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Un Mafioso en el Convento

Un Mafioso en el Convento

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Mafia / Amor eterno / Completas
Popularitas:31.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Gizelly Ladislau

Dante Herrera es el jefe de la mafia más temida de España: frío, implacable, dueño de todo lo que desea. Hasta que una emboscada lo deja al borde de la muerte y el destino lo arroja al último lugar donde alguien como él debería aparecer… el patio de un convento.

Quien lo encuentra medio muerto es Mary, una novicia de dieciocho años criada entre rezos, huérfana y entregada por completo a Dios. Ella jura salvarlo. Nunca imaginó que, al hacerlo, pondría en peligro lo único que creía intocable: su fe, sus votos y su propio corazón.

Él aprendió a sobrevivir en un mundo de sangre y traición. Ella aprendió a amar sin pedir nada a cambio. Entre ellos hay un abismo —el altar y el crimen, el cielo y el pecado— y una atracción que ninguno de los dos sabe cómo detener.

Pero los enemigos del pasado no olvidan, y una venganza silenciosa se acerca a la familia Herrera. Cuando la guerra estalle, Mary tendrá que decidir hasta dónde está dispuesta a llegar por un hombre que jamás debió amar.

NovelToon tiene autorización de Gizelly Ladislau para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 30 — Un Mafioso en el Convento

Luna de miel Hot (+18)

El enorme barco blanco se deslizaba suavemente sobre las aguas cristalinas, mientras el atardecer pintaba el horizonte con tonos dorados y anaranjados. La brisa del mar cargaba el perfume de las flores que decoraban cada cabina, transformando aquel lugar en un verdadero refugio para los recién casados.

Serían apenas cuatro días lejos de sus responsabilidades, cuatro días para vivir solo como marido y mujer. Poco tiempo para quienes tenían una vida entera por delante, pero suficiente para crear recuerdos que llevarían para siempre.

Dante y Mary:

En la cabina principal, iluminada por la luz suave de las velas, Mary observaba el mar desde la terraza mientras sentía los brazos de Dante rodear su cintura.

—¿Pensativa? —preguntó él, dejando un beso cariñoso en su cabello.

—Solo estoy intentando creer que todo esto es real.

Dante sonrió.

Durante años cargó sobre los hombros el peso de liderar a la familia Herrera. Ahora, por primera vez en mucho tiempo, sentía paz.

—Es real, amore mio. Y es apenas el comienzo.

Mary se volvió para mirarlo. Sus ojos brillaban más que cualquier joya que pudiera lucir.

—¿Prometes que, incluso cuando todo se ponga difícil, seguiremos así?

Dante le sostuvo el rostro con cariño.

—Te prometo que voy a elegirte todos los días de mi vida.

Mary sonrió emocionada antes de abrazarlo.

En aquel instante no existían negocios, enemigos ni responsabilidades. Solo ellos dos y el amor que habían construido.

Dante:

Me libro de mi traje al notar que Mary me miraba con deseo, tímida, contenida, mientras yo sostenía su mirada y bebía mi whisky, y noto que Mary se sonrojó. Entonces, poco a poco, fui quitándole la ropa y la atraje hacia un beso intenso, cargado de sentimientos y de la calentura reprimida durante meses.

Mary:

El beso intenso que Dante Herrera depositó en mis labios se intensificaba con cada botón que abría del vestido que yo llevaba, que poco a poco se soltaba de mi cuerpo, exponiendo mi piel erizada al contacto con Dante, que quedó maravillado al ver mi cuerpo curvilíneo. Mi piel, marcada por sus besos y caricias, delataba la excitación que sentía mi concha, expuesta a partir de aquel momento después de que él se arrodillara ante ella mientras me quitaba las finas medias, el liguero y luego la ropa interior, dejando al descubierto mi desnudez y revelando que sus caricias me habían dejado muy excitada. Dante subía las manos palpando mi cuerpo, besándolo. Me quitó el sujetador y, lamiéndome, liberó mis pechos generosos de un corsé blanco, chupando uno y acariciando el otro; me atrajo por la cintura y me besó mientras poco a poco nos recostaba en la cama. Dante bajaba sus besos hasta mi concha mojada, acariciándola con los dedos y chupándola despacio, escuchando mis gemidos, y conmigo ya entregada y jadeante, volvió a subir su cuerpo, se libró de las prendas que aún llevaba y rozó la entrada mientras me acariciaba el clítoris con los dedos. Despacio me penetró, acariciando y palpando mi cuerpo para que, sin dificultad, después de penetrarme lentamente, se quedó unos segundos quieto hasta que mi concha se acostumbró a su gran y grueso miembro dentro de ella. Le arañé la espalda y él fue penetrándome, aumentando el ritmo poco a poco a medida que yo me relajaba, sintiendo por primera vez su verga metiéndomela por completo, gimiendo los dos juntos: él por sentir mi concha apretar su verga, y yo por sentirlo romper mi virginidad. Después de un rato, aquella pequeña molestia se transformó en un enorme placer y los dos llegamos a un clímax placentero para ambos y nos corrimos juntos. Enseguida me quedé dormida, acurrucada sobre el pecho de Dante.

Kevin y Graziela

En la cabina de al lado, Kevin observaba a Graziela probar los dulces típicos que habían dejado sobre la mesa.

—¿Te estás riendo de mí? —preguntó ella al notar su mirada divertida.

—Tal vez un poco.

—¡Kevin Herrera!

Tomó una uva y se la lanzó.

El empresario más serio de la familia fingió indignación.

—Acabo de ser atacado por mi propia esposa.

Graziela soltó una carcajada.

Kevin se acercó y le tomó las manos.

—Gracias.

—¿Por qué?

—Por haber aparecido en mi vida cuando creí que no podría volver a amar.

A ella se le llenaron los ojos de emoción.

—Gracias a ti por confiar en mí.

Él le besó la frente.

Sin promesas extravagantes ni grandes discursos, los dos encontraban felicidad en los pequeños momentos compartidos.

Kevin:

Tomo a Graziela en brazos y la recuesto en la cama. Encima de ella la beso y ella me corresponde caliente, tímida. Mirándola a los ojos veo los mismos deseos intensos que estoy sintiendo. Mi verga está palpitando de lo dura que está. Entonces le quité la ropa despacio para que ella pudiera conocer mi cuerpo, y hago lo mismo con ella, permitiéndome conocer el suyo, que se eriza con cada caricia mía sobre su piel. Mamo y succiono sus pezones, rígidos por la tensión, bajando y subiendo las manos, palpando todo el cuerpo de Graziela, que gemía jadeante de excitación. Me agaché y le abrí bien las piernas, acariciándole y chupándole el clítoris, sintiendo su concha empaparse de tensión; me levanté y, recostado sobre ella, todavía con muchos besos y caricias placenteras, la penetré despacio al principio, dejando varios besos para que se relajara bastante, y entonces la penetré acariciándole los pechos y besándole los labios y el cuello. Graziela gemía, sintiendo una mezcla de dolor y placer, disfrutando de aquel momento que a ella le parecía mágico.

Ella me arañaba la espalda mientras gemía mi nombre, recibiendo embestidas cada vez más fuertes.

Hasta que explotamos en un orgasmo, entregando el máximo placer que sentíamos el uno con el otro.

Caímos jadeantes y terminamos rindiéndonos al sueño por el cansancio de todo el ajetreo de la boda y del viaje.

Giovanni y Bárbara

Mientras tanto, Giovanni intentaba convencer a Bárbara de bailar al son de la música que sonaba bajito en la cabina.

—No.

—Solo una canción.

—No.

—¿Media canción?

Bárbara cruzó los brazos.

—Giovanni…

—¿Un cuarto de canción?

Ella terminó riéndose.

—Eres imposible.

—Y aun así me amas.

Recibió un leve empujón en el hombro antes de que ella aceptara su mano.

Los dos empezaron a bailar despacio por el pequeño espacio de la cabina.

—¿Quién lo diría? —comentó Giovanni.

—¿El qué?

—Que la chica que se la pasaba huyendo de mí terminaría siendo mi esposa.

Bárbara sonrió.

—¿Quién diría que el mafioso más irresponsable de los Herrera terminaría siendo el hombre de mi vida?

—¡Oye!

Ella se rio mientras él la hacía girar.

Tal vez ninguno de los dos fuera perfecto, pero juntos parecían estar exactamente donde debían estar.

Giovanni:

Beso a Bárbara de forma intensa y gentil. Ella sintió mi erección rozar su intimidad y se sonrojó al instante, porque por primera vez sintió deseo, y yo amé ser el primero para ella incluso en eso. Sigo besándola, dejando que me descubra, y le tomo la mano y la coloco sobre mi verga para que sienta lo excitado que estoy, mientras me libro de su vestido y del resto de mi ropa. La guío hasta la cama, llena de pétalos de rosas.

Bárbara:

Explorando el cuerpo definido de Giovanni mientras soy besada, chupada y palpada, Giovanni me toca con maestría, haciéndome sentir un enorme placer que desconocía, y entonces bajó hasta mi concha mojada, chupando y lamiendo al son de los gemidos que lo volvieron loco. En cuanto me corrí llamando su nombre, me penetró poco a poco, sintiendo mi concha, lubricada de placer, embadurnar su enorme y gruesa verga, que era apretada mientras me penetraba lentamente, y después intensificó las embestidas hasta que ambos nos liberamos del enorme placer que sentíamos en aquella cama. Giovanni me miraba, todavía con mucho deseo y admiración, y entonces me atrajo hacia otro beso y me dio un vaso con agua y una pastilla para el dolor. En cuanto la tomé, fuimos a darnos un baño caliente y volvimos a la cama. Giovanni cambió las sábanas, permitiéndome sentirme aliviada de la vergüenza que sentí al ver las marcas de mi virginidad en aquellas sábanas.

Pietro y Natalia

En la parte más tranquila del barco, Pietro y Natalia veían aparecer las estrellas en el cielo.

El silencio entre ellos nunca era incómodo.

Era paz.

Era confianza.

Era amor.

Pietro le tomó la mano.

—¿Arrepentida de haber dejado el convento?

Natalia sonrió suavemente.

—No.

Miró a su marido.

—Dios me guio hasta aquí. Yo solo tardé en entender el camino.

Pietro se llevó la mano de ella a los labios.

—Y yo se lo agradezco todos los días.

Natalia apoyó la cabeza en su hombro.

—¿Qué esperas del futuro?

Pietro observó el horizonte.

—Una casa llena de vida, muchas risas y a ti a mi lado en cada etapa.

A ella se le llenaron los ojos de lágrimas de felicidad.

—Entonces tenemos el mismo sueño.

Abrazados, se quedaron observando el cielo estrellado mientras el barco seguía su viaje.

Aquella noche, el océano fue testigo de cuatro historias de amor distintas, pero igualmente verdaderas.

Volvieron a la habitación de la cabina entre gemidos, soltaron una carcajada y entraron a darse un baño de tina. Pietro secó a Natalia y salieron del baño con batas. Pietro se sirvió un vaso de whisky y una copa de champán para Natalia; se sentó junto a ella, que puso su copa en la mesita de noche, y él dejó el vaso de whisky al lado. Entonces Natalia se sentó en el regazo de Pietro, con una pierna a cada lado, frotando su clítoris contra el miembro de él mientras lo besaba, lo arañaba y gemía.

Pietro:

La sujeté por la cintura y, besándola de forma más caliente, feroz e intensa, la lancé a la cama. Acaricié un poco con los dedos aquella concha que ahora es mía y la lamí, sintiendo aquel sabor dulce. Vi a Natalia sonrojarse y entonces bajé y lamí hasta sentirla estremecerse al tener un orgasmo continuo que le recorría el cuerpo. Le metí los dedos una vez más hasta que estaba a punto de tener otro orgasmo, y entonces la penetré despacio, sintiendo su concha empapada deslizarse y apretar mi verga mientras la penetraba. Natalia gemía jadeante, llamaba mi nombre, se mordía los labios, tiraba de las sábanas, y cuando me agaché para besarle la boca, me clavó las uñas en la espalda, arrancándome el poco control que me quedaba, y entonces la penetré más rápido, más profundo, hasta sentirla correrse de nuevo y chorros fuertes de mi orgasmo liberándose dentro de la concha de Natalia. Yo creía que se había cansado, pero ella quería más. Me senté en la cama, todavía jadeante, y ella también, y entonces Natalia me besó, se sentó en mi regazo besándome, y antes de que me diera cuenta se sentó con una pierna a cada lado y cabalgó con maestría, sentándose con fuerza y levantándose despacio, hasta que nos corrimos una vez más. La tomé en brazos y nos dimos otro baño, nos secamos, terminamos nuestras bebidas acariciándonos un poco más, nos besamos una vez más, nos recostamos en la cama y nos dormimos.

Dante y Mary encontraron la paz después de las tempestades.

Kevin y Graziela descubrieron la fuerza de la confianza.

Giovanni y Bárbara transformaron la amistad y la terquedad en amor.

Pietro y Natalia aprendieron que el destino siempre encuentra su camino.

Y mientras el barco avanzaba por las aguas iluminadas por la luna, las cuatro parejas sabían que aquellos cuatro días serían apenas el primer capítulo de una vida entera juntos.

1
Princesa
A los hermanos les pasa todo al tiempo jejeje
Yrma Laya
gracias me gustó mucho
Princesa
Se está enamorado
Princesa
La señora Herrera, es increíble
Princesa
Esto se está poniendo bueno jejeje
Princesa
Los hermanos están todo que ver 🥰🥰
Princesa
Presiento que van a terminar enamorados 🥰🥰
Jenny Jimenez
Más guapas las amigas que la protaginista
Ines Arce
sienpre Dios te pone en el camino ka indicada
Ines Arce
me facina consuelo q mama mas conpinche super chebere🥰
Ines Arce
q lindo q sra mas conpinche buenusimis
Alexandra Muñoz
no me dan los cálculos de las edades de madre e hija ?
Maris Benitez
interesante comienzo, creo que la monjita va a colgar los hábitos 🫠🤭🤭
Maris Benitez
UPS 🫪 sr irán a enamorar 😍
Graciela Saiz
excelente 👏👏👏👏👏
Graciela Saiz
🤭🤭😂😂 tremenda la suegra 🤭😂😂😂,cuando se entere la madre superiora ! 😂😂😂😂les corrompió a las cuatro monjas 😂😂😂😂😂😂😂😂😂😂😂😂
Graciela Saiz
cómo así, saben que son mafiosos? y la madre como que las recibió al llegar, así ella venía con ellas , 🫣🤭😂
Graciela Saiz
pero que pensarán las monjas si se enteran que son mafiosos 🤷
Graciela Saiz
pero lo que no sabes Consuelo , es que la monja será transferida 🤷
Graciela Saiz
no sé ve ninguna foto 🙂‍↕️
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