Bruno Caruso, un hombre fuerte, calculador y la cabecilla de un imperio levantado a base de sangre. Es el rey indiscutible de la mafia siciliana: no perdona, no olvida… y sobre todo, convierte la traición en castigo.
Xenia, sin quererlo, se convierte en la pieza central de su furia. Y en la oscuridad de su mundo, él decide cuánto debe pagar… pero entre amenazas, secretos y silencios que queman, ¿ambos podrian descubrir que la oscuridad también sabe atraerte?
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Capítulo 04
Pov. Bruno
{Minutos antes del accidente}
Italia, país embajador por excelencia de la mafia. En sus calles estrechas nacieron los primeros pactos de sangre, y desde allí las mafias se esparcieron como raíces venenosas, infiltrándose en cada territorio que tocaron.
Ya no pueden ser contenidas; son un imperio invisible, antiguo y paciente, que gobierna incluso donde la ley presume tener dominio.
La mafia es como una dinastía o un linaje. Es más poderosa aquella que tiene más tiempo. Durante décadas, la Cosa Nostra, en Sicilia, ha estado gobernada por un equilibrio frágil entre cuatro grandes familias, cada una con su historia, su código y su forma de ejercer el poder.
No cualquiera puede sentarse en la mesa donde se deciden los destinos de hombres, territorios y fortunas. Esa mesa tiene cuatro sillas: Los Caruso, Lo Spina, Gravanti y De Luca. Todos respetan la jerarquía, aunque el equilibrio siempre está al borde del colapso.
Cada familia tiene su sello: Los Spina, gobiernan las rutas marítimas, los Gravanti imponen terror en el sur con mano despiadada, y los De Luca, que manejan la política y la infiltración institucional. Pero ninguno se compara con el poder de los Caruso.
En el mundo del tráfico, los nombres cambian, los puertos se corrompen y las rutas se disputan como piezas de un tablero. Pero hay un dominio que nadie toca: las rutas silenciosas controladas por la familia Caruso.
No necesitan ejércitos ni guerras; su poder está en lo que otros no pueden ver. Sus barcos avanzan sin registro, sus acuerdos atraviesan fronteras, y todo lo que tocan (armas, diamantes, secretos), se mueve con la precisión de un imperio que no compite… aplasta.
Los Caruso no son los más numerosos, ni los más ruidosos. Son los más temidos. Su linaje se remonta a los tiempos en que la mafia era solo un murmullo entre campesinos armados, y su nombre se convirtió en ley cuando otros aún peleaban por hacerse notar. Han consolidado su poder con precisión quirúrgica: silenciosa, letal y elegante.
Controlan Palermo como si fueran la sombra misma de la ciudad. En los muros del puerto, en las criptas de las iglesias, en los sótanos de los bancos… todos saben que donde hay poder, hay ojos que responden a los Caruso y dentro de esa dinastía estoy yo... Mi nombre es Bruno Caruso, y en mi mundo, el apellido lo es todo.
No somos simples mafiosos, somos una dinastía. La Cosa Nostra no es solo un negocio, es una herencia. Yo no pedí esto, lo heredé. Desde entonces, soy el rostro y el filo de la Cosa Nostra. Cada trato cerrado, cada traición silenciada, cada enemigo enterrado… todo pasa por mí. Mi voz es ley, y mi silencio, sentencia. En este mundo, no basta con ser fuerte. Hay que ser temido y eso... yo lo soy.
Nací dentro de estas paredes de mármol y secretos, donde las cuna se arman con oro y las cunas se protegen con balas. Mi padre gobernó con mano firme, mi abuelo antes que él con mirada de acero. Ahora es mi turno. Y no solo llevo el peso del imperio, sino la promesa de que el apellido Caruso jamás será una sombra de lo que fue.
No me engaño con sentimentalismos. Sé lo que soy: estratega, juez y verdugo. Aprendí a mover piezas como en una partida de ajedrez, donde a veces hay que sacrificar a un peón para proteger al rey. Mi lealtad es de hierro, pero también es selectiva. Y aunque muchos me temen, nadie se atreve a ignorarme. Porque en Sicilia, hasta el viento susurra mi nombre con cuidado.
En esta familia el apellido es una cruz, una espada y un juramento. Tenemos 10 reglas, aqui las reglas no son sugerencias, son ley. Escritas con la sangre de los que cayeron y respetados por los que aún respiran. El que decide formar parte de esto entiende que la la lealtad no es opcional. Aquí la traición no se perdona, aquí el silencio es oro, la palabra es bala y el honor lo es todo.
Regla 1: Omertà (silencio absoluto).
Regla 2: Lealtad inquebrantable.
Regla 3: Serle infiel a tu esposa, es igual a no tener honor.
Regla 4: Respeto a la estructura.
Regla 5: Justicia interna.
Regla 6: No se toca a los inocentes.
Regla 7: El castigo es sagrado.
Regla 8: La venganza es ley.
Regla 9: Cada hombre es responsable de sus palabras y de sus actos.
Regla 10: Solo la familia juzga a la familia.
Nuestras diez reglas de acero son nuestro evangelio. Diez mandamientos que no se discuten ni se quiebran. Y entre ellos, uno es absoluto: las mujeres son intocables, consideradas oro puro… salvo que crucen la línea de la traición. Cuando eso ocurre, dejan de ser protegidas y pasan a ser enemigas. Y un enemigo, en este mundo, es libre presa sin derecho a misericordia.
…
Mis pensamientos se quiebran al escuchar golpes desesperados en la puerta, secos, urgentes.
Nadie se atrevería a llamar así a menos que algo grave estuviera ocurriendo; quien lo haga sin motivo… debe estar preparado para enfrentar las consecuencias.
—Adelante —Pronuncié y la persona al otro lado no dudo en abrir la puerta y acercarse de prisa a mi— ¿Qué pasa?, ¿cuál es tu maldita insistencia?
—Señor... Es que... Su hermana...— Tartamudeo. Odio cuando tartamudean, parecen cobardes.
—¿Que mi hermana que?... habla de una buena vez antes de que pierda la paciencia— Me froté la cien con impaciencia.
—La atropellaron señor, está muy grave... Ya puse al tanto a sus padres— Pronunció con rapidez mientras bajaba la cabeza.
Por un breve momento me quedé procesando la información que me acaba de dar... mi pequeña Olivia, ¿atropellada?, ¿grave?
—¿Dónde está?— Hablé sin perder la calma, cosa que me costaba mucho cuando se trataba de mi hermana, mi única hermana.
—En el hospital que está cerca de la carretera señor— Declaró.
—¿En ese hospital público? —Pregunté indignado y este asintió— En un puto hospital cualquiera... Ni siquiera la llevaron a una maldita clínica —Contesté entre dientes mientras apretaba mi puño con fuerza, mataré a quien sea que le haya hecho esto a mi pequeña hermana— Quiero que preparen todo lo necesario, la trasladaremos a la clínica de la familia.
—No es necesario señor, ya su padre se encargó de eso— Respondió.
—Bien, lárgate —Mascullé con rabia.
Estando solo le estampé un puñetazo a la pared para sacar un poco la frustración que estaba sintiendo. Después me tomé un trago de whisky y salí del despacho.
Llegué a la sala de estar y encontré a mis padres. Mi madre estaba llorando en los brazos de mi padre mientras este trataba de consolarla.
Sentía el fuego correr por mis venas, juro que llorará lágrimas de sangre la persona responsable de esto.
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{Tres días después}
Han pasado tres días desde que internaron a mi pequeña Olivia. Está en coma. No sabemos cuándo va a despertar, pero la buena noticia es que lo hará, aunque no se sabe cuando.
—No sé si me escuchas, pero siempre estaré aquí para ti —Le agarré la mano— Y te juro que voy a hacer pagar a la persona que te hizo esto Livi. Te lo juro.
Luego de darle un beso en la frente me despedí de ella y salí del hospital rumbo a la mansión.
Mi hermana era la única que me recordaba quién era antes de convertirme en esto. Ella era luz en medio de un reino de tinieblas. Y ahora está en coma, por culpa de un o de una imbécil que no supo las reglas de este mundo.
Esto ya no será venganza: será restauración. Justicia en nombre del linaje. No solo voy a encontrarlo… voy a enseñarle lo que significa desafiar a una familia que ha sobrevivido guerras, traiciones y generaciones de muerte. En esta familia, el dolor no se olvida, se devuelve multiplicado.
Al llegar fui directo a la sala donde me estaban esperando 5 de mis mejores guardias, incluido Linares, mi mano derecha.
—Quiero que me lo traigan vivo, no me importa quien ni de donde sea, cuando esté aquí lo llevan al sótano y ya saben que hacer, no quiero errores, ¿estuvo?— Ordené.
—Así será señor— Expresó Linares con determinación y luego se marcharon.
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{Dos días después}
{Tiempo Actual}
Hace dos días ordené a mis hombres que dieran con la persona que atropelló a mi hermana. Cuando fueron a revisar las camaras del lugar de los hechos no encontraron nada, todos los videos estaban borrados y convenientemente no habían testigos, pero ¿hay algo imposible para mi?, no, por supuesto que no, nadie se le escapa a un Caruso. Hasta en el más profundo agujero encuentro lo que quiero.
Al obtener lo que quise me di cuenta de algo en particular, siempre pensé que fue un "él" pero resulta que era un "ELLA". Aunque eso no me puede importar menos.
No mandé por ella de una vez porque tenía unas cosas que hacer antes, pero ahora tengo todo el tiempo para dedicárselo. Ella pensó que podría aplacar todo con solo borrar las cámaras y desaparecer, pero no sabe en el camino de quien se interpuso. Por mi cuerpo corre la sed de sangre, la muy perra va a llorar lágrimas de sangre por lo que hizo.
Salí de mis pensamientos y me dirigí a mi habitación. Estando ahí me di un baño y al salir me puse un pantalón de seda y una camisa negra. De pronto mi teléfono empezó a vibrar. Lo tomé en mi mano y me di cuenta que quien llamaba era mi amigo y socio, Tyler.
—¿Harás lo que me habías comentado?— Preguntó sin vacilar mucho.
—¿Acaso alguna vez no he cumplido lo que he dicho?— Mencioné de manera tosca.
—Tienes razón, ¿pero tus padres están de acuerdo con eso?— Espetó con intriga.
—No les debe de importar, son mis decisiones, además, ¿en serio crees que se van a oponer a que haga justicia por mi hermana?, que no se te olvide en el mundo que vives Tyler, es nuestra regla número 8, la venganza es ley— Respondí sin vacilación.
—Sí, tienes razón hermano. Yo haría justamente lo mismo, familia es familia... pero en fin, te veo mañana, así me cuentas lo que pase con esa perra, digo, dama— Pude escuchar una leve risa al otro lado de la línea.
No le di respuesta alguna y colgué el teléfono. La palabra "dama" me cayó como agua fría. Alguien en su sano juicio no se va y deja tirada a alguien que atropelló y encima borra las camaras. Así que, es todo menos una dama.
A Tyler lo conozco desde que eramos niños, nos la pasábamos la mayor parte del tiempo junto por lo que somos buenos amigos. De hecho, él es quien encabeza a una de las cuatro familias, es Tyler De Luca.
Iba a salir de la habitación cuando de pronto recibí otra llamada, pero esta vez de parte de Linares, mi guardia.
—Ya está donde ordenó señor— Informó al otro lado de la línea. Colgué la llamada y sonreí.
—Finalmente, estás en mis manos— Murmuré para mi mismo... De pronto el ambiente empezó a holer rico... Huele a venganza.
Esto está increíble !!