Magia, traición y un juramento silencioso marcan el inicio de una historia donde la inocencia se convierte en determinación. En un reino construido sobre mentiras, incluso las almas más puras pueden oscurecerse.
NovelToon tiene autorización de kingofcurses_rb. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 4: Fiebre Carmesí
El pasillo hacia la enfermería estaba en silencio.
Los pasos de los maestros resonaban firmes contra el suelo pulido, mientras Asahi y Himari caminaban detrás. Nadie hablaba.
El incidente ya se había extendido por la academia como fuego en papel seco.
Dentro de la enfermería, el ambiente era distinto.
Más tranquilo.
Más frío.
La enfermera, una mujer de rostro sereno y mirada observadora, hizo que Himari se sentara primero.
—Levanta el brazo —dijo con suavidad.
La zona impactada aún estaba enrojecida, pero no era grave. Aplicó un hechizo curativo sencillo; una luz tenue cubrió la piel de Himari y el dolor comenzó a disiparse.
—No fue profundo. Estarás bien —aseguró.
Himari asintió.
Pero no dejó de mirar a su hermano.
Asahi estaba de pie junto a la pared, en silencio, con la mirada baja. Sus manos seguían tensas, como si todavía recordaran el contacto.
La enfermera comenzó a ordenar algunos frascos cuando Himari se inclinó ligeramente hacia ella.
—Por favor… —susurró casi inaudible— revise a mi hermano mayor.
La enfermera la miró con curiosidad.
—¿Está herido?
Himari dudó un segundo.
—Por un instante… vi cómo sus ojos se pusieron rojos.
El comentario quedó flotando en el aire.
La enfermera volvió la vista hacia Asahi.
Lo observó con más atención.
—Joven… ¿puedes sentarte?
Asahi levantó la mirada.
Sus ojos estaban normales.
Oscuros.
Humanos.
Se acercó sin protestar y tomó asiento en la camilla.
—No estoy herido —dijo con calma.
La enfermera no respondió. Colocó su mano en la frente de Asahi.
Y se quedó inmóvil.
Su expresión cambió.
—Dios mío… —murmuró— estás hirviendo.
Himari se levantó de inmediato.
—¿Qué?
La enfermera apoyó ambas manos ahora, concentrando un hechizo diagnóstico. Una leve luz azul recorrió el cuerpo de Asahi.
Pero bajo la luz…
Algo vibraba.
Algo que no era fiebre común.
—Tu temperatura es anormalmente alta —dijo con seriedad—. ¿Usaste magia recientemente?
Asahi guardó silencio un segundo.
—No fue nada importante.
La enfermera lo miró con firmeza.
—La magia siempre es importante.
Asahi sintió un pulso dentro de su pecho.
Lento.
Pesado.
Como si algo respondiera al ser observado.
Himari dio un paso más cerca.
—¿Está enfermo?
La enfermera dudó.
—No exactamente… pero su energía está inestable. Es como si su flujo mágico hubiera sido forzado.
Asahi apretó ligeramente los dientes.
Recordó ese instante.
Ese segundo en el que casi abrió la puerta interna.
No la cruzó…
Pero estuvo cerca.
—Necesita descansar —continuó la enfermera—. Y evitar usar magia por unos días.
Asahi soltó una pequeña risa seca.
—Eso no será problema.
Pero su cuerpo lo traicionó.
Un ligero mareo lo obligó a apoyar una mano en la camilla.
Himari lo sostuvo de inmediato.
—Te dije que no era buena idea pelear…
Asahi la miró.
Y por un segundo…
Ella creyó ver un destello rojizo en el fondo de sus pupilas.
Duró menos que un parpadeo.
Pero fue suficiente para que el miedo le recorriera la espalda.
La enfermera también lo notó.
No dijo nada.
Solo retiró la mano lentamente.
—Hay algo… peculiar en tu energía —murmuró—. Si vuelve a ocurrir, quiero que vengas de inmediato.
Asahi asintió.
Pero en el fondo sabía que no era algo que simplemente “volviera a ocurrir”.
No era accidente.
No era enfermedad.
Era algo que despertaba.
Cuando salieron de la enfermería, el pasillo parecía más largo que antes.
Más silencioso.
Himari caminaba a su lado sin hablar.
Finalmente, rompió el silencio.
—Asahi… ¿qué fue eso?
Él miró sus propias manos.
Recordó la sensación.
El poder.
La satisfacción.
Y ese calor insoportable recorriendo sus venas.
—No lo sé —respondió.
Pero esa fue la primera mentira.
Capítulo 4 – Parte 2
Lo Que No Debería Existir
El pasillo estaba casi vacío cuando Asahi se detuvo.
Himari caminaba a su lado, aún inquieta.
—Asahi… lo que pasó ahí dentro…
Él suspiró.
—Pero yo no tengo poder mágico.
Se giró hacia ella.
—Lo sabes. Todos lo saben. Me evaluaron cuando entré a la academia. No tengo afinidad elemental, no puedo canalizar energía externa. Solo soy físico.
Himari frunció el ceño.
Era cierto.
Desde pequeños, los instructores habían determinado que Asahi no poseía núcleo mágico activo. No podía lanzar hechizos, ni manipular energía como los demás estudiantes.
Ella, en cambio, sí.
Podía usar magia.
Era ágil con la espada.
Y su control era estable.
Asahi era… diferente.
—Tú sí puedes usar magia —continuó él—. Y eres fuerte físicamente. Sabes manejar la espada. Yo solo soy atlético. Nada más.
Su voz no tenía resentimiento.
Era una aceptación fría.
—Aún así —añadió con una leve sonrisa— el maestro de combate me dijo algo.
Himari lo miró.
—¿Qué?
Asahi recordó el entrenamiento.
El maestro, un hombre severo y lleno de cicatrices, había observado cómo derribaba a un compañero con pura técnica corporal.
“Recuerda esto”, le había dicho.
“La fuerza bruta supera a la magia cuando la magia depende del ego.”
—Me dijo que la fuerza bruta supera a la magia —repitió Asahi.
Himari bajó la mirada.
—Pero lo que pasó hoy… no fue solo fuerza.
Asahi guardó silencio.
Ella tenía razón.
El calor.
La presión.
La sensación de que algo circulaba dentro de él.
Eso no era simple adrenalina.
Se apoyó contra la pared, cruzándose de brazos.
—Tal vez fue solo enojo.
—No —dijo Himari con firmeza inesperada—. Yo sentí algo.
Eso lo hizo mirarla.
—Cuando lo golpeaste… el aire cambió. Como cuando alguien activa magia. Fue leve, pero estuvo ahí.
Asahi sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
No miedo.
Algo más profundo.
Confusión.
—Eso es imposible.
Himari se acercó un paso.
—Asahi… por un segundo tus ojos se pusieron rojos.
El silencio volvió.
Pesado.
Él la miró fijamente.
—¿Rojos?
Ella asintió.
—No como los de Sato cuando usa magia. Eran… más oscuros. Más intensos.
Asahi recordó la fiebre.
Recordó la enfermera diciendo que su energía estaba inestable.
Energía.
Pero él no tenía energía mágica.
No debería tenerla.
Una idea cruzó por su mente.
Rápida.
Incómoda.
Si no era magia externa…
¿Entonces era algo interno?
Sus manos se cerraron lentamente.
El latido en su pecho volvió a sentirse fuerte.
Un pulso… distinto.
Himari tomó su mano con suavidad.
—No quiero que te pase nada.
Esa frase lo ancló otra vez.
La miró.
Y esta vez su sonrisa fue sincera.
—No me pasará nada. Te lo prometo.
Pero mientras caminaban hacia la salida de la academia, una sensación persistente permanecía bajo su piel.
No era magia elemental.
No era energía prestada.
Era algo que nacía de él.
Algo que no había sido enseñado.
Algo que nadie había detectado.
Y si el maestro tenía razón…
Si la fuerza bruta superaba a la magia…
Entonces lo que despertaba dentro de Asahi no buscaba competir con la magia.
Buscaba aplastarla.
Y esa posibilidad…
Era mucho más peligrosa.