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Lo Nuestro No Estaba Permitido

Lo Nuestro No Estaba Permitido

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Matrimonio arreglado
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Gabriela

Forzada a un matrimonio por conveniencia, Keyla encuentra en un amor prohibido y con el, la fuerza para romper las cadenas de una vida de mentira.

NovelToon tiene autorización de Gabriela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Malas noticias.

El traslado de Joel a una habitación común fue recibido como una pequeña victoria dentro de un panorama oscuro. Ya no estaba rodeado de máquinas ni del pitido constante que anunciaba peligro inminente, pero su mente seguía alerta, más despierta que nunca.

Mientras observaba el techo blanco del hospital, una sola idea se repetía con claridad absoluta:

Su accidente no había sido tal.

—Fue una advertencia… —murmuró para sí mismo.

Recordaba cada segundo antes del impacto, cada sensación extraña, el vehículo que apareció de la nada. Nada cuadraba. Y lo peor no era el dolor físico, sino la certeza de que alguien quería silenciarlo.

—Pues llegaron tarde —dijo con una sonrisa amarga—. A mí nadie me calla.

Joel no solo pensaba en sí mismo. Pensaba en Ulises… y en Keyla.

Sabía algo que Ulises se negaba a aceptar: aún la amaba. Podía verlo en su forma de beber, en su mal humor constante, en cómo evitaba pronunciar su nombre. Ulises era terco, orgulloso… y profundamente enamorado.

—Y la estás juzgando mal —susurró Joel—. Muy mal.

Keyla había regresado a trabajar, llevaba a su bebé consigo.

Darío, en cambio, seguía atrapado en el mismo silencio.

Los médicos no hablaban de mejoría ni de retroceso. Solo decían lo mismo una y otra vez:

—Hay que esperar.

Keyla iba todos los días después de salir de la empresa. Le hablaba, le contaba de Mateo, le tomaba la mano como si pudiera traerlo de vuelta con pura voluntad.

—No te rindas —le decía—. Yo no lo haré.

Pero cada día que pasaba sin respuesta le robaba un poco de esperanza.

Andrés y Katia, mientras tanto, parecían más unidos que nunca.

No por amor.

Más bien por ambición.

Se encontraban en hoteles, en oficinas vacías, en cualquier lugar donde nadie pudiera escucharlos. Hablaban de poder, de control, de cómo todo estaba saliendo incluso mejor de lo planeado.

—Keyla está destruida —comentó Katia, con una sonrisa satisfecha—. Ulises no la mira ni de lejos. Joel y Darío fuera del camino… somos intocables.

Andrés bebió un sorbo de whisky.

—No cantes victoria todavía. Esa mujer es más fuerte de lo que parece.

—Está sola —replicó Katia—. Y tú te encargarás de que siga así.

Él asintió, pero algo en su mirada era distinto. Oscuro. Turbio.

Esa noche, Andrés llegó a casa completamente ebrio.

Keyla estaba en la habitación de Mateo, arrullándolo con suavidad. Cuando escuchó la puerta cerrarse de golpe, su cuerpo se tensó.

—Keylaaa… —arrastró él las palabras—. Ven acá.

Ella salió con cuidado, dejando al bebé dormido.

—Estás borracho —dijo con firmeza—. Vete a dormir.

Andrés la miró de arriba abajo. Su sonrisa no tenía nada de amable.

—Eres mi esposa.

—Eso no te da derecho a nada.

Él avanzó un paso. Luego otro.

—Te haces la difícil —dijo—. Pero sé que te gusto. Lo veo… lo siento.

—No —respondió ella retrocediendo—. Aléjate.

Andrés intentó tomarla del brazo. Keyla reaccionó con fuerza, empujándolo.

—¡No me toques!

Él perdió el equilibrio por un segundo, pero la furia lo dominó.

—¡Eres mía! —gritó—. Todo lo que tienes es gracias a mí.

Keyla no lo pensó. Corrió.

Entró a la primera habitación que encontró y cerró con seguro. Andrés golpeó la puerta con violencia.

—No puedes esconderte de mí —rugió—. Tarde o temprano entenderás.

Ella se dejó caer al suelo, temblando, cubriéndose la boca para no gritar.

Esa noche, algo se rompió para siempre.

Por otro lado Katia también sentía que perdía el control.

Ulises estaba distante. No la tocaba. No la miraba. No la escuchaba.

—Me estás alejando —le reclamó una noche.

—No estoy bien —respondió él—. Joel casi muere. Darío sigue en coma.

—¿Y yo qué? —explotó ella—. ¿No importo?

Ulises no respondió.

Y Katia entendió algo aterrador:

Estaba perdiendo.

Ella nunca perdía.

—Necesito un plan B —pensó—. Algo que lo ate para siempre.

Y lo supo de inmediato:

Un hijo.

Pero Ulises no la deseaba. No la buscaba.

Así que buscó a Andrés.

—Necesito tu ayuda —le dijo sin rodeos.

Él la miró con interés.

—Dime.

—Voy a embarazarme —dijo—. Y Ulises creerá que es suyo.

Andrés sonrió lentamente.

—Eso sí que es retorcido.

—¿Estás dentro o no?

—Más de lo que imaginas.

Dejó de cuidarse. Se entregó al plan sin remordimientos. Para ella, el fin siempre justificaba los medios.

Una noche, Katia invitó a Ulises a beber.

—Solo para relajarnos —dijo—. Nada más.

Él aceptó, cansado, vulnerable.

Ella fue a la cocina y regresó con las copas.

—Por nosotros —brindó.

Ulises no supo cuándo el mundo empezó a girar. Solo recordó el sueño profundo… y luego, despertó confundido.

A la mañana siguiente, Katia estaba en la cama, cubriéndose con la sábana.

—¿Qué…? —murmuró él.

—Anoche… —ella fingió —. Paso lo que más nos gusta amor.

Ulises se llevó la mano al rostro, atormentado.

—No lo recuerdo.

—Estabas cansado —respondió ella—. No pasa nada.

Pero sí pasaba.

Mientras tanto, Keyla y Joel unieron fuerzas.

Se reunían en secreto, revisaban datos, cruzaban horarios.

—Esto fue planeado —afirmó Joel—. Y muy bien.

—Pero no tenemos pruebas suficientes —respondió ella, frustrada.

El tiempo corría.

Las pistas eran pocas.

Y el miedo crecía.

Mateo ya tenía tres meses.

Una tarde, Joel lo miró con detenimiento y bromeó:

—Oye… ese niño se parece mucho a Ulises.

Rió.

Pero se detuvo al ver el rostro de Keyla.

—¿Keyla?

Ella no sonrió.

—¿Qué estás diciendo? —preguntó él, serio.

Ella negó con la cabeza.

—No…

—Keyla —. Dime la verdad.

El silencio lo dijo todo.

—¿Es suyo verdad? —preguntó, casi en un susurro.

Keyla cerró los ojos.

—Sí. Es verdad.

Joel se quedó inmóvil. Luego sonrió, sorprendentemente feliz.

—Entonces todo tiene sentido.

—No entiendes —dijo ella—. Estoy atrapada.

—Y lo vamos a arreglar —respondió él—. Primero la verdad del atentado. Luego… te saco de ahí.

Al día siguiente, la supuesta calma se rompió cuando Katia hizo un anuncio.

—Estoy embarazada —dijo en la empresa—.

Todos la vieron muy sorprendidos, sabían que el padre era Ulises.

La noticia corrió como pólvora.

Keyla lo supo por terceros.

Sintió que el aire le faltaba.

—Entonces… es verdad —susurró.

Esa noche lloró en silencio, abrazando a Mateo.

Ulises nunca vendría a salvarla.

La esperanza murió ahí.

Mientras para Keyla era un mala noticia, para Katia y Andrés era una felicidad que celebraban en las sombras, creyendo haber ganado definitivamente, ninguno de los dos notó algo esencial:

La verdad, aunque herida…

seguía viva.

Y estaba más cerca de salir a la luz y más cerca de lo que todos imaginaban.

1
Alicia Lagos
genial
Alicia Lagos
linda novela no tardes tanto en subir más capítulos porfa
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