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EN LA FRONTERA DEL DESEO

EN LA FRONTERA DEL DESEO

Status: En proceso
Genre:Omegaverse
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Un omega que no se doblega.
Un Enigma incapaz de amar.
Cuando el deseo rompe el control, solo una elección puede salvarlos… o destruirlos.

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4: Bajo la noche que no protege

La noche cayó sobre la frontera como un manto pesado.

No había estrellas visibles; las nubes cubrían el cielo y el aire traía un frío húmedo que se colaba bajo las capas. El destacamento acampó en un claro estrecho, protegido por rocas irregulares y un anillo de árboles retorcidos. No era un buen lugar para quedarse, pero avanzar en la oscuridad habría sido peor.

El fuego era pequeño, controlado. Nadie quería llamar la atención.

Rhydian se sentó a un lado, limpiando el filo de su puñal con un trozo de tela. La sangre ya se había secado en el metal. Cada movimiento era lento, casi ritual, como si necesitara anclarse a algo concreto después del sobresalto del ataque. A su alrededor, los soldados murmuraban en voz baja. Algunos lo miraban con una mezcla de sorpresa y cautela. Un omega que no huía del peligro alteraba el orden natural que conocían.

Severin se mantenía de pie, apartado del fuego, observando la línea oscura del bosque. La luz anaranjada delineaba su perfil de forma extraña, suavizando apenas los bordes de su rostro sin quitarle esa cualidad distante, casi inhumana. Parecía más una estatua que un hombre cansado tras un día de marcha.

Rhydian notó que el Enigma no se sentaba nunca cerca de los demás.

No por arrogancia, sino por… distancia. Como si el espacio entre él y el resto fuera una frontera invisible que nadie se atrevía a cruzar.

Cuando el turno de vigilancia se repartió, a Rhydian le tocó la segunda guardia. No protestó. Se levantó cuando correspondía y caminó hasta el perímetro, donde la oscuridad se espesaba entre los troncos.

El bosque de noche no hacía ruido. Eso era lo más inquietante.

—No deberías estar aquí solo.

La voz de Severin surgió desde atrás, baja, sin sobresalto. Rhydian se giró apenas.

—No estoy solo —respondió—. Tengo ojos y un puñal. Suele bastar.

Severin se colocó a su lado, mirando en la misma dirección.

—No siempre.

Compartieron el silencio durante varios latidos. El aire era frío, pero Rhydian sentía un calor extraño en el pecho, una tensión que no se debía al peligro externo. Era la cercanía del Enigma. Esa presencia contenida que no tocaba, no reclamaba… y aun así pesaba.

—¿Te molesta que no me comporte como esperas de un omega? —preguntó Rhydian de pronto.

Severin tardó en responder.

—No espero comportamientos —dijo al final—. Espero reacciones previsibles. Y tú no lo eres.

Rhydian soltó una risa breve.

—Entonces soy un problema para tu control perfecto.

—Sí —admitió Severin sin rodeos—. Y eso no es algo que suela tolerar.

Rhydian alzó una ceja.

—¿Y aun así me trajiste contigo?

Los ojos grises se posaron en él.

—Porque hay problemas que revelan grietas útiles en los sistemas demasiado rígidos.

Rhydian sintió un escalofrío. Aquello sonaba peligrosamente cercano a un elogio en boca de alguien como Severin.

Un crujido leve entre los árboles los tensó a ambos. Rhydian llevó la mano al puñal. Severin alzó una mano, ordenando quietud. La figura que emergió del bosque no era un enemigo, sino una mujer de mediana edad, envuelta en un manto raído. Detrás de ella, dos niños de ojos demasiado grandes para sus rostros delgados.

—No nos hagan daño —suplicó, con voz temblorosa—. Solo buscamos refugio.

Rhydian dio un paso adelante antes de que Severin pudiera hablar.

—No vamos a hacerles daño —dijo con firmeza—. Pero este no es un buen lugar para quedarse.

La mujer miró a Severin con terror evidente. Los Enigmas no eran figuras tranquilizadoras en los cuentos de frontera.

—Ellos… se llevaron a los omegas del pueblo —continuó ella—. Dijeron que los necesitaban para un trato con un señor del castillo.

Rhydian sintió que algo se le endurecía en el pecho.

Severin no reaccionó de inmediato. Su expresión siguió siendo impenetrable, pero sus dedos se cerraron lentamente.

—¿Quiénes? —preguntó.

—Hombres del clan Helkar —respondió la mujer—. Dijeron que el duque pagaría bien.

El silencio que siguió fue peligroso.

Rhydian miró a Severin.

—Así que esto no es solo un rumor —murmuró—. Están cazando omegas para venderlos.

Severin asintió, con una frialdad que escondía algo más oscuro bajo la superficie.

—Y eso convierte esta frontera en un mercado.

Rhydian apretó la mandíbula.

—No pienso seguir marchando como si nada.

Severin lo observó con detenimiento.

—No eres un soldado.

—No —replicó Rhydian—. Pero soy un omega al que no pudieron cazar. Y no pienso mirar hacia otro lado.

El Enigma sostuvo su mirada durante un largo segundo. Luego, contra todo pronóstico, asintió.

—Entonces no miraremos hacia otro lado —dijo—. Pero entiende esto, Rhydian: si decides quedarte en esta guerra, no habrá vuelta atrás para ti.

Rhydian no dudó.

—Nunca la hubo.

La noche pareció cerrarse un poco más a su alrededor.

Y, por primera vez, la frontera no era solo un territorio hostil. Era el escenario de una decisión que empezaba a unirlos no por deseo… sino por elección.

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"katu azul"
buenoooooo que comience la diversión /Scream//Scream//Scream/
pryz
Estos dos son lentos
pryz
No puedo con estos dos
pryz
Repito son tontos
pryz
Ya empezamos con los celos 🤭
pryz
Tontos los dos
pryz
Estos son tontos o se hacen
pryz
Se siente en el corazón pero lo que se usa para pensar es la cabeza amigo
Rosario Simental: no me gusta leer en pausas se pierde el interés. ponganlas completas y seguiré siendo su fiel lectora. gracias
total 1 replies
pryz
Asi se habla sin pelos en la lengua
pryz
Vamos bien, no se deja
pryz
Quw manera de decir me gustas
pryz
Ok vamos bien, nada de protas tontos
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