Antes de que todo ardiera…
hubo un amor que nunca debió existir.
Un ser dividido entre la luz y la oscuridad.
Un alma incapaz de elegir entre lo que era… y lo que sentía.
Y en medio de todo… Nyra.
Ella no pertenecía a ese mundo.
Pero fue el error que lo cambió todo.
Lo que comenzó como una conexión imposible…
se convirtió en obsesión.
En traición.
En una herida que nunca dejó de sangrar.
Porque cuando llegó el momento de elegir…
alguien lo perdió todo.
Y años después…
el pasado no volvió para sanar.
Volvió para destruir.
Esta no es una historia de amor.
Es el origen de una guerra.
Del enemigo que nació del dolor…
y de la única persona capaz de detenerlo.
O de terminar de romperlo todo.
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Capítulo 19
Después del ataque…
el silencio no trajo paz.
Trajo advertencia.
—No va a parar.
Mi voz salió baja.
Más firme de lo que me sentía.
Nyra asintió.
—Lo sé.
Pero esta vez…
no había duda en su voz.
Eso era bueno.
Y peligroso.
Porque significaba…
que ya lo había aceptado.
—Tenemos que prepararnos.
—Ya lo estamos.
—No lo suficiente.
Silencio.
Porque ambos sabíamos la verdad.
Nada…
era suficiente.
Y entonces—
lo sentí.
Pero no como antes.
No oculto.
No lejano.
Directo.
Como si ya no tuviera razón para esconderse.
—Llegó.
Nyra tensó la mirada.
—¿Federico?
—Sí.
Pero esta vez…
no esperó.
No provocó.
No jugó.
Apareció.
Frente a nosotros.
Sin sombras.
Sin distancia.
Como si ese lugar…
le perteneciera.
—Qué rápido aprenden…
Su voz era distinta.
Más fría.
Más estable.
Más peligrosa.
—Vete.
No dudé.
—No.
—No te queremos aquí.
Sonrió apenas.
—No vine por ti.
Silencio.
Eso ya lo conocía.
Y nunca terminaba bien.
—Entonces vete.
—No puedo.
—¿Por qué?
Pausa.
Y luego—
la miró.
Directo.
Sin disimulo.
—Porque ella es el punto.
El aire…
se volvió más pesado.
Más denso.
Más real.
—No.
—Sí.
—No te acerques.
—No tengo que hacerlo.
Eso…
no me gustó.
Nada.
—¿Qué quieres?
—Entender.
—¿Qué cosa?
—Por qué tú…
Señaló a Nyra.
—puedes hacer lo que nadie más puede.
Silencio.
Nyra no retrocedió.
—No hago nada.
—Exacto.
Eso hizo que todo se tensara más.
—Eso es lo interesante.
—Aléjate.
—No.
—No es un juego.
—Para mí sí.
Pausa.
Su mirada no se movió.
—Pero uno importante.
Nyra dio un paso adelante.
Sin pedir permiso.
—Entonces deja de hablar y dime qué quieres.
Eso…
lo sorprendió.
Apenas.
—Directa.
—Siempre.
Sonrió.
Pero no fue cálido.
Fue cálculo.
—Quiero saber…
Pausa.
—qué pasa si te quito de la ecuación.
El mundo…
se detuvo.
—No.
Di un paso.
—No es tu decisión.
—Claro que sí.
—No.
Silencio.
—No voy a dejar que—
—No puedes evitarlo.
—Inténtalo.
—No hace falta.
Pausa.
Más baja.
Más peligrosa.
—Ya lo estoy haciendo.
El aire cambió.
Pero no con energía.
Con intención.
Eso fue peor.
Mucho peor.
—¿Qué hiciste?
—Nada… aún.
Eso…
no tranquilizaba.
—Entonces vete.
—No.
—¿Qué estás esperando?
Silencio.
Su mirada se deslizó entre nosotros.
Midiendo.
Calculando.
—El momento correcto.
Nyra frunció ligeramente el ceño.
—¿Para qué?
—Para ver si realmente vales la pena.
El aire se tensó.
—No soy algo que puedas evaluar.
—Todo lo es.
Silencio.
—¿Y si no lo soy?
—Entonces no importas.
Eso…
no me gustó nada.
—Ella importa.
—Para ti.
—Sí.
—Y eso es suficiente.
Pausa.
—Para destruirte.
El mundo…
se volvió más frío.
—No.
—Sí.
Su voz no subió.
No lo necesitaba.
—Porque si tú caes…
Miró a Nyra.
—él también.
Silencio.
Eso…
no era una teoría.
Era una conclusión.
—No voy a caer.
Dijo Nyra.
Firme.
Sin titubeo.
—Eso dicen todos.
—No soy todos.
Eso lo hizo sonreír.
De verdad.
—Eso espero.
Silencio.
—Porque si eres diferente…
Pausa.
Sus ojos se oscurecieron apenas.
—será más interesante romperte.
El aire…
se quebró.
—No te acerques.
—No hoy.
Eso me detuvo.
—¿Entonces cuándo?
Sonrió.
Lento.
Seguro.
—Cuando duela más.
El mundo…
se contrajo.
—Esto no termina aquí.
—Lo sé.
—Apenas empieza.
—También lo sé.
Silencio.
Y entonces—
desapareció.
Sin prisa.
Sin rastro.
Pero esta vez…
no dejó duda.
No estaba reaccionando.
No estaba probando.
Estaba planeando.
Y eso…
era peor que cualquier ataque.
El problema no fue que se fuera.
Fue cómo se fue.
Sin prisa.
Sin duda.
Como alguien…
que ya sabía que iba a ganar.
Nyra no habló de inmediato.
Yo tampoco.
Porque ambos entendíamos lo mismo.
Esto…
había cambiado.
—No estaba probando —dijo finalmente.
—No.
—Ya decidió algo.
—Sí.
Silencio.
—Y no me gusta.
—A mí tampoco.
El aire seguía cargado.
Pero ahora…
no era solo presión.
Era vigilancia.
—Sigue aquí —murmuré.
Nyra frunció ligeramente el ceño.
—¿Federico?
—No.
—Entonces—
—No está atacando.
Pausa.
—Está observando.
Eso…
era peor.
Mucho peor.
—¿Por qué?
Silencio.
—Porque quiere entenderte.
—No hay nada que entender.
—Para él sí.
Nyra bajó la mirada un segundo.
No por miedo.
Por cálculo.
—¿Y si descubre algo?
—Lo hará.
Eso no era una posibilidad.
Era una certeza.
—Entonces tenemos que adelantarnos.
La miré.
—¿Cómo?
—No lo sé.
Silencio.
—Pero no podemos quedarnos esperando.
Eso tenía sentido.
Pero también…
era un riesgo.
—Moverse sin saber…
—es peor.
—Quedarse quieto también.
Silencio.
Atrapados.
Justo en medio.
—Entonces empezamos por algo.
—¿Qué?
Nyra no dudó.
—Tú.
Fruncí el ceño.
—¿Yo?
—Sí.
—¿Qué conmigo?
—Tu control.
El aire se volvió más denso.
—No es tan fácil.
—Nunca lo es.
—No depende solo de mí.
—Entonces empiezo yo.
Eso me hizo mirarla diferente.
—¿Qué?
—Si lo que pasa contigo cambia cuando estoy cerca…
Pausa.
—entonces lo usamos.
Silencio.
—Nyra…
—No tengo poderes.
—Lo sé.
—Pero tengo esto.
Señaló entre nosotros.
No el espacio.
La conexión.
—Y funciona.
Eso…
no lo podía negar.
—Es peligroso.
—Todo lo es.
—Esto más.
—Entonces lo hacemos bien.
Silencio.
Decisión tomada.
Sin vuelta atrás.
—No es un juego.
—Nunca lo ha sido.
El aire…
se tensó más.
—Entonces empezamos ahora.
—¿Ahora?
—Sí.
—Nyra—
—No voy a esperar a que él decida cuándo rompernos.
Silencio.
Eso…
me convenció.
No por lógica.
Por verdad.
—Está bien.
Su mirada cambió.
Más firme.
Más presente.
—¿En serio?
—Pero lo hacemos con cuidado.
—Siempre.
Silencio.
—Entonces dime qué hacer.
Respiré hondo.
—Quédate conmigo.
—Eso ya lo estoy haciendo.
—No.
Pausa.
—De verdad.
Nyra sostuvo mi mirada.
—Explícate.
—Cuando empiece…
Silencio.
—no te alejes.
El aire se volvió más pesado.
—¿Estás seguro?
—No.
—Eso no ayuda.
—Pero es la verdad.
Silencio.
—Confía en mí.
—Confío.
—Entonces no te vayas.
Pausa.
—Pase lo que pase.
Nyra no dudó.
—No me voy a ir.
Eso…
selló algo.
Más profundo.
Más peligroso.
Más… irreversible.
Y entonces—
lo intentamos.
Cerré los ojos.
Respiré.
Y dejé que la energía subiera.
No como antes.
No caótica.
Más controlada.
Más consciente.
Pero también…
más conectada.
—Gabriel…
—Estoy bien.
Mentira.
Porque lo sentí.
Desde el inicio.
No solo salir.
Desviarse.
Hacia ella.
—¿Qué—?
Nyra se tensó apenas.
—No te muevas.
—No me estoy moviendo.
Silencio.
La energía giró a su alrededor.
Lenta.
Precisa.
Como si la estuviera… leyendo.
Pero no la tocó.
No la rechazó.
No la dañó.
Solo…
respondía.
—Esto no es normal…
—Lo sé.
—Está reaccionando a mí.
—Sí.
El aire…
se volvió inestable.
Más denso.
Más vivo.
—Gabriel…
—Lo tengo.
Pero no lo tenía.
No completamente.
Porque en ese momento…
algo cambió.
Otra vez.
No en nosotros.
En él.
Federico.
—Ahora sí…
La voz.
Más clara.
Más cerca.
Más dentro.
—Lo entiendo.
El mundo…
se detuvo.
—No…
—Sí…
Silencio.
Y entonces—
la verdad.
—No es ella…
Pausa.
Más baja.
Más peligrosa.
—eres tú con ella.
El aire…
se rompió.
Porque eso…
lo cambiaba todo.
El silencio…
no duró.
Porque esta vez…
él no se fue.
—No es ella…
La voz de Federico
sonó más cerca.
Más real.
Más… dentro.
—Eres tú con ella.
El aire se congeló.
—Sal.
No dudé.
No esperé.
Y apareció.
Más cerca que antes.
Más interesado.
Más peligroso.
Pero esta vez…
no nos miró a los dos.
Solo a ella.
—Ahora sí lo entiendo.
Nyra no retrocedió.
Pero su respiración cambió.
Más corta.
Más consciente.
—Entonces dilo.
Eso lo hizo sonreír.
Despacio.
—No eres especial.
Silencio.
—Pero lo haces especial a él.
El mundo…
se tensó.
—No.
—Sí.
—No te acerques.
—No hace falta.
Pausa.
—Ya vi suficiente.
Nyra frunció el ceño.
—Entonces vete.
—No.
—¿Qué más quieres?
Silencio.
Y entonces—
—Probarlo.
Eso…
no me gustó.
Nada.
—¿Probar qué?
—Cuánto resiste.
El aire se volvió más pesado.
—No.
—Sí.
Y en ese instante—
se movió.
No hacia mí.
Hacia ella.
—¡NYRA!
Corrí.
Pero no fue un ataque.
Fue peor.
Mucho peor.
Su mano se detuvo a centímetros de su rostro.
Sin tocarla.
Pero lo suficiente cerca…
para romper algo.
Nyra se quedó completamente quieta.
—¿Qué estás haciendo?
—Mostrándote algo.
Silencio.
—No lo escuches.
Pero ya era tarde.
Porque Federico…
no me estaba hablando a mí.
—Míralo bien…
Su voz cambió.
Más baja.
Más suave.
Más… peligrosa.
—Esto es lo que te va a destruir.
—Cállate.
—No es mentira.
—CÁLLATE.
Pero Nyra…
no apartó la mirada.
Error.
—¿Qué quieres que vea?
Federico sonrió.
—Lo que va a pasar.
El aire no cambió.
La realidad sí.
—No.
—Sí.
—¡NYRA, NO—
Pero ya era tarde.
Sus ojos…
se quedaron fijos.
Vacíos.
Atrapados.
—No…
—Esto eres tú…
—Detente.
—cuando él pierda el control.
—¡DETENTE!
Corrí.
Pero me detuve.
No por fuerza.
Por miedo.
Porque en el fondo…
sabía exactamente lo que le estaba mostrando.
—No…
La respiración de Nyra se rompió.
—No…
—Esto es lo que pasa cuando te quedas.
Silencio.
—Cuando decides confiar.
—No es real.
Mi voz no sonó firme.
—Aún no.
Respondió Federico.
—Pero lo será.
—¡BASTA!
La energía explotó.
Más fuerte que nunca.
Más violenta.
Pero esta vez…
no hacia el mundo.
Hacia él.
Lo empujó.
Lo obligó a retroceder.
Y la conexión—
se rompió.
Nyra cayó de rodillas.
—¡NYRA!
Llegué a ella.
De inmediato.
—¿Estás bien?
No respondió.
Respiraba rápido.
Demasiado.
—Sí…
Mentira.
—¿Qué viste?
Silencio.
—Nada importante.
Otra mentira.
—Nyra—
—Estoy bien.
—No lo estás.
—Sí lo estoy.
Pero no me miraba.
Y eso…
lo decía todo.
Federico sonrió.
Satisfecho.
—Interesante…
El aire se volvió más frío.
—No te acerques.
—No hace falta.
Pausa.
—Ya sembré la duda.
Eso…
me encendió por dentro.
—No.
—Sí.
—No vas a—
—Ya lo hice.
Silencio.
—Ahora solo queda esperar.
El mundo…
se tensó.
—Esto no termina aquí.
—Lo sé.
—Te voy a detener.
Federico me miró.
Y sonrió.
—Eso espero.
Pausa.
—Porque si no…
Su mirada volvió a Nyra.
—va a ser muy fácil.
El aire se quebró.
Y desapareció.
Pero esta vez…
no dejó solo amenaza.
Dejó algo peor.
Duda.
Nyra seguía en silencio.
Demasiado.
—Mírame.
No lo hizo.
—Nyra…
Nada.
—Mírame.
Finalmente…
levantó la mirada.
Y ahí estaba.
No miedo.
No exactamente.
Algo más.
Más profundo.
Más peligroso.
Confusión.
—¿Qué viste?
Silencio.
—A ti.
El mundo…
se detuvo.
—¿Qué?
—Perdiendo el control.
Pausa.
Su voz bajó.
Más frágil.
—Y a mí…
Silencio.
—pagando por eso.
El aire…
se volvió pesado otra vez.
Eso…
era exactamente lo que él quería.
—No va a pasar.
—No lo sabes.
Silencio.
Eso dolió.
Más de lo que debería.
—Confía en mí.
—Lo intento.
Eso…
no fue suficiente.
—Nyra—
—No me voy a ir.
Pausa.
Pero esta vez…
no sonó igual.
—Pero ahora entiendo algo.
El mundo…
esperó.
—¿Qué?
Sus ojos no se movieron de los míos.
—Esto no es solo peligroso.
Silencio.
—Es real.
Y eso…
lo cambió todo.