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Fuera De La Niebla: "El Despertar De La Difunta"

Fuera De La Niebla: "El Despertar De La Difunta"

Status: En proceso
Genre:Venganza de la protagonista / Traiciones y engaños / Venganza de la Esposa
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Arianna Rose

"¿Qué harías si el hombre que juró amarte te roba la vida, tu fortuna y a tus hijos?"
Valeria Estrada lo tenía todo: una familia hermosa y el control de la corporación más grande del país. Pero su mundo se volvió cenizas cuando su esposo, Adrián Montero, la traicionó de la forma más cruel. No solo le quitó su dinero y la engañó con su mejor amiga, sino que la encerró en un hospital psiquiátrico de alta seguridad, drogándola durante años para borrar su lucidez y hacerle creer que estaba loca.
Para el mundo exterior, Valeria Estrada murió. Para sus hijos, ella es solo un recuerdo borroso reemplazado por una madrastra cruel.
Pero tras cinco años de oscuridad, Valeria logra despertar de la niebla. Con la ayuda de dos aliados que el destino puso en su celda, finge su propia muerte y escapa de su prisión de pesadilla.
Ahora, Valeria ha regresado con un nuevo rostro y una identidad impenetrable
La "difunta" ha despertado... y la verdadera pesadilla para los Montero está a punto de comenzar.

NovelToon tiene autorización de Arianna Rose para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Bajo la luz de los candelabros

El restaurante era uno de esos lugares donde el silencio es tan caro como la carta. Al entrar, el grupo atrajo miradas de inmediato, pero no por la ostentación de Adrián o el brillo de Isabella, sino por la figura serena de Elena. Caminaba un paso por detrás de Adrián, manteniendo esa distancia profesional que, paradójicamente, la hacía destacar aún más.

A mitad de la velada, cuando los brindis por la licitación ya habían pasado, Sebastián Vogel entró al salón. No fue una coincidencia; él sabía que los Montero celebrarían allí. Al verlos, se acercó a la mesa con una parsimonia natural.

—Adrián, Isabella —saludó Sebastián con un gesto breve, para luego fijar su vista en Elena—. Señorita Rose, es un gusto volver a verla.

Adrián se tensó visiblemente, dejando la copa de vino sobre la mesa con un golpe un poco más fuerte de lo normal.

—Vogel. No sabía que frecuentaras este sitio los martes.

—Los buenos negocios requieren buenos ambientes —respondió Sebastián, ignorando el tono hostil de Adrián. Se giró hacia Elena y, con una cortesía que no mostró con los demás, añadió—: El azul noche le sienta muy bien, Elena. Es un color que exige porte, y usted lo lleva con mucha naturalidad.

—Gracias, señor Vogel —respondió Elena con una sonrisa breve y profesional, sin darle importancia al cumplido—. Es un gusto saludarlo. Espero que sus proyectos en el norte estén avanzando como espera.

Sebastián sonrió, apreciando que ella devolviera la conversación al terreno laboral incluso en una cena social.

—Están en proceso. De hecho, me vendría bien una perspectiva tan clara como la suya en mi próximo comité. Adrián, tienes suerte de contar con una consultora que no se pierde en los detalles irrelevantes.

Adrián sintió una punzada de celos que le recorrió el pecho. Ver a su mayor rival reconocer la valía y la belleza de la mujer que se sentaba a su lado le resultaba insoportable. Por un lado, sentía el impulso de marcar territorio sobre Elena, pero por otro, la presencia de Isabella —que lo observaba con ojos de halcón— lo obligaba a mantener la compostura.

—Elena es fundamental en mi equipo —dijo Adrián, forzando una sonrisa de suficiencia—. Pero dudo que tenga tiempo para asesorar a otros, su agenda conmigo está bastante llena.

Isabella, sintiéndose como un adorno ignorado, intervino con una voz cargada de falsa dulzura.

—Bueno, después de todo, Elena es la institutriz de nuestros hijos, Sebastián. No hay que olvidar sus verdaderas responsabilidades. El mundo de las finanzas es solo un pasatiempo que mi marido le permite para que no se aburra entre lecciones de geografía.

La pulla de Isabella fue directa y poco elegante. Sebastián no se inmutó, pero Elena, con una calma que hizo quedar a Isabella como una principiante, respondió:

—La educación de los niños Montero es mi prioridad, señora. Pero la inteligencia no es algo que se pueda compartimentar. El análisis de datos y la pedagogía comparten la misma base: la estructura.

Sebastián asintió, visiblemente impresionado por la forma en que ella manejaba el veneno de Isabella sin despeinarse.

—Si me disculpan, mi mesa me espera. Disfruten la cena. Elena, espero que volvamos a coincidir pronto para hablar de ese informe sobre energías renovables.

Cuando Sebastián se retiró, el silencio en la mesa era denso. Adrián no podía dejar de mirar de reojo a Elena. La veía tan centrada, tan ajena a los celos de Isabella y a los halagos de Vogel, que su deseo por ella creció de una forma peligrosa. Ya no era solo atracción física; era una necesidad de poseer esa mente y esa calma.

—No me gusta que hables tanto con él —soltó Adrián en voz baja, aprovechando que Isabella se había distraído saludando a una conocida en la mesa de al lado.

—Solo fue cortesía profesional, señor —respondió Elena, manteniendo su vista en el plato—. El señor Vogel es un hombre que valora el intelecto. No hay nada de qué preocuparse.

—Me preocupa que intente sacarte de mi lado —replicó Adrián, acercándose a ella más de lo debido—. Y no estoy dispuesto a que eso ocurra.

Elena sintió el peso de la mirada de Adrián, cargada de una posesividad que empezaba a rayar en la obsesión. Isabella regresó a la mesa en ese instante, notando la cercanía entre su esposo y la institutriz. Sus ojos ardían, pero no dijo nada; sabía que un escándalo en ese lugar sería su ruina social.

—¿Nos vamos? —preguntó Isabella con voz cortante—. Mañana es un día largo.

Durante el trayecto de vuelta en el coche, nadie habló. Adrián miraba por la ventana, pero su reflejo en el cristal mostraba que sus ojos buscaban constantemente a Elena a través del retrovisor. Elena, por su parte, miraba la ciudad pasar, sabiendo que esa noche había logrado algo crucial: Adrián ya no la veía como una empleada, y Sebastián ya no la veía como un misterio lejano. Ambos hombres estaban orbitando alrededor de ella, y en medio de ellos, Isabella se desintegraba en su propia furia.

Al llegar a la mansión, Elena se despidió con una inclinación de cabeza.

—Buenas noches, señores.

Caminó hacia su habitación con paso firme. Al cerrar la puerta, se deshizo de la máscara de cortesía. El plan avanzaba más rápido de lo esperado. Adrián estaba empezando a perder el juicio por ella, y esa sería su caída final.

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Elvia Ramona Barreto
uuuf! Cuanta tención, me pone los pelos de punta este suspenso
yanetsi izarra: 🥰👏🏻👏🏻👏🏻
total 1 replies
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