Luna es una creadora de contenido y diseñadora UX que se hace pasar por su hermana Sol para contraer un matrimonio arreglado con Gael, un fundador de ciberseguridad al que todos llaman "lobo de negocios". Pero él ya sabe la verdad – su fachada feroz es solo para proteger a los suyos – y juntos hacen un pacto para investigar las amenazas que acechan a la empresa de su hermana.
Mientras trabajan en equipo, las reglas de su mentira empiezan a romperse: descubren una pasión compartida por la tecnología con propósito, y cada día se acercan más. En un mundo donde la imagen parece todo, tendrán que decidir si seguir fingiendo o atreverse a ser ellos mismos – porque el único código que nunca falla es el del amor construido sobre la autenticidad.
NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 4
La recepción terminó poco antes de la medianoche. Los últimos invitados se fueron abrazándonos y deseándonos suerte, mientras los empleados del palacio empezaban a recoger los platos y a desmontar las decoraciones de flores. Gael habló con su familia unos minutos más – su madre le dio un beso en la frente y le susurró algo que no pude oír, y su padre le dio un apretón de manos firme – luego se acercó a mí con su chaqueta en la mano.
“Está listo el coche”, dijo. “Vamos al hotel.”
Sol se acercó a nosotros antes de que nos fuéramos, con la abuela a su lado – la anciana estaba un poco cansada, pero seguía sonriendo.
“Descansa mucho, niñas”, dijo la abuela, cogiendo mi mano y la de Sol. “Mañana vendré a visitaros al hotel para llevaros desayuno casero.”
La idea de que la abuela viniera a verme mañana siendo “Sol” me produjo un nudo en la garganta, pero le sonreí y le dije que sería un placer. Sol me dio una mirada de apoyo y me susurró al oído:
“Todo irá bien. Cuídate.”
El coche que nos esperaba era un sedán negro grande y cómodo, con un chófer que nos abrió las puertas en silencio. Mientras íbamos hacia el hotel, Gael se quedó sentado en el asiento de al lado, mirando por la ventanilla sin decir nada. La ciudad de Sevilla se veía diferente de noche: las calles estaban casi vacías, los edificios se iluminaban con luces amarillas cálidas, y el aire que entraba por la ventanilla llevaba el aroma de flores y pan recién horneado de alguna panadería que todavía estaba abierta.
“¿Qué piensas?” pregunté finalmente, cansada del silencio.
“Pienso que tu hermana es muy valiente, pero también muy terca. Debería haberme contado lo de las amenazas desde el principio – así hubiéramos podido actuar antes.” Se giró hacia mí y cruzó las manos en el regazo. “También pienso que eres una persona honesta, a pesar de estar metida en esta mentira. Eso cuenta mucho para mí.”
No supe qué responder, así que me limité a sonreír y volver a mirar por la ventanilla. El hotel era uno de los más lujosos de la ciudad, con un vestíbulo de mármol blanco y plantas tropicales en grandes maceteros. El recepcionista nos saludó con una sonrisa y nos dio las llaves de una suite en el piso superior.
“La suite tiene dos habitaciones separadas”, dijo Gael cuando subimos en el ascensor. “Así cada uno tiene su espacio. Creo que es mejor así.”
Asentí, aunque no sabía por qué me sentí un poco decepcionada. La suite era preciosa: sala de estar con sofás de terciopelo azul, mesa de cristal y un televisor enorme en la pared; cocina pequeña pero completamente equipada; y dos habitaciones dobles con camas king size y baños completos. Gael dejó su maleta en una de las habitaciones y luego vino a la sala de estar, donde yo me había sentado en el sofá.
“Vamos a hablar de negocios primero”, dijo, sentándose frente a mí y colocándose las gafas que llevaba en el bolsillo de la camisa. “Necesito que me cuentes todo lo que sabes sobre las amenazas a VerdeFuturo. Todo – desde el primer correo que recibieron hasta el último mensaje que tu hermana consiguió.”
Pasé los siguientes cuarenta minutos contándole todo: cómo Sol había empezado a recibir correos electrónicos anónimos tres semanas antes, cómo habían encontrado el dispositivo de escucha en la sala de reuniones, el mensaje que había recibido ayer por la mañana. Gael tomó apuntes en un cuaderno pequeño, haciendo preguntas detalladas cada vez que mencionaba algo importante.
“Los correos – ¿estaban cifrados?” preguntó.
“Creo que sí. Sol dijo que su equipo no había podido rastrear la dirección de origen.”
“El dispositivo de escucha – ¿qué tipo era? ¿Era algo casero o profesional?”
“Profesional. El técnico de seguridad dijo que era de una marca que solo usan empresas especializadas en inteligencia corporativa.”
Gael cerró el cuaderno y se pasó una mano por el pelo, pensativo.
“Esto no es trabajo de unos aficionados. Alguien con recursos está detrás de esto – alguien que sabe cómo moverse en el mundo de la tecnología y que quiere acabar con VerdeFuturo a toda costa.” Se miró su reloj y luego a mí. “Mañana por la mañana, mi equipo vendrá desde Madrid. Vamos a hacer una auditoría completa de los sistemas de la empresa, instalar nuevas medidas de seguridad y empezar a rastrear la fuente de las amenazas.”
“¿Y qué pasa conmigo? ¿Qué tengo que hacer?”
“Tienes que seguir siendo Sol. Al menos por ahora. Si los responsables descubren que ella no está en la empresa, podrían aprovecharse de la situación para hacer más daño. Además, la abuela cree que está casada conmigo – no podemos hacerle daño a ella.” Se inclinó hacia adelante un poco, mirándome a los ojos. “Pero hay unas reglas que tenemos que seguir, ¿de acuerdo?”
“Claro. Dímelas.”
“Primera regla: nunca mientas sobre cosas importantes. Si algo pasa – si recibes un mensaje, si ves algo raro en la empresa, si tienes alguna duda – me lo cuentas inmediatamente. No hay secretos entre nosotros en esto.”
“De acuerdo.”
“Segunda regla: respetamos el espacio del otro. Tú tienes tu habitación, yo la mía. No entramos en la habitación del otro sin permiso, no tocamos las cosas del otro, no preguntamos por asuntos personales a menos que el otro quiera hablar de ellos.”
Negué con la cabeza lentamente. Esa regla me hizo sentir como si estuviéramos en un contrato de alquiler, no en un matrimonio – aunque claro, era exactamente eso: un acuerdo, un trato.
“Tercera regla: en público, actuamos como una pareja normal. Nos cogemos de la mano, nos damos besos en la mejilla, hablamos bien el uno del otro. Pero en privado, podemos ser nosotros mismos. Tú no tienes que ser Sol conmigo – ya sé que no lo eres.”
Esa última parte me hizo sentir un poco mejor. Me levanté del sofá y me acerqué a la ventana del salón, que daba a una terraza con vistas a la ciudad. Las luces de Sevilla parpadeaban en la distancia, y podía ver el río Guadalquivir brillando bajo la luz de la luna.
“¿Por qué aceptaste el matrimonio arreglado?” pregunté sin girarme. “Eres rico, tienes una empresa exitosa – no necesitas casarte con alguien que no conoces por un acuerdo de familia.”
Gael se levantó y se acercó a mi lado, mirando hacia la misma dirección que yo.
“Mi abuelo – el padre de mi padre – fue quien empezó SecureTech hace cuarenta años. Él siempre dijo que la familia y las alianzas son lo más importante en los negocios. Cuando la abuela de Sol le propuso el acuerdo, mi padre lo vio como una oportunidad de fortalecer nuestra posición en el mercado de la biotecnología. Pero yo…” se detuvo y suspiró. “Yo acepté porque creí que Sol era una mujer inteligente y trabajadora, y que juntos podríamos hacer cosas buenas. Aún creo que así es.”
“Lo es. Es la mejor CEO que podría tener VerdeFuturo. Se preocupa más por el impacto de su trabajo que por el dinero que gana.”
“Sé que sí. He investigado un poco sobre ella y su empresa – es imposible estar en el mundo de la tecnología y no saber lo que hace VerdeFuturo.” Se giró hacia mí y me miró. “Y tú – ¿qué haces cuando no estás haciendo de tu hermana?”
Me sonrojé un poco. Era la primera vez que alguien preguntaba por mí, no por Sol.
“Soy diseñadora UX – me encargo de hacer que las apps y las plataformas sean fáciles de usar y bonitas de ver. También hago contenido en redes sociales sobre empoderamiento femenino en tecnología – enseño a chicas jóvenes a programar, a diseñar, a no tener miedo de meterse en este mundo que todavía está lleno de hombres.”
Gael sonrió – una sonrisa de verdad, que iluminó su rostro y hizo que sus ojos brillaran.
“Eso es genial. De verdad. Mi fundación hace algo similar – enseñamos programación a niñas de barrios con pocos recursos. Quizás algún día podamos trabajar juntos en algo.”
Me sentí como si me hubieran quitado un peso de encima. Había pasado los últimos días tratando de ser alguien que no era, y por primera vez, alguien me preguntaba por quién realmente era – y le gustaba lo que había escuchado.
“Creo que me gustaría mucho”, dije, sonriendo a mi vez.
Miramos el uno al otro durante unos segundos, y en ese instante, el aire entre nosotros cambió – se hizo más denso, más caliente. Estaba a punto de decir algo más cuando de repente sonó el teléfono de Gael. Lo cogió del bolsillo y miró la pantalla – era un mensaje de texto de su equipo.
“Lo siento – tengo que responder esto”, dijo, volviendo a su expresión seria. “Es sobre los preparativos para mañana.”
Asentí y me senté de nuevo en el sofá mientras él escribía una respuesta en su móvil. Cuando terminó, cerró el dispositivo y se quedó mirándolo durante un segundo.
“Bueno – ya son las dos de la mañana”, dijo, levantándose de nuevo. “Deberíamos dormir un poco. Mañana será un día largo.”
“Claro. Gracias por… por todo. Por querer ayudar a Sol.”
“Es mi deber ahora – tanto como marido como empresario.” Se acercó a mí y me dio un beso suave en la mejilla, como lo habría hecho con una amiga. “Descansa bien, Luna.”
Me quedé mirándolo mientras se dirigía a su habitación y cerraba la puerta detrás de él. Me sentí extraña – estaba cansada, emocionada, nerviosa y tranquila a la vez. Había entrado en este matrimonio pensando que iba a ser una prisión, pero ahora empezaba a pensar que podría ser algo más – no un amor de película, claro que no, pero tal vez una amistad, una alianza, algo real entre dos personas que estaban tratando de hacer lo correcto.