Morí una vez por ser quien era.
Reencarné en una historia donde el villano estaba destinado a caer.
El héroe eligió al omega correcto.
El mundo celebró.
Yo elegí al villano.
Sethiel, un omega que recuerda su vida pasada, decide quedarse al lado del hombre condenado por amar demasiado.
Un BL omegaverse oscuro sobre obsesión, elección y destino reescrito.
NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 5 Lo que empieza a pertenecer
Sethiel Raviel no se sentía invitado en Blackthorne.
Se sentía presente.
La diferencia era sutil, pero definitiva. Un invitado mide sus pasos, cuida el tono, se adapta al espacio ajeno. Sethiel no hacía nada de eso. Caminaba por los corredores del castillo con la naturalidad de quien no busca permiso, solo coherencia consigo mismo.
No imponía su presencia.
La sostenía.
Blackthorne no era un lugar amable. La piedra oscura, los pasillos estrechos, la ausencia de ornamentos hablaban de un territorio que no pedía ser querido. Sethiel lo entendió desde el primer momento y, lejos de incomodarlo, le resultó familiar.
Había vivido demasiado tiempo en lugares donde no encajaba como para temerle a uno que no fingía hospitalidad.
Los guardias lo observaban al pasar. No con hostilidad abierta, sino con una cautela incómoda. Un omega no solía moverse así. Un omega no sostenía la mirada. Un omega no caminaba como si el suelo bajo sus pies no pudiera reclamarle nada.
Sethiel lo notaba… y no reaccionaba.
Sabía que esa indiferencia tranquila descolocaba más que cualquier desafío directo.
Y sabía algo más.
Draven Blackthorne lo estaba observando.
No desde las sombras ni con vigilancia disimulada. Draven no era ese tipo de hombre. Su atención era frontal, densa, como una presión constante sobre la piel. Sethiel no fingió no sentirla. No estaba allí para juegos de evasión.
Le gustaba.
Le gustaba porque no era persecución.
Era evaluación.
Y Sethiel no tenía nada que ocultar.
Lo encontró en la galería exterior, revisando informes junto a dos oficiales. El viento arrastraba el olor de la piedra húmeda y del metal trabajado. Sethiel se detuvo a unos pasos. Visible. Presente. No interrumpió. Esperó.
No por sumisión.
Por control del momento.
Cuando Draven alzó la vista, Sethiel habló primero:
—No voy a fingir indiferencia. Prefiero que lo sepas desde ahora.
Los oficiales intercambiaron miradas incómodas. Draven no apartó los ojos de Sethiel. Hizo un gesto breve con la mano, despidiéndolos.
El aire cambió en cuanto quedaron solos.
—No te pedí explicaciones —dijo Draven.
—No te las doy —respondió Sethiel—. Te doy claridad.
Avanzó un paso. Solo uno. Medido. No invadía, pero tampoco se mantenía a salvo. Draven percibió con más fuerza el aroma del omega: té oscuro, humo tenue, estabilidad. No empujaba. No suplicaba.
Se quedaba.
—Anoche te dije que me gustabas —continuó Sethiel—. No fue un impulso. Tampoco una provocación.
Draven lo observó con atención fría.
—Hablas como si no temieras la consecuencia.
—Las temo —admitió Sethiel—. Simplemente no huyo de ellas.
El viento levantó un mechón de su cabello. No lo acomodó. No rompió el contacto visual.
—No estoy aquí para que me elijas —añadió—. Estoy aquí porque yo te elijo.
No fue una frase suave.
Tampoco arrogante.
Fue una toma de posición.
Draven frunció el ceño.
—Eso no te da derecho a marcar mi territorio.
Sethiel inclinó apenas la cabeza, reconociendo la regla sin someterse a ella.
—No marco lo que no es mío —dijo—. Marco lo que decido habitar.
Se apartó medio paso por voluntad propia. Ese gesto —retirarse sin ser rechazado— descolocó a Draven más que cualquier avance.
—No te persigo —continuó Sethiel—. Me quedo.
Hizo una pausa.
—Y quedarme no significa pertenecer a nadie… todavía.
Draven entrecerró los ojos.
—¿Todavía?
Sethiel sostuvo su mirada, sereno.
—La pertenencia no se impone —dijo—. Empieza cuando nadie huye.
El silencio se volvió espeso.
Draven respiró hondo.
—Eres peligroso.
Sethiel sonrió lento.
—Para quien cree que pertenecer es poseer.
Draven no respondió de inmediato.
—Quédate —dijo al fin—. Pero no confundas eso con una promesa.
—No necesito promesas —respondió Sethiel—. Necesito constancia.
Se giró para marcharse, pero se detuvo.
—Y una cosa más —añadió sin mirarlo—. No bajaré la voz para hacerte sentir cómodo. Si algo te incomoda, dímelo de frente.
Alzó la mirada.
—Eso sí puedo respetarlo.
Draven guardó silencio.
Y ese silencio fue, para Sethiel, suficiente.
cómo se hablan
parece que están hablando con poesía ☺️🤭👁️👄👁️