Ella siempre pensó que su mamá los había abandonado a su hermano y a ella por que no soportaba la presión de tener un hijo enfermo.
El nunca acepto que su mamá haya muerto por una profecía que tenía que cumplirse.
Ella no tiene ni idea de lo que le espera, el hará de todo para no enfrentar su destino.
Podrá el amor con todo?.
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Cap 4
***
### Sombras en Hakimy
Habían transcurrido ocho días desde nuestra llegada a Hakimy. Tal como el Dr. Tarabal había vaticinado, Sebastián mostraba una mejoría asombrosa; su vitalidad regresaba con una rapidez que desafiaba cualquier lógica médica convencional. En la academia, por mi parte, comenzaba a encontrar un ritmo propio, a excepción de las jornadas compartidas con los grupos de otras disciplinas, donde la atmósfera se volvía densa y cargada de una competitividad inexplicable.
Milet y yo estábamos sentadas en la cafetería, disfrutando de un breve respiro, cuando un estruendo de voces alteradas irrumpió desde el jardín. En cuestión de segundos, la calma se evaporó; el patio se convirtió en un hervidero de alumnos que convergían hacia el centro del campus.
—¿Qué crees que esté pasando? —pregunté, sintiendo un nudo en el estómago. Milet solo negó con la cabeza, su rostro pálido reflejando una preocupación que no lograba disimular.
Un compañero de clase, con el rostro desencajado, se acercó a nosotras casi sin aliento.
—Es Bastian —dijo con urgencia—. Está en serios problemas.
—¿Con quién? —exclamé, poniéndome en pie de un salto.
—Con Roberto —respondió él, antes de alejarse.
Sin pensarlo dos veces, corrí hacia el jardín. Milet intentó retenerme, gritando que no me involucrara, pero mi determinación era absoluta. Al llegar, me encontré con un círculo humano que rodeaba la escena. Me abrí paso a empujones hasta alcanzar la primera fila. La imagen que presencié me heló la sangre: un hombre corpulento, de facciones duras y mirada depredadora, sujetaba a Bastian por el cuello con una brutalidad inhumana. Los ojos de mi amigo estaban inyectados en sangre, su rostro tornándose de un tono violáceo mientras luchaba por tomar una bocanada de aire.
En un arranque de furia, me lancé hacia ellos. Milet me sujetó del brazo, forcejeando conmigo.
—¡Camila, detente! ¡No sabes quién es Roberto, te vas a arruinar la vida! —me advirtió, pero el miedo no era suficiente para frenarme.
Me zafé de su agarre y me interpuse entre ambos.
—¡Suéltalo ahora mismo! —exclamé, intentando apartar las manos del agresor.
Roberto me miró con un desdén gélido. Con una rapidez pasmosa, me dio un revés que me lanzó contra el suelo con una fuerza devastadora. Sentí un sabor metálico inundar mi boca; mis labios se habían partido por el impacto. El grito de Milet resonó en mis oídos como un eco lejano, mientras el mundo a mi alrededor giraba en un remolino de aturdimiento.
Al levantar la mirada, la sangre goteaba desde mi mentón hasta el suelo. Roberto me observaba con una rabia primitiva, pero de repente, su expresión se transformó; una suavidad antinatural cruzó su rostro, y sin mediar palabra, dio media vuelta y se marchó, dejándonos a todos en un silencio sepulcral.
***
Roberto se subió a su camioneta de lujo, con las manos temblando de una furia contenida, y condujo a toda velocidad hacia la residencia de su padre. Al llegar, irrumpió en el despacho privado, abriendo la puerta con tal violencia que el marco crujió.
—¿Qué demonios te pasa? ¿Quién te crees para entrar así en mi oficina? —rugió su padre, quien se encontraba en un momento de intimidad con su esposa, Ester.
—¿Por qué carajos no me dijiste que ella y el bastardo están aquí? —respondió Roberto, con la respiración entrecortada por la adrenalina.
Ester, al escuchar la mención de "ella", se puso en pie, con el rostro transformado por una mezcla de terror y furia.
—¿Qué le hiciste a mi hija? ¡Contéstame, desgraciado! —gritó, acercándose a Roberto con intención de golpearlo.
—Igual que su madre, se metió donde no debía y recibió su merecido —respondió él, con una frialdad que heló la habitación.
Ester comenzó a descargar golpes contra el pecho de Roberto, quien apenas se inmutaba. Su padre, el Alfa de la manada, se interpuso para separarlos.
—¡Basta, mujer! Ve y llama a Teresa de inmediato —ordenó, y Ester salió corriendo, presa de una desesperación incontrolable.
—¿Qué le hiciste exactamente? —preguntó el Alfa con una calma peligrosa.
—Nada comparado con lo que le espera si insiste en permanecer en esta isla —respondió Roberto, sirviéndose un trago con manos firmes.
—Tu hermano necesita estar aquí, y mientras él permanezca, ella también lo hará —sentenció el padre.
—Ese bastardo no es mi hermano —escupió Roberto con desprecio.
—Te guste o no, lo es. Aléjate de ella, Roberto. No te atrevas a tocarla de nuevo —amenazó el Alfa, apuntándolo con el dedo.
Roberto sonrió, una mueca cargada de ironía.
—¿En serio, padre? Hiciste que viniera aquí y ahora me pides que me aleje. Sabes perfectamente que eso será imposible.
El Alfa extrajo una pulsera de plata de su escritorio y se la lanzó.
—Póntela. Disminuirá la conexión que sientes hacia ella.
—No era que el pueblo necesitaba de esa humana, que yo la necesitaba para nuestra supervivencia? —cuestionó Roberto, observando el objeto con desdén.
—Ella necesita tiempo para adaptarse a la verdad. Mientras tanto, mantente lejos.
—No te preocupes —respondió Roberto mientras salía de la oficina—. Usaré diez de estas si es necesario. No necesito a una insípida humana para salvar a nuestra manada.
Mientras tanto, Ester, fuera de sí, llamaba a Teresa.
—¡Teresa, dime dónde está mi hija! —exclamó apenas contestaron.
—Está en la academia —respondió Teresa, alarmada por el tono de voz de la mujer.
—Ve allá ahora mismo. Tuvo un encuentro con Roberto y no sé qué ha pasado —ordenó Ester.
Teresa no perdió un segundo. Al llegar a la academia, corrió hacia la enfermería, imaginando los peores escenarios. Sin embargo, al abrir la puerta, su rostro de pánico se transformó al ver a Camila, con el labio hinchado pero sonriendo mientras conversaba con Milet y Bastian.
—¿Teresa? —dijo Camila, sorprendida de verla tan agitada.
El ambiente en la enfermería era tenso, pero la presencia de la mujer trajo una extraña calma. Sin embargo, en el fondo, Camila sentía que aquel incidente era solo el comienzo de una tormenta que estaba por desatarse en la isla, una donde la verdad sobre su origen y su conexión con Roberto amenazaba con cambiar su destino para siempre.
felicitaciones por tan bacana imaginacion