? Dime la verdad. Mírame a los ojos y dime que no lo colgaste como una medalla de oro.

Alejandro mete las manos por los barrotes, tomándola del cuello con una mezcla de impaciente y desesperación, pegando su frente a la de ella. El dolor psicológico de ambos se fusiona.

—Si yo lo hubiera matado, Rubí, te habría obligado a mirar —le confiesa él en un gemelo que eriza la piel—. Te amo tanto que prefiero verte muerta antes que en los brazos de otro. Pero no fui yo. Y eso es lo que debería darte terror… que quien está matando, Lo hace para dejarte completamente sola en el mundo. Para aislarte del mundo.

Rubí lo mira, atrapada en esa red de traición y pasión brutal, dándose cuenta de que el verdadero monstruo de la historia podría estar besándola a través de los barrotes.

***

Mientras Rubí y el sacerdote siguen encerrados, la mansión se vuelve un nido de traumas y el terror es una escapatoria. Valeria camina dormida por el pasillo principal. Sus pies la llevan, por puro instinto del terror psicológico, hacia la puerta del sótano, que ahora tiene el precinto policial roto.

Abajo, en la oscuridad total del sótano, una cerilla se enciende.

La luz efímera ilumina a la Mujer del Velo Negro. A su lado, su pareja de complicidad dobla meticulosamente un vestido idéntico al de Rubí.

El segúndo asesino se acerca a la mujer del luto, le rodea la cintura con un brazo de forma protectora y romántica, y le susurra algo al oído que la hace reír de forma gélida y sutil.

Arriba, en la entrada de las escaleras, Valeria abre los ojos súbitamente del trance. Escucha la risa y el susurro abrumador. Sabe, con una certeza que le destruye la mente, que la justicia detuvo a los inocentes… y que los verdaderos verdugos acaban de elegir su próxima parada.

***

La tensión se filtra por las paredes. El Padre Damián está de rodillas, rezando en un murmullo desesperado, con las manos aferradas a los barrotes. En la celda de al lado, Rubí lo observa con una calma que roza lo inhumano.

—Deje de pedirle milagros a un cielo que no la escucha, Padre —dice Rubí, apoyando la cabeza en la pared fría y calculadora —. Dios no redacta las actas policiales.

—Tú no entiendes, Rubí… —el sacerdote se gira, con los ojos suaves en llanto y el rostro desencajado—. No me detuvieron por el puñal.

Marcano encontró las cartas de tu primer esposo en mi confesionario. Él sabía lo que tú y Alejandro ocultaban.

Rubí se tensó por completo. Da un paso hacia los barrotes, perdiendo toda su compostura.

—¿De qué cartas habla? —exige Rubí, con la voz rota—. Mi esposo no dejó nada escrito.

—Te mintieron, hija —el Padre Damián se acerca, bajando la voz al mínimo y latente—. Alejandro las encontró primero. Él sabía que tu esposo iba a denunciar el fraude de la familia antes de morir.

Alejandro te usó como escudo para que todos creyeran que lo mataste por dinero. Tu gran amor te traicionó desde el primer día.

***

Amanda clava tablas de maderas con un martillo sobre la ventana del balcón. Sus manos sangran por las astillas, pero el ambiente psicológico la tiene cegada. El teléfono fijo repica, rompiendo el silencio. Ella corre y lo levanta con torpeza y firmeza.

—¡Déjame en paz! —grita Amanda, llorando—. ¡Ya llamé a la policía! ¡Sé que estás afuera!

Una respiración pesada se escucha al otro lado de la línea. Luego, una voz distorsionada por un modulador y aterrador responde con una lentitud que hiela la sangre:

—Las maderas no detienen a los muertos, Amanda. Mira el armario.

Amanda se congela. Gira el cuello despacio hacia las puertas de mármol de su vestidor. Una de las hojas se abre lentamente desde adentro.

La Mujer del Velo Negro emerge de la profundidad de oscuridad de la ropa, sosteniendo una navaja de afeitar abierta. Detrás de ella, su cómplice bloquea la salida principal del departamento. Suelta el teléfono, que queda colgando del cable, emitiendo un tono de ocupado que se mezcla con su último grito de auxilio y miedo.

***

Alejandro camina apurado hacia la salida, pero Elena lo intercepta en el vestíbulo, tomándolo de la chaqueta con fuerza.

—Marcano viene para acá, Alejandro —dice Elena, temblando—. Descubrieron que el testamento de Berenice fue modificado desde tu computadora. Saben que la empujaste.

—¡Yo no la toqué! —le ruge Alejandro, zafándose del agarre—. Berenice se cayó por andar drogada. Pero si caes tú o caigo yo, Rubí se queda con todo. ¿Eso quieres? ¿Verdad?

—¡Prefiero ver a Rubí muerta antes que perder la mansión! —grita Elena, perdiendo los estribos—. Ella destruyó a tu padre, destruyó a tu hermana y ahora te tiene a ti como un perro faldero y protector.

Valeria aparece en lo alto de las escaleras, con el cabello alborotado y una sonrisa vacía que espanta.

—Ya no peleen… ¿Basta?—dice Valeria, bajando despacio, arrastrando los pies—. Ya no importa quién se quede con la casa. Anoche hablé con ellos. La novia negra y su hombre me dijeron que hoy limpian la mesa. Todos somos los siguientes.

***

Marcano entra a su oficina con una taza de café, pero se detiene en seco. Sobre su escritorio, justo encima del expediente de Rubí, hay una caja de cartón pequeña, envuelta en papel de regalo negro.

El detective deja el café, saca su arma y se acerca despacio. Con la punta de un bolígrafo, levanta la tapa de la caja nota algo extraño.

Dentro hay un frasco de vidrio con dos ojos humanos flotando en alcohol medicinal y una nota escrita a mano con tinta roja:

“Para que dejes de buscar donde no debes, detective. El juicio final no se detiene.”

Marcano da un paso atrás, asqueado y pálido, dándose cuenta de que Amanda acaba de convertirse en el quinto cadáver del pueblo, mientras los dos asesinos siguen jugando con la mente de todos desde la más absoluta libertad.

***

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Warriorgame
Si está seguro de que es un cadáver, tiene toda la razón.
Warriorgame
Que caso!!!🤔
Cons Espher
Me encanta como vas creando el misterio en esta historia 🥰
Cons Espher
Que trague y mastique
Cons Espher
Muero por descubrir el gran misterio
Cons Espher
Este amor parece algo enfermizo, pero al menos parece inocente
Cons Espher
Ay pero eso si encaja con rubí
Cons Espher
Definitivamente hay un gran misterio ahí
Cons Espher
Ya hasta membresía de cliente frecuente en la policía ha de tener la pobre😅
Cons Espher
Se ve que nadie le tiene mucho aprecio a Rubí
Cons Espher
Gran inicio
Cons Espher
No pierde el tiempo jajaja aquí de nuevo leyendo otra historia de este gran autor
FerWang
"¡La química y las chispas entre ellos en este capítulo fueron oro puro! 💥"
FerWang
"Me fascina la personalidad que le diste al protagonista en este capítulo. No puedo esperar a ver qué decisiones toma ahora, ¡voy volando al que sigue!
FerWang
"Imposible cerrar la pestaña después de ese final de capítulo. ¡Voy volando al siguiente ahora mismo! ➡️"
FerWang
"Qué gran trabajo estás haciendo. Se nota que hay mucha dedicación detrás de cada diálogo y cada descripción en este capítulo. 🙌"
FerWang
"No me esperaba para nada ese detalle a mitad del capítulo. Me encanta cómo siembras pistas y misterios que nos dejan pensando. 🧠"
FerWang
"¡Qué gran cierre! Justo cuando pensaba que las cosas se iban a calmar, lanzas un giro que me deja picadísimo para el siguiente. 💥"
FerWang
"¡Esto se está poniendo buenísimo y apenas vamos empezando! No aguanto las ganas, me voy directo al capítulo tres. 🏃‍♂️"
FerWang
"Si el primer capítulo me gustó, este segundo terminó de atraparme por completo. ¡Qué buen ritmo le estás dando a la narración! 🔥"
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