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Después de la tormenta, Evelyn

Después de la tormenta, Evelyn

Status: Terminada
Genre:Venganza / Amor eterno / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:11.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Itha Sulfiana

Una hora antes de su boda, Evelyn descubre que su prometido se casará con otra: su propia hermana. Y sus padres, como siempre, están de su lado.

Cinco años después, vive en un matrimonio vacío con un hombre que sonríe en la mesa y desea a otra mujer. Pero esta vez Evelyn ya no llora, no suplica y no calla. Con pruebas en la mano y una calma que nadie espera, decide cobrar cada una de las deudas que su familia nunca quiso reconocer.

Lo que no imagina es que, entre el divorcio, el escándalo y los golpes bajos, un hombre poderoso, de mirada intensa y pasado oscuro, la ha estado esperando desde aquella noche en la colina.

Ethan Bennett puede comprar casi todo. Lo único que quiere es a ella.

Un matrimonio por contrato. Reglas claras. Una familia que se desmorona. Y un corazón herido que, contra todo pronóstico, está a punto de aprender a confiar de nuevo.

Después de la tormenta, siempre sale el sol… si eres lo bastante valiente para cruzarla.

NovelToon tiene autorización de Itha Sulfiana para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 30

—Y bien, ¿qué te pareció?

—¿Qué cosa? —preguntó Evelyn, apoyada contra un costado del auto, con los brazos cruzados sobre el pecho.

—La familia de mi padre.

Evelyn frunció el ceño, como si lo pensara con mucho esfuerzo.

—Tu abuelo es amable. Pero tu padre… —Hizo una pequeña mueca y negó despacio con la cabeza—. Es tal para cual con el mío.

Eso animó un poco a Ethan.

—Sí, tienes razón. Mi papá y tu padre sí tienen algo en común. Ninguno de los dos sabe controlar el genio.

Rieron los dos. Luego la mirada de Evelyn se detuvo en la espalda de la camisa de Ethan, todavía visiblemente húmeda.

—Tu camisa está mojada, Ethan. Deberíamos llegar pronto a casa para que te cambies.

—No hace falta —dijo Ethan—. Siempre llevo ropa de repuesto en el auto.

Fue a zancadas hasta la cajuela, la abrió y sacó una bolsa de papel con una muda limpia, algo que nunca se olvidaba de tener a mano. Era comprensible. A Ethan le pasaban días como el de hoy con demasiada frecuencia.

—Sube. Nos vamos a casa —dijo Ethan.

Evelyn asintió con rigidez. Subió al auto, y Ethan entró tras ella.

—Ethan, ¿qué haces? —chilló Evelyn, sobresaltada, cuando él empezó a desabotonarse la camisa allí mismo, en el auto.

—¿Qué parece? Cambiarme la camisa, obvio —dijo Ethan.

—Debiste avisarme que ibas a cambiarte. Podría haber esperado un momento afuera.

Un breve silencio. Luego la risa de Ethan estalló, fuerte e incontenible.

Evelyn, que se había estado cubriendo la cara con la palma, echó a escondidas un vistazo por entre los dedos.

—¿De qué te ríes? —preguntó.

—Eres tan inocente —dijo Ethan—. ¿Nunca has visto el cuerpo de un hombre?

Para entonces ya había cambiado la camisa vieja por la nueva.

—Sí he visto —dijo Evelyn. Era, después de todo, una mujer que ya había estado casada.

—Entonces, ¿por qué te ves tan cohibida?

—Porque nunca había visto uno así —respondió Evelyn, con las mejillas sonrosadas.

—¿Así cómo, exactamente?

Ethan inclinó el cuerpo hacia ella. Por reflejo, ella se encogió, con el corazón latiéndole a toda prisa.

—Q-quiero decir que nunca había visto un cuerpo de hombre tan bien formado como el tuyo. Este… —Evelyn tragó saliva—. …todos esos cuadritos. —Señaló con timidez hacia su abdomen.

Era verdad: el cuerpo de Gavin nunca había sido atlético. No se parecía en nada a Dane, y mucho menos a Ethan. Gavin tenía unas proporciones aceptables, pero ningún músculo definido, pues casi nunca hacía ejercicio.

—¿Quieres tocar?

De la nada, Ethan le tomó la mano a Evelyn y empezó a guiarla hacia su abdomen.

—N-no, así está bien —se negó Evelyn. Intentó retirar la mano, pero Ethan tampoco cedía.

—Solo toca.

—Después —dijo Evelyn, poniendo en ello todas sus fuerzas hasta que por fin logró soltar la mano.

—¿Después? ¿Quieres decir… esta noche? —preguntó Ethan.

Estaba disfrutando por completo de la expresión de Evelyn. Su manera de ponerse tímida era, francamente, adorable. A Ethan le dieron ganas de morderle la mejilla.

—Tampoco quise decir eso —dijo Evelyn.

—Entonces, ¿qué quisiste decir? —volvió a preguntar Ethan—. No hace falta que te avergüences. Dilo. Este tipo de conversación es perfectamente normal entre marido y mujer.

—¡B-basta! ¡Deja de hablar tanto! Vámonos a casa de una vez.

—Ah, así que sí tienes prisa. —Ethan se recostó en su asiento.

—¿Prisa de qué? —preguntó Evelyn, con la cara ya roja como un tomate maduro.

—Prisa por hacer conmigo lo que quieras —dijo Ethan.

A Evelyn se le abrieron mucho los ojos. Dejó la boca entreabierta. Pero no le salió ni una palabra.

—Ethan, tú…

Y Ethan solo rio. Al fin tenía a alguien capaz de hacerlo reír después de todo.

* * *

Cuando llegaron a casa, ya caía la tarde. Evelyn bajó primero del auto. Detrás de ella, Ethan la seguía con un brillo travieso en la mirada.

—¡Cariño… esposa! ¿Por qué caminas tan rápido? —llamó Ethan desde atrás—. Estás dejando a tu marido en el polvo. ¿Qué vas a desenvolver si sigo todavía allá atrás? ¡Oye!

—¡Ugh! —Evelyn estaba mortificada. Peor aún, la casa estaba llena de movimiento: las empleadas iban y venían por todas partes.

—¡Evie, mi vida! —Ethan seguía intentando alcanzarla.

Pero cuanto más rápido caminaba él, más rápido se alejaba Evelyn.

—¡Oye, esposa! No te hagas la difícil —volvió a llamar Ethan.

Evelyn ya no pudo más. Giró en redondo, con las cejas casi unidas en una sola.

—¿Puedes ponerle freno a esa boca, sí o no? —le espetó.

A Ethan se le cerró la mandíbula de golpe.

—Puedo —respondió con una sonrisa.

—Entonces no digas una palabra más. ¡Cállate, Ethan!

Evelyn no se atrevió a levantar la cabeza. La verdad, le tenía miedo a Ethan. Había investigado un poco sobre él, y todo lo que encontró en los reportes era desagradable.

Ethan era célebre por su temperamento explosivo e impulsivo. Si alguien lo contrariaba, solía zanjar el asunto a puñetazos.

Con solo pensarlo le daban escalofríos y sofocos. Pero ¿qué podía hacer? Ahora estaba tan avergonzada que casi deseaba encontrar un agujero de ratón donde meterse para escapar de las miradas de las empleadas. Y todo por la boca de Ethan, una boca que estallaba como una tira de petardos.

—Muy bien, señora. Me callo —asintió Ethan, obediente.

Evelyn no sabía dónde mirar. Siguió de prisa hacia la recámara.

—Vaya, vaya, resulta que mi esposa tiene carácter —siseó Ethan entre dientes—. Esto se pone interesante. Ninguna jovencita me había regañado antes.

Al llegar a la habitación, Evelyn fue directa al baño. Se echó agua en la cara una y otra vez, tratando de despejar una mente que Ethan había dejado en tal desorden.

—Dios. ¿Con qué clase de hombre me casé en realidad? —murmuró Evelyn.

¿Me golpeará Ethan después de esto, por atreverme a gritarle delante de las empleadas?

Evelyn se mordió el labio inferior. El miedo se le fue colando poco a poco por el cuerpo.

Toc, toc, toc.

El golpe en la puerta la hizo dar un salto. Respiró hondo y luego abrió, con una sonrisa forzada en el rostro.

—Ethan, yo…

—Cariño…

Ethan irrumpió. Le rodeó la cintura con un brazo y la sentó en el borde del lavabo.

—Ethan, ¿qué quieres? —preguntó Evelyn con nerviosismo.

Él se quedó entre sus muslos, frotándole la nariz contra el rostro, igual que un gatito consentido.

—Quiero que me bañes —dijo Ethan en un tono mimoso y caprichoso—. Báñame, ¿sí? —Frotó la cabeza contra la clavícula de la mujer.

—Ethan, t-tú eres un hombre adulto. ¿Y todavía quieres que te bañen? —le tembló la voz a Evelyn.

Este hombre era demasiado peligroso. Su rostro y sus travesuras podían arrebatarle los sentidos a cualquier mujer.

Pero Evelyn tampoco olvidaba que el hombre que se acurrucaba con tanta ternura en sus brazos era el mismo del que se rumoraba que una vez había golpeado a una mujer, solo porque ella rechazó su invitación a pasar la noche en su habitación de hotel.

¿Correría Evelyn la misma suerte que esa mujer si ahora rechazaba a Ethan?

—¿Y qué si soy un hombre adulto, eh? Solo pido que me bañe mi propia esposa. No otra mujer.

—Ethan, pero nuestro matrimonio es solo por contrato. Creo que esto es un poco excesivo.

—Evelyn —dijo Ethan, dándole un beso en la barbilla—. ¿Quién te dijo que nuestro matrimonio era solo un contrato?

1
gabriela
muy interesante
carina alejandra moreno
a Vanesa le encanta recoger la basura de Evelyn 😅🤭
Mirna Lobo
muy bien escritora felicidades ㊗️/Proud/
Mirna Lobo
😂😂😂no puedo con él 😜😜/Proud/
Mirna Lobo
ahí está 😠la zorrita quita marido 😜 😉 creo que Ethan le va a dar una lección 🤔
Mirna Lobo
😂😂 ésta gente lo único que sabe es golpearse 😜no lo puedo creer, esa cultura es masoquista /Grimace/
Mirna Lobo
al pobre Gavin se le va a borrar la cara de tantas bofetadas 😜😂😂😂 que tipo tan bobo 😂
Mirna Lobo
hahaha 😂😂 seguro la hermana envidiosa va ponerle la vista a Ethan también 🤔😜😂😂 y espero que la ponga en su lugar /Grimace/
Mirna Lobo
que locura 😵‍💫 ese viejo está más loco que la hija 😠😠😠
Mirna Lobo
esa Vanessa es la propia zorra 😠
Mirna Lobo
que locura 😵‍💫 es esa 🤔
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